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Historia 43067 — capítulo 19
La cabeza le daba vueltas y mas vueltas. La chica sentía que si abría los ojos se encontraría en una montaña rusa o algo similar, así que optó por intentar relajarse. Pronto notó el tacto de la almohada bajo su nuca, así que adivinó que estaba en una cama, seguramente de la enfermería. Virgil se acordó de golpe de lo que había pasado con Wotan, del hechizo que había recibido. De inmediato se incorporó buscando cualquier vendaje u otro síntoma que le indicara la repercusión de sus heridas. Afortunadamente parecía estar ilesa, siempre y cuando no tuviera en cuenta ese mareo persistente. La pelirroja suspiró hondamente al acordarse de la inutilidad de la visita a Wotan. Decenas de alumnos desaparecidos y nadie podía hacer nada por ellos.
― ¡Por fin despiertas!― Oyó la chica. Cuando centró su todavía borrosa vista, vio como la figura de Derek se acercaba lentamente a ella. ―Estaba preocupado por ti. Si te hubiera pasado algo, hubiera tenido yo la culpa. Yo te dije de ir allí...― Exclamó Derek. La chica se pasó los dedos por su frente para intentar despejarse, a los pocos segundos respondió.
―No fue tu culpa. Te acompañé por decisión propia. Me opuse a Wotan yo sola, tu no tuviste nada que ver.― Al oír ésto, Derek esbozó una pequeña sonrisa mezclada con preocupación.
―Suerte que estás bien― se limitó a decir el chico.
―Sabía que no iba a pasarme nada, al menos grave. A Wotan le interesa pasar mas o menos desapercibido y no meterse en problemas. Si algo me hubiera pasado a mí, hubiera sido contraproducente para él.― Expuso la chica. Derek se quedó callado ante el valiente razonamiento de Virgil.
―De todas formas, fuiste muy imprudente al hacer eso....― Contestó el castaño. Virgil le miró solemnemente.
―Ha llegado el momento en el que estamos obligados a lo que sea con tal de conseguir nuestros objetivos― La chica miró con sus ojos hipnóticos a Derek, que se quedó callado ante tal afirmación.
―Se que es difícil, Derek, pero en la situación en la que estamos no podemos seguir siendo los que se quedaban mirando o aportando ideas para que Tyler o Christie se enfrentaran a Áspid. Ahora somos nosotros, y nada más. Ya deberías haberte mentalizado de ello. Va a llegar el momento en el que debamos elegir entre hacer lo que debemos o quedarnos lamentándonos toda nuestra vida. Yo no tuve esa elección hace bastantes años y me ha estado marcando mucho tiempo. Ahora puedo hacer que eso no se repita de nuevo.
―Quien te ha visto y quien te ve, ¿Verdad?― sonrió Derek.
― Soy la misma chica de siempre, pero ahora ya no tengo miedo― respondió ella. Derek suspiró de nuevo mientras meditaba. Se acababa de dar cuenta que estaban en el mismo lugar donde ella le confesó sus sentimientos hace unos dos años, pero ahora todo era diferente, terriblemente diferente. Derek no sabía como, pero algo le decía que Virgil también lo notaba. Había un mundo de distancia entre los dos, pese a lo cerca que a Derek le gustaría estar, pero en medio de ellos estaba Lancelus... aparte de su propia incompetencia en todo este tiempo― se lamentó. Derek estaba a punto de decir algo para rebajar la tensión, pero en ese momento, lejanos gritos interrumpieron el ambiente relajado de la estancia. Eran gritos de pavor y angustia, suplicantes por su propia vida, ecos de algo que se producía no lejos de la enfermería..
―¿Que ha sido eso?― Preguntó Virgil mirando al chico, pero éste no supo responderle. De repente, Madame Pomfrey apareció con rostro preocupado y con la cara blanca.
―Gracias a Dios que mi paciente está bien.... estaba en los invernaderos recogiendo unas hierbas y.... no me hubiera perdonado si a la chica.....
―¿Que pasa?―preguntó Virgil angustiada, la enfermera palidecía por momentos.
―Es horrible― Balbuceó ― Creo que ésta es una zona segura, mejor nos quedamos aquí.
―¿Que pasa?― repitió, esta vez Derek.
― Chico, tu también quedate aquí. Los desaparecidos están atacando Hogwarts. Pero esta vez es una auténtica batalla― Sollozó la mujer ―Parece que intentan matar a todos los que encuentran a su paso.....― Al oír ésto, Virgil saltó de la cama de inmediato. Se quedó un segundo de pie mientras un leve mareo pasaba por su cabeza.
―¿Que haces?― Se sonrojó Derek al ver como la chica se cambiaba delante suya.
―¿Tu que crees? Vestirme para ir a por Christie y los demás.
―Señora Driad, usted se queda aquí― Dijo sin ninguna convicción la enfermera, que al ver como su paciente no le hacía caso desistió en el intento de detenerla.
―Derek, ¿Y Lancelus, donde está?― preguntó la pelirroja por su novio. El castaño tardó un poco en responder.
―En clase, creo. Por eso no estaba en la enfermería, y vine yo por si despertabas― dijo con un poco de amargor en la voz.
―¿Vienes, verdad?― El chico pareció dudar durante un instante, pero de inmediato cambió su cara.
―Vamos.
Tyler abrió la puerta del ya familiar despacho de Basilisk. Estaba extrañamente nervioso, como si sintiera que esa iba a ser una tarde memorable en su vida, que no lo olvidaría nunca. Nada más echar un vistazo a la estancia se encontró que no estaba solamente el subdirector, sino también otros dos túnicas rojas.
―¿Que hace él aquí?― preguntó Tyler de forma despectiva mientras señalaba con un movimiento de cabeza a uno de los presentes.
―Eso mismo pensaba sobre ti..... ― le contestó desafiante Baldr. Al lado del chico, Lilith le sonreía con cara casi angelical.
―Por favor, señor Fox, siéntese. Le estábamos esperando― dijo Basilisk desde su lado de la mesa. Tyler se acercó a una de las sillas libres, al lado de Baldr, que pareció gruñir desafiante cuando acabó de acomodarse el chico.
―En breves instantes ustedes se incorporarán a las filas del ejército real. Todo un gran privilegio. Permítanme decirles lo orgulloso que estoy de ustedes.― Basilisk se hinchó de coraje mientras una fugaz luz se pasaba por sus ojos.― No obstante, deben saber los tres que deberán pasar una prueba para demostrar su compromiso con nuestra causa.
―¿Una prueba?― Preguntó Tyler ― ¿Qué clase de prueba?
―Tranquilo señor Fox, no es nada que no puedan superar con facilidad. No es sino un simple trámite.― Tyler asintió con la cabeza. A su lado, Baldr rió tímidamente.
― ¿Tienes miedo, extranjero? Habrás aprendido nuestro idioma, pero sigues siendo escoria inglesa.― Se burló Baldr. Tyler sabía que únicamente lo decía para molestarle, no obstante, no podía tolerarlo, así que rapidamente metió la mano en el bolsillo donde guardaba la varita.
―¡Señor Fox, relájese!― bramó Fobos Basilisk con autoridad. Tyler obedeció al instante de forma dócil ante una orden directa.
― ¿Y cuando vamos a conocer al rey?― preguntó Lilith, que pese a que siguió mostrando su cara dulce de siempre, algo parecía decir que le incomodaba la tensión entre Baldr y Tyler.
― Nuestro líder llegará en cuanto pueda. Tiene otros asuntos que atender. Mientras, les sugiero que se relajen y pienses en el dorado porvenir que les espera. Yo ahora debo irme, volveré en cuanto pueda. ― Al decir ésto, Basilisk salió de su despacho, dejando en él a los tres chicos.
―Al final te han elegido a ti también ¿eh? Creia que íbamos a ser simplemente Lilith y yo...― susurró Baldr en cuanto la puerta se cerró.
― Lo que me extraña es que estés tu aquí después de la paliza que te pegué― le desafió Tyler.
― Nos han elegido a los tres ¿de acuerdo? No le demos mas vueltas.― zanjó Lilith. Baldr rió descaradamente.
― ¿Que te hace tanta gracia? ― preguntó Lilith angustiada.
― Que el inglés no tiene ni idea de nada. No sabe como le has manipulado para que acepte entrar en la organización.― Al oír ésto, Tyler abrió los ojos extrañado. Lilith se dirigió hacia él.
― Tyler, no te lo creas, ¿vale?― La chica intentó apaciguar los ánimos del moreno posando sus manos en su pecho.
―¡Cuéntale, Lilith, las órdenes que te dio Basilisk para que lo sedujeras!, ¡Cuéntale como te prohibieron contarle lo nuestro!
― ¿De que estás hablando?― Tyler apartó a Lilith y agarró por la túnica a Baldr , al cual lo levantó unos centímetros gracias a su mayor fortaleza física.
― ¡Callate Baldr! Tu estás celoso porque hace meses que no quiero saber nada de ti mientras que cada vez más me acerco a Tyler ¿verdad?― Respondió Lilith con cara de asco, como si estuviera perdonándole la vida a Bardl en contra de su voluntad.
― Lo que ti digas, Lilith....― Se resignó Bardl― Pero que lo sepas, inglés, en realidad no sabes donde te estás metiendo. Solo te han contado la parte en la que esta organización parece buena.
―¿Estás bien? Deberíamos parar unos segundos― dijo Derek al ver a Virgil. La chica había dejado de correr debido a un mareo repentino. Las secuelas del hechizo de Wotan todavía se notaban.
―Estoy bien, sigamos. No tenemos mucho tiempo. Esperemos que nada malo les haya pasado.
Derek estaba asustado. La situación era muy peliaguda, y pese a que era consciente que mantener la cabeza fría en momentos como ese era de gran ayuda, no podía seguir su propio consejo. En cambio, Virgil si parecía mantener la compostura pese a lo aterrador de tal escena.
Los dos chicos corrían ahora hacía donde los gritos de una gran batalla parecían proceder. Se dirigían a las proximidades del gran comedor lo más deprisa que sus pies les permitían. A lo lejos y amplificado gracias al eco que las paredes del castillo otorgaban, los aullidos de una batalla llegaban a los oídos de Derek y Virgil, que fingían no escucharlos para no encogerse de miedo.
Por fin llegaron a lo que parecía una batalla campal, los chicos se quedaron petrificados ante tal escena. Por un lado, decenas de cuerpos inmóviles yacían en el suelo, al parecer inconscientes. Por otro, los desaparecidos atacaban con una expresión inalterable parecida a la posesión fantasmal. Los desaparecidos tenían dominada la situación mientras que los alumnos y profesores que allí se encontraban hacían lo posible para defenderse. Se veía claramente que tenían auténtico miedo de poder hacer daño a los alumnos que, en contra de su voluntad, atacaban a sus compañeros. Derek pudo distinguir a Lancelus defenderse de los ataques de unos alumnos poseídos de segundo curso, mientras que Galaad se batía contra Bill, el cual tenía los ojos en blanco. A Derek casi le da un vuelco el corazón al ver pelear a muerte a dos de sus amigos.
―¡Christie!― gritó Virgil. Derek tuvo que retenerla para que no fuera corriendo hacia donde su mejor amiga estaba derrotando uno tras otro a alumnos de quinto curso. A Derek se le disiparon las dudas por completo de que estaban poseídos al ver la expresión inerte de la chica y observar una maestría impropia de ella con la varita. No manejaba su propio cuerpo.
― Derek, dejame ir― le suplicó la pelirroja. Derek hizo un gesto negativo con la cabeza. Que Virgil fuera donde Christie no solucionaba nada.
En ese instante escucharon un pequeño quejido unos metros mas a su derecha. McGonagall había caído derrotada, y los cuatro poseídos que la habían ganado fueron derechos a por Virgil y Derek.
―¡Flipendo!― gritó Derek sin dudar. El hechizo dio de lleno en uno de ellos, que pese a todo siguió andando.
―Petrificus totalus― dijo Virgil, también sin efecto. Los cuatro chicos avanzaron hacia ellos como autómatas. Derek ahora ya sabía porqué esos poseídos habían conseguido ganar tan rápidamente a los habitantes del castillo. De alguna forma eran invulnerables.
―Corre― le ordenó Derek a la pelirroja.
―¿Que?
― No vamos a poder con ellos, tenemos que replegarnos todos los que quedamos. No hay tiempo. ¡Vete!― Pero no hizo falta que Virgil se fuera. En ese momento todos los poseídos parecieron detenerse, como si estuvieran escuchando algo, para instantes después irse a paso firme de la escena, inexpresivos ante la matanza que acababan de crear. Los dos chicos se quedaron boquiabiertos ante lo que acababa de pasar.
― ¡La directora!― se acordó Virgil. Al instante se acercó a McGonagall y la hizo reincorporarse con un simple Enervate.
―¿Está usted bien?― Le preguntó la chica. La directora asintió.
―Las comunicaciones se han cortado. No se como, pero parece como si alguien lo hubiera planeado. Tengo que reunir al profesorado de inmediato.― Dijo ella, mas como una lista de tareas que debía hacer que como una respuesta a Virgil.
― Todos los profesores que nos hallamos en condiciones estamos aquí. Excepto Neodits, que nadie conoce su paradero― respondió el profesor Longbottom, acercándose entre las decenas de alumnos que quedaban en pié y querían comprobar el estado de su directora, como si de ello dependiese la seguridad de todo el alumnado.
― ¿Las comunicaciones se han cortado? ¡Por las barbas de Merlín, eso es espantoso!― Se oyó decir a Hagrid, terriblemente afectado, desde la lejanía.
― No tenemos otra opción pues que ocuparnos nosotros del asunto― respondió Minerva. Neville, Flitwick, Hagrid y otros profesores asintieron.
― Yo también voy― dijo Virgil. Longbottom miró a la chica con autoridad, pero ella no se inhibió.
― Como profesor, no puedo consentírtelo― dijo simplemente. La directora asintió.
― Tengo más de diecisiete años. No pueden obligarme a quedarme aquí― Ahora, Neville suspiró, para finalmente dar la razón a su alumna.
― Está bien― dijo McGonagall en voz alta ― El profesorado irá siguiendo a los desaparecidos en cinco minutos, pues debemos reponernos mínimamente. Todo aquel alumno de mas de diecisiete años que quiera seguirnos, puede hacerlo siempre y cuando entienda los riesgos mortales que ello conlleva.
En ese momento, el corro de alumnos alrededor de los profesores se disolvió y los chicos que allí se encontraban fueron buscando a sus amigos y conocidos. De pié quedaban sobre medio centenar de personas, la gran mayoría de ellos menores de edad. Inconscientes debían quedar algo más de cien.
― Virgil, ¿estás bien? ― Al lado de la chica apareció una cara cuadriculada bajo un pelo rectamente peinado. Era Lancelus. La chica respondió mientras veía a Derek acercarse a su amigo Pólux y a un cuerpo inconsciente.
― Bien... bien. Mejor que tú, veo― Sonrió tímidamente mientras veía un pequeño chorro se sangre de la boca de su novio. Lancelus la abrazó.
―Pólux, dime algo.... ¿que te pasa?― Derek estaba preocupándose por su amigo, que estaba en estado de shock.
― Galaad.... dime algo...... ha sido Bill... estaba poseído...― Derek enseguida lo comprendió. Pólux hablaba a un cuerpo inerte. Era un chico de largo y cuidado pelo rubio. Era alto y de piel algo pálida. Era Galaad, el mejor amigo de Pólux, y estaba muerto. Derek tampoco supo como reaccionar al ver como los ojos de su amigo miraban inexpresivos hacia ninguna parte. Primero Vincent y ahora Galaad. Eso era una auténtica pesadilla.
― Voy a ir con los profesores y voy a machacar a quien le ha hecho ésto. Te lo juro sobre Galaad....― dijo Pólux con lágrimas en los ojos, en ese momento, posó su mano sobre el rostro de su amigo y le cerró los párpados..
― Bill no tiene ninguna culpa...― respondió Derek.
― Sabes tan bien como yo que no estoy hablando de Bill.― Derek suspiró hondamente y dejó que un par de lágrimas amargas se pasearan por su cara. A los pocos minutos, se levantó junto a Pólux y se acercó a los profesores, que estaban preparándose para partir. Derek vio como Virgil y Lancelus también se acercaban a ellos, además de un puñado de estudiantes de séptimo, aunque no demasiados. Contando los profesores no debían ser mas de quince, mientras que los desaparecidos rozaban el centenar. Era un suicidio.
― Vamos― dijo simplemente la directora mientras tomaba camino hacia donde se habían ido los poseídos. Todos los demás les siguieron. Derek se acercó a Virgil.
― Oye, Virgil, sino salimos de ésta....
― Callate Derek― Interrumpió Lancelus la confesión. Derek prefirió no discutir con el chico ahora. No obstante, le pareció ver como la pelirroja sonreía tímidamente ante lo que se imaginaba que Derek iba a decirle.
Pronto consiguieron alcanzar el paso de los poseídos, que no se movían muy rápido, sino más bien como una lenta procesión fúnebre, con pasos sincronizados dados al unísono. Derek comprendió ahora la seguridad que tenía la directora en que los alcanzaría. Antes de que nadie dijera nada, McGonagall habló con voz sobria:
― Ahora vamos a seguirlos a una distancia prudencial a ver donde se dirigen. No quiero que hagamos ningún ruido que se pudiera evitar, pues pese a que parecen moverse bajo una influencia ajena a ellos, no queremos tentar a la suerte.
Y así fue. El grupo de profesores y alumnos de séptimo que fueron siguiendo a los poseídos se mantuvo a una distancia de seguridad, pero con vistas suficientes para verlos marchar. Finalmente, llegaron a un pasillo desierto donde se pararon. El grupo que los seguía también se detuvo a unas decenas de metros. La directora y algunos profesores se sorprendieron.
― No puede ser......― susurró Neville― claro... por eso no los encontramos― razonó.
― Profesor, ¿que pasa?― preguntó Lancelus.
― Es la sala de los menesteres.
Antes de que Lancelus pudiera preguntar que era eso, una puerta se apareció en el pasillo vacío, y los alumnos poseídos entraron en ella.
― ¡Ahora!― ordenó la directora. Los demás, tanto alumnos como profesores, siguieron sus indicaciones. Se acercaron al grupo de poseídos y entraron por la puerta después de ellos a la sala de los menesteres. Cuando lo hicieron, una voz grave exclamó:
― ¡Maldita Neodits!,¡Por eso no quería que mirara el mapa! ¡Esa mala bruja me la ha jugado! ¡Ahora habéis llegado aquí!
Derek alzó la vista. Estaban en una gran sala circular con una bóveda de piedra pulida. Era una gran sala que estaba desnuda de decoración. En medio de la misma, Craig Marduck los miraba con los ojos inyectados en ira. A sus pies yacía el cadáver de Umbra Neodits.