Un romance de locos — capítulo 4
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Pero, te digo que son tres - Insistí mirándola fijo.
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Son cuatro constelaciones, James, y punto - Dijo, realmente exasperada. Abrió su libro de astronomía, exactamente en la página 20, señaló una línea del tercer párrafo y citó: ..."Por lo tanto, en la galaxia Dixilang no hay tres constelaciones importantes, sino cuatro, CUATRO, James, C - U - A - T - R - O, ¿¡ya te quedó claro!? - Me gritó.
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Si, ya, - Le dije aterrado. - pero cálmate, Rosali, ¿porqué ese humor? - Ya habíamos entrado en la sala común y estábamos parados junto a la chimenea.
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Lo siento James, pero estoy muy nerviosa...
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Ya me di cuenta
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...porque no he recibido la carta de mi amiga Isabella.
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Tranquila Rosali, ya va a llegar - Dije yo - Seguramente ya la ha escrito y te está mandando la carta en este momento.
- Si, tienes razón, no debería precipitarme, James. Después de todo, ya va a llegar.
Entonces un chico pasó corriendo por detrás de nosotros y empujó a Rosali, tirándole el libro.
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¡Ten mas cuidado! - Le grité. Él me miró y me sacó la lengua. Niño estúpido. - Yo te ayudo, Rosie. - Dije agachándome para recoger su libro.
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Gracias, James. - Dijo ella agachándose conmigo. En ese momento nuestras manos se tocaron y sentí algo parecido a una corriente eléctrica, recorriendo mis venas y terminando en mi estómago. Miré a Rosali y ella a mí. Nuestros ojos se conectaron durante un instante y entonces...
... - Cof, Cof (N/A: ruido incómodo de tos) - Automáticamente miramos para arriba y estaba allí Alexander. Recogimos los libros y nos paramos.
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Gracias, James - Dijo Rosali con las mejillas encendidas.
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No hay de qué - Le sonreí, probablemente también ruborizado.
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¡Rosali! - La llamaron Violeta y Natalia desde el otro extremo de la sala común. - Ven. - Ella me saludó con una mano y se fue con ellas.
Sentí el codazo de Alexander, pero lo ignoré. Subí las escaleras al cuarto de los chicos con prisa. Llegué a mi cuarto y me acosté en la cama boca arriba, todavía sin asimilar lo que había pasado.
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¿Que ha pasado con Rosali? - Preguntó Alex, esbozando una sonrisa pícara.
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No lo sé. - Dije yo - Se le cayó el libro y lo levantamos, pero cuando nuestras manos se tocaron fue...
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... Amor.
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No fue... como que sentí...
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¿Amor?
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¡No, Alex! Sentí algo raro en el estómago, una especie de corriente eléctrica.
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Mi querido amigo, eso es amor. - Dijo Alexander con voz de poeta.
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Pues no lo sé, Alex ella es mi amiga - Mi mejor amiga - nada más, aunque es un poco atrac...
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¿¡Un poco!? - Ok, lo dijo como si hubiera matado a alguien, pero adivina que, Alexander Ruin: ¡No hubo ningún asesinato, no seas tan precipitado! - ¡Reacciona, James Sirius Potter! Hablamos de Rosali Acuentes, la chica de primero más hermosa de las cuatro casas (N/A :D), y además es buena estudiante y, por como te miró, tienes suerte.
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La mejor estudiante. Y tiene unos ojos hermosos- Admití babeándome un poco al recordarlos.
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Descríbelos - Pidió él, como para intentar hacerme caer en la cuenta de que me gustaba mi mejor amiga, pero no pasó.
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Bueno - Dije pensando - son... son castaños como... chocolate y tienen un destello dorado así como... almendrado. Chocolate almendrado.
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Buena descripción. - Me felicitó mi amigo.
Decidimos luego de unos 10 minutos más comenzar con la tarea, en la habitación, porque no queríamos ir a la sala común ya que seguramente las chicas (Rosie, Violeta y Nati) estarían haciendo lo mismo que nosotros y yo no quería cruzarme con Rosali luego de lo que había pasado. Al anochecer fuimos (sin opción ya que yo no me pierdo las comidas ni de broma) al Gran Salón a cenar. Estaban allí Rosali y Natalia. Rosali y yo actuamos como si nada hubiera pasado, pero en la mesa nuestras miradas se encontraron más de cuatro veces (todas por mi culpa). En esos momentos ella me sonreía.
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¿Dónde dijiste que estaba Violeta? - Inquirió Alex por quinta vez en toda la cena.
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¡Ya te dije, seis veces, que está en la habitación, Alex! - Gritó Natalia exasperada.
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Cinco - Corregí
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Es lo mismo - Dijo ella tomando un bocado de su pastel de carne y riñones e introduciéndoselo en su barril sin fondo, digo boca. En su boca.
Cuando terminamos fuimos a la sala común y nos quedamos los cuatro, un rato jugando ajedrez, Rosali contra mí. Me ganó, cuatro veces. En un momento todos se fueron a dormir, excepto yo, ya que tenía que "terminar" - se le dice terminar a algo que has empezado ya, como no era mi caso - unos mapas de constelaciones de las galaxias que estábamos aprendiendo. Rosali se quedó para supervisarme, mientras ella leía un libro.
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¿Qué lees? - Le pregunté.
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Un libro, trabaja. - Me dijo sin despegar los ojos de lo que leía.
- Dime que libro - Le pedí.
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Romeo y Julieta - Me contestó - Lo empecé esta tarde. - En ese momento me pregunté si tenía algo que ver con lo ocurrido esta tarde. No, no podía ser. - Trabaja, James.
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Ya casi termino. - Protesté.
Cuando acabé guardé los mapas en la mochila que había bajado de mi habitación y entonces encontré un pergamino. Éste no era un pergamino cualquiera, era un pergamino mágico, yo lo sabía. Sabía que ese pergamino insignificante guardaba un secreto, ya que cuando era pequeño había visto a mi padre examinándolo como quien ve algo interesante. Lo llevé a donde Rosali y me senté frente a ella con el ceño fruncido y los ojos clavados en el papel. Al ver mi expresión de frustración contemplando el pergamino preguntó:
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¿Qué es eso?
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Un pergamino.
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¿En serio? Pensé que era un elfo - Bromeó ella cerrando el libro.
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Lo siento, señorita sarcasmo.
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Sé que es un pergamino pero ¿qué tiene de especial? - Inquirió ella.
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La verdad no lo sé. Hace años lo saqué de la oficina de mi padre y sé que tiene algún secreto, pero no se como abrirlo.
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¿Me lo prestas? - Pidió mientras sacaba la varita del bolsillo de su túnica.
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Toma - Se lo entregué. Ella lo observó con detenimiento, primero cerrado y luego abierto. De repente puso los ojos en blanco y se quedó allí ausente por unos segundos. Cuando recobró el conocimiento, sacudió la cabeza de un lado para el otro cerrando fuertemente los ojos y, acto seguido, apunto hacia él y dijo claramente: - "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas".
En ese momento el pergamino tomó color y, escrito con tinta oscura, pude leer la siguiente frase: Los señores Canuto, Colagusano, Lunático y Cornamenta presentan: "El Mapa del Merodeador". Miré a Rosali, que estaba tan sorprendida como yo.
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¿Cómo hiciste eso? - Le pregunté. Ella me miró nuevamente.
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No lo sé. Es como si supiera un montón de cosas, pero no sé que las sé.
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¿Esto ya te había pasado en el tren cuando veníamos, verdad?
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Si. - Admitió - Y en la prueba que me tomaron para venir a Hogwarts me preguntaron una cosa sobre tu padre y un tal Señor de las... Tinieblas - Me estremecí. ¿¡Cómo sabía ella del Innombrable!? - Yo no sabía nada acerca de lo que me preguntaron pero me salió así, sin más, como si lo supiera. Mc Gonagall me dijo que era porque estaba destinada a ser una bruja, pero creo que me está escondiendo algo.
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Wow. Bueno Rosali, pues eso es genial. - Dije con el mapa en la mano. ¿Desde cuándo tenía yo el mapa en la mano?
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Pues, abre el mapa James, ábrelo - Dijo como si me leyera la mente (N/A: u.u).
Lo abrí. De repente vi como unas cositas se movían. Luego comprendí que eran...
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... puntitos? - Pregunté en vos alta.
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Pero mira lo de al lado, - Dijo mi amiga Rosali - son nombres. ¿Ése es Sebastian Lawrence? Y que dice ahí ¿Evelyn Lie? ¿Allí acaso no dice "Mazmorras"? ¡Espera! - Me sobresalté y dejé caer el mapa. Ella lo levantó - ¿Sabes acaso que es esto, James? - Negué con la cabeza - Esto - Dijo señalándolo con el dedo índice - Es un mapa de Hogwarts.
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Súper -Sonreí.
Nos pusimos a lo sumo una hora más - suerte que era sábado - a mirar el mapa, descubriendo gente y cosas, incluso encontramos pasadizos para ir al pueblo de Hogsmeade. Cuando ya estábamos cansados decidimos cerrar el mapa e irnos a dormir, pero, ¿cómo íbamos a hacer que los dibujos desaparecieran de nuevo? Por suerte Rosali logró encontrar la respuesta en su estirada mente. "Travesura realizada" había que decir.
Nos levantamos del sillón. Entonces miré a Rosali a los ojos y ella me imitó. Allí recordé lo que había sentido cuando toqué su mano, esa corriente eléctrica y esa sensación rara que había sentido al verla por primera vez en las escaleras de mi casa, esa chica de hermosa cabellera castaña y ojos brillantes. Volví al presente. En ese momento lo comprendí y lo supe que Alexander tenía razón...
... me había enamorado de ella.