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Historia 43054 — capítulo 4

Capitulo 4:

Pensar con el Corazón.

Los piratas llevaron a lord Blake a la enfermería del internado, lo colocaron en una de las camas, la enfermera le destapó la herida y le puso una mantilla para limpiar la sangre, él se rehusaba a que lo atendiera algún doctor, solamente sacó un frasco con líquido de color aqua y se lo untó en la herida, frente a ellos, la herida se cerró y su hombro quedó como si jamás le hubiera pasado nada.

—Quedé mejor—dijo después de eso.

Lord Blake se levantó de la cama y se acomodó su ropa. Octavio se acercó y lo saludó, le dijo que nunca dejó de esperar a la Corte de Cristal para un nuevo viaje.

—Ahora tenemos una nueva misión—dijo lord Blake—. Y tu jovencita nos ayudaras a resolver este acertijo. A partir de ahora tu nos dirigirás.

—Lord Blake, quisiera ir con ustedes—le pidió Octavio.

—Lo siento Octavio, pero esta vez no te corresponde a ti nada—le replicó lord Vilferoy—, tu tío me encargó que los cuidara y eso es lo que voy a hacer.

—Lord Blake, quiero pedir que Octavio Blopper nos acompañe en este viaje—solicitó Alizée.

—Lo siento, pero esa decisión no me concierne—le contestó.

Alizée volteó a ver a lord Vilferoy y caminó hacia él, con una gran seguridad le insistió con su petición, lord Vilferoy recordó aquel viaje, aquella aventura que ocurrió un año atrás, también se acordó de cómo Octavio había usado un gran coraje y fortaleza en todo problema, así que aceptó. Octavio se alegró tanto de volver a vivir una gran aventura.

—Si él va nosotros también—dijo Tom que estaba en la puerta de la enfermería con su espada en la espalda, a su lado estaba Aliana con su arco y su aljaba y Cinthia con su daga en la cadera.

—Por favor lord Vilferoy—le suplicó Cinthia.

—Sólo les diré algo: ¿acaso me estoy rehusando?—les preguntó muy serio.

Todos se emocionaron, no podían creerlo. Los muchachos subieron a sus habitaciones y empezaron sus cosas para el nuevo viaje, luego se fueron directo hacia el muelle donde antes de abordar, los muchachos se despidieron de lord Vilferoy. Él trató de hacerlos cambiar de opinión, pero siguió recordando el valor que cada uno tenía. Los muchachos subieron por la rampa y se fueron despidiendo de él, aunque lord Vilferoy aún seguía arrepintiéndose de eso.

Los muchachos se quedaron en la cubierta donde lord Blake comenzó a contarles sobre todos los viajes que había vivido en los últimos meses, ellos estaban sentados a su alrededor y se quedaron fascinados con las increíbles historias que les narraba, al poco tiempo, apareció una mujer rubia, vestida con una gran vestido verde lleno de unos adornos metálicos y una blusa blanca, llevaba puesta una pañoleta roja en la cabeza y en también llevaba unas pulseras con cascabeles.

—Mucho gusto jóvenes almas de la vida—les saludó muy alegre y moviendo las manos para que sus cascabeles hicieran un lindo sonido.

—Muchachos, les presento a Lizzie, ella nos ayudó en un problema que tuvimos hace seis meses—les indicó.

—Mejor dicho, Lord Blake me ayudó a mi—dijo ella— y también me contó mucho de ustedes.

Cada uno se presentó con Lizzie y ella les contó más cosas sobre las aventuras que había vivido con la Corte de Cristal. Alizée se puso de pie y se acercó al borde para ver el reflejo de la luna sobre el mar. Lord Blake se acercó a ella.

—Olvidé darte algo—le dijo él.

—¿Qué cosa?—le preguntó.

Lord Blake sacó el camafeo y se lo entregó a Alizée, ella lo vio y con sus dedos palpó la imagen de los Dragones y se dio cuenta de que los ojos de dichos animales tenían incrustados un par de rubíes.

Alizée le inquirió acerca de dicho objeto y lord Blake le contestó todo lo que sabía. Alizée sólo quería terminar con todo eso y terminar con lo que su padre había empezado.

Drake estuvo en el tren esperando con ansias el momento en que llegara a Londres, el tren estaba pasando por un bello y largo campo verde, en un momento de aburrimiento y sin nada que poder hacer, Drake salió de aquel cuarto y se dirigió a comprar algo al vagón de la cafetería. Compró un café, unos panecillos y una revista para entretenerse, regresó a su cuarto para comer y leer y se dio cuenta de que uno de los artículos de su revista hablaban sobre Gallaren Blopper, muy interesado, comenzó a leerlo y se dijo a sí mismo:

—Debo de encontrarlo.

Leyó todo el artículo y siguió con esa idea, así que apagó las luces de su cuarto y se durmió esperando llegar.

Bajo la luz del sol naciente, el tren llegó a Londres, lo primero que Drake hizo fue ir a una tienda de ropa y compró un elegante traje con el que se dirigió a una elegante mansión ubicada en una calle llena de residencias igual de elegantes, pero no tanto como la primera, de unos tres pisos, de color celeste, con un gran patio delantero, y en la barda que rodeaba la casa había una placa dorada que decía: "RESIDENCIA BLOPPER"

Drake pulsó un botón que estaba cerca de la reja y al llamado respondió la ama de llaves, una mujer de aspecto serio, de cabello color miel que tenía recogido con un broche y tenía puestas unas gafas pequeñas.

—¿Qué se le ofrece, señor?—le preguntó

—Necesito hablar con el señor Blopper—le contestó.

—Lo siento, pero no atiende a nadie si no tiene cita—le explicó.

—Necesito hablarle de un negocio.

La ama de llaves abrió la reja y la llevó hasta la estancia de la casa, después fue a llamar a Gallaren y le informó sobre aquel invitado; Gallaren bajó y lo invitó a su oficina para hablar.

—Señor Blopper, mi nombres es Drake Haxmel y quiero ofrecerle un gran negocio—le dijo.

—Supongo que eres hijo de Roger Haxmel, un gran hombre de los negocios.

Drake sacó el diario y se lo mostró a Gallaren, él comenzó a hojearlo y con sólo ver los dibujos dijo:

—Este trabajo sólo pertenece a...

—Al profesor Jack Drark—le interrumpió.

—¿Y que es lo que quieres?—le preguntó y le devolvió el libro.

—¿Quiero que me ayude a encontrar Legardyam—le contestó—, de hacerlo seríamos los hombres más famosos de la historia, imagine todo el dinero, la fama y todo lo demás—agregó más que emocionado.

—Lo siento, pero lo que yo hago es por que me gusta, no por dinero—le respondió.

—Por favor, quiero encontrar Legardyam por una promesa que le hice a mi padre—le explicó con algunas lágrimas en los ojos—. Se lo juré en su lecho de muerte.

—Pero todo eso es una simple leyenda, no tendría caso aventúranos por nada—le dijo.

—Bueno, más vale perderse que nunca embarcar—le expuso Drake.

—Te ayudaré, muchacho—aceptó Gallaren—, pero sólo lo haré por mi trabajo, no por el dinero.

—No se preocupe señor Blopper, pero si necesita algo de dinero me lo puede pedir sin problema—le dijo Drake.

Los dos cerraron el trato con una copa de vino. Drake tuvo que irse y trató de preparar todo para salir esa misma noche, pero no tenía dinero, todas sus pertenencias estaban en Francia. Al doblar la esquina, en una estrecha calle muy transitada, se encontró con aquel hombre que había conocido en Francia aquella noche en que Alizée intentó matarlo.Aquella vez levaba puesto un traje color café, Drake pudo apreciar su rostro de un hombre de cincuenta años, con poco cabello color blanco.

—Nos volvemos a encontrar, señor Haxmel—dijo él.

A primera vista, Drake, no lo conoció, pero cuando él empezó a decirle donde se habían conocido lo recordó, esta vez se presentó con el nombre de Jeremy Jonson—pero lo pidió que lo llamara señor Jonson—, los dos entraron a una cafetería donde evidentemente tomaron una taza de café caliente, pues el clima del lugar cambió a una tarde lluvioso y gris.

—¿Por que tan alegre, señor Haxmel?—le preguntó el señor Jonson.

—Conseguí que Gallaren Blopper aceptara estar en mi expedición—le contestó muy alegre.

—¡No puede ser! —exclamó el señor Weinston indignado—. ¿Y sabe todo?

—No, le dije que era un pasatiempo mío, que le iba a pagar bien—le explicó en voz baja.

—Él es un gran hombre—dijo el señor Jonson—, nos puede ayudar.

—Muy bien, pero primero debo regresar a Francia a preparar todo—le dijo Drake.

—Descuide señor Haxmel, usted nos ayudó con el libro, nosotros pondremos los demás—le indicó—, un buque los estará esperando en el muelle, ahora sólo debe encontrar Legardyam.

Los dos terminaron su conversación y salieron por diferentes partes. Drake regresó a casa de Gallaren para informarle que ya estaba todo listo, así que Gallaren se apresuró a empacar sus cosas y ambos salieron en su limusina negra hacia el muelle, donde un buque grande de vapor, color negro y muy fino los esperaba, Gallaren notó que sobre el barco había cientos de soldados armados y sobre la cubierta, registrando que todo estuviera bien, estaba el señor Weinston con una gabardina azul con botones dorados y un sombrero de marinero.

El señor Weinston se presentó con Gallaren y con Drake y se lució como el capitán de la nave, los dos subieron a los elegantes camarotes que les asignó, Gallaren se quedó asombrado por los soldados que iban en el barco.

—¿Por qué estos hombres irán armados?—preguntó Gallaren.

—Iremos a una selva muy peligrosa, sería una estupidez ir sin protección—le indicó.

Gallaren comprendió aquella respuesta, así que simplemente se colocó en su camarote, acomodó sus cosas y se recostó en la cama que estaba al lado de una pequeña ventanilla por la que se podía apreciar todo el mar, el diluvio que había comenzado como una simple lluvia, al poco tiempo se convirtió en una gran tormenta, pero eso no asustó a nadie, pues sabían que el barco no sería derribado por una tempestad de tal magnitud; el barco encendió sus calderas, las chimeneas empezaron a humear, se elevaron las anclas y el barco zarpó lentamente, movido de manera violenta por las fuertes olas de la tormenta, pero aún así los tripulantes se quedaron muy tranquilos.

Octavio no pudo dormir aquella noche de viaje, así que subió a la cubierta para poder pensar y relajarse, sacó su espada para poder ver la brillante hoja con la luz de la luna llena, él estaba muy impaciente por el nuevo viaje, sabía que enfrentaría una nueva aventura y ahora no sabía los riesgos que podían amenazarlo. Alizée tampoco pudo conciliar el sueño, así que se acercó a Octavio para poder hablar con el joven, al cual ya veía como un joven aventurero, valiente y temerario.

—Linda noche—dijo ella.

Octavio volteó para verla y de manera algo nerviosa guardó su espada y le dijo:

—Sólo cuando el mar está tranquilo.

—En Francia, mi padre me llevaba a la medianoche a la torre Eiffel, pagaba al estado y la apagaban para poder contemplar la hermosa luna llena—le indicó. Octavio notó que Alizée se limpió una lágrima antes de que ésta se deslizara por su mejilla.

—Mi hermana me contó, que los antiguos egipcios decían que la luna llena rejuvenecía con sólo verla—le explicó.

—Ahora no sé que me traerá el mañana—comentó ella y dio media vuelta para intentar dormir.

—El destino es un amigo que nos ayuda o nos tira al abismo—le dijo.

Alizée se detuvo para escuchar esas palabras a las que le sintió muy profundas, regresó hacia Octavio y se puso a su lado, para seguir contemplando a la brillante luna; Octavio la vio y se asombró por como su bello y joven rostro resaltó su belleza con el brillo de la intensa luz, de pronto algo golpeó la nave y los dos perdieron el equilibrio, además, todos los tripulantes cayeron de sus cama y hamacas y se levantaron muy adoloridos.

Por orden de lord Blake subieron a la cubierta, armados con sus rifles, lord Blake salió con su espada. Tom, Cinthia y Aliana también salieron con sus armas en mano, todos se acercaron al borde y apuntaron con sus armas hacia el tranquilo océano, esperando lo imprevisto.

—Cuiden cualquier movimiento—ordenó lord Blake con su voz de mando.

El mar seguía tranquilo y todos seguían vigilándolo, si algo parecía moverse ellos rápidamente apuntabansus rifles hacia el sospechoso lugar , el barco seguía moviéndose lentamente al compás de la marea, todos continuaban alerta ante cualquier movimiento.

—Creo que fue una falsa alarma, señor—dijo uno de los piratas mientras bajaba su arma.

Todos bajaron sus armas creyendo que eso era verdad y justo antes de bajar a sus camarotes, otros golpe azotó el estribor izquierdo y todos cayeron al suelo,ágilmente todos se pusieron de pie y al asomarse en el borde vieron a una extraña criatura marina, parecía un gran pescado, color azul oscuro, con una piel tan gruesa como la de un lagarto, con unos diminutos ojos amarillos, tenía aletas con punta de arpones incrustadas en él, también tenía seis tentáculos—tres en cada costado— y filosa escamas en el lomo; cuando los piratas le disparaban, éste se sumergía para evitar las balas y cuando todo el ataque cesaba, aquella criatura reaparecía y usaba sus tentáculos para atrapas a algunos piratas. Sujetaba los piratas y los sumergía con él hasta ahogarlos.

En algunas ocasiones las balas llegaban a tocar su dura espalda, pero las balas rebotaban como pelotas de platico en una pared.

—¡Preparen los cañones!—ordenó lord Blake.

Los piratas bajaron para preparar los viejo cañones que hacía años no se usaban, en un armario de metal tenían las enorme balas guardadas, las sacaron, las pusieron y empezaron a dispararle a la enorme criatura, que también se escondía con el impacto de las enorme balas en el agua, cuando los cañones retumbaban todos se cubrían los oídos.

Los muchos estaban lejos de toda la acción, pues su armas no eran suficiente para derrotar a la feroz bestia. Octavio se sentía inútil. Lord Blake los vio y los llevó hacia un cuarto seguro, para que estuvieran fuera del ataque.

—Quédense aquí—les estableció y se fue con su sable en mano.

Desde ahí los muchachos podían sentir los violentos golpes de la bestia contra el barco.

—No saldremos de esta—murmuró Tom.

Octavio desvainó su espada y con una gran seguridad en sí mismo, salió corriendo de aquel cuarto, Aliana lo siguió, los demás no quisieron perseguirlos, pero después de pensarlos corrieron detrás de ellos, pero Alizée tuvo tanto miedo, que se quedó ahí, tragándose su valor y ocultándose tras el miedo que la acongojaba.

Octavio llegó a la cubierta empuñando su espada con el coraje más feroz que se hubiese visto a un muchacho, muchos lo vieron corriendo, trataron de detenerlo, lord Blake lo siguió con su mirada. Octavio llegó al borde, vio a la bestia moviéndose bruscamente, guardó su espada, tomó el suficiente aire, cerró los ojos fuertemente y saltó hacia el mar. Aliana llegó justo para ver como el agua salpicó.

—¿Qué está haciendo?—se preguntó ella y corrió a la borda para ver que haría.

Octavio tardó algunos minutos en salir a la superficie, después nado hacia la bestia, la cual aún estaba pegada al barco, nadó tan rápido como pudo para poder subir al lomo de la bestia, se sujetó de una de las aletas y esperó a que esta nuevamente se sumergiera para soltarse y volver a salir. Cuando la bestia también emergió de las profundidades, Octavio nadó hacia él de nueva cuenta con el afán de subir a su lomo, pero su piel era muy resbaladiza y se le dificultaba poder escalarla.

Aliana, preocupada, volteó a ver su arco, así que lo tomó y sacó una flecha que rápidamente colocó en su arco y la lanzó, ésta se clavó en el lomo y Octavio se sujetó de ella.

Aliana volvió a hacerlo, y Octavio se sujetó de la nueva flceha, así siguí lanzando sus letales jaras para que Octavio pudiera subir. Él logró subir y estando ahí, con mucho equilibrio, intentó camina; la bestia alcanzó a sentirlo y empezó a atacarlo con sus tentáculos, Octavio se defendió con su espada y en un giro con su arma, alcanzó a córtale aquella extremidad.

La bestia, al ver como su pegajosa y púrpura sangre chorreaba como una fuente, volvió a sumergirse, Octavio, sin ver alguna forma de escapar de ahí, enterró su arma en el cráneo del monstruo y se aferró al mango de la espada.

Octavio hizo lo posible para hacer la herida más grande, después desenterró la espada y nadó hacia la superficie mientras la bestia lentamente cerraba sus diminutos ojos y caía presa de la muerte, el agua se estaba manchando de aquella baba púrpura que bombeaba en el interior del cuerpo de la feroz bestia, donde velozmente los piratas bajaron unas escaleras para que Octavio subiera, al estar ya a salvo, se le acercaron su hermana, Tom y lord Blake, éste último estaba más que molesto, después llegó Cinthia y le dio una toalla para que se secara.

—Un verdadero hombre no piensa con los pies—le reclamó furioso—. Pero un valiente le hace caso a su corazón—agregó con una sonrisa que ninguno de sus tripulantes había visto antes en su vida.

Octavio se puso de pie y abrazó a lord Blake con una sonrisa mayor a la suya.

Antes de volver a la cama, se guardó un silencio en forma de respeto por los que había caído aquella noche y se juró, que tan pronto se llegara a tierra, sería honrados con el título de una tumba con sus nombres grabados en ella.

Tan pronto como aquel respeto fue dado, todos bajaron para seguir soñando con lugares y eventos más tranquilos.

Pero quien ya había soñado, sin haber dormido si quiera, fue Alizée, que vio una imagen muy real en su cabeza con sólo cerrar sus ojos y apretar el camafeo contra su pecho: laimagen que captó fue la de una selva y cinco jóvenes que caminaba a la orilla de un río, al ver eso en su cabeza se quedó en una estado de trance y al volver en sí corrió para comentárselo a lord Blake, quien sólo pensó que sería un simple sueño, pues para él no tenía un significado especifico, Alizée, confiada en un sentimiento, tomó una hoja de papel y anotó lo que vio e su mente.

Después de varios días de cansado viaje, la tripulación de Haxmel llegó a la selva del Amazonas, desembarcaron a la orilla de un sucio río donde cientos de hombre de aspecto rudo, malolientes, fornidos y tatuados los esperaban, cada uno llevaba una rifle y una navaja, algunos estaban fumando habanos; de entre ellos salió un hombre más alto y fornido que todos los demás, levaba puesto un traje de militar, fumaba una pipa y en su espalda descansaba un gran rifle de dos cañones.—Bienvenido, señor Haxmel—le saludó después de quitarse la pipa.

—Señor Blopper, señor Weinston, él es el ex coronel Rockson—les presentó.

Gallaren extendió su mano para saludarlo, pero el coronel solamente escupió hacia su lado derecho y lo dejó con su mano abierta, el señor Weinston ni siquiera le hizo caso, él tomó a Drake del brazo y lo alejó de todos para poder hablar con el joven.

—¿Quienes son ellos?—le preguntó en un murmullo.

—Guerrilleros salvajes—le contestó de igual manera—, descuide, sólo les dije que veníamos a una expedición científica.

—Pero ya tenía a mis soldados—le reclamó.

—Los mismos soldados que el año pasado fueron derrotados por un par de niños.

El señor Weinston lo sujetó por el cuello, lo levantó unos centímetros del suelo y de manera amenazante le dijo:

—Jamás, jamás vuelvas a mencionar eso.

El señor Weinston lanzó a Drake y él cayó debajo de un árbol, el señor Weinston simplemente se sacudió las manos y regresó con los demás, Drake se puso de pie y se sacudió toda la tierra de su ropa.

Al poco tiempo empezó un largo viaje, en el que Gallaren, el señor Weinston y Drake iban a la cabeza, los guerrilleros estaban algo molestos, pero por la generosa paga se callaron todas sus quejas. Drake y Gallaren revisaban el libro para ver que camino tomaba, cruzaron riachuelos, cruzaron valles, cruzaron la selva y terminaron en un fangoso pantano.

Después de eso todos se detuvieron a descansar y Gallaren se sentó debajo de una enorme y áspero roble, disfrutó de la sombra para poder registrar mejor los datos del profesor Drark, en una de las paginas encontró lo que parecía ser un poema, pero escrito en una lengua extraña, recordó que durante e viaje, cuando tuvo tiempo de registrar el diario (sólo cuando Drake dormía o se lo encargaba) leyó sobre una canción, la cual al ser cantada le daría una gran poder al interprete de esa copla.

Cerciorándose de que nadie lo viera, arrancó esa hoja, la cual parecía Drake jamás la había notado, la guardó en uno de sus bolsillos y se puso de pie para darle el diario a Drake, pero no se dio cuenta, de que una gran serpiente iba descendiendo con gran cautela, deslizándose silenciosa por el tronco del roble, abrió su boca, alistó sus colmillos y saltó para atrapar a su presa, Gallaren reaccionó al escuchar un disparó y fue cuando vio el cadáver de la serpiente clavado en el tronco.

—Con una sola mordida en el cuello y no te hubiera dado tiempo de siquiera parpadear—le advirtió el coronel con una pistola humeante en mano, pues fue él quien había disparado.

—Muchas gracias—le respondió nervioso.

El descansó terminó, el viaje continuó y entraron a la peligrosa selva, en el lugar había grandes árboles, tan altos que cubrían al sol, la selva era tan oscura y fría por la falta de la luz.

Drake se acercó hacia Gallaren, con el libro en manos y le preguntó:

—¿Falta demasiado?

—Según mis cálculos, saliendo de esta selva hay una montaña y detrás de ella hay una fosa, la cual nos llevara a lo que parece ser una puerta—le explicó.

Drake dio tal explicación al señor Weinston, que muy paciente siguió caminando, pero por dentro gritaba de desesperación para llegar a Legardyam y tener el poder que deseaba.