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Historia 43054 — capítulo 2

Capítulo2:

El Primer Día.

Tan pronto como salió el sol empezaron a llegar todos los alumnos de diversas partes del mundo, todos se saludaron con sus amigos de siempre y no tardaron en comenzar las platicas de sus vacaciones, en comunicarse de nuevo. También llegaron todos los maestros y empezaron a hablar con sus alumnos, lord Vilferoy, como siempre, recibía muy alegre a sus alumnos, a los padres de estos y a todos los maestro, pero a quien recibió con más ánimo y alegría fue a la señorita Romayter, tan pronto la vio se abrazaron fuertemente y ella le plantó un gran beso en la mejilla.

—¿Qué tal su verano, señorita Romayter?—le preguntó.

—Mi padre nos llevó a Hawai—le contestó—. ¿Y que tal usted?

—Me tomé el tiempo para pasarlo con mi hijo—le contestó con una gran sonrisa.

—Bueno, tendré que dejarlo para ir a mi habitación, tengo cosas que arreglar—le explicó.

Ella se despidió de lord Vilferoy con su gran sonrisa y subió con su maleta hasta las misma habitación tuvo desde hace tres años. Lord Vilferoy siguió caminado saludando a los padre o alumnos con una agradable sonrisa, a lo lejos, en la puerta vio como iba llegando el profesor Rhiam, iba arrastrando su maleta y leyendo un libro, él estaba ignorando todo en su camino.

—Veo que sigues con lo mismo—le dijo.

El profesor Rhiam cerró el libro y alzó su mirada para ver a lord Vilferoy, le dio la mano para saludarlo.

—Lo siento—se disculpó—. Sólo que este verano no me dio tiempo para seguir leyendo.

—Descuida, tendrás mucho tiempo en el receso—le prometió lord Vilferoy.

El profesor Rhiam le sonrió y, con más atención en el camino, continuó su camino. Alizée estaba preparándose, se dio un buen baño tan pronto despertó, se puso un poco de perfume olor a jazmín, tomó un ligero desayuno y se puso un bello traje color rosa, ella estaba muy nerviosa, no sabía que iba a hacer, jamás había dado clase de manera profesional, pasó toda la noche y parte de la mañana leyendo sobre mitología nórdica.

Oliver también tuvo cosas que hacer, él conoció al señor Rousbone, el viejo jardinero, hacía años que trabajaba en el internado Lewis, era un hombre aficionado a su trabajo, jamás había un asistente, pero cuando conoció a Oliver sintió que debía ayudarlo; el muchacho jamás había trabajado, sólo era un vago y ladrón de Francia, pero entre ambos surgió una gran amistad, así que Oliver se acopló al trabajo, y más que odiarlo, empezó a adorarlo. La mayoría de la veces, el señor Rousbone le contaba anécdotas de cuando él era un joven.

Esa día todo pasó muy rápido, antes de darse cuenta todos los alumnos estaban reunidos en el auditorio para escuchar el discurso del director. En el escenario estaban todos los maestros y delante de ellos había un estrado con una micrófono; todos pudieron notar a la dulce y nerviosa muchacha que estaba al lado del profesor Rhiam, muchos de los maestros ya la habían conoció y les pareció una muchacha simpática, en especial a la señora Lureys, la maestra de artes, pues ambas tenían mucho en común. Quien todavía no la había conocido era la señorita Romayter, quien sólo pensó que era un chica más del servicio, pero quedó muy sorprendida al saber que era la nueva maestra del internado. Todos los muchachos estaban en el lugar, conversando en voz baja, Aliana y Octavio acababan de llegar al lugar y se sentaron en las quinta fila, los dos estaban discutiendo, pues por la culpa de Octavio se había retrasado. Fue entonces que Octavio la vio, vio a la dulce muchacha de la estación, aún desconocía que hacía ahí y quien era ella.

Lord Vilferoy apareció en pocos minutos, todos los maestros se pusieron de pie para recibirlo con aplausos, Alizée no sabía, así que fue la última en ponerse de pie, los alumnos también hicieron lo propio ante la llegada dl director, Octavio estaba algo distraído, sus aplausos eran lentos, porque no dejaba de contemplar a Alizée.

—Muchas gracias muchachos—empezó lord Vilferoy con una sonrisa de alegría.

Los maestros y los alumnos se sentaron para escuchar atentamente su discurso, algunos alumnos—desde antes de que iniciara— ya estaban ignorándolo, pero algunos de los alumnos mayores los obligaban a poner toda la atención posible en el discurso de lord Vilferoy.

—Antes que nada quiero presentarles a una señorita que espero les caiga muy bien, ella es Alizée—les presentó, Alizée se levantó muy nerviosa de su asiento y saludó a los alumnos—. Ella impartirá la clase de mitología nórdica.

Octavio quedó más asombrado hacia ella, susurró su nombre y guardó su imagen en su memoria, no pudo creer que aquella bella jovencita pudiera ser una maestra. No era el único que se moría por ella, pues otros de sus compañeros estaban igual que él, varías señoritas parecían estar algo celosa, incluso Aliana golpeó a Octavio en la cabeza para que él reaccionara. Alizée se acercó al estrado para decir algunas palabras.

—Antes que nada, le agradezco a lord Vilferoy por darme la oportunidad de este trabaja—les expresó algo nerviosa, pero al poco tiempo se fue desenvolviendo y se alegró—. También quiero decirles que estoy aquí para apoyarlos.

Alizée sonrió de nuevo y pasó a su asiento más tranquila, los alumnos y maestros le aplaudieron, lord Vilferoy se volvió a acercar al estrado para continuar su discurso.

—Quiero felicitar al equipo de Alkuam que este verano ganó el campeonato nacional—continuó, nuevamente siguieron los aplausos—. También quiero desearles un excelente año, sé que a partir de ahora darán otro paso en su camino de la vida, recuerden que estos pasos deben ser lentos y deben disfrutar cada momento, no deben apresurar su vida, cada momento debe tomarse con calma.

Los aplausos continuaron, todos los muchachos sabían que sus palabras llevaban toda la razón, lord Vilferoy agradeció a todos y regresó a su habitación. De ahí todos pasaron al gran comedor, se sentaron en las enormes mesas, donde la cena ya estaba servida. Alizée se sentó en la mesa de los maestros,al lado de la señorita Romayter, que estaba algo seria y reservada.

—Mi nombre es Alizée—se presentó ella.

—Yo soy Miranda—le contestó sin mucha gracia—, pero todos me conocen como la señorita Romayter, soy la psicóloga del internado.

—Psicología, alguna vez quise estudiar esa carrera—le comentó.

—¿Y como es que te enfocaste a la mitología?—le preguntó la señorita Romayter.

—Lord Vilferoy me dio el empleo por que sé algo del tema—le contestó.

—A mi siempre me encantaron las hadas—le comentó la señorita Romayter—. Pero cuando crecí me tuve que olvidar de todas esas historias.

—Yo admiro a los Dragones—le indicó—, son bestias bellas e increíbles.

—Más bien los admirabas—le corrigió ella.

—No, yo sé que ellos son reales—le dijo.

—Debo ir a descansar, mañana será un día muy cansado—le indicó la señorita Romayter.

La señorita Romayter se levantó de la mesa con su bandeja en mano, tiró los restos de comida en un bote de basura y fue hasta su dormitorio. Alizée creyó que las dos no se iban a llevar muy bien, incluso pensó que la había ofendido. La señora Lureys se acercó a ella, le puso su mano espala y le dijo:

—Descuida, siempre es así.

—Creo que no le caí bien—dijo ella algo deprimida.

—Claro que no, sólo que el verano le sienta algo mal a Miranda—le explicó.

Aliana, como la alumna aplicada que era, despertó antes de que el sol saliera, colocó sus libros en su mochila, acomodó sus útiles, después se dio un baño para refrescarse y a salir preparó su uniforme, se arregló completamente y esperó con ansias el inicio de las clases. Los alumnos comunes despertaron mucho después, a toda velocidad y sin orden empezaron a arreglarse; Octavio preparó sus libros sin haber revisado su horario de clases, como el tiempo ya no era mucho, se fue corriendo mientras se cambiaba, se apresuró a llegar el salón de historia.

La clase estaba apunto de comenzar, todos los alumnos estaban ya en sus pupitres, con sus libros sobre ellos, el profesor Rhiam entró por la puerta, con cinco libros en mano que se apresuró a ponerlos sobre su escritorio y cerró la puerta, en aquel momento llegó Octavio y la golpeó para que le abrieran, el profesor Rhiam abrió la puerta, lo vio todo desarreglado y le preguntó:

—¿Qué se te ofrece?

—Lo siento—dijo mientras recuperaba el aliento—, se me hizo tarde.

—Entre señor Blopper—le indicó y Octavio entró al salón—, pero decirle que soy muy serio, así que gracias al señor Blopper todos tienen un punto menos.

Octavio caminó hasta su pupitre y todos, molestos, clavaron sus miradas en él, excepto una muchacha de cabello negro largo y rostro pálido, ella estaba escribiendo algo en una hoja, aquella chica alzó la mirada y vio a Octavio, ambos se quedaron viendo, hasta que Octavio se sentó en su asiento y sacó sus libros y un par de lápices, el profesor Rhiam regresó al frente para iniciar su clase.

—Yo soy Marcus Rhiam—se presentó—, pero me sentiré mejor si me llamar señor Rhiam, eh sido maestro de historia los últimos 14 años y ahora me toca estar con ustedes. La primero que harán será un informe sobre su personaje histórico favorita, quiero que me pongan por que lo admiran, que les gusta de él y cual es su hazaña—les pidió.

El profesor Rhiam se sentó en la silla de su escritorio y empezó a leer uno de sus libros, los muchachos sacaron sus libretas y empezaron a escribir; Octavio no sabía de quien escribir, no tenía a alguien claro en la mente, hasta que recordó a un viejo escritor cuyo libro había leído y empezó a escribir sobre él.

La alarma sonó a los cincuenta minutos después, Octavio se apuró a terminar sui trabajo, el profesor Rhiam lo pidió y uno a uno los muchachos se acercaron al escritorio para entregar sus informes. El profesor Rhiam recogió todos y se dirigió a la salida, pero Octavio lo alcanzó en el pasillo para darle su trabajo.

—Lo siento señor—se disculpó.

—Espero, señor Blopper, que en los próximos meses mejoré—le deseó y le arrebató sus trabajo de las manos para retirarse.

Octavio volvió a entrar al salón y regresó a su asiento, muchos seguían enojados con él, Octavio trataba de disculparse, pero todos lo ignoraban. Al sentarse, aquella muchacha que lo había visto antes caminó hacia él. Octavio la vio caminando, sintió que antes ya la había visto, que antes ya se habían hablado, ella acercó una silla hacia Octavio y se sentó a su lado, ella era Cinthia, la princesa de Alamant.

—Veo que puedes salvar al mundo pero no puedes llegar a tiempo—le susurró.

—¿Qué dices?—le preguntó asombrado.

—Octavio, soy yo, Cinthia—le dijo, peor él no la reconoció—, la hija del rey Erarf—le susurró—, no conocimos en el verano.

—¿Qué haces aquí?—le volvió a preguntar aun más asombrado.

—Le pedí a mi padre que me metiera a esta escuela—le explicó—, jamás había estudiado fuera de casa, mi aya siempre me educó desde mi cuarto. Pero no quiero que digas mi identidad—le pidió—, lord Vilferoy hizo lo posible para cambiar mis datos, para la mayoría soy Lucy Henley, vengo de Inglaterra y mis padres es dueño de un banco.

—Bueno, Lucy, bienvenida al internado Lewis—le dijo Octavio con una gran sonrisa.

Los dos se dieron un apretón de manos para hacer creer a los demás que apenas se habíanconocido. La señora Lureys entró al salón, ella era un mujer mayor, sus rizos grises bajaban por su rostro y sus vestidos eran muy pasados de moda. Ella llevaba sólo un libro entre sus manos, pero muchos carteles enrollados, los colocó en el escritorio y muy feliz saludó a sus alumnos.

—Mucho gusto niño, mi nombres es Verónica Lureys, pero pueden llamarme señora Lureys, yo imparto la clase de artes—comenzó a presentarse con un tono de voz que emanaba su felicidad sus alumnos—, yo trataré de hacer esta clase lo más alegre y divertida posible.

La señora Lureys tomó uno de sus carteles y lo desplegó para colgarlo en frente del salón, éste era de un bello paisaje, lleno de montañas, con un lindo y bello cielo azur y un río fluyendo por debajo de éste, los colores eran tan reales que parecía una fotografía de verdad que alegraba al espectador. Después tomó otro e hizo lo mismo con él, la imagen del otro era todo lo contrario, el cielo era gris y podían contemplarse relámpagos, el río se movía bruscamente, las montañas estaban casi sin árboles y dabatristeza verlo.

—Estos dos cuadros fueron pintados por el mismo artista—explicó—, el primero lo hizo cuando nació su hija y éste último cuando su esposa murió, como los hizo con los sentimientos necesarios pueden ustedes sentirlos.

De nuevo desplegó otro cartel que tenía un paisaje igual a las anteriores, pero era muy sencillo y parecía incluso que no tenía vida.

—Éste lo hizo para venderlo, como lo hizo sin el interés le salió todo mal—continuó—. Lo que les quiero decir es que cuando les guste algo, no sólo lo hagan como un pasatiempo, sino que lo disfruten y le dediquen todo su potencial. Ahora quiero que en una hoja dibujen cualquier cosa que éste en su cabeza, no me importa lo que sea, pero que sea original.

Otro trabajo se llevó la clase y antes de que se dieran cuenta volvió a sonar la alarma, todos entregaron sus trabajos, la señora Lureys los tomó para observarlos detalladamente y se dio cuenta de que entre sus alumnos tenía verdaderos artistas. El dibujo que más le sorprendió fue el de Octavio, que había dibujado todo lo de su gran aventura.

La maestra recogió el material de su clase y con una sonrisa en el rostro se despidió de sus alumnos.

El siguiente maestro no tardó en llegar, era un maestro con rostro simpático, con unas pequeñas gafas y caminaba algo encorvado, era el profesor Wayksom, el maestro de literatura.

El maestro se presentó como los demás y empezó a decir muchas cosas de su vida, los muchachos rápidamente se identificaron con él y les cayó muy bien.

—Ahora les diré que empezaremos con algo sencillo, novelas de aventuras—les indicó—, sé que ya son mayores para este tipo de historias, pero a veces son un escape al mundo y relajan a uno.

—Son mis favoritas—exclamó Cinthia después de alzar la mano.

—Mi autor favorito es Julio Verne—les confesó—, sus libros antes eran de ciencia ficción y ahora sólo son considerados clásicos de aventuras.

—De seguro tenía la gema—se dijo Octavio parea sí mismo.

—Ahora quiero que escriban un relato de su propias inspiración—les pidió.

De nuevo un trabajo que absorbió la clase. El día pasó muy rápido, en las demás clases Octavio conoció a todo tipo de maestros, desde alegres a amagados, de sensibles a enigmáticos y de los más jóvenes y tímidos a los viejos y sabios. La última clase era la de mitología nórdica, todos los muchachos se quedaron con la boca abierta al ver entrar a su dulce y joven maestra, con sus libro en mano, portando un bello vestido negro, lo que Octavio notó en su rostro (además de su belleza) fue su nerviosismo.

Alizée se sentó en su escritorio, se presentó y les dijo algunas cosas para que los muchachos la conocieran mejor, después se puso unas delgadas gafas, abrió un libro para hojearlo y encontrar un tema apropiado para la clase, ella tomó el libro y se puso de pie.

—¿Alguien me puede decir que entiende por mitología nórdica?—preguntó.

Muchos levantaron la mano, los hombres pedían a gritos se el elegido, algunas chicas levantaron la mano, entre ellas Cinthia, quien Alizée vio y eligió.

—La mitología nórdica es la ciencia que estudia animales y criaturas fantásticas como dragones, sirenas, hadas y demás—comenzó a explicar—, aunque se cree que no se necesita estudios para saber, es mucho el conocimiento que se necesita para la materia—agregó y se sentó.

—Muy bien—le felicitó la maestra—. Ahora quiero que cada uno de ustedes me diga cual es su criatura fantástica favorita.

Cada alumno empezó a contestar, Alizée los nombró según como estaban acomodados en la lista, las respuestas eran muy sencillas, algunos respondían elfos, otros decían ogros y las alumnas más jóvenesy risuelas hablaban de las hadas; Octavio esperaba impaciente a que llegara su turno, él ya sabía cual sería su respuesta.

—Los unicornios—contestó Cinthia en su turno.

Después de Cinthia le tocó el turno a Octavio, muy nervioso se puso de pie y aunque sabía que contestar, al ver de nuevo a Alizée se le olvidó la respuesta.

—Los Dragones—contestó al fin.

Alizée se quedó pasmada por su respuesta, nadie había dicho lo mismo, se quitó los anteojos, cerró libro muy rápido y caminó hacia Octavio mientras lo veía muy impactada.

—¿Por qué esas criaturas?—le preguntó.

—Son majestuosas, muy bellas e increíbles—le explicó.

—Lo admito, pues también son mis criaturas favoritas—le comentó—, lo que me agradan de ellas son su poder, aunque eran consideradas criaturas poderosas, ellas mismas trabajaban cono el hombre.

—Si, según cuentan las antiguas leyendas, ayudaban al hombre hasta en las guerras—dijo Octavio y se volvió a sentar.

—Cuenta una leyenda sobre un reino dominado por Dragones, un lugar que el hombre desconoce y que se encuentra en el fin del mundo, el reino de Legardyam—empezó ella al mismo tiempo que caminaba entre las filas, los muchachos sólo la veían sin interés en su relato, pero Octavio estaba muy interesado en su narración. Alizée continuó—: Muchos dicen que se encuentra en otra dimensión, otros aseguran que está en una región inexplorada de la selva del Amazonas, pero sinceramente nadie sabe en donde está.

—Yo creo que es una simple mentira—comentó un niño rubio, era Brad, y lo dijo con un tono de incredulidad.

—¿Por qué opinas eso?—le inquirió.

—Alguien ya hubiera visto uno—le contestó con el mismo tono antipático.

—Pero también toma en cuenta que los Dragones pueden se muy ágiles, además pueden oler la sangre humana, si siente que alguien de nuestra especie los amenaza, ellos vuelan para ocultarse—le explicó.

—Pues yo necesito pruebas—continuó Brad.

—A veces debes dejar volar tu imaginación para ver la pruebas que necesitas—le dijo Alizée.

A Octavio no le agradó la forma de ser de Brad, sabía que era desagradable, pero no sabía que tanto lo era, no era el único que pensaba eso, pues a muchos más también les había parecido inaguantable, excepto a Cinthia, quien desde muy pequeña había sido amiga de Brad, pues sus padres eran muy amigos, incluso Brad sentía algo por ella, pero este momento no es bueno para empezar con esa historia.

La clase acabó y todos salieron del salón y se fueron al pateo, Octavio se quedó con Alizée para conversar con ella. Primero se presentó y le comentó su interés hacia su materia, Alizée se sintió halagada por Octavio, rápidamente empezaron a hablar en el momento y encontraron muchas cosas que tenían en común. Ella le dijo de donde era, que hacía y como vivía, y también le habló sobre su padre y las investigaciones de éste, Octavio vio su vida muy interesante y se moría de ganas por contarle su más grande anécdota, pero todo aquello quedó como un secreto. Octavio la ayudó con sus pesados libros y caminaron por los pasillos hasta llegar al comedor, donde se sirvieron un poco de pollo, puré de patatas y un poco de ensalada.

—¿Y que hacen aquí en la tarde?—preguntó Aliana.

—Los miembros de los grupos se unen o los equipo se ponen a entrenar—le contestó.

—¿Y tú estás en alguno?—le preguntó.

—No, no soy bueno para los deportes ni un buen estudiante—le comentó—, pero mi hermana es todo lo contrario, el la presidenta del internado, está en el equipo de matemáticas, física, química, ajedrez, literatura y en las clases de actuación, ella es la mejor alumna de la escuela.

—Tú eres igual o mejor que ella—le dijo—, sólo debes saber cual es tu lugar en este mundo.

—Tal vez tenga razón, maestra—indicó él.

—Dime Alizée— le sugirió ella—. No me siento mejor como para que me llamen maestra.

—Sabes, Alizée, tu relato me encantó, se escuchó muy real—le confesó.

Alizée miró a todas partes para ver que todos caminaban y conversaban a su alrededor, se quitó un mechón de cabello del rostro y se inclinó hacia Octavio, quien se intimidó mientras la veía.

—No estoy loca, pero te aseguro que es real—le murmuró.

—Yo te creo.

Alizée no pudo creerlo, aquel relato y su confianza en él se lo había comentado a tantas personas desde que era niña, y jamás nadie le había creído: se lo dijo a su mejor amiga a los doce años y ella dejó de hablarle, se lo comentó a su primer novio a los catorce años y la jamás la volvió a ver, se lo confesó a su maestra y ella la mandó con un psicólogo, nadie le creía y por ello cayó en una depresión. Cuando escuchó a Octavio pensó que lo hacía para continuar un juego, pero notó la confianza que él le tenía.

—Yo pasé por algo parecido—le declaró en un murmullo.

Octavio comenzó a contarle a Alizée todo sobre su aventura, ella no podía creerlo, era como estar escuchando el relato de una película, ella escuchaba atenta y creía en todas las palabras y cosas que su alumno le decía, por más locas que fueran, ella las creía. Oliver llegó al acabar el relato, llevaba en sus manos su comida, su rostro estaba sucio al igual que su ropa, aún llevaba sus guantes de jardinería y un cinturón con sus herramientas, él se sentó al lado de su amiga; Octavio se molestó, creyó que entre los dos había una relación, hasta que Alizée le presentó a su amigo, y él se relajó.

—El señor Rousbone es un gran hombre—declaró Oliver muy alegre.

—Veo que ya te llevas bien—comentó Alizée.

—Ya quiero dejar mi vida en la calles y rehacerla—le dijo.