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Historia 43054 — capítulo 3

Capítulo 3:

El Arribo.

La mañana del domingo cambió para Alamant cuando llegó un extraño visitante a la ciudad, Drake Haxmel llegó en el primer tren, aún estaba cansado, llevaba equipaje para más de un día y como siempre vestía muy elegante. Él salióde la estación de trenes y pidió donde una enorme limosina le esperaba para llevarlo a un hotel en el que tenía una reservación. Drake sacó el viejo diario y empezó a leerlo.

—Se dice que quien se siente en el trono de la Torre Dragonium será el nuevo rey—leyó con demasiado interés.

Drake le ordenó al conductor que se detuviera en medio de una plaza y él le hizo caso, Drake salió de su auto con el diario en sus mano, a los lejos, sentado en una banca estaba un hombre que llevaba una gabardina negra y un sombrero; Drake se acercó a aquel hombre para sentarse a su lado.

—¿Roger Faysco?—le preguntó.

Aquel hombre levantó su rostro y se quitó sus sombrero lentamente, dejó ver el rostro de un anciano de buena salud, era calvo y bajo su bigote gris dibujó una sonrisa que hizo sentir muy bien Drake. Roger Faysco era un explorador retirado que había trabajado para el gobierno Ingles.

—Señor Faysco, quiero que vea esto—le dijo antes de entregarle el diario.

El señor Faysco empezó a hojearlo y supo quien era el dueño del trabajo, quien podía haber hecho todos esos dibujos y las descripciones de las bestias que eran muy detalladas.

—Esto le pertenece al profesor Drark.

—Falleció hace meses—le respondió—, me lo heredó y quiero saber si es cierto lo que dice de ese reino.

—Pues en parte sí—le dijo el señor Faysco—. Todo comenzó hace treinta años, éramos jóvenes, acabábamos de terminar la carrera de arqueología y todos teníamos en mente un lugar fuera de este mundo, Legardyam.

—¿Quienes eran?—le preguntó el joven con mucha curiosidad.

—Drark, Haxmel, Yuffman, Blurads y tu servidor—le contestó—. Nos hacíamos llamar los Templarios Secretos.

—¿Y alguna vez llegaron?

—Un hombre se interesó en nuestro trabajo, nos dio todo para comenzar nuestra expedición, si nos faltaba dinero, él nos daba más, pero jamás encontramos nada—le contestó.

—Dígame la verdad—le pidió.

El señor Faysco se quedo pensando, trató de sacar alguna otra conversación, pero Drake seguía insistiendo en aquella pregunta.

—Sí—le respondió algo arrepentido—. Lo encontramos, pero el amo Dragón nos pidió que guardáramos el secreto, todos le fuimos fiel y jamás revelamos lo visto, pero Haxmel le contó todo a aquel hombre y juntos fueron a Legardyam para capturar a los Dragones, el ejército del reino ganó y el señor Dragón nos lanzó una maldición a nosotros—le explicó—. Blurads murió en un vuelo, Yuffman fue atacado por un tiburón, Haxmel murió hace años y Drark acaba de morir, sólo faltó yo.

—Yo quiero encontrar Legardyam—le confesó Drake, Faysco se impactó al saberlo.

—No lo hagas—le advirtió—, ve a casa, destruye este libro y jamás intentes saber sobre Dragones.

—Debo saberlo—le insistió.

El señor Faysco se puso de pie, se puso su sombrero y se retiró muy alterado mientras gritaba "no lo hagas", él se fue repitiendo esas palabras, cruzó la calle gritando más fuerte, Drake se puso de pie para seguirlo y en ese momento el señor Faysco se sujetó el brazo izquierdo, sintió como si se estuviera ahogando, trataba de gritar y de respirar y fue así como murió victima de un paro cardiaco. Drake corrió para tomarlo entre sus brazos y corrió gritando hasta encontrar una clínica o un hospital, aunque era algo inútil, pues ya había muerto.

Al llegar al hospital y saber la noticia que ya conocía, se sentó en la sala de espera y continuó leyendo el libro, aún sabiendo de la advertencia del señor Faysco.

—El señor Dragón me acaba de revelar la vieja profecía de la Guardiana—leyó con más interés aún, como si la lectura estuviera apunto de decirle algo—. La Guardiana, protectora de su reino, la única que puede revelar los secretos de los Dragones.

Drake se frotó la barbilla algo intranquilo, quiso saber más sobre el tema, pero ya todos los que conocían aquel secreto sobre Legardyam fallecieron, incluso su padre. Drake salió del pequeño hospital conturbado por lo sucedido, iba caminando algo distraído y al dar vuelta en la esquina, sin darse cuenta , chocó contra alguien más, al darse cuenta que había tirado a una mujer se apenó tanto y la ayudó a ponerse de pie.

—Lo siento mucho—se disculpó muy apenado.

Cuando vio a esa mujer se quedó asombrado por su belleza, era la señorita Romayter, quien simplemente se sonrojo al ver al apuesto caballero.

—Creo que fue mi culpa—tartamudeó.

—Si quieres, como forma de disculpa, te invito a algún lado—le propuso.

—No lo sé—le contestó nerviosa.

Drake le suplicó y la señorita Romayter terminó aceptando su invitación. Así que los dos se fueron caminando hasta una cafetería que estaba a dos calles del hospital, en el camino ambos empezaron a platicar para conocerse mejor. Al llegar a la cafetería, la señorita Romayter y Drake se sentaron al lado de una ventana y bebieron los calientes cafés que ordenaron junto con una dotación de pastelillos dulces.

—¿Y a que te dedicas?—le preguntó Drake.

—Soy psicóloga y trabajo en el internado Lewis—le contestó después de darle un sorbo a su bebida.

—Yo soy abogado—le comentó—, trabajo para una empresa de perfumes en Francia, pero vine a descansar un poco.

—Si quieres puedo darte un recorrido por toda la ciudad—le ofreció ella.

—No, debes tener cosas que hacer.

—No, de hecho sólo salí para ir a comprar algunas cosas al mercado—le indicó.

—Bueno, creo que es tu turno de disculparte—dijo él y los dos rieron.

Drake pagó la cuenta y ambos salieron tomados de las manos y caminaron por todas las calles, la señorita Romayter le iba explicando cada uno de los lugares que veían, pasaron toda la tarde juntos y ambos no dejaban de conversar acerca de sus cosas más personales, entre ellos ya había aparecido algo que ninguno se pudo explicar. Ambos continuaron con su paseo hasta el ocaso, la señorita Romayter le invitó a cenar en el internado y Drake no se pudo rehusar, así que ella lo llevó hasta el lugar y comenzó a enseñarlo todo.

En el patio aún había niños, dentro había más terminando sus tareas, los maestros estaban relajándose por el lugar y lord Vilferoy no paraba de hablar con Alizée, los dos estaban muy alegre, caminando por los pasillos de la escuela, él le decía algunas anécdotas de su padre y ella las escuchaba con mucha añoranza, pero sus sentimientos cambiaron cuando vio por la ventana a Drake de la mano de la señorita Romayter, se quedó pasmada observando la ventana, mientras lord Vilferoy continuaba hablando aún si darse cuenta que Alizée ya no estaba a su lado, pero al percatarse fue hacia ella.

—¿Qué te ocurre?—le preguntó preocupado.

Alizée simplemente apuntó a hacia ellos y lord Vilferoy los vio, no pudo creer ver a la señorita Romayter al lado de un muchacho, pero lo que más le pareció extraño fue como había reaccionado Alizée, así que salió para hablar con ella.

La señorita Romayter seguía mostrándole a su invitado el lugar por fuera y cuando e dispusieron a entrar, se toparon con lord Vilferoy saliendo del lugar.

—Lord Vilferoy, quisiera presentarle a alguien—le dijo ella.

—Señor, mi nombre es Drake Haxmel—se presentó y le dio la mano para saludarlo.

—¿Eres hijo de Harrison Haxmel?—le preguntó.

—Sí, era mi padre, pero falleció hace un par de años—le respondió.

—Lo invité a cenar, señor, espero no le moleste—le dijo ella algo nerviosa.

—Si le molesta, señor, puedo retirarme en este momento—le indicó Drake.

—Claro que no—contestó lord Vilferoy—, mi mesa es la mesa de cualquier invitado, siéntate a mi lado, veo que eres un joven culto y refinado.

La señorita Romayter y Drake sonrieron por la respuesta de lord Vilferoy. Drake se sintió halagado por las palabras del sabio hombre, y de la manera más humilde le pidió que no hiciera conclusiones hasta que se conocieran mejor.

Lord Vilferoy volvió a entrar al internado, mientras la señorita Romayter y Drake continuaron con su visita. Alizée había visto todo desde la ventana y lord Vilferoy se acercó a ella para descubrir lo que le ocurría.

—Él, él mató a mi padre—le contestó llorando.

—¿Estás segura?—le preguntó.

Ella se lo afirmó y también le explicó como es que Drake la hizo que ella saliera de su país, lord Vilferoy tuvo otra perspectiva de aquel joven que describió como culto y refinado. Lord Vilferoy le pidió a Alizée que

La cena llegó y todos pasaron al comedor para comer un exquisito manjar; como lord Vilferoy pidió, la señorita Romayter y Drake se sentaron a su lado. Alizée

—Sé que Francia es un lugar muy hermoso—dijo la señorita Romayter.

—Algo, pero de noche, las calles son muy peligrosa—le dijo—, hace poco intentaron dispararme.

—¿Y por que razón?—le preguntó lord Vilferoy.

—No lo sé,debió haber sido una loca—contestó, lord Vilferoy comprendió rápidamente de quien se trataba.

—Dime Drake, que te trae a Alamant—quiso saber.

—Negocios—le respondió.

Lord Vilferoy rápidamente sospechó de él, supo que Drake tenía algo entre manos, pero de lo que también se percató era de la ilusión que la señorita Romayter tenía de ese muchacho, su amor lo reflejaba demasiado, era muy obvio para él, pero no sabía como decirle quien era Drake en realidad.

Octavio terminó de cenar y fue a su habitación para dormir, al poco tiempo Cinthia lo alcanzó en el pasillo, los dos fueron platicando hasta sus dormitorios y al subir las escaleras, sentada en una de las bancas, estaba Alizée, llorando sin control, con sus manos ocultando su rostro, Octavio fue con ella para ayudarla y Cinthia se molestó un poco.

—¿Qué te pasa, Alizée?—le preguntó al mismo tiempo que colocó su mano en su espalda.

Alizée se limpió las lágrimas, levantó su rostro para ver a Octavio y él pudo ver como su cara estaba sucia por el maquillaje que le corrió por las lágrimas.

—Nada—le contestó sollozando—, sólo que extraño a mis padres.

—Yo también perdí a mis padres—le dijo—, tú al menos los conociste, los míos murieron cuando apenas habíamos nacido mi hermana y yo.

Alizée se reconfortó, abrazó a Octavio y se fue hacia su habitación. Octavio se quedó sorprendido por el abrazo, por haber sentido sus manos sobre su cuerpo; Cinthia tomó a Octavio de la mano y lo llevó hasta su habitación, él seguía igual de pasmado por el abrazo.

No pasó mucho para que todos los alumnos ya estuvieran en sus camas esperando el nuevo día.

Todo Alamant ya estaba oscuras, algunas tabernas aún estaban abiertas, las calles estaban vacías, el único sonido que se escuchaba era el silbido del viento que llevaba las hojas del suelo con él. En el muelle se escuchaba el sonido de las olas acompañado por el olor del agua salada, los barcos que estaban atados se movían lentamente, los pescadores del lugar descansaban en sus barcos y el guardia del muelle vigilaba con una linterna para que no pasara nada en el lugar; pero a lo lejos vio como se acercaba a gran velocidad un barco muy grande, más que cualquiera que hubiera llegado a Alamant, la luz de la luna lo alumbraba, el guardia trató de ver el barco con mejor claridad, así que sacó unos binoculares y vio que en la punta del barco se encontraba un gran hombre, de cuerpo robusto, vestido con pieles elegante, con una gran barba y un rostro serio.

Antes de darse cuenta, el enorme barco ya había llegado, dos hombres lanzaron una rampa y el primero en descender del enorme navío fue aquel hombre robusto, que era Lord Blake.

—Señor, debe pagar por dejar su nave en este muelle—le indicó el guardia.

Sin saber la cantidad, lord Blake sacó una bolsa llena de monedas de oro y se la lanzó, el guardia se inclinó para recogerla y vio como hombres de aspecto rudo y peligroso descendieron del barco, todos estaban armados con pistolas, dagas y espadas.

—¿Dónde encontramos a lord Vilferoy?—le preguntó lord Blake.

El guardia simplemente levantó su mano muy nervioso para apuntar al internado, lord Blake dio la orden y se fue con todos sus hombres, todos caminaron por las calles, el sonido de sus pasos era mucho, algunos se levantaron al escucharlos, los niños se asustaron y se ocultaron entre sus sabanas, los hombres de la taberna creyeron que había sido una mala jugarreta de su mente. Lord Blake y sus hombres caminaron hasta el internado.

El velador del internado los vio subir la cuesta y secó un rifle con el que los amenazó, peor todos los piratas sacaron sus pistolas y le apuntaron.

—Puedo esquivar su bala—expresó lord Blake muy seguro—, ¿pero usted puede esquivar más de cien balas sincronizadas?—le preguntó.

El velador sólo sacó la llave y abrió la reja para que pudieran pasar, lord Blake les ordenó a sus hombres que permanecieran fueran del lugar, él subió las escaleras y abrió la puerta lo más cauteloso posible. Octavio despertó con aquel minúsculo sonido y salió de su cama para ver que ocurría.

Lord Blake esperó en la entrada hasta que el mayordomo apareció y llamó a lord Vilferoy para informarle que los esperaban.

—¿Quién?—le preguntó asombrado y algo cansado.

El mayordomo le describió al hombre que lo esperaba, lord Vilferoy se puso una bata y bajó para recibir a su invitado inesperado.

Lord Blake estaba sentado, con una copa de vino en la mano, lord Vilferoy se sorprendió al verlo y corrió hacia él.

—¡Lord Blake!—exclamó más sorprendido.

Lord Blake puso su copa en el suelo y se levantó para caminar hacia lord Vilferoy, los dos se saludaron con un apretón de manos.

—Me sorprende su vista, señor—le dijo.

—Diría que no es una visita—le corrigió lord Blake.

—¿A que se refiere?

—Quisiera hablar en un lugar más privado—le pidió.

Lord Vilferoy llevó a lord Blake hasta su estudio, ambos se sentaron en el escritorio, lord Vilferoy le ofreció algo y lord Blake lo rechazó con gran cortesía.

—¿Qué pasa ahora?—le preguntó lord Vilferoy.

Lord Blake metió su mano entre su ropa y sacó una bolsa de terciopelo negro que puso sobre el escritorio, lord Vilferoy lo tomó y al abrirlo sacó un camafeo color dorado con dos Dragones grabados en él.

—¿Qué es esto?—le preguntó mientras lo observaba por todas partes.

—A este objeto lo conocen como la Esencia de Fuego—le explicó—. Al parecer proviene de un lugar llamado Legardyam.

Lord Vilferoy se quedó asombrado, dejó el camafeo de nuevo sobre la mesa y se acercó a sus estantes llenos de libros y comenzó a tomar todos los que hablaran sobre Dragones.

—Legardyam es un simple mito—le dijo.

—Hace año, un grupo de jóvenes que se hacían llamar los Templarios Secretos descubrieron Legardyam hace años—comenzó—, un hombre, al que jamás conocieron, les pagó por encontrar Legardyam, y así lo hicieron, vivieron un buen tiempo con los Dragones, dichas criaturas fueron muy buenas con ellos, al poco tiempo abandonaron el reino, la única condición que les pedían los Dragones es que no comentaran nada de Legardyam, pero uno de ellos los traicionó y hubo una gran pelea en la que murieron muchos Dragones, como consecuencia, a los Templarios les cayó una maldición

—Eso es imposible, Drark y Haxmel jamás encontraron nada, incluso fueron la burla de toda los arqueólogos—dijo lord Vilferoy.

—Eso fue lo que dijeron para cumplir su promesa—le explicó lord Blake.

—¿Y sólo ha venido para decirme esto, lord Blake?

—No, mi viaje fue por que un nuevo peligro amenaza al mundo—le dijo.

—¿Puedo saber cual?—le inquirió.

—Yo no tengo esa respuesta, pero uno de los Templarios la ha guardado desde hace años—le contestó.

—El diario de Drark—murmuró lord Vilferoy.

—Exacto—respondió lord Blake.

Lord Vilferoy salió corriendo de su estudio y así subió hasta la habitación de Alizée, tocó la puerta y ella le abrió, en su rostro se notaba que aún estaba cansada, su cabello estaba revuelto y vestía una bata color turquesa.

—¿Qué ocurre, lord Vilferoy?—le preguntó al mismo tiempo que se frotaba los ojos con la mano.

Lord Vilferoy la llevó para que conociera a lord Blake, los presentó y le dijo a él quien era la hermosa joven.

—Jamás supe que Drark hubiera hecho familia—le dijo.

—Mi padre era algo reservado—le comentó.

—Quiero que me digas donde está el diario de tu padre—le pidió lord Vilferoy.

—Drake Haxmel lo robó—le contestó.

—¿Estás segura?—le preguntó.

—El hijo de Roger Haxmel—murmuró lord Blake—, dudo que lo quiera para seguir con sus pasos.

—En Francia, él estaba hablando con un hombre muy sospechoso—les comentó Alizée.

—Quiere vengarse—dijo lord Vilferoy.

—¿Vengarse?¿Por qué?—preguntó Alizée.

—Jack Drark y Roger Haxmel eran grandes amigos, más que hermanos, éste último venía de una familia rica, pero todos admiraban más a Drark por ser un joven entregado—explicó lord Vilferoy—, cuando toda su investigación había fracasado, Haxmel perdió a todo, a sus padres, a su prometida, su fortuna, todo, se casó con una mujer rica y de ahí tuvo a Drake, después esperó a que ella muriera y quedarse con su fortuna.

—¿Pero para que quiere el diario?—preguntó Alizée.

—Para llegar a Legardyam—contestó lord Blake.

—Yo sabía que Legardyam es sólo un cuento—dijo ella muy emocionada.

—Debemos recuperar el libro—dijo lord Blake.

—Pues ahora es el mejor momento—dijo Alizée muy decidida.

Los tres salieron del internado, se unieron con los hombres de lord Blake, Alizée no tuvo miedo al verlos, se sintió segura con ellos y sobretodo con lord Blake, quien parecía para ella un hombre muy bueno.

Drake Haxmel estaba en su habitación del hotel, sentado frente a la chimenea, con una taza de té a un lado suyo, él estaba hojeando el diario buscando algo de su interés, pero todo hablaba sobre las razas de los Dragones, hasta que vio el dibujo del camafeo y se detuvo para leer algo que estaba debajo del dibujo. Drake leyó lo siguiente:

—"Aquel que lleve la Esencia de Fuego a la Torre Dragonium y entone el canto sagrado será proclamado el Rey Dragón"

Eso interesó mucho a Drake, puso una gran sonrisa en su rostro, la codicia por el poder lo iluminó y en ese mismo momento empezó a empacar sus cosas en sus maletas y mandó a comprar un boleto para ir hacia Londres.

—Necesito ir al Amazonas—se dijo a sí mismo.

Drake salió del hotel cargando sus cosas y se dirigió hacia la estación del tren, en sus manos llevaba el diario, y escondido en su bolsillo llevaba un revólver, estaba algo temeroso. Alizée lo vio bajando una cuesta pedregosa y los señaló.

—Vamos por él—dijo Alizée, pero lord Blake la sujetó del brazo para detenerla.

—La Corte de Cristal jamás es injusta—le indicó lord Blake—, este problema no lo solucionaremos con violencia.

Lord Blake y Alizée caminaron hacia él, Drake los escuchó y volteó a verlo, le sorprendió ver a Alizée ahí, creyó que ya la habían atrapado, peor al verla ahí sólo ocultó el libro.

—Tú deberías estar en prisión—le dijo—, eres una asesina.

—Yo sólo lo intente, pero tú mataste a mi padre—dijo ella.

—¿Quién es él?—le preguntó Drake.

—Lord Blake, líder de la Corte de Cristal—se presentó.

—¿Y que es lo que quieren?—les preguntó.

—Dame el libro, por favor—le pidió lord Blake de la manera más amable.

—Está bien, después de todo no me pertenece—dijo Drake.

Drake se volteó para recoger el libro, pero en realidad iba a sacar su pistola, lord Blake se acercó hacia él para tomar el libro, pero entonces Drake sacó el arma y le disparó, la bala atravesó el hombro de lord Blake, él cayó en aquel momento de espaldas, Alizée corrió hacia lord Blake y detener la herida.

—¿Está bien, señor?—le preguntó, preocupada.

—Sí, ahora hay que detenerlo—le contestó.

Drake se acercó lentamente hacia Alizée con su pistola en mano, la preparó y apuntó hacia su rostro, ella se puse de pie, pero no corrió.

—No huiré—dijo decidida—, si vas a matarme hazlo ahora.

—Gracias—contestó él y jaló el gatillo del arma.

La bala se dirigió hacia Alizée, ella siguió sin moverse, por su mente pasó toda su vida, aunque la bala iba a gran velocidad, a ella le pareció un camino lento hacia la muerte, cuando de la oscuridad apareció Octavio, con su espada en mano y con ella destrozó la bala.

Alizée quedó asombrada, lord Blake se alegró y Drake permaneció pasmado mientras bajaba su arma.

—Me gusta tu valentía Alizée, pero jamás debes enfrentarte a un cobarde—le dijo Octavio.

Octavio ayudó a Alizée y a lord Blake, él se alegró de ver a aquel hombre que sentía como un padre.

—Creo que ese consejo deberías seguirlo tú—dijo Drake.

Así que él empezó a disparar, Octavio, Alizée y lord Blake se agacharon para no recibir ninguna bala, Drake corrió hacia la estación del tren; Alizée se quedó con lord Blake y Octavio guardó su espada y se fue siguiendo a Drake.

Alizée levantó a lord Blake y lo ayudó para que pudiera ser atendido, lord Vilferoy y los demás hombres los vieron y corrieron hacia ellos para ayudarlos. Lord Vilferoy preguntó que había ocurrido y Alizée le explicó todo y al saber que Octavio los había ayudado se quedó asombrado, así que ambos corrieron para detener a Octavio.

Drake llegó a la estación y bajó hacia el andén, se acercó a la taquilla y con sólo decir su nombre el vendedor le entregó su boleto, el tren acababa de llegar y Drake corrió para abordarlo, Octavio llegó justo a tiempo para ver como las puertas del tren se cerraron y Drake huyó burlándose de él. Octavio se molestó demasiado y simplemente se fue cuando se dio cuenta de que ya no había nada que hacer.

Lord Vilferoy y Alizée llegaron y vieron a Octavio salir de la estación.

—¿Qué pasó?—le preguntó Alizée angustiada.

—Huyó—le contestó.

—¿Y se puede saber que haces aquí?—le preguntó lord Vilferoy muy serio.

—Escuché todo—respondió Octavio.

Los tres empezaron a caminar de vuelta hacia el internado, lord Vilferoy empezó a aclararle las cosas a Octavio y Alizée le dijo otras cosas.