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Historia 43067 — capítulo 16
La mujer canturreaba tranquilamente. Intentaba alejar la idea de que su marido estuviera fuera en Nochebuena. A quien se le ocurría, organizar un partido el día veinticinco― suspiró―. Al menos su hijo estaba en casa por Navidad ése año. Había conseguido convencerle para que saliera de Hogwarts unos días. Retirarle del colegio estaba prohibido por orden ministerial, pero las vacaciones eran otro cantar― pensó.
― Mamá, ¿donde has puesto mi varita?― Era la voz de su hijo desde la habitación contigua. La mujer sonrió mínimamente, se levantó de la silla de la cocina y dijo:
― Está en tu cuarto, Derek. Será mejor que te vayas a dormir, o no podrás abrir los regalos mañana― dijo con picardía mientras se arreglaba su pelo en un moño su largo pelo rubio.
― Mamá..... tengo diecisiete años, no hace falta que juegues así conmigo― rió su hijo. Desde fuera de la ventana un cuervo graznó en un arbol del jardín. La cara de Freyja palideció por momentos.
― Hijo, vete a dormir.― Le dijo a Derek, que seguía en la habitación colindante. El chico replicó, pero la insistencia de su madre hizo que subiera las escaleras camino a su cuarto. Acto seguido, la mujer abrió la ventana de la cocina para dirigirse al pájaro.
―¡Fuera de aquí!, No tengo nada que ver con vosotros y lo sabes. ¡No... no entres!― El cuervo aprovechó la ventana abierta para colarse en la estancia. Allí la silla que la mujer había dejado desocupada hace unos instantes. Era un cuervo grande y negro, pese a ello, parecía enfermo, pues le faltaban muchas plumas y estaba raquítico.
―¡Fuera, Céo. No quiero tener nada que ver!
―¿Así saludas a un viejo amigo?― Donde estaba el cuervo ahora le saludaba un hombre de pelo negro y mirada temblorosa. Estaba extremadamente delgado, como si estuviera a punto de morir por inanición. Además tenía unas ojeras frondosas. Freyja Altae calló, estaba nerviosa, pero no dubitativa. Céo también parecía nervioso.
― Necesito tu ayuda.―limitó a decir.
― No quiero tener nada que ver con vosotros― La voz de la señora Altae tembló.
― Yo ya no estoy con ellos. Me buscaron un sustituto. Huí de la emboscada que me tendieron.― Los ojos de Céo se pusieron en blanco, como su estubiera recordando con claridad ese momento.
― Hace años que os lo dije, a ti y a Iapetus. Nos quisieron captar a todos los de nuestra promoción en Durmstrang. Y ahora mira, Iapetus ha muerto y tu vas por el mismo camino.
―Necesito un sitio donde no me encuentren..... Freyja, por favor....... por los viejos tiempos.― Suplicó el hombre.
― ¡No! ¿Y que pasará si averiguan que te he ayudado, eh?, ¡Por las barbas de Merlín, tengo una familia!
― ¡Si no me ayudas estaré muerto!, ¡Por favor!, Me encontrarán y acabarán el trabajo. Ahora me quieren muerto porque fallé en mi misión y ya no soy válido para los Titans.... cometí un grave error.
―Fuera― dijo ella, con nerviosismo, pero autoridad.
― Freyja....
― ¡Fuera!― La mujer se incorporó levantando su varita contra Céo, pero no pronunció ningún hechizo. Éste se quedó mirando fijamente la madera, con pasmosa tranquilidad. Acto seguido suspiró para transformarse en el cuervo famélico de antes y volar fuera. Freyja se quedó mirando a su viejo amigo hasta que se perdió en el horizonte.
― Pájaro de mal agüero― Musitó. Freyja se sentó otra vez. El corazón le latía protestándole por no haber ayudado a su viejo amigo. No obstante, sabía que había hecho lo correcto. La mujer se quedó mirando el reloj familiar, preocupado por su marido. No obstante, era su aguja y la de su hijo las que marcaban Peligro Mortal. En ese momento tocaron a la puerta tres veces. La mujer abrió los ojos de par en par.
― Mamá, ¿quien es?― Se oyó a Derek desde su cuarto.
― Debe ser la vecina para desearnos Feliz Navidad. Sigue durmiendo― Mintió la mujer. Derek gritó asintiendo desde su cuarto, y su madre supo que no volvería a molestarla. Rápidamente se acercó a la puerta, volvieron a tocar, pero ella no dijo nada. Puso su mano sobre el pomo y se detuvo, meditando por la situación. Estaba en peligro mortal. Lo ponía en el reloj. Freyja cerró los ojos y suspiró.
― Vamos mujer, se que estás ahí― Una voz que la mujer no había oído desde hace mucho era la que le hablaba. No obstante, ella la reconoció al instante. Finalmente, reuniendo el valor que podía, abrió la puerta. La sobria y falsa sonrisa de Basilisk se le apareció detrás de la puerta.
― Feliz Navidad― dijo el subdirector de Durmstrang, aunque solo por cortesía. Finalmente apartó a la mujer del medio y entró en la casa de forma brusca. Se paró en el recibidor. Por su pose parecía un antiguo noble que esperaba en la recepción de palacio. La mujer, por su parte, se ataba correctamente la bata del pijama.
― ¿Sabes porqué estoy aquí, verdad?― preguntó inquisitivamente.
― ¿Que quieres?― La preocupación de la mujer era evidente. Ya no tenía un tono saludable de rosa en la cara, sino que estaba tan blanca como la cera.
― Vamos, Freyja, hicimos un trato hace unos años, ¿recuerdas? Nosotros no hacíamos nada a tu hijo y tu nos ayudabas si era necesario.― la mujer escuchó esas palabras con asco. No obstante, se recordó para sí mismo que ese trato era el que había hecho que el hombre que tenía enfrente en ese momento no matara a su hijo el día que mató a su amigo Vincent.
― ¿Que quieres?― Se limitó a repetir la mujer. Acto seguido tragó saliva. Basilisk suspiró relajado.
― Neodits, Iapetus, Céo, tu.......― empezó a nombrar― Erais una gran promoción de alumnos. Me acuerdo porqué os graduasteis el mismo año que empecé a impartir docencia en Hogwarts. Conseguimos captar a Céo y a Iapetus.... no obstante tu y tu amiga nunca estubisteis realmente interesadas.― La mujer se preguntaba a donde conducía esa conversación, pero se calló y siguió escuchando― Unos años mas tarde Neodits volvió a Durmstrang como profesora de Adivinación, lástima que hace cuatro años rompiera definitivamente su relación con los Titans y se fuera a Hogwarts.
― Si lo que quieres es saber cosas de Neodits, yo no se nada― sentenció Freyja. Basilisk rió.
― Lo sé. Esa arpía no se arriesgaría a contar nada, ni siquiera a su mejor amiga. Dudo incluso que tu o ella os hayais atrevido a contarle a vuestro hijo que soi, o erais, amigas.― La mujer evitó los ojos de Basilisk y miró fijamente al suelo.
― Siempre fuiste muy precavida, Freyja. Has sabido mantenerte al margen todos estos años y eso es lo que te ha mantenido con vida a ti y a tu familia. Ahora tienes que cumplir tu parte del trato.
― ¿Que tengo que hacer?― La voz de la mujer era muy débil en ese momento.
― En primer lugar, tienes que decirme si Céo a venido a verte. Ese inútil debe morir. Ya sabes que su propia vida es un escollo para los planes de los Titans.― basilisk se quitó y limpió las gafas mientras hablaba, como si sus palabras fueran poco más que una conversación informal entre amigos.
― No se nada de él desde que nos graduamos en Hogwarts.― Basilisk miró a la mujer a los ojos durante unos minutos de forma inquisitiva. Se hizo un gran silencio.
― Siempre fuiste muy buena en Oclumancia, Señora Valk― rió Fobos― No tengo más remedio que creerte. Si lo ves no dudes en decírmelo, por tu propio bien y el de los tuyos.― Freyja asintió. El miedo se le iba yendo poco a poco del cuerpo, no obstante, la presencia de Basilisk le recordaba a peores épocas de su vida.
― Dentro de unos meses te necesitaremos, ¿de acuerdo?. Tendrás que cumplir tu trato al igual que yo cumplí el mio en el torneo de los tres magos.― Freyja asintió, los labios le temblaban y no se atrevía a hablar.
― Yo me voy ya. Te dejo pasar la navidad en familia. ― Basilisk se dio media vuelta para salir de la casa― Por cierto, hablando de familia, tu sobrina Lilith te manda recuerdos.