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Historia 42696 — capítulo 9

Capítulo 9: En el jardín

Harry y Ginny iban caminando por los terrenos del colegio, tomados de la mano, pensando o imaginándose lo que estaría pasando en la sala común, si Hermione lo perdonó o no.  - Ojalá que ella lo haya perdonado - rogó Ginny, mirando al cielo. Era una noche hermosa. Se veían las estrellas. Y como en Hogwarts no hay luces en el exterior, se veían de a montones - Aunque se merece que él se merece que no.  - ¿Por qué dices eso, amor? - preguntó Harry, aunque sabía por donde venía la cosa.  - ¿Tú qué crees? - le inquirió ella, desafiándolo.  -Ahh... ¿Por lo que pasó en la entrada? - Harry a pesar de saber lo que se le venía encima, estaba divertido.  - ¿De qué te ries? - Ginny empezó a perder la paciencia, y se giró sobre sus talones y emprendió viaje hacia el castillo. Harry tardó en caer que la estaba perdiendo. Asi que corrió hacia ella, la tomó de la cintura haciendo que ella girara, y la besó como nunca había hecho. Ella se resistió un poco, pero terminó cediendo. Él la abrazó con más fuerza pegándola contra su cuerpo, y el beso se fue apasionando cada vez más. Harry divisó que estaban muy cerca de la entrada, y que los podían ver. Asi que la tomó en sus brazos y la llevó hacia la orilla del lago. Ahí nadie podía verlos ni escucharlos. La depositó con suavidad sobre el suelo, y le acariciaba el cabello, y a medida que los besos y las caricias se iban intensificando, los gemidos y el calor fueron rodeando a la pareja. Ginny, al tener una falda puesta, a Harry le facilitaba el trabajo. Entonces, él mientras le acariciaba la pierna y sentía la suavidad de su piel, fue subiendo su mano, metiéndola por su falda hasta llegar a su ropa íntima. El moreno la tomó con tranquilidad y se la fue retirando. Harry quiso sacársela por completo, y lo logró. Harry la miró, y era muy fina, de color blanca con los bordes rojos. Y en la parte de atrás, que era más delgada que la parte de adelante, vio que tenía dibujada una cereza. Ella se rió, y Harry la miró.  - No te detengas - le suplicó la chica. Y Harry siguió con su trabajo. Ginny, le empezó a desabrochar el cinturón, y mientras que se besaban y se acariciaban, le empezaba a soltarle los botones que el pantalón de Harry tenía. Se lo bajó un poco, y le metió las manos dentro de la ropa íntima. Él gimió. Estaba demasiado excitado como para detenerse, y la  siguió besando con tanta pasión. La pelirroja siguió jugando con su miembro hasta que Harry les retiró las manos, poniéndoselas en el cuello su cuello. El la adentró. Ginny soltó un orgasmo. Y Harry fue haciéndolo despacio, pero a medida que Ginny fue largando más orgasmos, él fue penetrándola más fuerte. Harry largó el último gemido y se recostó en el pecho de Ginny, que tenía la camisa semi desabrochada y se le veía el sostén que hacía juego con la ropa íntima que él le había quitado antes. Estaban exhaustos, pero felices. Harry la besó.  - Eres el amor de mi vida, la mujer con la que siempre quise estar - empezó a decir Harry - Te amo más que a nada en el mundo, con todo mi ser. No tienes por que estar celosa. Porque nadie esta a tu altura, nadie es más hermosa que tú, nadie se compara contigo, y mi cuerpo, mis besos, mi amor son sólo para tí - finalizó.  - Harry - dijo Ginny con un susurro - Es hermoso lo que me dijiste. Yo también te amo con todo mi ser. Y déjame decirte que eres lo más hermoso que tengo, que siempre te amé, que siempre quise estar contigo, y que soy toda tuya. No va a haber nadie entre nosotros que se interponga en nuestra felicidad, y nos va a separar ¿Si?  - Claro, mi amor - y la besó. Ginny se arreglo toda su ropa, se puso su braga, se arregló el pelo y sacó su varita. Marcó en la corteza del árbol en donde hicieron el amor "Harry y Ginny, nuestro amor perdurará por siempre y para siempre". Él leyó lo que su novia escribió y le dio un beso tierno, corto, pero lleno de amor. Y emprendieron viaje de regreso a la sala común.