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Historia 43054 — capítulo 6
Capítulo 6:
El Escape.
El crepúsculo se alzaba sobre la selva del Amazonas y el señor Weinston y Drake seguían subiendo la montaña, los dos estaba sorprendidos por lo que habían visto, ambos estaban cansados, sedientos y hambrientos, sus armas aún estaban cargadas, no podían mantenerse de pie y quisieron regresar por la montaña. De pronto se escucharon unos extraños murmullos, de unas voces muy graves, a Drake le parecieron familiares, él volteó y entre unos arbustos pudo ver al coronel Rockson con varios de sus hombres aún de pie, tenían heridas pero eran leves, todos tenían sus armas en sus brazos, preparadas para disparar.
—Búsquenlos, encuéntrenlos y matéenlos, nadie me traiciona—les ordenó el coronel a sus hombre y todos se separaron.
—Es Rockson—le murmuró Drake su compañero.
Los dos trataron de correr, aún con todo su cansancio encima lograron descender lo poco que habían subido, salieron cojeando, sus pies les ardían, sus cuerpos les pesaban, por suerte la noche los relajó un poco. Después de un gran camino llegaron al precipicio que habían hecho los enormes Dragones, les sorprendió tanto la profundidad de éste; el señor Weinston tenían una bengala, la lanzó y ni siquiera así pudo ver el final.
Drake sacó el diario y lo repasó para ver si algo coincidía y fue encontró algo acerca de la gran puerta, así se dio cuenta de que ese precipicio lo llevaría hasta su destino, pero no habría forma de descender. Drake volvió a examinar el diario, para poder encontrar alguna forma de bajar y llegar a Legardyam, fue una de las páginas principales que encontró unas palabras escritas en dos idiomas—el nuestro y el de los Dragones—, sobre ellas estaba escrita la frase: "La Antigua Magia". Drake leyó todas mentalmente, hasta que encontró una que le pareció indicada.
—Vangela—dijo.
En el borde del precipicio empezaron a aparecer algunos escalones, uno tras otro, el señor Weinston y Drake se asombraron, ambos intercambiaron una mirada y descendieron para bajar, mientras ellos descendían con toda la cautela posible aun no terminaban de aparecer todos los escalones. Entres más procedían, más oscuro se tornaba el ambiente, la luna estaba donde debía estar, las estrellas no se podían notar desde aquella desnivel, Drake volvió a recurrir al diario para buscar una solución y encontró otra palabra que le serviría.
—Lendela—repitió y alzó la mano.
Sobre la palma de su mano apareció una esfera luminosa de color azul brillante, la luz era tan resplandeciente que podía iluminar casi todo el lugar sin ninguna dificultad. Ellos continuaron bajando y poco después de la media noche llegaron hasta el final, era tan profundo que creyeron que habían llegado al centro de la tierra, el lugar parecía como cualquier otra catacumba, pero su pensamiento cambió cuando vieron el enorme arco frente a ellos; Drake guardó el libro y lo colocó bajo su brazo y empezó a acercarse al arco, sin saber por que, parecía estar atraído, como si alguien lo llamara, el señor Weinston trató de detenerlo, pero también sintió lo mismo, ambos se acercaron al arco, quisieron tocarlo y de pronto, sin saber como, escucharon un cruel rugido, tan fuerte que hizo que se taparan lo odios y sin darse cuenta aparecieron rodando cuesta abajo por una corta pendiente, pero su caída fue detenida por el golpe contra un roble, ambos se levantaron del suelo, se sacudieron la tierra y revisaron que no tuvieran ninguna herida, al ver a su alrededor se dieron cuenta de que estaban en medio de un oscuro bosque, los árboles eran enormes, parecía que en sus cortezas teñían grabadas horribles caras que clavaban sus crueles miradas en ambos, no era un lugar verde y vivo, las flores estaban marchitas, el cielo era de color negro, hacia un frío atroz; Drake subió la cuesta por la que cayó adolorido de las rodillas y recogió el diario, el cual parecía estar en buenas condiciones.
—¿Dónde estamos?—se preguntó Drake mientras hojeaba el libro.
—Hemos llegado a Legardyam—le contestó Weinston sorprendido.
Ellos empezaron a inspeccionar el lugar para ver si sus suposiciones eran correctas o simplemente habían llegado a un bosque desolado común y corriente; subieron una gran montaña donde sólo se escuchaba el violento sonido del viento, se podía escuchar como sin una joven gritara de dolor.
Al poco tiempo vieron una gran cueva, la entrada estaba custodiada por unos enormes Dragones con armaduras, en sus rostros se podía notar que ellos eran bestias salvajes, que podían matar con sólo abrir su gran hocico, que con simplemente levantar algunas de sus patas podían aplastar hasta el más fuerte ser humano, desde adentro emergía un resplandor verde claro. Drake y el señor Weinston se ocultaron detrás de unos arbustos para contemplar a dichas criaturas.
—Creo que si—murmuró Drake asombrado.
Drake y el señor Weinston usaron su tamaño para escabullirse sin que los Dragones, las bestias creyeron haber sentido movimiento entre sus patas, peor al voltear no vieron nada. Los dos siguieron caminando entre la cueva y descendieron por un par de escalones y descendieron hasta una gruta donde había cientos de celdas, en el techo colgaban algunas antorchas con un fuego de color verde y fue así que descubrieron que era una prisión de Dragones.
—Es como Gargilia—susurró el señor Weinston.
Ambos empezaron a caminar por el lugar y escucharon los rugidos y golpes de los Dragones que estaba desesperados por ser libres y destruir todo a su paso, Drake iba leyendo algo sobre eso en el diario.
—Aquí dice que a este lugar se le conoce como la Cueva del Sufrimiento—le explicó—, los Dragones son traídos aquí cuando rompe alguna de las tres reglas sacras.
El camino siguió y Drake continuó con su lectura, hasta que encontró algo acerca de un Dragón cruel, malvado y lleno de poder, más fuerte que todo un ejército, que había sido encerrado por haber dominado a todo Legardyam, pero fue derrocado por un Dragón leal y justo, aquel Dragón se llamaba Drakxon, pero había pasado tanto tiempo desde que lo habían llamado así, que había olvidado su nombre, según leyó Drake, aquel Dragón estaban encerrado en la parte más profunda de la cueva; el señor Weinston sintió ganas de conocerlo, de liberarlo y ayudarlo a volver a dominar, así que descendieron, ignorando los gruñidos y golpes.
En la parte más profunda, donde la luz de las antorchas no llegaban, ahí había una celda con una puerta llena de cerrojos y blindada.
—En el libro debe de haber algo que nos ayude—quiso saber el señor Weinston.
Drake quiso responderle y se puso a hojear el libro, encontró lo que buscaba y dijo:
—Kalcareq Coyé.
Los candados se abrieron repentinamente y cayeron al suelo provocando un fuerte ruido pero los Dragones guardianes los confundieron con otra golpe más de sus presos, así que lo ignoraron. Drake y el señor Weinston abrieron la puerta y encontraron tirado en el suelo, encadenado en el suelo, a un gran Dragón negro, con unos ojos amarillos enormes que brillaron en la tenebrosa oscuridad, en su hocico llevaba puesto un gran bozal, sus garras (delanteras y traseras) estaban sujetadas con unos guantes de metal y sobre él colgaba un péndulo filoso y en el caso de que intentara escapar aquel péndulo caería sobre él cortándole la cabeza.
Drake repitió aquella frase para quitarle el bozal a ese Dragón.
—¿Drakxon?—le preguntó Drake algo nervioso.
—Sí—rugió, su rugido fue tal, que el su celda tembló y el péndulo se movió un poco.
—Necesitamos de su ayuda, señor—le indicó Drake algo nervioso.
—¿Qué les hace pensar que ayudaré a un par de humanos?—les inquirió molesto.
—Que nosotros le ayudaremos a escapar—respondió el señor Weinston.
—Yo podría hacerlo—les dijo—, pero esta celda fue hecha exclusivamente para mí.
—Bueno, por favor, ayúdenos—le pidió el Weinston.
—¿Y que es lo que quieren hacer?—les preguntó.
—Queremos dominar el mundo—contestó Drake—. En este libro tenemos los secretos sobre el Rey Dragón.
—Es imposible—dijo.
—Pues no, no lo es—dijo el señor Weinston.
—Hemos leído todo sobre usted, así que lo liberaremos y los tres usaremos nuestros poderes para dominar a ambas especies: los humanos y los Dragones—le prometió el señor Weinston.
Drakxon puso una sonrisa de satisfacción en su rostro y accedió a la propuesta, así que Drake usó su magia para liberar a Drakxon, todas sus cadenas se aflojaron y de un simple golpe se quitó todas las cadenas, el Dragón se levantó sobre sus cuatro patas y los dos humanos se intimidaron al ver su enorme tamaño, incluso era más grande que los Dragones guardianes, él levantó su cabeza para lanzar una gran llamarada que destruyera el péndulo, así se activó una alarma que puso alerta a todos los guardia, quienes rápidamente volaron hacia la celda de su prisionero. Drakxon sujetó a los humanos con sus garras y los arrojó hacia su lomo, después alzó sus alas y empezó a elevarse.
—Creo que no lo eh olvidado—dijo.
Drake y el señor Weinston se sujetaron bien y Drakxon salió a gran velocidad, al poco tiempo se encaró con los dos Dragones guardianes, estos sacaron unas navajas e intentaron atacarlo, pero Drakxon los evadió inclinándose hacia abajo y les enterró sus garras en el vientre, los dos guardia cayeron al suelo y se golpearon la cabeza; Drakxon siguió su vuelo hacia el escape y mientras volaba gritaba :
—¡Vendré por ustedes, mis seguidores!
Al poco tiempo se encontró con más guardias, armados con lanzas y dispuesto a matarlo, él no se detuvo, siguió volando hacia ellos, tomó impulso y clavó sus brillantes ojos en ellos, los guardias blandieron sus lanzas hacia él, pero las garras de Drakxon, más filosas que cualquier espada, derrotaron a las armas de los guardias, ellos trataron de huir al quedar completamente desarmados, pero Drakxon lanzó una gran llamarada que alcanzó a todos, en poco tiempo los Dragones quedaron calcinados en el suelo.
Drakxon siguió como si nada hubiese pasado y escapó, volando hacia el sur, donde alguna vez había tenido una guarida secreta, desconocida por algún otro Dragón que no fuera de sus hombres.
—¿Dónde está tu ejercito, señor?—le preguntó Drake.
—Pronto lo verán—les contestó con una extraña sonrisa.
Por petición del rey Draykon se les mandó construir un cuarto especial a los humanos, unas habitaciones a su gusto, ahí pudieron acomodarse muy bien, tenía cómodas camas y unos armarios llenos de ropas antiguas.
—Me encantó todo esto—dijo Octavio.
—Yo siento que no seremos bien recibidos—dijo su hermana.
—Al menos el rey nos trató bien—agregó Tom.
Como el cansancio era casi fatal, todos se acostaron en las camas y apagaron las lámparas para poder descansar mejor. Alizée y su padre estaban con el rey en el cuarto encantado, ella seguía sin poder creer que su padre estuviese ahí, con ella, abrazándose mutuamente, sin dejar de hablar, sin dejar de contar los detalles más recientes de su vida, el rey Draykon estaba igual de feliz con ellos y al poco tiempo también se les unió Ferowyn, quien confiaba en los humanos igual que su padre. Pero Fargon era un caso distinto, no podía olvidar aquellos tiempos en que los humanos mataron a casi todos los de su especie, sentía un gran rencor hacia ellos, él creía que la amistad con que ellos habían llegado era un simple disfraz para ocultar sus verdaderas intenciones, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando un pequeño Dragón color aqua aterrizó de un golpe hacia el suelo muy apurado, Fargon se acercó a él para auxiliarlo y éste le informó todo acerca de lo que había ocurrido en la Cueva del Sufrimiento, el príncipe se quedó asombrado y voló para decírselo a su padre.
El rey seguía charlando con Jack y Alizée y con Ferowyn, los cuatro estaban charlando como si fuesen amigos de toda una vida, reían sin para y Jack le narraba a su hija anécdotas de cuando había llegado por primera vez a Legardyam, cuando de pronto Fargon entró violentamente por la gran puerta y muy apurado dijo:
—Escapó.
El rey Draykon se puso de pie muy sorprendido y tomó a Jack para que volara con él en su lomo, Alizée y Ferowyn quisieron ir con ellos, pero sus padres se los prohibieron, el rey y su hijo salieron al gran jardín y se fueron volando, el rey no lo había hecho en muchos años—por no decir que la última vez que voló fue justo cuando los humanos llegaron—, pero recordó muy bien cada uno de los movimientos que hacía y así logró volar como cuando era joven. No tardaron en llegar a la Cueva del Sufrimiento, la cual estaba llena de guardia, Jack descendió del lomo del rey y se aproximó a la puerta para ver que había ocurrido.
Fargon fue con unos soldados y les preguntó:
—¿Cómo ocurrió?
Y mientras uno de los guardias heridos le explicaba lo sucedido, el rey Draykon y Jack bajaron hasta la celda, el rey estaba más que conmocionado, no podía creer que una amenaza tan grande y cruel estuviera libre, Jack entró a la celda y se dio cuenta de que las cadenas no tenían ni un rasguño así que supuso que no se había usado la fuerza para liberarlo. Después de eso bajó Fargon, furioso y apunto de matar a Jack, pero su padre lo derribó con un golpe de su garra.
—¿Qué te sucede?—le preguntó su padre enojado.
—Me acaban de informar que un par de humanos ayudaron a escapar a Drakxon—le respondió.
—Pudieron ser otros humanos—le indicó su padre.
—Esperen, mi hija me dijo que el hijo de Roger Haxmel robó mi diario—les aclaró Jack—, ahí tengo escritos varios hechizos de la antigua lengua Dragón.
—Así que ellos pudieron usarlas—concluyó el rey.
—Y que nos dice que no es una mentira y tu hija es un cómplice—agregó Fargon.
—Yo confío en ella—le dijo su padre.
—Eso mismo hiciste hace años y mira lo que nos pasó, mira lo que has hecho—le reclamó Fargon y en ese momento se fue volando sin rumbo fijo.
El rey se sintió muy mal, su fortaleza decayó, se entristeció demasiado, Jack se acercó a él y trató de consolarlo de alguna manera, pero el rey simplemente salió caminando de la cueva, ignorando a todo aquel que le hablara y así se fue hasta su castillo, se encerró en el gran salón real, su tristeza era demasiada; Ferowyn lo vio entrar y se acercó a él para abrazarlo, ella vio las lágrimas de su padre descendiendo desde su rostro hasta el encantado suelo con forma de pasto.
Amaneció y el rey seguía con su tristeza, los muchachos fueron a saludarlo y agradecerle sus atenciones, pero al verlo deprimente supieron que no era una buena idea y se retiraron del salón.
—¿Qué le habrá pasado? —se preguntó Aliana.
—Es raro ver a una bestia como él llorando—indicó Cinthia.
—Es un ser vivo—terció lord Blake—. Por lo tanto tiene sentimientos.
—Anoche escapó un peligroso Dragón llamado Drakxon—les respondió Jack—, al parecer Drake y el señor Weinston lo ayudaron a escapar y por eso el rey está preocupado, cree que ese dragón haga algo que traiga desgracia para Legardyam.
—Ahora es el momento—agregó Octavio.
—¿Momento para qué?—le preguntó Tom.
Octavio entró al salón real, caminó hacia el rey, desvainó su espada y le enterró en el suelo, después se arrodilló ante él y le dijo:
—Señor, quiero pedirle una gran disculpa de mi parte por toda la desgracia que mi raza le trajo a la suya, me arrepiento de todo lo
—Tú no tienes culpa de nada—le contestó el rey.
—Lo sé—le dijo—, pero yo ahora le diré que hasta que su gente vuelva a renacer, yo le daré mis servicios, seré su sirviente.
—Yo no te haré eso—le dijo el rey.
—Bueno señor, yo haré lo que usted me pida—le dijo.
El rey notó la nobleza de Octavio, mientras él se ponía de pie y guardaba su espada, todos salieron del gran cuarto.
—Alto—le dijo el rey. Octavio volteó hacia él—. Quiero que ustedes vayan a la Torre Dragonium.
—Bueno, por usted yo sería capaz de eso, señor—le dijo Octavio.
—En el diario escribí un mapa que nos puede guiar hacia la torre, aún estando muy lejos de aquí—le explicó Jack—, ahí es donde debe de estar el rey Dragón y cantar la Canción Sagrada.
—Así que Drake tiene una gran ventaja—dijo Tom.
—Yo tengo la canción—dijo Gallaren y sacó aquella hoja que había arrancado del diario y al enseñársela a Jack, él le confirmó lo que era.
—Ahora debemos encontrar el mapa—dijo Aliana.
—Debemos encontrar a Drake—dijo Tom.
—Debemos encontrar a Drakxon—dijo Octavio.
Jack y Alizée se acercaron a ellos y les entregaron el camafeo, Octavio, Tom, Aliana y Cinthia fuero a sus habitaciones y se echaron sus armas, de nueva cuenta regresaron al salón real donde el rey les dijo:
—Ustedes, sabios hijo de la raza de los humanos, son la última esperanza para nosotros.
Alizée se acercó a Octavio, lo abrazó y le besó la mejilla, Octavio se la mejilla para sentir el calor de sus labios, después de eso los cuatro salieron del castillo corriendo, Gallaren quiso ir con ellos, pero lord Blake lo detuvo, Gallaren sintió pro primera vez la gran confianza que él sentía hacia sus sobrinos, así que los dejó ir y en su ausencia no se preocupó.
Los cuatro corrieron por las calles del reino cubiertos con unas capas verdes, sin que nadie siquiera los notara, se escondían entre las callejones y corrían por las callejuelas, sin saber a donde irían o cual sería su destino continuaron hasta el bosque.
Detrás de una cordillera de montañas se encontraba la guarida de Drakxon, debajo de una de las montañas, en una olvidada mina, era tan secreta por que se rumoraba acerca de una maldición para el que se acercara, pero eso era un simple rumo.
El lugar era como un castillo subterráneo, tenía incluso un trono, donde Drakxon regía con violencia, sus dos únicos súbditos en aquel momento sólo eran Drake y el señor Weinston, pero después de ayudarlo aceptó que se quedaran con él.
—¿Cual es su idea, señor? —le preguntó Drake.
—¿Y donde están sus hombres, perdón, sus Dragones?—le inquirió el señor Weinston.
—Muertos—les contestó.
—Entonces necesitaremos nuevos refuerzos—comentó Drake.
—No—respondió—, necesito a mi antiguo ejército.
—Pero acaba de decir que están muertos—le dijo Drake.
—Lo sé, pero hay una forma de regresarlos a la vida—les indicó—. Hace varios años, un joven hombre nos descubrió y como prueba de su fidelidad nos dio un jugo extraño, nos dijo que una sola gota reviviría incluso a alguien que hubiese muerto hace siglos—les contó.
—¿Y usted tiene ese jugo?—le preguntó Drake.
Drakxon voló a otra de las habitaciones que parecía un laboratorio, en esa habitación había cientos de frascos llenos de líquidos de diversos colores, él se acercó a una repisa de metal que estaba en el fondo del lugar y de ahí sacó un frasco con un líquido de color rosa, regresó a su trono y se lo dio a guardar a Drake.
—Ahora iremos hacia el Cementerio de los Dragones—les indicó.
Así que los dos se montaron en el lomo de la temible bestia y Drakxon salió volando hacia el norte, pero lo hizo tan alto que se perdió sobre las nubes.
Los muchachos seguían buscando alguna forma de encontrar a Drakxon en medio del tenebroso bosque, así que estuvieron un largo tiempo en su exploración, pero sin ningún resultado positivo, los cuatro estaban alerta de cualquier cosa que sucediera, Octavio logró escuchar un rugido, así que desvainó su espada y la empuñó con sus dos manos, después lo escuchó Tom y aferró su espada, Cinthia también alcanzó a escuchar aquel sonido y se apresuró a tomar su daga, Aliana sacó su arco, le colocó una flecha y apuntó a todas partes.
Octavio y Tom notaron que el rugido provenía desde atrás de unos arbustos, así que se acercaron con su espadas en manos y los cortaron, fue entonces que vieron frete a ellos a Fargon, abatido, tirado y a la vez furioso, al verlos se levantó y rugió con más fuerza.
Octavio y Tom guardaron sus armas y las chicas igual, ella se quedaron atrás.
—¿Qué quieren?—les preguntó.
—Estábamos buscando a Drakxon—le contestó Octavio.
—Ja, como si un par de niños humanos pudieran hacer mucho contra el más poderoso de todos los Dragones—se burló.
—No somos un par de simples niño—le dijo Octavio—, somos un par de niños valientes y el valor te hace más fuerte.
—Por favor, usen la cabeza y regresen a su mundo—les dijo.
—Los valientes pensamos con el corazón—le contestó Octavio.
Los cuatro dieron media vuelta y continuaron su búsqueda, Fargon simplemente se volvió a acostar y los dejó con sus locuras, cuando de repente aparecieron cinco extrañas criaturas que parecían unos sapos verrugosos, daban asco con sólo verlas, babeaban al ver a los muchachos y caminaban encorvados, ellos eran un grupo de trasgos salvajes, después de eso aparecieron más de los árboles y sacaron sus garras y acorralaron a los muchachos.
—¿A donde van?—les preguntó uno de ellos con una voz ronca.
Los muchachos volvieron a sacar sus armas, pero eran tantos sus enemigos que no sabían que hacer, Fargon logró ver eso, pero no quiso hacer nada, entonces le cayó una red mágica que lo debilitó, él trató de soltarse, pero se sentía muy cansado.
Los trasgos salvajes empezaron a rodear a los muchachos, quienes no sabían que hacer, sus enemigos se veían muy peligrosos, a pesar de su aspecto, pero Octavio atravesó a uno de ellos con su espada y para provocarles el miedo a los demás.
—¡Al ataque!—gritó uno de los trasgos y todos sus compañeros se lanzaron sobre los muchachos.
Pero ellos no se dejaron y dieron toda la batalla que pudieron, por suerte los trasgos salvajes no eran muy listos y alguno se atacaron entre sí, casi no fue necesario usar las armas, simplemente los muchachos los pateaban y ellos huían con pavor hacia el bosque.
Varios trasgos se subieron arriba de Octavio, él trató de quitárselos de encima pero era imposible, trató de alcanzar su espada, pero ya lo habían inmovilizado por completo, después lo derribaron y lo golpearon en el suelo con algunos palos, Octavio se dio cuenta de que un par de trasgos estaban azotando a Fargon con una par de látigos que tenían filosas puntas, así que hizo todo lo posible para ponerse de pie, se quitó a los trasgos de todo su cuerpo con patadas y golpes y cuando al fin se liberó desenfundó su espada y lo mató, así se abrió camino hasta llegar a Fargon, los tragos que lo torturaban se lanzaron sobre Octavio, pero él los detuvo con la sagacidad de su espada, cuando por fin se deshizo de ellos, corrió hacia Fargon y contó la red que lo sujetaba. Fargon aún estaba débil y estaba tratando de recuperar el aire, los tragos aún eran muchos y sus amigos estaban batallando para librarse de ellos. De pronto apareció una bola de fuego que acabó con varios trasgos, Octavio y Fargon voltearon hacia el cielo y vieron a Ferowyn montada por Alizée, quien en su cadera llevaba una espada.
Ferowyn no dejó de lanzar fuego y al poco tiempo los trasgos se fueron huyendo para escapar. Los muchachos se levantaron, algo adoloridos, Fargon ya estaba mejor y Ferowyn aterrizó frente a ellos mientras Alizée bajó de su lomo.
—¿Qué haces aquí?—le preguntó Octavio, sorprendido.
—Olvidaron algo—respondió y sacó la hoja donde estaba escrita la canción sagrada.
—Espero que estén todos bien—dijo Ferowyn.
—Un poco—contestó Tom mientras se acariciaba el cuello.
—Suban a mí e iremos a buscar a Drakxon—les indicó Ferowyn.
Ferowyn se agachó para que todos pudieran subir a su lomo y justo cuando Octavio iba a subir a ella, Fargon lo detuvo y le dijo:
—Yo te llevo.
Ambos Dragones empezaron a volar para encontrar a la guarida de Drakxon, el rey Draykon le reveló la localización de ese escondrijo a Ferowyn y ella guió a su hermano hasta la vieja mina, se sorprendieron por que la puerta estaba abierta, Fargon bajó a Octavio de su lomo y dijo:
—Todos quédense aquí, yo entraré.
—Claro que no—dijo Octavio antes de sacar su espada.
Ambos se pusieron a discutir sobre quien debía de entrar, Ferowyn y los demás se hartaron y entraron sin que ninguno de los dos se dieran cuenta, fue entonces que Cinthia les preguntó:
—¿Van a venir?
Así dejaron de hablar y se apresuraron a seguir a los demás. El lugar les daba miedo, sentían un ambiente tétrico, parecía un lugar de muerte, todos tenían sus armas en mano por si algo llegara a pasar, buscaron en todas partes y no encontraron nada ni a nadie.
—Al parecer escaparon—dijo Aliana.
—¿A dónde irían?—se preguntó Ferowyn.
—Tal vez ya están buscando la torre Dragonium—supuso Fargon.
Todos salieron y se montaron sobre los Dragones para irse y tratar de seguir a Drakxon, pero no sabían a donde iría.