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Historia 43067 — capítulo 18
―¿Que es el amor?― Le preguntó el pomo de la puerta con forma de águila. Derek estaba terriblemente desconcertado ante la pregunta que el objeto le hacía.
―¿Qué?― El chico miró a Pólux y Galaad, que le acompañaban. Los dos le observaron con cara de póker.
―¿Seguro que la sala común de Ravenclaw está detrás de éste pomo? ―preguntó Derek.
― No. He debido confundirme con todos los pomos con forma de águila parlantes de este castillo― ironizó Pólux.
―¿Y si vamos a ver a Wotan sin Virgil?― preguntó Galaad. Derek negó con la cabeza y miró otra vez al pomo de la puerta.
―¿Que es el amor?― repitió éste. Derek suspiró resignado antes de contestar.
―El amor es preocuparse desinteresadamente por la otra persona. Darlo todo por ella― dijo decidido. Detrás suyo sus amigos rieron por lo bajo debido a lo cursi que había sonado aquello.
―Simple e incompleto, pero no deja de ser correcto― dijo el pomo otra vez. Inmediatamente la puerta se abrió, dejando pasar a los chicos a la sala común de Ravenclaw, donde nunca habían estado. La sala era grande y redonda, más ventilada que ninguna otra habitación en Hogwarts. Tenía ventanas de arcos en las paredes. En el cielo, estrellas pintadas decoraban sutilmente la sala, la cual estaba amueblada con mesas, sillas y , sobretodo, numerosas librerías. Al lado de la puerta para los dormitorios había una estatua de la fundadora de la casa, Rowena Ravenclaw. Nada más entrar los tres chicos Gryffindors, los alumnos de Ravenclaw que se encontraban en su sala común dieron unos gritos ahogados de sorpresa. Pólux saludó incómodamente con la mano a los allí presentes para rebajar la tensión.
―¿Y ahora?― preguntó Galaad.
―Tenemos que buscar a Virgil― respondió Derek decididamente.
―¿Buscarme para qué?― De unas escaleras de caracol bajó la pelirroja con una mirada confusa debido a ver allí a los chicos. Derek se acercó enseguida:
―Tenemos que irnos ahora mismo― Virgil se quedó mirándolo de forma confusa, pero asintió con la cabeza― Te lo explicaré.
Los cuatro chicos salieron de allí entre los cuchicheos de los demás Ravenclaws, bajaron las escaleras de espiral a paso firme y rápido y se dirigieron al cuarto piso:
―¿Donde vamos?― preguntó Virgil, al ver que se dirigían a una de las zonas menos frecuentadas del castillo.
―Verás― empezó a hablar Derek― Con todo lo ocurrido nos hemos encontrado en un punto muerto, ¿no? No tenemos ni idea de lo que pasa ni sabemos como continuar, sobretodo después de lo que pasó en Navidad― Virgil asintió recordando su encuentro con su amiga poseída― Pero entonces me acordé de lo que nos contó McGonagall hace dos años. La solución la tiene Wotan. ¿No te acuerdas? Wotan es el castillo. Él sabe todo lo que pasa aquí porqué Hogwarts y él son en esencia lo mismo.― Virgil miró emocionada a Derek, que continuó hablando― Por desgracia nadie sabía donde se ocultaba, excepto Tyler, que el año pasado pasó bastante tiempo con ese fantasma, así que le mandé una carta. Hace un rato su elfo doméstico me ha contado todo lo que Tyler sabe de Wotan, como donde se esconde. Y allí es donde vamos ahora- Derek prefirió omitir los datos sobre como Christie se había comunicado con su amigo, porque solamente serviría para preocupar a la pelirroja.
―¿Ya hemos llegado?― preguntó Galaad al encontrase de frente con un pasillo sin salida. Un frío muro de piedra se alzaba ante ellos.
―¿Y ahora que?― preguntó Pólux. Virgil miró a Derek, esperando una respuesta.
―Ragnarok― dijo éste. La contraseña funcionó y los ladrillos del muro cambiaron su forma para formar una puerta que daba a un largo y oscuro pasillo. Los chicos se aseguraron de que nadie les seguía antes de entrar iluminados por sus varitas.
―Ésto se pone interesante, ¿Verdad, Tyler?― El chico miraba a su oponente, Baldr, el túnica roja de tantos tatuajes y pendientes. El chico le había insistido en tener un duelo con él, y pese a que Tyler había renunciado en un principio, Baldr no estuvo dispuesto a no pelear pese a la negativa de su oponente.
―Astreos― susurró Baldr. Tyler esquivó el hechizo fácilmente, pero mientras lo hacía, su oponente le había lanzado otro que lo alcanzó de lleno.
―Así aprenderás a no liarte con las chicas de los demás― escupió Barld con odio.
―¿Lilith es tu novia?― adivinó Tyler, que no esperó a la contestación del chico. ― Pues fue ella la que vino a mí, no se si lo sabes― rió Tyler.
―¡Callate! ¡Tu no sabes nada!― gritó Baldr furioso― ¿Crees que fue por voluntad propia?― Preguntó irónicamente.
―Astreos― dijo otra vez- Tyler lo esquivó sin dificultad y miró furioso a Baldr por las palabras que acababa de decir. Con los ojos inyectados en ira formuló:
―¡Magnum!― El hechizo impactó en Baldr de lleno y lo empujó casi una decena de metros, cayendo inconsciente en el suelo y con una herida sangrante en la cabeza. Tyler respiró hondamente antes de contemplar como se formaba un gran charco de sangre alrededor de la cabeza de su contrincante.
―No te preocupes― dijo una voz autoritaria a su espalda. Tyler se giró para ver como Basilisk apuntaba con su varita a Baldr para hacer desaparecer la peligrosa herida. ―Se recuperará― dijo el subdirector. Tyler asintió con la cabeza.
―Buena pelea― sonrió éste. Tyler le devolvió el gesto amablemente.― Me gustaría hablar con usted, señor Fox― Basilisk recuperó su expresión más autoritaria para dirigirse al moreno. Tyler, no obstante, no se asustó.
―Usted dirá― respondió Tyler. Basilisk se quitó las gafas para limpiarlas, pese a lo pulcras que ya estaban.
―Primero de todo, me gustaría felicitarle por lo mucho que ha progresado en éste curso. No nos equivocamos al darle una túnica roja― Tyler sonrió, pero Basilisk continuó hablando― Me gustaría preguntarle si se acuerda de las clases de Historia de la Magia que yo imparto, de las lecciones que les doy sobre historia de la magia. ¿Se acuerda de todo, señor Fox? ¿Se acuerda de mis discursos sobre el mandato de una única figura sobre la comunidad mágica? ¿ Se acuerda de las teorías de facilitar el camino a un rey?― Tyler asintió decididamente. Basilisk sonrió levemente.― ¿Y está usted de acuerdo con ellas?― Tyler suspiró y calló unos segundos, pero finalmente respondió con un decidido sí.
―¿Y estaría usted dispuesto a ayudar en tal misión? ¿Ayudaría usted a que el rey gobernara? ¿Se uniría a su causa?
―Sí― respondió mirando a los ojos a Basilisk.
―Perfecto. Permítame decirle que ya es casi uno de los nuestros.
―¿Que hacéis vosotros aquí?― bramó Wotan con una expresión de auténtica furia en la cara. Derek, Virgil, Pólux y Galaad habían avanzado hasta lo que parecía ser una gran biblioteca circular. Allí se encontraba el fantasma de Wotan, que ahora les miraba con odio.
―Habéis profanado mi biblioteca― dijo finalmente.
―Si deja que nos expliquemos...― dijo Virgil, sin miedo ninguno. Algo sorprendente para tratarse de ella.
―¡Fuera!― gritó, apuntándolos con la varita.
―Por favor, escúchenos.― suplicó Derek― Virgil y yo contribuimos a que Áspid no acabara con usted hace dos años. ¡Al menos déjenos hablar!― Dijo Derek, relevando porqué había querido llevar a Virgil a ése lugar. Wotan bajó la varita.
―Está bien, explicaros― dijo aparentemente más calmado, pero con el mismo autoritarismo. Los chicos le contaron todo lo que había pasado y como habían llegado hasta él con la ayuda de Tyler. Le contaron todo lo referente a los desaparecidos.
―¿Nos ayudará?― preguntó Virgil, con una gran esperanza en su voz.
―No.― Dijo simplemente el fantasma mientras hacía un gesto para que se retiraran.
―¿Porqué? Usted ayudó contra las acromántulas. ¿Que es diferente ahora?― replicó la chica.
―Lo que tu dices puso en peligro el castillo, ésto no.
―¡¿Pero si los alumnos están desapareciendo!?― gritó la chica.
―¡¡No es Hogwarts quien corre peligro, sino sus habitantes. A mi eso no me importa en absoluto!!― Wotan adoptó una expresión terrible.
―Virgil, vayámonos― le susurró Derek. Virgil hizo caso omiso.
―¡No me iré hasta que usted no nos ayude! ¡Mis amigas han desaparecido y él puede ayudarnos a encontrarlas!― gritó también Virgil, enfrentándose a Wotan. El fantasma levantó su varita contra la pelirroja.
―Tres― dijo Wotan pausadamente, mirándola a los ojos.
―¡Virgil, déjalo!― gritó Derek.
―No. Es imposible que todo ésto no le importe nada de ésto.― le respondió la chica.
―Encontraremos otro modo... yo también quiero rescatarlos, pero así no lo conseguiremos.
―Dos...― siguió Wotan con la cuenta atrás.
―¡Ya hemos visto lo chiflada que estás, ahora toca largarse!― gritó desesperádamente Pólux. Virgil hizo caso omiso. Los labios le temblaban, pero siguió inmóvil, mirando como Wotan le apuntaba.
―¡A la mierda!― dijo Derek, que sacó su varita y apuntó a Wotan.― ¡Flipendo!― El hechizo lo atravesó. Derek recordó amargamente que Wotan, pese a su apariencia tangible, era un fantasma y por tanto la gran mayoría de los hechizos no le afectaban. Wotan hizo caso omiso a lo que el castaño acababa de hacer.
―Uno― Continuó. Derek se acercó corriendo a Virgil para intentar ponerla a salvo, pero ésta lanzó un hechizo que le hizo rebotar hacia atrás.
―¡Cuidado, Virgil!― gritó desesperado Derek.
―Magnum― dijo Wotan con una voz de ultratumba. De su varita salió un hechizo color gris plateado que dio de lleno en Virgil, la cual no intentó defenderse. La chica fue arrastrada hacia atrás y se golpeó fuertemente contra una de las estanterías llenas de polvorientos libros.
―¡Virgil!― Derek se acercó corriendo y la cogió a brazos como buenamente pudo. La chica estaba inconsciente, pero parecía no tener nada grave.
―El hechizo que acabo de hacer es Magnum. Tiene más potencia cuanto más odias a la persona a la que va dirigido. Y a mi esa chica me caía bien. ¿Queréis probarlo vosotros?― Dijo muy autoritariamente Wotan.
―Está bien, ya nos vamos― Dijo Galaad.
― Y no volváis nunca, u os mataré. Decidle también al señor Fox que ya nunca será bien recibido aquí.