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Historia 43054 — capítulo 7

Capítulo 7:

Cementerio de Dragones.

Esa misma noche Drakxon, Drake y el señor Weinston llegaron hasta una zona oscura, lúgubre y desierta, un lugar donde jamás salía el sol, un lugar que era desconocido por muchos y olvidado por varios más, era el Cementerio de Dragones, un terreno que anteriormente había sido el escenario de millones de duelos entre Dragones cuando ambos deseaban a la un misma hembra.

Aterrizaron en el lugar y los humanos bajaron de su lomo, Drakxon empezó rápidamente a buscar las tumbas, aunque sería un reto casi imposible, pues no había criptas en el lugar.

—Saca el frasco—le ordenó Drakxon.

Drake lo obedeció, Drakxon se lo arrebató,y se elevó unos cuantos metros para soltar una sola gota, cuando esta cayó no pasó nada, de pronto sintieron que la tierra empezó a moverse y antes de darse cuenta emergió del suelo una gran garra, los dos huyeron, nuevamente apareció otra garra y poco a poco empezaron a salir miles de Dragones furiosos, de aspecto salvaje y capas de asustar hasta el más valiente de los guerreros.

Todos los Dragones se sacudieron la tierra de sus cuerpos, rugieron como nunca y lanzaron grandes llamaradas de fuego, luego vieron a los dos temerosos humanos y los acorralaron; Drake estaba muy asustado, temblaba, mientras el señor Weinston—aunque con miedo— trataba de conservar la calma, así que sacó un sencillo cigarrillo para fumar.

—Déjenlos—les ordenó Drakxon que estaba volando sobre todos ellos—. Son amigos.

Todos los Dragones se inclinaron hacia él, Drakxon descendió lentamente y se paró en frente de todos y se acercó a tomar a los dos humanos y los puso sobre su lomo.

—¿Para que nos ha levantado, nuestro amo?—le preguntó uno de ellos haciendo una reverencia.

—Los he traído de vuelta por que ahora comenzará nuestras venganza—les dijo.

—Pero amo, ¿qué le hace pensar que ahora ganaremos?—le preguntó otro Dragón.

Esa pregunta negativa que hizo le costó la vida, pues Drakxon se molestó y le lanzó una gran llamarada de fuego, el Dragón ardió en llamas, él gritaba y corría y sus compañeros simplemente lo ignoraban, decidió salir volando, pero ya era muy tarde, cayó antes de poder alejarse y su cadáver calcinado permaneció ahí, frente a todos.

—Ahora tendremos la ayuda de estos dos humanos—continuó—, ellos tienes el mapa hacia la torre Dragonium, ahí obtendrán el poder y junto dominaremos la tierra de los humanos y de los Dragones.

—¿Y cual es su plan, amo?—le preguntó el primer Dragón.

—Vayan a Legardyam—les contestó.

Todos sus Dragones alzaron sus alas y salieron volando a gran velocidad hacia Legardyam, Drakxon, Drake y el señor Weinston se quedaron en el cementerio, Drakxon los tomó y se fueron volando hacia una dirección contrario, dirigiéndose hacia la torre Dragonium.

La tarde fue tranquila aquel día, el sol estaba sobre las calles y los Dragones caminaban, el rey Draykon estaba angustiado por sus dos hijos, pero sobre todo por Fargon, con quien siempre tuvo una buena relación, desde pequeño lo había educado para seguir su lugar, le había enseñado todos sus movimientos, trató de ir a buscarlo para arreglar las cosas, pero antes de salir vio que el cielo se estaba nublando y que de pronto sintió un gran frío, y al voltear nuevamente hacia el cielo vio como una gran manada de Dragones negros se acercaba a gran velocidad. El rey Draykon voló hacia el campanario de sus castillo y golpeó con tal fuerza a la campana que la derribó; toda la gente (que ya se había percatado) corrió a ocultarse, los Dragones guardianes salieron de donde estaban para ver que ocurría y al mirar el cielo se pusieron sus armaduras y volaron.

Los Dragones enemigos eran más grandes y más numerosos que los soldados del reino, así que los guardianes fueron derrotados en poco tiempo, los Dragones comunes del reino vieron la crueldad con que eran tratados los soldados que salieron volando para unirse a la batalla.

El rey sabía que había pasado, sabía que todo era obra de Drakxon. Al poco tiempo entraron dos de sus guardias.

—Señor, tenemos ordenes del general Walbrock para sacarlo de aquí—le indicó uno de ellos.

—No me iré sin proteger a mis reino—les contestó.

—Señor, por favor—le pidió uno de ellos.

El rey Draykon se enojó y les dio un gran puñetazo en la cara a ambos, así que los soldados salieron sin él. Lord Blake, Gallaren y Jack estaban en sus habitaciones, éste último les estaba hablando sobre un plan que tenía para atrapar a Drakxon, pero cuando escucharon gritos y fuertes temblores salieron para ver que ocurría y se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo.

El rey Draykon pasó frente a ellos, lord Blake notó en él una fuerza igual o mayor que cuando era un joven príncipe, la el coraje y valor acumulado por muchos años iba a salir.

—¿Qué está sucedieno, señor? —le prgeuntó Jack muy preocupado.

—El ejército de Drakxon ya está aquí—le contestó.

—Debemos luchar—dijo lord Blake.

—No podremos hacer nada—dijo Gallaren.

—Los necesito—les dijo el rey.

Así que el rey los sujetó fuertemente y los llevó hasta el campanario, ahí tenía un par de ballestas, les ordenó que lucharan desde ahí y después de eso les indicóque él se uniría e la batalla, a pesar de su edad, los humanos no dudaron en que él podía hacer algo, así que extendió sus alas y, destrozando el techo del campanario, salió volando. Tres Dragones enemigos lo vieron y se confiaron de cómo lo vieron para ir por él y matarlo.

El rey Draykon no podía pensar en nada más que tres cosas: su reino, la paz eterna que quería para toda la historia y en sus hijos. El rey sacó sus garras y les dio lucha a estos tres Dragones, que cayeron abatidos hacia el suelo.

Al poco tiempo se inició una gran batalla en el aire, pero los Dragones de Drakxon eran más fuertes, el único que les pudo dar batalla fue el rey Draykon. Lord Blake, Gallaren y Jack hicieron lo que se les había pedido yfueron de gran ayuda.

Lejos de ahí, a miles de kilómetros del reino, caminando por un valle que aún brillaba por el hermoso y radiante sol estaban los dos Dragones y los muchachos, creyendo que el reino estaba seguro y que todos se preocupaban en que ellos estuvieran bien, así que todo el camino estuvieron muy tranquilos ignorando la crueldad que sufrían en Legardyam.

Ferowyn y los muchachos estaban charlando en su camino, ella les contaba historias sobre su pueblo y los muchachos también le contaban acerca de nuestras costumbres; Ferowyn tenía mucha curiosidad sobre lo que hacían las humanos, pero lo que más le inquietaba era saber por que los hombres eran crueles, por que todos deseaban el poder y por que todos se enloquecían por lo que ella había escuchado que llamaban dinero. Todas sus interrogantes no pudieron ser contestadas por ellos, pues incluso los muchachos desconocían esos sentimientos hostiles que el hombre tenía.

Fargon caminaba detrás de ellos, sin hablar con nadie, excluido de aquel momento, Octavio notó que estaba muy pensativo y sintió que algo le angustiaba, así que decidió ir hacia él para ver que le ocurría.

—¿Te ocurre algo?—le preguntó.

—Gracias—le contestó Fargon con una voz muy seria.

—¿Gracias, por qué?—le inquirió algo confundido.

—Tú me salvaste—le aclaró—, a pesar de cómo te traté.

—Bueno, a pesar de todo, eres un ser vivo y mereces vivir—le respondió.

—Esa red y con esos golpes pude haber muerto—le explicó—. A partir de ahora te debo la vida.

—Gracias, pero no aceptaré eso—le dijo Octavio.

—Bueno, pero debo de haber algo con lo que pueda pagarte—continuó Fargon—, lo que detesto en esta vida es deberle algo a alguien.

Mientras los muchachos y sus compañeros Dragones caminaban, escucharon una melodía que hace siglos no se escuchaba en Legardyam, una melodía que sólo se había escuchado en los tiempos de vida y paz, una melodía que no cualquiera conocía.

Trataban de encontrar el origen de esa melodía, al voltear Octavio vio la punta de un bastón de madera asomándose sobre un par de arbustos, Octavio se lanzó sobre los arbusto y detuvo a un pequeño anciano, con la cara arrugada, con una piel color verde, con una calva cabeza que brillaba con el sol y una larga barba que arrastraba por el suelo. El anciano dejó caer su bastón.

—¿Quién eres?—le preguntó Octavio después de sacar su espada.

—Descuida, hijo—le dijo el anciano con una voz ligera y quebrada.

Los demás se acercaron para ver a quien había atrapado Octavio, cuando el anciano vio a los Dragones se quedó más que sorprendido.

—Deberían estar peleando—les señaló.

—Peleando, ¿por qué?—preguntó Fargon.

El anciano no les dijo nada, solamente se levantó del suelo y recogió su bastón y empezó a caminar apoyado en su bastón, los muchachos, al no ver peligro alguno en él, decidieron seguirlos. Subieron por una inmensa colina, aunque todos querían saber a que se refería el anciano, él no les dijo nada, sino hasta que llegaron a una cueva, donde aquel anciano vivía, llegaron hasta altas horas de la noche.

La cueva estaba adornada como una choza, tenía una cama, una mesa con sus silla y un armario lleno de platos, tazas y cubiertos; el anciano golpeó el suelo tres veces con su bastó y en medio de la cueva apareció una fogata, el anciano recargó su bastón en una de las paredes de la cueva y se sentó enfrente de la fogata, los muchachos e incluso los Dragones pudieron entrar y se sentaron alrededor de la fogata.

—Ahora explíquenos que nos quiso decir—le pidió Fargon.

El anciano pasó su mano sobre el fuego de la fogata tres veces, la llama de fuego comenzó a dar varias vueltas, los muchachos se asomaron para ver que iba a ocurrir, cuando de repente se formó una imagen del Legardyam siendo destruida por el ejército de Drakxon, una imagen donde se escuchaban los gritos de dolor y sufrimiento, una imagen donde había varios Dragones muertos en las calles.

—¿Eso será lo que pasará si Drakxon gana?—preguntó Octavio.

—Eso es lo que está pasando—les contestó el anciano.

Fargon se levantó y se dirigió a la salida, Octavio fue detrás de él.

—¿A dónde vas? —le preguntó.

—A ayudar a mi reino—respondió.

—No, no puedes—le dijo—, debes seguir con nosotros, debemos encontrar la torres Dragonium.

—Debo ir a luchar—le indicó.

—Si, puedes ir—le dijo Octavio después de un cruel silencio. Fargon estuvo apunto de salir volando, pero Octavio le dijo—: Pero si pierdes, si mueres como los demás, quien continuara con esto, quien nos ayudara.

—Ustedes pueden—dijo Fargon.

—Tenemos un pacto—le recordó Octavio antes de que el saliera volando.

—¿Cuál pacto?—le preguntó.

—Me debes la vida, y aunque no quise hacer esto, es la única forma de detenerte.

Fargon, aunque quiso huir, era fiel a su palabra y no le gustaba tener deudas con nadie, así que regresó y obedeció a Octavio. Ambos entraron a la cueva de nuevo y se sentaron con los demás.

—Mi nombres es Fasyelt—se presentó el anciano—. Hace años trabajé para el rey en su Junta del Fénix Dorado, era uno de su investigadores sobre la vida humana.

Cada uno de los muchachos se presentó, pero el anciano parecía ya conocerlo, por que les dijo varias cosas de su vida, cosas que sólo ellos conocían: por ejemplo que Alizée dio su primer beso en un baile escolar, o que la familia de Tom tenía a un leopardo de mascota, o que Aliana se había hecho una cicatriz en la rodilla izquierda por jugar en el tejado; todo eso se los reveló y los muchachos se quedaron atónitos.

—¿Cómo sabe todo eso?—le preguntó Tom.

—Conozco varios secretos de los humanos—les respondió—, ese es mi trabajo.

—¿Usted sabe algo sobre la torre Dragonium?—le preguntó Alizée.

—Yo los puedo llevar—respondió Fasyelt.

Ferowyn se agachó sin que nadie se lo pidiera y les indicó que subieran, el aciano caminó y subió en el largo y escamoso cuello de la Dragona, después subió Alizée, Tom, Cinthia y Aliana; Octavio estaba a punto se subir, pero Fargon lo detuvo y lo montó sobre su lomo.

Los dos Dragones salieron de la cueva, desplegaron sus alas y se alzaron en vuelo, el anciano les iba indicando el camino mientras ellos le obedecían.

Pero en Legardyam las cosas eran muy diferentes, los soldados ya estaban muertos, no había esperanza y Drakxon sólo tenía que hacer una cosa para obtener su titulo de rey. Drakxon estaba caminando por las oscuras y crueles calles del reino, con el señor Weinston y Drake montados sobre él, Drakxon iba caminando hacia el castillo real, pero en la entrada fue interceptado por el rey Draykon, él estaba herido, peno no cansado, aún podía mantenerse en pie.

—Veo que los años han pasado por ti—comentó Drakxon.

El rey Draykon ni siquiera pestañeó ante el comentario de aquel Dragón que años atrás había sido encerrado por él. Drakxon bajó a los dos humanos de su lomo, los dos Dragones se clavaron las miradas y empezaron a correr uno hacia el otro, saltaron y en el aire se agarraron en una pelea donde se dieron mordidas y golpes, después soltaron y comenzaron a volar al mismo tiempo que se arrojaban bolas de fuego. Su pelea fue el blanco de todos los espectadores. Tres de los secuaces de Drakxon fueron para ayudarlo, pero Gallaren y Jack les dispararon con las ballestas.

Los dos Dragones peleaban como los verdaderos guerreros, usaban todo para vencer a su oponente: se lanzaban enormes llamaradas de fuego, se golpeaban con sus garras y se clavaban sus colmillos. Al poco tiempo los dos aterrizaron cansados, agitados y sangrando.

—Tú me quitaste lo que me pertenecía—le reclamó Drakxon.

—Claro que no—le dijo el rey—. El único responsable de que hayas perdido tu trono fuiste tu mismo, hermano.

Todos se quedaron sorprendidos, incluso el mismo Jack, a quien el rey jamás le había revelado tal secreto.

A pesar de eso, Draykon y Drakxon se veían como los peores enemigos, así que continuaron su batalla aérea, se elevaron tan alto que se perdieron de la vista de los humanos, lo único que se podía notar era la luz de sus llamaradas. El cielo se nubló, comenzaron haber relámpagos y truenos y una brutaltormenta arrasó en ese momento.

La batalla entre ambos Dragones era a muerte, usaban todo para acabarse, no importaba el costo, cada uno quería la victoria, pero Drakxon aún conservaba sus poderes de juventud, mientras que Draykon ya estaba débil y cansado.

Draykon no aguantó mucho, sentía un gran dolor, sus heridas le pesaban más que un costal de rocas, Drakxon aprovechó que estaba débil y voló rápidamente hacia él, le clavó sus garras en el cuello, comenzó a asfixiarlo y lo dejó inconsciente, fue entonces que lo tiró, el rey Draykon cayó, todos lo vieron descender a gran velocidad y al caer hizo un gran cráter en el suelo; los secuaces de Drakxon lo encadenaron y, por orden de su amo, lo llevaron a la Cueva del Sufrimiento, donde sería torturado como todos los presos.

Gallaren, Jack y lord Blake todavía no eran descubiertos por Drakxon, así que se escondieron en la habitación que les habían dado y esperarían el momento oportuno para ayudar al rey.

Guiados por el anciano, los muchachos y los Dragones llegaron a un desolado valle oculto tras una cordillera, no había nada en kilómetros a la redonda, ni un alma se veía cerca, sólo había tierra y desolación a donde quiera que voltearan, sólo había eso. Fasyelt descendió del lomo de Ferowyn, al igual que los muchachos.

—¿Y donde está la torre Dragonium?—le preguntó Aliana.

—Se supone que debería de estar aquí—respondió.

—Mira anciano, si esto es una trampa te juro que... —trató de decir Fargon, pero el coraje no lo dejó pensar.

—Miren—señaló Cinthia frente a ella.

Todos voltearon y de la nada apareció una mujer muy bella, de cabello plateado, con un vestido de ceda color verde, una mascada del mismo color que le cubría la parte baja de su rostro y sólo mostraba sus seductores ojos color miel.

—Ella esa la Protectora—les presentó Fasyelt.

—También me pueden llamar Dalzea—les indicó—. Pero aquí no estamos para formalidades.

—¿Usted sabe donde está la torre? —le preguntó Alizée.

—La torre puede estar aquí, allá o no estar—respondió Dalzea.

—Entonces, ¿la torre no existe?—inquirió Tom.

—Sólo para el que quiere verla—contestó.

Dalzea se quitó la mascada para mostrar su bello rostro completo, se acercó a los muchachos e hizo un ligero movimiento con su muñeca, los muchachos no sabían que había hecho, hasta que del suelo emergieron dos grandes estacas, y en la arte superior apareció otra que las unió, entonces se formó una puerta que llevaba a ningún lugar

—Fargon y Ferowyn—pronunció Dalzea.

Ambos caminaron hacia Dalzea y se pararon enfrente de ella.

—Ahora quiero que escojan a sus jinetes—les pidió.

—¿Jinetes?—preguntó Ferowyn.

—Entre estos jóvenes están los posibles reyes—los muchachos se sorprendieron—, ustedes deben saber quienes y elíjanlos para que vallan por el Camino Legitimo—les explicó.

Ferowyn vio a todos, pero no supo a quien elegir, Dalzea se acercó a ella, le acarició la nariz lentamente y le recitó algunas palabras en el antiguo idioma Dragón, Ferowyn volvió a ver a todos y sin pensarlo, escogió a Alizée.

Fargon se aproximó a todos, los muchachos sintieron un gran miedo al verlo, como si fuese un enemigo apunto de atacarlos, aún conociéndolo como un Dragón bueno, se sentía como estar frente a la muerte; Fargon levantó su mano y sujetó a Octavio para colocarlo sobre su lomo y así regresó junto a Dalzea.

—Crucen la puerta—les indicó—. Esta puerta los llevará por el Camino Legitimo, un camino al que sólo han sobrevivido pocos.

—Entonces, ¿debemos pasar un camino y llegaremos a la torre?—le preguntó Octavio.

—Averígualo—le contestó.