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Historia 43067 — capítulo 15

Virgil podía observar como nevaba en el exterior del Gran Comedor. La chica adivinaba a ver como el manto blanco cubría completamente los terrenos de Hogwarts y que cuando se levantara al día siguiente abriría los regalos (normalmente sólo el de su tía, sus abuelos y posiblemente el de Lancelus) con la mañana recibiéndola completamente helada.

El Gran Comedor estaba casi vacío en esa Nochebuena. Era deprimente, pero comprensible ― pensó la chica, acordándose de las numerosas desapariciones― .No. Ese no era el momento para ponerse triste por Christie y Athene. Estarán bien. Tienen que estar bien.

La pelirroja se esforzó en sacar de su mente a sus amigas, y para ello se fijó en la única mesa ocupada. Era tan pocos los que se habían quedado a pasar la navidad en la escuela que con una única mesa bastaba para reunirlos a todos, incluyendo al profesorado. La mayoría de los alumnos se fueron a la calidez de su hogar para huir de las desapariciones al menos durante una semana, incluidos Derek y sus amigos. Virgil había rechazado la propuesta de Lancelus de pasar la navidad con su familia, y pese a la insistencia de su tía para que fuera con ella a pasar las fiestas con los suyos, la pelirroja prefirió quedarse para ver que podía averiguar, lo cual hasta el momento había sido en vano.

― ¡Virgil, aquí!― La llamó Lancelus, que al ver como la chica no iba a irse del castillo en esas fechas, prefirió quedarse con ella. El chico le había guardado un sitio entre él mismo y una asustadiza alumna de segundo. Virgil miró a todos lados, casi no conocía a nadie aparte de Lancelus, sólo a algunos de vista, y la mayoría eran de los primeros cursos. Incluso entre los profesores faltaba personal. Seguramente habían preferido pasar la navidad con los suyos antes que en un sitio donde a los alumnos se los tragaba la tierra. Virgil se fijó y sólo distinguió al profesor Hagrid y a la directora McGonagall, que cuchicheaban entre ellos. Ni rastro de Neodits o de Longbottom. Tampoco el conserje nuevo daba signos de estar en el castillo esa noche.

― Muy buenas noches a todos ― dijo la directora― . Como habrán podido comprobar muchos de los nuestros se han ido a pasar la Navidad fuera. Pues bien, no permitiremos que ésto nos amargue una noche tan especial. Esperaremos al profesor Longbottom, que parece retrasarse, y si son tan amables cuando vuelva empezaremos la celebración― .Acto seguido la mujer se calló y volvió a sentarse. Los alumnos empezaron a hablar animadamente.

― Ese Longbottom se habrá ido a pasar la navidad con su familia. Dicen que está casado con la dueña de El Caldero Chorreante, así que no será de extrañar que se haya arrepentido a última hora de quedarse aquí y se haya ido a Hogsmeade― sentenció Lancelus. Virgil no abrió la boca, sino que se fijó en la directora. Parecía preocupada mientras hablaba con Hagrid. Sea lo que fuere que estaban cuchicheando, hizo que el semigigante se levantara y saliera del Gran Comedor. Para cuando volvió, Virgil afinó el oído para escuchar al profesor.

― No está en su despacho, Minerva― .La mujer asintió para susurrar a Hagrid.

― Buscalo por el castillo, y si es necesario por los invernaderos― .El profesor volvió a salir del Gran Comedor mientras la directora se dirigía a los alumnos.

― Bien. Parece que el profesor Longbottom se encuentra indispuesto. Así pues, empecemos nosotros con esta suculenta cena― . Al instante platos llenos de apetitosos manjares aparecieron delante de Virgil, que intentó aislarse de lo que acababa de oír para centrarse en cenar y conversar con su novio. A los diez minutos, Rubeus Hagrid entró en el Gran Comedor abriendo la puerta de una patada que hizo girarse a todos los presentes. En sus brazos llevaba el cuerpo inconsciente del profesor de Herbología. Los gritos de los pocos presentes inundaron el Gran Comedor. Virgil se quedó en estado de shock mientras los demás alumnos corrían descabezados por el Gran Comedor. La chica se decidió a acercarse al gigante, que hablaba con la directora.

― Hagrid, ¿que pasa?― Preguntó McGonagall mientras Virgil estaba a una distancia prudencial para que no advirtieran su presencia. El profesor estaba pálido y tardó en reaccionar. Pese a ello la directora no le presionó.

― Son los alumnos... los que no están. Los que se fueron sin dejar rastro están atacando el ala norte. Neville estaba allí. Seguramente intentó pararlos, pero cayó. Yo intenté calmarlos, pero parecían.... poseídos. No estaban en sus cabales. Me atacaron. Pude huir y recoger a Neville― . El profesor miró al cuerpo inerte del herbólogo.

― Tenemos que intentar hacer algo. Los alumnos deben volver a las salas comunes. Luego nos ocuparemos de los que nos atacan― . Sentenció la directora.― ¿Cuantos son?

― Están todos atacando. Sobre medio centenar― . Hagrid parecía asustado. Al decir esta cifra, la directora abrió los ojos por la gran cantidad de atacantes durante un solo instante. Luego recuperó su temple habitual.

― Señorita Driad, ocúpese de llevar a los Ravenclaw a su sala común. Una prefecta de séptimo como usted debería ser capaz en vista del poco personal del que disponemos esta noche. Confío en usted.― .Dijo McGonagall, relevando que era perfectamente consciente de que Virgil estaba allí. La chica estaba también conmoccionada.

―Señorita Driad, ¿Me está escuchando?― Virgil asintió mínimamente con la cabeza. Estaba tremendamente pálida. Acto seguido reunió a los Ravenclaw presentes. Por suerte no eran muchos. Sólo Lancelus y tres más, dos niñas de cuatro curso y un chico de sexto.

Inmediatamente salieron del Gran Comedor.

― ¿Que está pasando?―. Preguntó Lancelus mientras corrían por los pasillos siguiendo a la pelirroja. ―¡Virgil!―Gritó su novio para llamarle la atención.

― El profesor Hagrid decía que nos atacaban. Son ellos.... los que han desaparecido... Christie y los demás.― La chica echó a llorar y Lancelus la abrazó. Pero ese instante de tranquilidad duró hasta que oyeron el grito de una de las alumnas. Cuando Virgil se giró, vio venir una decena de personas con paso lento y pesado, como si estuvieran en una procesión. La chica distinguió a varios de sus compañeros entre ellos.

―¡¿Christie?!- Se extrañó la pelirroja. Entre las figuras inexpresivas que se acercaban se encontraba la de su amiga. Hagrid tenía razón. Estaban en un estado de trance, como sonámbulos en medio de la noche, pero moviéndose con una terrorífica sincronización. Virgil se acercó a su amiga, pero antes de poder dar más de cinco pasos en su dirección, Christie levantó la varita y lanzó un potente hechizo sobre ella. Virgil cayó de espaldas, pero enseguida se levantó dolorida.

― ¿Puedes oírme?, Soy yo, Virgil, tu amiga. ¡Por el amor de Dios, vuelve en tí!― La única respuesta que obtuvo fue otro hechizo.

― ¡Corre! ―exigió Lancelus. La chica no sabía como reaccionar. Enfrente suya no tenía a su amiga. Parecía como si su cuerpo se moviera sin voluntad propia. Estaba como hipnotizada, al igual que las otras personas que la acompañaban.

―¡Virgil, vámonos!― Lancelus tiró de la manga a la chica, pero ésta no se movió. Las piernas no le respondían. Simplemente no asimilaba lo que estaba viendo. Era imposible.

Una de las figuras lanzó otro hechizo, pero esta vez Lancelus apartó a Virgil de la trayectoria. Ese instante hizo reaccionar a la chica, que se alejó junto con el grupo esquivando hechizos que les lanzaban.

― ¿Puedo pasar?― dijo desde detrás de la puerta una voz grave. Basilisk asintió desde la mesa de su despacho para dejar pasar a la también alta y corpulenta figura de Gargant. Éste enseguida se dio cuenta que su superior parecía enfadado. Y eso no era una buena señal.

― Siéntate― Pronunció Basilisk con voz calmada. No era una petición, sino una orden. Gargant se asustó, pero intentó que no se le notara. Visto desde fuera, era incluso gracioso que una figura tan alta se mostrara tan débil, como un niño al que su padre regaña.

― El jefe está furioso― dijo Basilisk, esperando la reacción de Gargant.

― ¿Porqué?, Mosag y yo seguimos vigilando a la familia de Biggs en Numerbarg y ya matamos a Tartessus.

― No es por eso, tiene otros motivos para estarlo― añadió Basilisk. Gargant tragó saliva, pero Basilisk continuó hablando. ―hace unas horas los sujetos del proyecto Sangre Nueva han atacado Hogwarts. Eso no estaba en el plan. El Titans encargado del asunto ha actuado por su cuenta. Por suerte no ha habido victimas entre los alumnos. No hubiera sido conveniente.

― ¿Vais a reemplazarlo?― Se atrevió a preguntar Gargant poniendo una cara de embobado.

― Debido a los métodos que hemos usado para controlar a los sujetos, ese hombre es insustituible. Es el único que puede controlarlos. Aparte de eso, hay más― Gargant tragó saliva. ― Cuando fuisteis a captar al último Titans para que se nos uniera, os dijimos que eliminarais a Ceo. ¿Mosag y tu lo hicisteis?― Gargant asintió con la cabeza.― Me temo que tu Oclumancia no tiene nada que hacer contra mí. Mientes.― sentenció el subdirector. Gargant calló.― Mosag es mucho mejor oclumántica que tu, deberías aprender de ella.

― Por favor... no nos matéis.... lo enmendaremos― Suplicó el chico.

― Esta vez os habéis librado gracias a los servicios que prestasteis en la Copa de los Tres Magos, pero si volvéis a cometer otro error...― Basilisk pasó su dedo por su cuello a modo de degollación. Gargant se estremeció.― Yo me ocuparé de ese asunto a partir de ahora. Tu vuelve con Mosag.

La risa se oyó por toda la amplia sala. Era un sonido desagradable debido a que la voz que lo emitía era grave, pero nada profunda. Era un hombre encapuchado que parecía haber ganado algún complicado juego, y se felicitaba por ello. Enfrente suya unas cincuenta figuras formaban perfectamente sincronizadas. Tenían los ojos cerrados, como si estuvieran descansando de pie, y parecían robots esperando ser activados.

― Has tenido una gran idea. Me he divertido mucho― dijo el encapuchado. A su lado una voz de mujer le respondió de forma aburrida.― Y sin consecuencias.― El encapuchado volvió a reír.

― Me alegro que me ayudes, no sabía que alguien como tú podría estar interesada en el plan que me han encomendado.

― Digamos que juego en mi propio bando, y que éste no está reñido con el tuyo.... mas bien es complementario― respondió la voz monótona.

― Habrá que repetirlo. Me encanta ver sufrir a mis antiguos compañeros.

― Tendrás que esperar un tiempo. Hasta que las cosas vuelvan a su cauce.

― ¿Porque tendría que esperar? El control de éstos desgraciados lo tengo yo.― Se enervó el titans.

― Hasta ahora me has hecho caso y todo te ha salido bien. Creo que deberías seguir en esa línea― Le contestó la mujer. El encapuchado se calmó antes de contestar.

― Tienes razón Neodits, me alegro que estés de mi lado.