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Historia 43054 — capítulo 5
Capítulo 5:
La Puerta.
Lord Blake y sus hombres llegaron a la selva del Amazonas, todos descendieron en la orilla de un río, lo primero que notaron fue el gran buque que estaba frente a ellos, lord Blake y tres de sus hombres decidieronentrar para descubrir quien o que había dentro del barco.Lord Blake y sus hombre inspeccionaron por todas partes, por la cocina, por los cuartos, por el cuarto de maquinas y en el sótano, no se descubrió nada y hasta pensaron que estaba abandonado, pero lord Blake encontró un cofre donde había guardadas cartas con las iniciales J. D., al cerrar el cofre se dio cuenta de que estaba el símbolo de los Titanes del Abismo, rápidamente salieron y les informaron lo que habían visto a los demás.
—Así que de nueva cuenta pelearemos contra ellos—dijo Octavio antes de empuñar su espada, pero de desvainarla lord Blake lo detuvo.
—Esta batalla, aunque nos concierne, será más difícil—le advirtió.
—¿Por qué lo dice, señor?—le preguntó Aliana.
—Por que ellos nos llevan ventaja—contestó.
Alizée se excluyó de ellos para poder sentarse a descansar y asimilar el viaje, ella se sentía algo deprimida, una gran tristeza la tomó presa y ella ni siquiera supo de donde provenía aquella melancolía, pero su rostro fue deslumbrado por una luz que provenía de uno de sus bolsillos, ella metió su mano para descubrir de donde provenía aquella extraña luz, de sus bolsillo sacó el camafeo que seguía irradiando aquella luz; la luz era tan fuerte, que ella tuvo que cerrar sus ojos, en su cabeza logró ver otra imagen, sobre una fosa debajo de una montaña. Volvió a la normalidad cuando Octavio le tocó el hombro para despertarla—creyendo que dormía—, cuando ella reaccionó corrió hacia lord Blake y le dijo lo que había visto.
Sobre las copas de los colosales árboles se alzaba la cima de una gran montaña, la cual ubicaron rápidamente, así emprendieron su largo viaje.
Octavio, Aliana, Tom y Cinthia iban a la lado de lord Blake, Alizée estabaa lado de ellos, pero parecía como si estuviera caminando sola, pues ignoraba a las voces que estaban a su alrededor, sólo caminaba, protegiendo el camafeo de su bolsillo con su mano sobre ésta, viendo solamente el suelo que pisaba.
—¿Qué le pasará? —se preguntó Cinthia.
—Tal vez tenga miedo—contestó Tom.
—Todos tenemos miedo—terció lord Blake—, sólo que nosotros no lo queremos expresar como ella.
Octavio se acercó a ella para hacerla sentir mejor, Alizée ni siquiera volteó a verlo cuando él se colocó a su lado. Octavio empezó a decirle cosas como "Es un bonito día", pero ella seguía de aquélla manera aislada.
—Sé lo que te pasa—le dijo, Alizée reaccionó un poco—. Tu miedo y tristeza no debes esconder.
—No sé si yo deba seguir—le dijo, dudosa—, mi padre murió por esto y yo no sé si deba seguir.
—Créeme, si este es tu destino, no debes temerle—le dijo.
—¿Pero si no lo es?
—Si no lo fuera, ni siquiera hubieras sido hija de Jack Drark—le contestó y se fue.
Alizée se detuvo y sintió la verdad de las palabras de Octavio, así que dejó sus soledad, su tristeza y su miedo a un lado, dejó salir su valentía, su coraje y su felicidad, así que se acercó a los muchachos y empezó a hablar con ellos.
Pasaron toda la tarde caminando y ningún peligro los amenazó en su trayectoria, pero lo que ellos no conocían era que a unos cuantos kilómetros de ahí se encontraba Drake y su equipo, Gallaren seguía sospechando algo malo, pero su sospecha desaparecía cuando Drake le mentía sobre el interés que tenía sobre Legardyam.
—Drake, subir la montaña será casi un reto—le comentó Gallaren.
—Lo sé—respondió él—. Pero eso no será problema.
Al poco tiempo llegaron a las faldas de la montañas y empezaron su viaje para cruzarla, subirla era más que un desafió, el cansancio ahogaba al poco tiempo, las piernas dolían y algunos gritaban para que se las amputaran, pero eso no detuvo a ninguno. Uno de los guerrilleros no aguantaba los pies, así que se sentó y se quitó sus pesadas botas para ver su pie lleno de ampollas, los demás seguían caminando, el coronel Rockson se dio cuenta y se acercó a esas sujeto, él se estaba vendando el pie.
—¿Qué le pasa, soldado?—le preguntó algo molesto.
Aquel hombre apenas iba a contestar, cuando el corone sacó su rifle y lo mató enfrente de todos. Él los amenazó que si alguno más se detenía sufriría el mismo castigo, así que continuaron caminando.
Los miembros de la Corte de Cristal también se encontraban subiendo la montaña, los piratas estaban algo cansados, así que lord Blake los dejó que se quedaran ahí y ellos continuarían, algunos quisieron seguir y acompañar a su líder, pero éste se los ordenó y ellos no podían desafiar su mandato. Así que sus hombres regresaron hacia el barco.
—¿Por qué lo hizo, lord Blake?—preguntó Aliana.
—No quiero arriesgar a mi gente—le respondió—, creo en ellos, peor a lo que nos vayamos a enfrentar será más peligroso que cualquier tempestad.
Con las cosas claras, continuaron subiendo, la cuesta era pesada y cansaba, pero eso no detuvo a nadie, cada media hora se tomaban descansos para respirar y continuaban después de disfrutar la fresca sombra de los árboles.
Lord Blake y los muchachos lograron llegar a la cima esa misma noche, pero estaban tan cansados que decidieron acampar ahí mismo; Tom y Octavio reunieron leña para hacer una fogata, las chicas acomodaron unas cuantas sabanas en el suelo y lord Blake fue a cazar la cena (una par de serpientes). Ninguno de ellos había comido antes a dicho animal, pero ninguno le vio el lado malo a esa exótica comida, lord Blake hizo un exquisito caldo con la carne de aquel animal y cenaron una comida sin igual, una comida que tal vez no era de las más apetecibles, pero era tan deliciosa que ignoraron el animal con que fue hecha.
Los guerrilleros también se dieron su tiempo para descansar y acamparon lejos de los muchachos, todos los sujetos rudos festejaron con una fiesta con tarros de cerveza y con risas ruidosas, incluso los soldados de Drake se unieron a todo eso, el coronel Rockson estaba en medio de todo el festejo y esa fue la primera vez que varios de sus hombres lo vieron alegre. Gallaren estaba harto de todo el estruendo y decidió alejarse un poco para poder leer, algo que Gallaren no dejó de hacer desde hace tiempo fue pensar en sus sobrinos, los extrañaba y se moría por verlos, pero desconocía que ellos estaban a tan solo unos metros de él. Él sacó una hoja de papel arrugada y un bolígrafo, buscó un lugar para poder escribir bien, de pronto escuchó unas voces murmullando a su lado derecho y al voltear vio al señor Weinston y a Drake.
El señor Weinston estaba leyendo un libro mientras el joven muchacho estaba vigilando el cielo con un telescopio, ese era su pasatiempo favorito, ver el cielo durante las noches donde las estrelles brillaban mejor que nunca, él rápidamente se dio cuenta de quedesde aquel sitio, verde, tranquilo y despejado las estrellas se notaban mejor que desde la ciudad. Drake se ponía como un niño con sus regalos de Navidad al estar con su telescopio.
Gallaren iba a ir con ellos, pero mejor se detuvo para escucharlos.
—Que hermosa noche—dijo.
—Deja de buscar estrellitas y encuentra algo que nos pueda ayudar—le reprochó.
Drake obedeció de mal gusto y bajó su telescopio para poder observar que había cerca del lugar, cuando de pronto vio a lord Blake sentado frente a una fogata, con los muchachos a dormidos alrededor.
—Venga a ver esto, señor—le pidió.
El señor Weinston bajó su libro y se acercó a la mirilla del telescopio y vio los mismo que Drake, él se quedó asombrado y dijo:
—Así que la Corte de Cristal ya se involucró.
Gallaren no lo pudo creer, lord Blake estaba ahí, eso volvió a levantar sus sospechas.
—¿Y quienes son esos niños?—le inquirió Drake.
—Supongo que los niños que encontraron la gema del tiempo—le contestó.
Gallaren se quedó impactado y trató de correr, pero se tropezó con una piedra y fue así que Drake y el señor Weinston lo descubrieron, los dos lo encontraron en el suelo, el señor Weinston sacó un revólver y se lo puso en la cabeza.
—No puedo creer que estuve ayudando a los Titanes del Abismo—se dijo asombrado y algo enojado.
—Lo siento señor Blopper, pero lo necesitábamos—le dijo Drake.
—como no te reconocí, tu eres Steven Weinston—dijo Gallaren—, traicionaste al Magisterio Historiador hace años, al igual que muchos de tus compañeros.
—Sí, eso soy yo. Ahora ponte de pie—le ordenó a punta de pistola.
Gallaren se levantó lentamente, con las manos en la nuca y de dicha manera lo llevaron de vuelta al campamento.
—Nos vamos ahora mismo—ordenó el señor Weinston.
—Disculpe, pero mis hombres y yo necesitamos descansar—le dijo el coronel.
Drake sacó de su maleta un par de joya que le entregó al coronel y él cambió de opinión.
—También necesitamos que vigilen a este traidor—les dijo refiriéndose a Gallaren.
—Eso le costará más—le indicó con una sonrisa.
Drake sacó más joyas para entregárselas al coronel, así que él ordenó que esposaran a Gallaren; después de eso todos recogieron sus cosas y continuaron con su viaje. El coronel quiso saber por que Gallaren fue apresado y el señor Weinston simplemente le dijo que él era un espía y que tan pronto llegaran a su destino sus guerrilleros podían matarlo.
Gallaren caminó hasta el coronel, apresado con sus manos detrás de su espalda, el coronel ya tenía ganas de matarlo, pues si algo odiaba eran los traidores.
—Señor, debo de decirle algo—le murmuró Gallaren.
—No hablo con alimañas de tu especia—le contestó.
—¿Sabe que es lo que ellos están buscando?—le preguntó, también en voz baja.
El coronel se detuvo, pues tenía su preso, así que ambos se alejaron del grupo para poder hablar mejor.
—Dime, a donde nos están llevando—quiso saber.
—Su gobierno les pagó para que los llevaran hacia ellos—le contestó.
El coronel, muy sorprendido, se aproximó hacia Drake, y muy molestó le preguntó:
—¿Se puede saber a donde nos están llevando?
—Es algo secreto—terció el señor Weinston.
—¿Y por que nos dicen que es?—le insistió más molesto.
—No es algo de su incumbencia—le respondió.
—Pues ahora lo es.
—Debe calmarse coronel—le pidió Drake—, esto sólo es trabajo.
El coronel golpeó a Drake en la cara y el señor Weinston sacó su revólver y lo colocó frente al ojo derecho del coronel, todos los guerrilleros sacaron sus rifles y apuntaron hacia él, mientras los soldados hicieron lo mismo y apuntaron hacia los guerrilleros.
—Coronel, dígales que bajen sus armas—le indicó el señor Weinston.
El coronel simplemente dio unos pasos hacia atrás y volteó a ver a sus guerrilleros, el señor Weinston puso una sonrisa de victoria en su cara y bajó su arma, uno de los guerrilleros le hizo una señal y el coronel sacó su rifle y disparó, el señor Weinston se lanzó al suelo y la bala fue recibida por uno de sus soldados.
—¡Ataquen!—gritó el coronel.
Drake y el señor Weinston decidieron escapar, mientras los guerrilleros y los soldados se disparaban a matar, ellos lograron escabullirse; también Gallaren escapó.
Él corrió sin voltear, mientras los impactos de bala hacían que los animales despertaran y huyeran a refugiarse.
Lord Blake escuchó las balas a los lejos, los muchachos despertaron al momento y sacaron sus armas para el momento de pelear.
—¿Qué está pasando?—preguntó Cinthia con algo de miedo.
—Tenemos que irnos—dijo él, sorprendido.
Los muchachos recogieron lo que pudieron y se fueron corriendo sin voltear, descendieron a gran velocidad, mientras las aves volaban para escapar a un lugar más segura, sin darse Octavio chocó contra alguien y ambos empezaron a rodar cuesta abajo, hasta que un enorme roble los detuvo. Octavio se levantó, se tocó la cabeza para calmarse el dolor y al levantar la mirada vio a su tío Gallaren con la espalda adolorida.
—¿Tío?—preguntó asombrado.
—Sí—respondió adolorido—, los Titanes me volvieron a engañar.
—¿Y por que estás esposado?—le inquirió.
—Es una larga historia—contestó.
A gritos llamaron a Octavio, él ayudó a su tío para que se pusiera de pie y lo llevó hasta los demás, "Estoy aquí", gritaba Octavio para que lo encontraran, Aliana lo vio debajo de la cuesta, con cojeando a su lado. Aliana corrió y al darse cuenta de que era su tío se quedó más que asombrada .
—¿Tío, que haces aquí?—le preguntó, sorprendida.
Gallaren se levantó adolorido y Aliana se acercó para abrazarlo, al poco tiempo lord Blake y los demás los encontraron.
—¿Gallaren, que haces aquí?—le preguntó.
—Antes que nada, quiero que alguien me libere—dijo.
—Octavio, tu espada—le inició.
Octavio desvainó su arma y se la entregó a lord Blake, pero él ni siquiera la tomó. Lord Blake le pidió a Gallaren que se sentara y que se sentara en el suelo, después extendió sus brazos.
—Corta las esposas—le dijo.
—Será imposible—objetó Octavio.
—Recuerda, siempre hay un punto débil—le murmuró.
Octavio puso el filo de su espada en el primer eslabón de las esposa y lo tocó ligeramente, después pasó al otro y al otro y así siguió hasta haber tocado todos, cerró sus ojos, tomó el aire y levantó su espada para corta el eslabón del medio, Gallaren se puso muy nervioso, temblaba del miedo, pero de antes de darse cuenta, sus manos estaban libres. Octavio también se sorprendió por lo que hizo. Él guardó su espada y Gallaren se levantó del suelo.
—Ahora Gallaren, ponnos al corriente con todo lo que está sucediendo—le pidió lord Blake.
Sin perder ni un momento continuaron descendiendo la montaña, durante el camino Gallaren les fue diciendo todo lo que estaba ocurriendo, y no les sorprendió saber que Drake Haxmel estaba detrás de todo eso; las emociones de Alizée estuvieron a punto de explotar, pero lord Blake se colocó detrás de ella, colocó sus manos en sus hombros y le susurró al oído:
—Tranquilízate, no dejes que tus emociones te controlen.
Alizée respiró profundamente, se relajó y tomó el control de sus propiossentimientos.
—Ahora quiero saber, ¿qué hacen ustedes aquí?—les preguntó Gallaren algo molesto.
—Tío, tenemos una nueva misión—contestó Aliana.
—Bueno, creo que ahora soy parte de ella—dijo Gallaren.
El viaje prosiguió y bajo el manto de la oscuridad de la medianoche bajaron hacia lo que ninguno de ellos creerían, llegarían a un nuevo viaje y en lugar de continuar, sólo comenzaría otra travesía.
Esa misma mañana, mientras el sol salía, ellos ya estaban apunto de dejar esa montaña en el pasado. El desvelo y cansancio se notaba en los rostros de los muchachos, pero lord Blake parecía seguir fuerte y rígido como el león que alguna vez fue o que tal vez seguía siéndolo, y estaba detrás de un disfraz de aquel hombre.
Debajo de la montaña había una zona semidesértica, sin árboles enormes, sin animales rastreros, sin una sola criatura de cualquier especie, fue así que empezaron a buscar la dichosa fosa de la que antes habían escuchado.
Pero un disparo interrumpió la búsqueda, cuando todos voltearon vieron a Drake y a Haxmel, los dos tenían un par de rifles en sus manos, cargados y humeantes.
—No queríamos importunar—dijo el señor Weinston.
—Pues no lo harán—replicó lord Blake antes de sacar su pistola, pero Drake ya había cargado su arma.
—Llévennos con ustedes—les ordenó Drake.
Sin más que poder hacer, lord Blake y los demás accedieron a que ellos los acompañaran, los muchachos se separaron en parejas, Octavio y Alizée estuvieron buscando cerca del señor Weinston, quien no dejaba de vigilarlos con su rifle.
—Si fuera una gran fosa deberíamos verla—reprochó Alizée.
—Tal vez el diario de tu padre diga algo—le dijo Octavio.
Pero mientras la búsqueda seguía sin dar resultado, algo los vigilaban cautelosamente, Alizée y Octavio, que iban caminando hacia Drake, lo sintieron como un lento escalofrío que cruza por tu espina dorsal, voltearon y no vieron nada, aquel presentimiento siguió, también lord Blake sintió miradas extrañas clavadas en él, así que sacó su sable arqueado con una mano y con la otra su revólver, Drake y el señor Weinston dirigieron sus armas hacia él, pero lord Blake ni siquiera los vio.
—¿Qué intentas, Blake?—le preguntó el señor Weinston mientras lo amenazaba con su arma.
—Corran—pidió lord Blake.
Los muchachos y Gallaren le obedecieron, pero el señor Weinston disparó hacia el cielo y todos se quedaron quietos al instante.
—¿A dónde van?—les preguntó muy molesto.
—Algo está a punto de pasar—murmuró Octavio.
De repente, frente a todos, aparecieron unas extrañas criaturas, parecían unos enormes lagartos, de un metro y medio de altura, con una larga cola, con unas garras más afiladas que cualquier espada en las pata y unas cortas manos, sus colmillos y su hocico estaban manchados de sangre seca, una manada de ellos acorralaron a todos, rugían y movían la cabeza con el intento de asustar a los muchachos. Todos sacaron sus armas, pero aquellas criaturas estaban esperando con ansias el momento para saltar sobre alguno de ellos y devorarlo.
Drake, nervioso, apuntó su arma hacia uno de ellos y disparó, la criatura salto sobre él y después los demás lo siguieron, lord Blake y los muchachos aprovecharon para escapar, Drake y el señor Weinston también corrieron, pero aquella monstruos siguieron a los muchachos, las criaturas podían correr a gran velocidad.
Lord Blake les disparó, pero evadían las balas con gran agilidad. Las bestias estaban apunto de atraparlos, no había manera de confrontarlos, no podían hacer nada para pelear, cuando de repente el suelo comenzó a temblar, los muchachos perdieron el equilibrio y cayeron al suelo, los monstruos aferraron las garras de sus patas al suelo para no caer.
Del suelo emergió una gran garra, los muchachos—sobre todo Octavio— se quedaron sorprendidos; uno de los monstruos se lanzó sobre la garra, pero ésta lo aplastó, después de eso, apareció un enorme Dragón de un inmenso precipicio, tan oscuro y profundo que no se le veía el fin, aquélla bestia era de color verde, con un aspecto furioso y unos enormes ojos amarillos, las demás criaturas trataron de lanzarse sobre él, pero el Dragón usó su puntiaguda cola para golpearlo, después apareció otro Dragón, un poco más pequeño, con un rostro más noble, de color púrpura, éste alzó sus alas para emprender el vuelo y lanzó una gran llamarada de fuego, tan potente que Drake y el señor Weinston la vieron desde lo lejos, aquella criaturas, ahogadas por un gran miedo, huyeron a gran velocidad.
Los Dragones rugieron con gran energía, tan fuerte que el suelo volvió a retumbar, el Dragón verde alzó y vio a los humanos, muy enojado corrió hacia ellos.
—¿Qué hacen aquí?—rugió.
—Cálmate, hermano—le pidió el otro Dragón, que por el tono de su voz todos dedujeron que era mujer.
—Humanos traidores—comenzó a decir el enorme Dragón—, por su culpa hemos estado escondidos.
—Venimos a ver a su rey—les dijo Alizée, algo nerviosa.
—¿Quién lo pide?—volvió a preguntar el mismo Dragón.
Nadie contestó, pues tenían miedo, pero Octavio y Alizée se abrieron paso entre los demás, se tragaron su miedo y ella sacó el camafeo y lo alzó sobre su cabeza, los Dragones se acercaron tanto como pudieron para ver que estaba mostrando aquella muchacha, el enorme Dragón verde se quedó pasmado mientras su hermana soltó un gran suspiro.
—¿Qué opinas, Fargon?—le preguntó su hermana.
Fargon simplemente agachó su cabeza y Octavio se acercó a él, le acarició su escamosa piel y entre el muchacho y al criatura hubo una extraña conexión, como si un lazo invisible los entre ambos se estuviera atando.
Fargon tomó a Octavio con sus garras y lo colocó sobre su lomo, fue entonces que sintieron aquel lazo más grande. Fargon se levantó sobre sus patas traseras, extendió sus enormes alas y empezó a elevarse los demás, con el movimiento de sus alas hizo una gran ráfaga y levantó tierra y polvo, la Dragona se disculpó por el comportamiento de su hermano y ella se ofreció a llevar a los demás, todos empezaron a montarse en el lomo de la bestia y salieron volando.
Ambos Dragones descendieron a máxima velocidad por aquel barranco del que habían emergido, aquella experiencia fue incomparable, era mejor que ir en un avión o en un braco, era un viaje que poco tendrían el placer disfrutar. Octavio decidió abrir sus manos y gritar, mientras sus amigos gritaban del miedo, excepto lord Blake, que estaba tan tranquilo como en otras ocasiones.
Durante el viaje, los Dragones se presentaron. Fargon, que era el único Dragón que había dicho su nombre, era el hermano gemelo de Ferowyn (la Dragona) ambos eran príncipes de Legardyam, hijos del rey Draykon, un noble, valiente e inteligente rey. Durante el largo viaje Ferowyn les contó toda la historia acerca de su pueblo, de su especie y todas sus costumbres.
Al llegar a la parte más profunda del precipicio llegaron hasta un gran arco de piedra, con unas figuras muy extrañas talladas en el borde, el arco estaba adosado a una de las paredes, los dos Dragones se detuvieron frente a dicho monumento.
—Está es la Puerta a Legardyam—les indicó Ferowyn.
Los dos dieron una par de pasos hacia atrás, para tomar vuelo y volar a gran velocidad hacia la pared; Aliana, Cinthia y Alizée gritaron como locas, ninguno sintió el choque contra la pared, pero sintieron algo extraño, como si sus cuerpos hubiesen sido atraídos hacia dos lados al mismo tiempo, sintieron como un jalón en sus brazos, como si sus cuerpos se fueran a separar, sintieron un dolor momentáneo, un dolor que desapareció tras ver un gran destellos rojo, tan intenso como el calor de una gran llamarada. Repentinamente, y como si hubieran despertado de un largo sueño, vieron frente a ellos un gran reino, más grande que cualquier imperio de nuestra historia, había enormes chozas sencillas, tan grandes para que los Dragones pudiesen vivir en ellas, también pudieron apreciar a varios Dragones caminando por las enormes calles, desde el cielo también pudieron contemplar unos edificios más grandes, Ferowyn les explicó que esas eran escuelas, herrerías, mercados y algunas tabernas.
—Esto, humanos, es Legardyam, el reino de los Dragones—les indicó Ferowyn muy alegre, pero su hermano no estaba tanto.
A los lejos observaron un enormes castillo, más grande que cualquier otro edificio del lugar, este era de color rojo y dorado, con una jardín precioso y su torre más alta tenía una gran campana. Octavio fue el más sorprendido por todo, Fargon se ladeó bruscamente y Octavio se aferró a él, Ferowyn también se inclinó, pero lo hizo de manera más leve. Los dos hermanos aterrizaron en el jardín delantero de su castillo. Fueron recibidos por dos guardias, dos Dragones de menor tamaño que ellos, de color marrón, ambos tenían armaduras plateadas.
—Majestades, su padre los está esperando...—les dijo, pero se pasmó cuando vio deslizándose del lomo de los príncipes a un grupo de humanos. Ferowyn quiso explicarle a guardia, pero Fargon se le adelantó y dijo:
—Son una linda presa. Será el regalo de mi padre.
—Se alegrará—dijo el guardia—. Hace años que no mata a uno de su especie.
Los muchachos se asustaron, pero lord Blake sintió que el rey de los Dragones serían incapaz de matar a un justo o a un inocente.
La enorme puerta se abrió de par en par para que todos pudieran entrar al castillo, Fargon y Ferowyn guiaron a los humanos por un gran pasillo, las columnas tenían grabadas figuras de diferentes Dragones y en la pared había colgados varios cuadros en los que se veían a diferentes Dragones en escenarios de antiguas batallas.
—Esos son nuestros antepasados—les indicó Ferowyn. Nuevamente su hermano se enojó.
Al final del pasillo había un enorme conducto con dirección hacia arriba, los Dragones tomaron a sus invitados con sus garras y empezaron a volar hacia el penúltimo piso (uno antes del campanario), donde volvieron a caminar por otro pasillo y al final había una puerta dorada con un pomo plateado en forma de cabeza de Dragón, con un rostro lleno de odio y la boca apunto de lanzar una gran llamarada.
Fargon jaló la boca del Dragón plateado hacia abajo y la enorme puerta se abrió y dejó ver el salón real, adornado como un bosque: las columnas eran de color café y tenían hojas, en el suelo había pasto, el cielo tenían un hechizo para que disimulara un resplandeciente cielo azul con un radiante sol, en el suelo también se encontraba un sendero de tierra y en el fondo había una mesa de roca sólida, adosada al suelo, con un respaldo, acostado sobre ésta estaba un enorme Dragón rojo, se veía que estaba cansado, en su cabeza llevaba una corona, poseía varias arrugas en su rostro, tenía una larga barba gris, se notaba que no había usado sus alas en mucho tiempo.
Era el rey Draykon, él levantó su cabeza para ver a lo lejos quien iba entrando, sus dos hijos se pusieron al lado de los humanos y se agacharon ante su padre en forma de reverencia, sin pensarlo, Octavio repitió lo mismo y después lo siguieron sus compañeros.
—Padre, le hemos traído a estos traidores—le dijo Fargon.
—En mis tiempos los llamábamos humanos—le corrigió.
—Pero ahora los llamamos por lo que son—le contestó su hijo.
El rey Draykon levantó todo su cuerpo y bajó los tres escalones que estaban debajo de la mesa, se acercó a los muchachos que lentamente se levantaron.
—¿A que han venido?—les preguntó con una voz ronca y cansada.
—A terminar de matarnos, padre—contestó Fargon.
Octavio volteó a ver a todos sus compañeros y, aunque no hablaron, sintió que le cedieron la palabra, así que dio un paso frente a todos, desvainó su espada, la alzó sobre su cabeza y dijo:
—Majestad, mi nombre es Octavio Blopper, vengo del lejano pueblo de Alamant y hemos venido hasta aquí por que un malvado hombre trató de encontrar Legardyam. Además, mi amiga, Alizée debe de entregarle algo a su reino.
—¿Qué cosa?—le preguntó.
Alizée dio un paso hacia delante, al ver al rey se sintió con una gran confianza, no tuvo miedo, no se puso nerviosa ni siquiera temblor, simplemente sacó el camafeo y lo colocó en el suelo.
—La Esencia de Fuego—suspiró el rey, sorprendido—, el tesoro más importante de mi gente, pero es imposible que tú lo tengas.
—De seguro mató al verdadero dueño—creyó Fargon.
Lord Blake intercedió por ella y les explicó como lo había encontrado en los restos de un barco, que estaba destruido en medio del mar. Fargon dudó, peroel rey Draykon tenía un don: él podía ver el alma de cualquier persona con sólo ver sus ojos, así que supo que eso era la verdad.
—Esto se lo di a Jack Drark y a sus amigos como gesto de gratitud hace ya varios años—explicó.
—Jack Drark era mi padre—le confesó Alizée—, pero murió hace meses.
—Drark no ha muerto—le contestó el rey con tanta seguridad que por poco lo creyó.
—Claro que sí—insistió Alizée con la voz algo quebrada—, yo misma lo vi, yo estuve en su funeral.
—Pues a mí no me invitaron—respondió una voz desde lejos.
Al voltear todos vieron recargado sobre una columna a un hombre algo viejo, que vestía con una chaqueta negra, con unas gafas rotas, su cabello estaba despeinado y en su mano llevaba una taza de té humeante; Alizée rompió en llanto al verlo, no pudo creerlo, corrió hacia él y lo abrazó para ver si era real.
—¿Pero como es posible?—dijo confundida.
Él también la abrazó con gran fuerza, la estrechó contra su pecho y la besó en la cabeza, mientras ella lloraba en su pecho.
—Supe que Drake planeaba algo contra mí y fingí todo—le explicó—, pero por desgracia olvidé ocultar mi diario.
—¿Y que está planeando, señor?—le preguntó lord Blake.
—Él y los Titanes del Abismo quieren tener el poder de los Dragones y así controlar el mundo—le contestó.
—Debemos detenerlo—dijo Tom.
—Presiento que los tiempos más oscuros de mi gente están por venir—dijo el rey.
—No padre, no pasará nada—le juró Fargon—. Yo y mis soldados estaremos preparados para toda ocasión.
—Hijo mío, aunque sé que tu ejército es más que bueno, no están preparados para los Tiempos Negros—le predijo su padre—, la fuerza y la violencia son inútiles ante la maldad.
—¿Entonces que haremos, padre?—le inquirió Ferowyn angustiada.
—No lo sé, hija, no lo sé—fue su respuesta.