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Historia 42696 — capítulo 5

Capítulo 5: El cumpleaños de Harry

El 31 de Julio llegó rápidamente. En la casa reinaba el ambiente festivo de la gran cena que organizaba la Sra. Weasley.

En la mañana de ese día, Harry abrió todos los regalos de sus seres tan queridos. Ron le regaló un paño para lustrar su varita mágica; Hermione, un par de zapatillas nuevas, la Sra. y el Sr. Weasley le dieron una caja con polvos flú para su nueva y no tan nueva casa; George le regaló productos de su empresa; Bill y Fleur, un paquete con alrededor de 6 camisas diferentes; y Ginny le obsequió un perfume increíble junto con una gran carta que contenía una foto de ambos que se besaban, y debajo de la foto, resaltaba un gran letrero que decía "te amo con todo mi ser, mi vida no tendría sentido si tu no estás en ella. Espero que nunca nos separemos... Ginny". Harry se emocionó mucho ante semejante regalo, sin duda fue el que más le gustó. Enseguida se levantó de la cama y corrió escaleras arriba y entró en la habitación de su amada; ella estaba con Hermione.

 - Gracias por el regalo, Hermione - le agradeció Harry, me gustaron mucho.

 - De nada, amigo - le replicó ella. - Mejor los dejo solos. - Hermione salió de la habitación cerrando la puerta tras ellos.

 - Gracias amor, me encantaron tus regalos - le dijo Harry con ternura, acercándose a ella - Fue hermoso lo que me dijiste, y el perfume es muy rico.

 - Me alegro que te haya gustado, vida - le contestó ella - lo hice con el corazón la carta. Sin decir más, la besó muy fuerte, y con mucha pasión, haciendo que los dos sintieran un calor en todo el cuerpo.

 - Espera Harry, aquí no, nos pueden ver - suplicó la colorada, aunque no tenia intenciones de parar.

 - De acuerdo - le respondió él, sin ganas.

Bajaron a desayunar y encontraron una mesa adornada y repleta de comida. Ésta constaba de una ración grande de huevos fritos, salchichas, waffles de todos los sabores, panques dulces y salados, tocino, y pan recién horneado.

Todos se quedaron pasmados ante semejante vista, era como mirar al paraíso. Ron se lanzó de cabeza sobre ella, haciendo que sus amigos se rieran a carcajadas.

- ¿Qué? -preguntó Ron anonadado - ¿No van a venir a comer? Yo si.

- Ya vemos que tu si quieres - contestaron Harry, Ginny y Hermione al unísono. Y lo siguieron.

Luego de desayunar decidieron jugar un partido de Quidditch. Dos contra dos, Harry y Ginny, contra Ron y  Hermione.

El partido fue un gran suplicio por parte de Harry y Ginny, ya que los otros dos no eran tan buenos jugando al Quidditch. Hermione tiene miedo a volar y Ron, tiene su problema de confianza, por lo tanto no eran buenos oponentes, entonces la Sra. Weasley los llamó para almorzar, y agradeciendo ese llamado, dieron por finalizado el partido.

A la noche vinieron a cenar Bill y su esposa, Charley, Percy, Teddy Lupin junto con su abuela, Andrómeda, Hagrid, Neville y su abuela. Por lo tanto, la cena fue muy agradable para todos, ya que la noche era calurosa, pero corría una brisa fresca. Entonces decidieron sacar unas mesas al jardín de La Madriguera.

La Sra. Weasley había preparado un gran pastel en forma de campo de Quidditch, adornada con los postes, las pelotas al vuelo y jugadores de Gryffindor volando en escobas. Todos se quedaron maravillados ante semejante obra de arte.

- Ginny la decoró - dijo encantada la Sra. Weasley. Todos miraron a la chica, Harry se acercó a ella y la besó tiernamente, haciendo que todos exclamaran un AAHH...

Todos entonaron el cumpleaños feliz y y Harry sopló un poste del campo que era una vela.

A la noche, después de la cena, se fueron a acostar, y cuando Harry se sienta en su cama, nota un paquete, cuadrado, pequeño. Tenía una tarjeta, que decía "esto perteneció a tu madre, dáselo a la persona que tu creas que es la indicada". No decía nada más. Harry lo abrió con sumo cuidado, y en ella había un anillo de oro blanco, con un delicado diamante color blanco. Lo miró, y sólo se le ocurrió dárselo a una sola persona, a Ginny.

Bajó las escaleras, y encontró a la Sra. Weasley lavando los últimos platos.

- Sra. Weasley ¿Esto lo dejó usted en mi cama hoy? - le enseñó la cajita.

 - No, querido - La Sra. Weasley leyó la carta y abrió la cajita - Es hermoso, pero no lo dejé yo ¿Dijiste que lo encontraste en tu cama, cariño?

- Si, pero no sé quien lo pudo dejar, es un misterio - continuó Harry - Pero se lo quiero regalar a Ginny. A la Sra. Weasley se le llenaron los ojos de lágrimas, y abrazó a su yerno.

- Eres muy dulce, Harry - le dijo ella. Harry le dedicó una gran sonrisa y subió las escaleras emprendiendo viaje hacia el cuarto de su novia, rogando que no esté dormida aún. Golpeó la puerta suavemente tres veces.

- Adelante - contestaron de adentro, fue esa voz que lo hace temblar, que su corazón palpite más y más, que hace que su interior baile.

Él entro en la habitación; se encontraba casi en penumbras, sólo la lámpara de la mesa de noche estaba encendida, y daba una suave luz lila y un perfume a fresias que a Harry lo envolvió.

- Hola amor, espero que no estés dormida - le dijo él - es que quería darte algo.

- No, tranquilo, recién me acuesto - le contestó ella, sentándose en la cama, y descubriéndose el cuerpo con las sábanas.

- Quiero regalarte esto - Harry le extendió la mano, en la que contenía la cajita roja con el anillo de Lily.

- Harry, es hermoso - le dijo Ginny,mientras que le resbalaba una silenciosa lágrima por su mejilla.

- Perteneció a mi madre - continuó el moreno - Quiero que tú lo tengas.

- Pero no sé si deba, amor - concluyó la pelirroja - era de tu madre. Quizás tu debas conservarlo como recuerdo de ella.

 - No, quiero que tu lo tengas - y al finalizar la frase se lo depositó en el dedo anular de la mano izquierda de ella, y la besó.