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Historia 43054 — capítulo 1
Capítulo 1:
Mitología Nórdica.
Drake Haxmel se encontraba a las doce de la noche en una calle de Francia, llevaba puesto su mejor traje y estaba fumando un cigarrillo, a su alrededor tenía cientos de bares y restaurantes, él entró a un gran bar que tenía escrito su nombre en un gran letrero sobre la puerta, el lugar era excelente, había muchas parejas en mesas repartidas por el lugar, sentado al lado de una ventana estaba un hombre vestido con una gabardina negra y bebiendo una copa de champaña; Drake caminó hacia la mesa, se sentó frente aquel hombre y apagó su cigarro.
—Señor Haxmel, me da gusto de conocerlo al fin—le dijo—. ¿Gusta alguna bebida?
—No y por favor sólo dígame Drake—le pidió—, ahora explíqueme por que quería citarme.
Aquel hombre se inclinó hacia Drake y le murmuró:
—Sé lo que usted está buscando y pienso ayudarlo.
Drake abrió sus ojos de la impresión y se inclinó hacia ese hombre y le dijo:
—Es imposible, eh gastado miles de dólares y euros y nadie me ha podido siquiera dar una pista sobre...
—Legardyam—agregó—, el reino de los Dragones, la tierra fuera de la tierra.
Drake metió su mano lentamente en su saco, volteó a toda partes con mucha cautela y sacó un libro color verde oscuro, su portada era dura y se veía algo viejo.
—Lo único que tengo es este tonto diario—le indicó.
Su compañero lo deslizó por la mesa y lo abrió, el libro tenía miles de dibujos de dragones, eran cientos de especies y tenía escrito cosas sobre ellos.
—¿De quien es este diario?—le inquirió en un susurro.
—Era del profesor Drark—le contestó Drake también con la voz baja.
—Sólo díganos cuando quiere que salgamos, Drake—le indicó.
Mientras ellos hablaban entró una muchacha al bar, era muy linda, su rostro era joven, su cabello era negro y le llegaba hasta les mejilla, su cuerpo parecía todo un monumento y llevaba un pantalón negro y un saco color blanco, su belleza era opacada por un rostro serio; ella caminó hasta la barra, se sentó en una banco y pidió una copa de vino, ella no dejó de ver a Drake y a su compañero, pero lo que más le sorprendió fue el libro que estaba en medio de la mesa.
Ella continuó observándolo, Drake se percató de eso y se lo informó a su compañero.
—¿La conoces?—le preguntó.
—Se me hace familiar—le respondió—, pero no puedo acordarme de ese bello rostro.
La muchacha se volteó lentamente, pero no dejó de observarlo.
—Bueno, yo me retiro, creo que acabo de hacer el trato de mi vida—se despidió Drake muy contestó.
Los dos se pusieron de pie, se dieron la mano y salieron, Drake se llevó el libro en las manos, aquella muchacha pagó su cuenta y salió detrás de Drake; él se dirigía a la esquina para poder tomar un taxi, pero esa chica sacó una pistola y apuntó hacia Drake, él no se había dado cuenta de que lo seguían, pero al escuchar el arma cargándose volteó y se lanzó al suelo, la muchacha se quedó asombrada y comenzó a correr hacia él.
Drake sacó una pistola de su bolsillo y empezó a dispararle. Ella esquivó todo los disparos y se escondió detrás de un bote de basura.
—¿Quien eres? —gritó Drake.
Ella salió de su escondite, tiró el arma y levantó para caminar hacia Drake, quien no dejó de apuntarle.
—Soy Alizée Drark—le contestó, en su voz se pudo distinguir un acento francés—, hija del profesor Drark.
Drake se quedó muy impactado al escucharla, se puso más nervioso y no dejó de apuntarle.
—Sé que mataste a mi padre—aseguró ella.
—Eso es mentira—dijo Drake muy nervioso—, tu padre murió por su locura, por creer en los dragones.
—Y si eso es mentira ¿por qué tienes su diario?—le preguntó.
Drake le disparó y nuevamente Alizée evitó el disparo que iba directo a su pierna, Drake lanzó el arma y se fue corriendo por la calles, mientras ella lo perseguía. Drake cruzó entre ajitos en movimiento y empujó peatones tratando de huir de Alizée—que también tuvo los mismos riesgos—. Drake logró llegar hasta su hotel, Alizée no pudo hacer nada y desde la puerta lo vio subir al ascensor.
Alizée se fue en su bicicleta hasta su casa ubicada en una campiña cercana, su casa era muy pequeña, hecha de ladrillos y un techo de madera, su cama era un pequeño catre, se sentó en él y tomó una fotografía que estaba sobre el buró a su lado, en ella estaban su padre veinte años atrás; la vio con mucha tristeza, lo recordó con lágrimas y un gran llanto que la dejó dormida después de un par de horas.
Drake no pasó por alto aquel acontecimiento y llamó a la policía.
Alizée despertó al día siguiente, salió de su casa con una bata color amarillo, en su cabeza llevaba una toalla blanca y también llevó artículos de higiene personal, ella se dirigía a un pequeño arroyo cercano a su casa para tomar un baño, cuando terminó fue a su casa y se vistió con su uniforme, salió con su bicicleta y se fue hasta su escuela con sus libros y útiles en mano.
Ella iba muy feliz, saludando a todos los que veían, con una radiante sonrisa que sólo se espera de un ángel; cuando llegó a la escuela, dos de sus amigos, Donald y Bárbara, le avisaron que un par de policías habían preguntado por ella.
—¿Qué quieren?—preguntó Alizée, sorprendida.
—No lo sabemos—contestó Donald.
Alizée los vio en la entrada de la escuela, otra vez se montó en su bicicleta y regresó a su casa, Donald y Bárbara se quedaron preocupados por su amiga, peor no quisieron seguirla.
Alizée llegó a su casa y en una vieja maleta empezó a acomodar su ropa, después sacó una bolsa llena de dinero y por último tomó la fotografía de su padre, pero al hacerlo se le resbaló, el marco quedó destrozado y el cristal terminó peor, ella se apresuró a recoger eso y se dio cuenta que detrás de fotografía había algo escrito.
—Hija, cuando tengas problemas ve a Alamant—leyó—, ahí ve con uno de mis mejores amigos, Frederik Vilferoy, dile quien eres y él te ayudara.
Alizée guardó la fotografía y salió en su bicicleta, ella debía escapar, salir de Francia, pero sería algo imposible, no podría pagar un avión, así que tuvo que tomar el tren. Ella fue hasta la estación y pidió un boleto hacia Alamant; el tren tardaría diez minutos en salir, así que ella se sentó en una banco para esperar y dejó su maleta en el suelo. Alizée no dejó de voltear a todas partes para asegurarse de estar bien, ella vio a tres policías bajando las escaleras, uno de ellos llevaba un cartel en sus manos y se acercó al hombre de la taquilla.
—Necesitamos pegar este cartel—le informó.
Aquel hombre accedió y el policía colocó el cartel a un lado de la taquilla, en él estaba el rostro de Alizée y se anunciaba una recompensa por ella, muy sorprendida, el tren llegó y Alizée caminó hasta el tren para abordarlo, un hombre le pidió el boleto y ella se lo dio, cuando se lo marcó, ella , puso su maleta sobre su asiento y se sentó.
Alizée dio una gran suspiro de alivio, creyó que ya estaba a salvo, peor uno de los policías la vio.
Él chifló sus silbato y sus compañeros fueron hacia él, Alizée se levantó, bajó su maleta y corrió por los vagones, el tren comenzó a avanzar, peor uno de los policías lo detuvo, dos de los policías lograron subir por ella.
Silbaban para que ella se detuviera, pero Alizée ignoraba a la ley. La gente sólo la veía. Alizée llegó hasta el último vagón, donde estaba el equipaje más pesado, Alizée se escondió detrás de un par de cajas, trató de recobrar el aliento mientras esperaba a los policías. Los policías estaban apunto de llegar al último vagón, pero un chico de cabello castaño se puso de pie y les dijo:
—¿Buscan a una chica de cabello negro?—les preguntó.
—Sí—contestó uno de ellos.
—Bajó y se fue corriendo—les indicó.
Ellos le agradecieron, bajaron del tren y se fueron corriendo, el tren entonces comenzó su marcha y aquel muchacho llevaba una boina gris, una camisa blanca arrugada y unos pantalones sucios y rotos, él fue hasta el otro vagón para ver a Alizée, sus sorpresa fue cuando ella lo golpeó con una maleta. Al percatarse que no era un policía, se agachó y trató de ayudarlo.
—¿Estás bien?—le preguntó.
—Por suerte—le contesto, adolorido.
—Lo siento mucho—se disculpó Alizée muy apenada y ayudó al muchacho a ponerse de pie.
—Mi nombre es Oliver—se presentó él.
—Yo soy Alizée—dijo ella.
—¿Y por que te querían?—le inquirió.
Alizée le explicó todos desde el principio: desde la muerte de su padre, hasta la noche del día anterior, cuando trató de matar a Drake Haxmel. Los dos comenzaron a hacer una gran amistad, se levaron bien al momento, así los dos regresaron a los vagones y viajaron juntos. Alizée le contó a Oliver muchas cosas de su vida, sus gustos y disgustos, sus alegrías y tristezas y demás.
Oliver hizo lo mismo y le hizo una gran confección, él era un vago, huérfano y ladrón, peor robaba comida, había vivido en un orfanato donde lo trataban muy mal y había huido.
Lord Vilferoy estaba registrando todo en su oficina, al día siguiente comenzaría otro curso escolar en el internado Lewis, los maestros no tardarían en llegar. Él se sentó en su cómodo sofá, se sirvió una copa de vino y se puso a ver la ventana que daba al patio. En ese momento llegó Tom, con su uniforme bien puesto, su rebelde cabellera fue recortada, su arete le fue quitado y sus modales—en un par de meses— mejoraron un poco.
—Me siento ridículo—expresó.
Lord Vilferoy se puso de pie y lo vio, sintió un gran orgullo por su hijo y ni aguantó las ganas de abrazarlo.
—A partir de mañana serás educado como todo un caballero—le dijo su padre con aquel orgullo.
—¿Pero si podré continuar siendo Sombra del Bosque?—le preguntó Tom.
—Sólo en el verano—le contestó.
Lord Vilferoy acercó una mesa y una silla hacia su sofá, luego tomó un libro que estaba encima de su escritorio, Tom se sentó al lado de su padre y él le enseñó el libro.
—Éste es el anuario del año pasado—comenzó lord Vilferoy—. Échale un vistazo.
Tom lo abrió y vio fotografías de los que serían sus compañeros, estaban todos los miembros de diverso equipos de la escuela, estaban las muchachas más lindas que jamás habían visto, también vio a sus maestros y uno de los que más le interesó fue el profesor Rhiam.
—Él es Marcus Rhiam—le dijo—, el mejor maestro que jamás eh visto.
También le atrajo otro maestro de aspecto alegre y sabia a la vez.
—Él era el profesor Drark, él enseñaba mitología nórdica, pero hace años que la clase se canceló—le informó.
—¿Por qué?—preguntó Tom algo curioso.
—El profesor Jack Drark decía que quería encontrar un reino lejano, que según él creía, era un reino donde sólo habitaban Dragones—le explicó.
—Deberías retomarla—le dijo Tom.
—Otra cosa, no quiero que menciones nada de lo ocurrido—le pidió—, estos niños no creerían nada de lo que vivimos junto con la Corte de Cristal.
—No puedo creer que hayamos vivido una gran aventura y sólo quede en un secreto—dijo Tom.
—Pues mejor que se quede así—dijo su padre.
En ese momento sonó un reloj que colgaba en la pared, éste indicó que ya eran las dos de la tarde, lord Vilferoy salió muy apurado de su oficina.
—¿A dónde vas?—le preguntó Tom.
—Gallaren y sus sobrinos acaban de llegar—le contestó—, él me pidió que si podía recogerlo.
—Te acompaño—le dijo Tom—. Me muero de ganas de ver a Aliana... —lord Vilferoy se le quedó viendo, y él muy nervioso agregó—: y a Octavio, necesito con alguien para hablar.
Los dos salieron hasta la cochera, lord Vilferoy y Tom subieron a un auto color azul y condujeron hasta la estación, como ya eh dicho antes, en la ciudad de Alamant no había muchos autos, así que los dos no tardaron en llegar a la estación.
Entraron y vieron a cientos de personas caminando de un lado a otro, con sus maletas en brazos. Otro tren llegó a los pocos segundo y de éste salieron Gallaren y sus sobrinos, bajaron su equipaje y salieron a la estación.
Tom los vio y alzó su brazo para que ellos los vieran, Octavio y Aliana se echaron unas mochilas en la espalda, y cada uno tomó dos maletas.
Los niños abrazaron a lord Vilferoy y después saludaron a Tom, ninguno de los dos pudo creer que aquel muchachito salvaje que los rescató y ayudó en varias ocasiones fuera aquel joven refinado que estaba a lado de su padre; Aliana y Tom estaban a punto de abrazarse, pero se retractaron y sólo se dieron un fuerte apretón de manos, algo tímidos. Gallaren llegó un poco después, con una sola maleta.
—Me alegra verte, Gallaren—le dijo lord Vilferoy.
Los dos se saludaron como los buenos amigos que eran, después de eso comenzaron a caminar por el lugar, cada uno empezó a contarse sus nuevos recuerdos, las cosas que habían vivido en los últimos meses.
En su camino Octavio vio a Alizée, se quedó pasmado con su presencia, fue tanto que dejó caer sus maletas y se quedó parado ahí, siguiéndola con la vista, ella dejó un aroma a jazmín a su paso, Octavio sintió un gran coraje al verla con Oliver, pero sabía que jamás volvería a verla.
—¡Octavio!—gritó su tío.
Él salió de su trance y corrió para alcanzar a su tío y a los demás.
Alizée y Oliver seguían en la estación, ambos se sentaron en un banco, ella estaba algo deprimida, no sabía como empezaría a buscar a lord Vilferoy, ni siquiera sabía quien era.
—Tal vez alguien lo conozca—dedujo Oliver.
—No lo creo—dijo ella algo deprimida—, tal vez ni siquiera viva aquí.
—Mira, por su nombre puede que alguien lo conoce—le insistió Oliver.
Alizée seguía sin aceptar, así que Oliver se puso de pie y comenzó a preguntar, como la gente iba a su paso, nadie le ponía atención. Un hombre de aspecto distinguido se le acercó.
—Veo que busca a alguien.
—Sin, a un tal lord Vilferoy, ¿lo conoce?—le preguntó Oliver.
—Claro, él es el director del internado Lewis—le contestó.
Oliver le agradeció muy alegre a ese hombre y se fue corriendo con su amiga, rápidamente le contó todo y salieron para ir al internado Lewis, el cual pudieron ver alzándose sobre la colina.
En el internado las sirvientas estaban con el tiempo encima, desde hace dos días que habían comenzado su limpieza, pero era tanta que no pudieron terminar a tiempo, todas estaban bajo la supervisión del mayordomo del internado.
En ese preciso instante llegaron Lord Vilferoy, Gallaren y los muchachos y vieron todo el movimiento agotador que se estaba haciendo. el mayordomo se acercó a lord y le dijo:
—Señor, ya falta poco.
—Descuide, tómese su tiempo, pero quiero que terminen antes de que anochezca—le dijo al tiempo que le dio unas palmadas en la espalda.
Lord Vilferoy llevó a sus invitados hasta su oficina, como no quiso molestar a ninguna de las sirvientas, él mismo fue hasta la cocina y tomo bocadillo de jamón, panecillos, jugo de naranja y una botella de vino para él y su amigo, al poco tiempo llegó Tom y le ayudó.
Comenzaron a comer y siguieron contando sus anécdotas de verano.
—¿Extrañas tu vida anterior?—le preguntó Aliana.
—Un poco—le contestó—, pero mi papá dice que en el verano podré continuar, que esto es por mi educación.
—Me da gusto que se lleven muy bien—sonrió Aliana—. Lord Vilferoy es un buen hombre.
—Lo sé—respondió él—. Al principio nos costó trabajo, pero después nos fuimos dando cuenta de que tenemos gustos muy parecidos.
Octavio era el único que no estaba hablando, seguía en aquel trance, tratando de recordar a aquella muchacha, trataba con mucho coraje de tenerla viva en su mente. El mayordomo entró a la oficina y le avisó a lord Vilferoy que un par de muchachos lo buscaban.
Lord Vilferoy aceptó que entrara, el mayordomo entonces salió, y el director salió a la estancia, seguido por Gallaren, ambos estaban sorprendidos, pues ninguna visita estaba preparada ni esperada. Durante su camino hasta la estancia, conversaron acerca de quien podía llamarlo.
Al llegar se encontraron con Alizée y Oliver acompañados por el mayordomo, éste último se retiró cuando vio a lord Vilferoy.
En la estancia había un par de sofás de piel, donde los cuatro se sentaron.
—Y bien, ¿quién me busca?—preguntó él.
—Yo señor—contestó Alizée.
Tanto Gallaren como lord Vilferoy quedaron encantados con la dulce belleza de la muchacha que los visitaba.
—Mi nombre es Alizée Drark—se presentó— y el es Oliver, un amigo. Escuchar el nombre de aquella muchacha provocó que lord Vilferoy se pusiera de pie por una fuerte impresión.
—¿Tu padre es Jack Drark?—le preguntó con aquella impresión.
—Si, lo era—respondió, pero lord Vilferoy no la entendió.
—¿Falleció?—inquirió lord Vilferoy.
De nueva cuenta Alizée afirmó aquella sospecha y se puso algo triste, lord Vilferoy se sentó en sofá con una impresión más fuerte aún.
—Lo asesinaron, fue Drake Haxmel—le dijo ella.
—La familia Haxmel—repitió muy pensativo.
—¿Qué pasa, lord Vilferoy?—le preguntó Gallaren.
—Roger Haxmel y Jack eran socios, pues ambos deseaban con todas las ganas encontrar el reino de los Dragones—indicó lord Vilferoy—. Pero cuando Jack y él no encontraron más que ruinas, fueron destituidos de su cargo de cargo de profesores y ambos fueron llevados a la miseria, Haxmel perdió todos, Jack también, pero cuando le di trabajo logró recuperarse, después de un tiempo se casó y se fue a vivir a Francia, desde entonces no sabía nada de él—agregó.
—Pues vivió feliz trabajando en una fabrica—continuó Alizée—, pero en las noches seguía trabajando en su diario.
—¿Y cuando murió?
—Hace un año—contestó—. La gente dijo que se había suicidado, que estaba loco, pero mi padre no era así, yo sé que lo envenenaron.
—Necesitas de mi ayuda—dijo lord Vilferoy.
—Señor, sólo quiero un lugar para esconderme, Drake Haxmel me está buscando—le pidió.
Lord Vilferoy lo pensó, algo dentro de él le decía que aquella muchacha podía ayudarle en algo, peor no sabían en qué, entonces levantó la vista y frotándose la barbilla vio un cuadro que tenía donde había un hipogrifo.
—¿Qué sabes sobre mitología nórdica?—le preguntó.
—Es una de mis materias favoritas—le contestó.
—Bueno, puedes ser maestra de dicha materia—le dijo— y tu amigo puede ayudar en el jardín.
Ambos aceptaron. Lord Vilferoy los llevó por una visita guiada por todo el lugar, Gallaren se fue a descansar en una de las habitaciones de huéspedes, pues esa misma noche tenía que volar hasta Moscú para un nuevo trabajo.
Octavio, Aliana y Tom decidieron salir al jardín, para caminar y seguir hablando sin problemas. Octavio seguían pensando en aquella muchacha y su hermana y Tom no se podían ni ver, estaban nervioso una ante el otro.
En ese momento entró al internado un auto negro muy fino, los vidrios eran oscuros y sólo se podía ver el reflejo de uno en ellos, el auto se estacionó frente a la puerta, el chofer bajó y se apresuró para abrirle la puerta a su jefe, del auto salió un hombre que vestía un bello traje negro, de cara pálida y muy seria, su cabello era largo y plateado, en su mano llevaba un bastón con un mango de plata en forma de una araña; después de él bajó su hijo, un niño muy parecido a él, pero su cabello era corto y su rostro mostraba a un niño ingenuo.
—Veo que ahora los sirvientes son más jóvenes—dijo aquel hombre.
—Para su información somos estudiantes—le aclaró Octavio con un tono de rudeza fingida.
—Tu valentía y tu torpeza sólo pueden ser de un Blopper—agregó aquel hombre.
Octavio cerró su puño con gran coraje, vio a ese hombre y no aguantaba las ganas de darle un golpe en la cara, pero llegó el mayordomo y lo invitó a pasar a la estancia, él y su hijo fueron, mientras se alejaban, Octavio se tranquilizaba.
—¿No sabes quien es él?—le preguntó Aliana en un murmullo.
—No—respondió.
—Es el conde Jakrem Hillerfod—le dijo—, la mano derecha del rey, dicen que lo peor que te puede ocurrir es ser su enemigo.
Aquel conde y su hijo caminaron hasta la estancia, donde el mayordomo les invitó a que se sentaran, después llegó con unas bebidas que ambos rechazaron, después de eso llegó lord Vilferoy y le saludó muy alegre, Gallaren no se alegró por aquella visita, el conde Hillerfod se puso de pie para saludar a lord Vilferoy con un simple apretón de mano.
—Veo que viene a dejar a su hijo—dijo lord Vilferoy.
—No del todo—le contestó muy serio—, quiero hablar con ambos, en privado.
—Pues puede pasar a mi oficina—le indicó lord Vilferoy.
El conde Hillerfod accedió y los tres caminaron hacia su oficina. Lord Vilferoy se sentó en su escritorio, Gallaren y el conde Hillerfod, que seguí con aquella fría seriedad, se sentaron delante de él.
—¿Y que quiere saber?—le preguntó lord Vilferoy.
—Sé que un tal Drark trabajó aquí—comenzó el conde.
—Sí, pero al parecer él falleció—le contestó lord Vilferoy.
—Pues al parecer él tenía algo que muchos quieren—les explicó—, hace poco lord Vayskan me invitó a una cena en su casa y me explicó de un lugar al que llamó Legardyam.
—Según una antigua leyenda era el reino de los Dragones—le explicó Gallaren.
—Sabía que el tipo estaba chiflado, pero no cuanto—exclamó con una risa.
—¿Y por que la curiosidad?—le inquirió Gallaren.
—Por que el tipo me acaba de pagar una cuantiosa cantidad para ayudarlo a encontrar Legardyam—les respondió.
—Yo creo que eso es una locura—comentó lord Vilferoy algo nervioso.
—Bueno, me retiro deseándoles un buen año—se despidió.
Cuando el conde Hillerfod salió chocó contra Alizée, Oliver la ayudó a ponerse de pie.
—Fíjate, niña torpe—le replicó.
Ambos se molestaron y él se alejó hasta la salido, Gallaren corrió hacia ellos para ayudarlos, Alizée estuvo bien, sólo un simple golpe, después salió lord Vilferoy para continuar con su recorrido. Primero llevó a Alizée a la que sería su nueva habitación y después llevó a Oliver a un cobertizo en el patio trasero, donde él se acomodó sin problemas.
Alizée estuvo sorprendida por todas las cosas que tenía su habitación, incluso su closet estaba lleno de ropa muy elegante, en su peinador había accesorios, perfumes y cepillos muy finos, ella quiso acostarse por un momento, pero su cansancio era tanto que cayó dormida al instante.
Al llegar la noche todos pasaron a la cocina para cenar, el hijo del conde Hillerfod, que se llamaba Brad, cenó lejos de Tom, Octavio y Aliana, pues creía que no eran de su clase, él era un muchacho muy antipático y desagradable, él pensaba que el poder y el dinero lo era todo en la vida. Al terminar cada uno fue a sus respectivas habitaciones, pues el día siguiente sería muy pesado.
Antes de irse, Gallaren se dio el tiempo para despedirse de sus sobrinos, salió del internado y fue directo al aeropuerto