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Historia 42696 — capítulo 6
Capítulo 6: Sorpresa!
A la mañana siguiente, después de la fiesta de Harry, Ginny quiso mostrar el anillo que Harry le había dado a toda su familia. El moreno, les contó que quería que ella fuese su esposa, y madre de sus hijos. Y que estaba muy feliz de que todo lo malo había concluido. - Sr. Weasley - le dijo Harry - Necesito hablar con usted. Es importante. - Claro que sí, Harry - le respondió Arthur Weasley. Se fueron al galpón de La Madriguera, que contenía, la mayoría, trastes muggles, y muy pocas cosas, como las escobas y el equipo de Quidditch de los Weasley. - Me gustaría pedirle algo - le suplicó Harry. - Dime, Hijo - el Sr. Weasley estaba nervioso, pero a la vez ansioso, pero no lo demostró - Después de lo que hiciste por el mundo mágico, creo que todos estamos en deuda contigo. - Pero creo que esto sobrepasa el límite de lo que puedan hacer ustedes por mí - Harry estaba a punto de desmayarse de los nervios que tenía. - No lo creo, Harry - concluyó Arthur - Dime. - Quiero pedirle la mano de Ginny, quiero hacerla feliz, hacerla mi esposa, dedicarle mi vida a ella, la amo - finalizó Harry - Se lo suplico, Sr. Weasley, permítame eso. El Sr. Weasley estaba como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago, mientras que Harry estaba a punto de colapsar de los nervios y el miedo, hasta que finalmente, Arthur Weasley le dedicó una sonrisa radiante y lo abrazó. - No creí que sintieras todo eso por mi hija - dijo el Sr. Weasley, mientras soltaba a su yerno - Claro que acepto que te cases con ella, es lo que mi hija siempre quiso. Y es lo que un padre desea para su hija, la felicidad de ella. Y más si es contigo. Te tengo una confianza a ciegas. - Gracias Sr. Weasley, prometo cuidarla siempre - le confesó Harry. Ha pasado un mes desde que Harry habló con el Sr. Weasley sobre Ginny, y todos fueron al Callejón Diagon para comprar las cosas para empezar su último año en Hogwarts. - Será mejor que vayan por unas túnicas nuevas - inquirió la Sra. Weasley - esas ya están viejas. - Sí - contestaron los chicos. Vengan, vámonos - ordenó Ron, agarrando a Hermione de la mano, y Harry hizo lo mismo con su novia. Al llegar al local, vieron que no había las viejas túnicas de Hogwarts, negras, largas y anticuadas, sino que fueron reemplazadas por uniformes más modernos. A los hombres les habían puesto una camisa blanca de mangas largas, corbatas al tono de la casa en que pertenecían, un jeans azul muy moderno, zapatillas negras, un cinturón negro que tenía en la hebilla el logo de la casa, y un saco negro. Y a las mujeres les dieron, una pollera de jeans, por arriba de la rodilla, una camisa blanca, la corbata igual que los hombres, el cinturón igual, un un saco negro, y botas largas, que llegan hasta unos centímetros por abajo de la rodilla. Cuando lo chicos vieron el nuevo uniforme se quedaron pasmados. Ginny y Hermione, estaban felices, pero los chicos no. - Tú no vas a usar esa pollera tan corta, Ginny - le ordenó Harry. - Ni tú, Hermione - replicó Ron. - ¿Ah, no? ¿Por qué? - preguntaron indignadas las chicas al mismo tiempo. - ¡Por que no! - gritaron los chicos. - No nos queda otra, corazón - le dijo dulcemente Ginny con un tono de sarcasmo a su novio. - No importa - rugió él - No, y punto. - Lo lamento, pero no podemos hacer nada - respondió Ginny a la ofensiva. Y entraron en el negocio. - ¿Qué vamos a hacer? - preguntó Ron algo desanimado - No nos queda otra. Ellas tiene razón. Es lo que hay, amigo. - Pero te das cuenta de que las van mirar todo el tiempo, Ron - exclamó Harry - Yo no quiero que la miren todo el tiempo. Ella es mía, y la amo. No la quiero perder. - Ni yo, Harry - le dijo su amigo. Ginny y Hermione estaban escuchando, y salieron de la tienda para ir a abrazarlos y besarlos con mucha pasión. - Lo lamento, amor - repusieron los dos chicos al mismo tiempo en el oído a sus novias. - Y yo - contestaron ellas. Ambas parejas entraron en la tienda y compraron sus uniformes, a las chicas, les quedó fabuloso. Ginny era toda una modelo, en cambio, Hermione era más tímida mostrando su nuevo traje. Y los chicos, estaban hermosos, los dos, estaban modernos, daban la impresión de chicos rebeldes, y eso a las chicas las volvía locas. Pasaron la mayoría de la tarde de compras para el colegio, y luego regresaron a La Madriguera.