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Historia 43067 — capítulo 20
―Ya están llegando, no hace falta que mires el mapa― sugirió Neodits al ver al chico abrir el Mapa del Merodeador. Craig parecía impaciente porque todo saliera bien. Su mirada denotaba un nerviosismo impropio de lo que un Titans debería ser. El chico pareció darse cuenta de ello cuando Neodits se le quedó mirando, ya que cambió su expresión a una más autoritaria. Craig parecía querer llevar las riendas de la situación, para algo esa era su misión y Neodits solo estaba ayudando, pero fue en vano. Por mucho que intentara aparentar, Craig Marduck solamente era un chico que parecía tener mucho más de los quince años que en realidad tenía. Desde que lo expulsaran de Hogwarts hace dos años el chico había crecido muchísimo, reforzando el aspecto de simio gigante que ya tenía en su época de estudios en Hogwarts. Aparentaba ser un adulto de gran complexión cuando en realidad no era más que un quinceañero. Pese a ello, hace dos años era simplemente el matón detrás de la larga sombra de Áspid, ahora asumía un papel más importante que parecía quedarle grande.
―Miraré el mapa si quiero, Neodits. Yo controlo la situación.― Gruñó el chico intentando ser amenazante, cosa que no resultó. Neodits parecía recordarle como el pésimo estudiante de Slytherin al que podía castigar, no como el asesino en el que se había convertido.
―No hace falta que mires si alguien les sigue, pues no es así. Los sujetos del proyecto Sangre Nueva vuelven aquí sin peligro. El ataque ha sido un éxito― sonrió vagamente Neodits bajo su aspecto de bruja sobria y fría. Craig dejó el mapa otra vez, el cual le había quitado a Christie hace tiempo, cuando la había capturado y poseído. Al ver ésto, un brillo pasó rápido por los ojos de la mujer.
―Dime, ProfesoraNeodits ¿como es que tienes siempre la situación bajo control?― Dijo Craig sin perder los nervios. Era una pregunta que ya le había formulado, sin éxito, anteriormente. Neodits no alteró su inexpresivo rostro para contestar.
―¿Acaso no es obvio? Soy adivina― respondió ella. Craig alteró su rostro como si se acabara de llevar un gran mazazo. Estuvo a punto de volver a preguntar, pero no hizo falta.
―Sí, Craig. Se lo que va a pasar en cada momento. Supe desde el principio las intenciones que tenías con Áspid y Énebo hace unos años. Se más cosas de los Titans que lo que puedes llegar a imaginar y sé, hasta un cierto límite, lo que va a suceder en el futuro.
―¿Está usted loca?
―¿Quien te crees que puso a Áspid sobre la pista de Wotan? El papel en su mesilla, del que Áspid te habló hace tiempo, lo puse yo. ¿ Y quien hizo que Énebo aceptara la oferta de Hogwarts?― Craig se quedó inmóvil ante la revelación. Era cierto, Áspid le habló de un papel misterioso hace tiempo..... pero era imposible que fuera ella.
―¿Porqué?― se limitó a decir el Titans mientras se limpiaba el sudor frío de su frente con la túnica blanca de la organización.
―Para que mi plan surgiera efecto. He tomado parte en muchas acciones para dar la situación idónea en la que tuviera posibilidades de ser llevado a cabo con éxito: Que Tyler Fox fuera amigo de Áspid y novio de Christie Laksmie, que Áspid siguiera a Wotan, que a ti te expulsaran de Hogwarts para que te unieras a los Titans, que Vincent Valentine se sacrificara o que el señor Derek Altae no fuera a Durmstrang, por ejemplo. O más recientemente, ponerme de tu parte para evitar que éste plan fracasara por tu incompetencia, pues hubieras salido a pelear mucho antes de lo permitido para probar a los poseídos, hubieras perdido y las victimas mortales hubieran sido mucho más elevadas que en éste momento.
―Debes estar bromeando― rió Craig entre dientes.
―¿De verdad lo crees?― contestó seriamente Neodits. Definitivamente éso no era ningún juego. Craig tardó unos segundos en volver a preguntar, parecía costarle horrores asimilar toda aquella información.
―¿Y para qué?, ¿Cual es tu objetivo?
―¿ No lo has adivinado todavía? Mi objetivo ha sido siempre acabar con los Titans.― Ahora Craig Marduck si que rió abiertamente, casi como un histérico.
―Si eso es así― se repuso el Titans― ¿Para que me ayudas?
―Creo que ya lo he dejado bastante claro. La única forma de conseguirlo es con una serie de factores, y sólo los conseguiré si intervengo en algunas situaciones, como en ésta.
―¿De verdad quieres que me lo crea?, Aunque todo éso fuera cierto, ¿para que me lo cuentas?
―Porqué no importa que tu lo sepas o no. No vas a tener opción de usar esa información, ya que vas a morir en breve. Siento tener que comunicártelo.
―¡Ya está bien!― bramó Marduck― ¡Vas a dejar ese absurdo juego ahora!― Craig sacó burdamente su varita, lo que por su nerviosismo le hizo tardar unos segundos. Neodits, pese a tener una gran oportunidad para contraatacar, no lo hizo. Craig le apuntó con su varita a la cabeza.
―Lamentablemente, querido ex alumno, ambos sabemos que no vas a matarme. Una lástima.― Dijo Neodits. En ese momento, y muy hábilmente, sacó su varita y desarmó a Craig. Acto seguido, y en vez de hechizar al Titans, se apuntó a si misma.
―¡¿Que haces?!― gritó Marduck con los ojos como platos.
―Como ya he dicho, para que la situación deseada se dé, deben darse una serie de factores específicos. Uno de ellos es mi propia muerte en este preciso momento, y ya que tú eres incapaz de hacerlo, me veo obligada a ello. Sólo soy uno de los muchos sacrificios que ya se han hecho, más otros que se harán hasta llegar a la muerte de tu rey, y con ella, la desaparición de los Titans. De todas formas, dentro de muy poco nos veremos al otro lado.
―¡Espera! ¡Maldita loca!― Pero fue en vano, Neodits lanzó un hechizo sobre sí misma que la hizo caer en redondo. Su cadáver presentaba la misma expresión inerte de siempre. Si no fuera porqué había visto como una maldición asesina la atravesaba, Marduck habría pensado que simplemente dormía profundamente sino hubiera tenido los ojos abiertos y carentes de expresión. Craig ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, pues en ese instante la puerta de la sala se abrió, pasando dentro su ejército de poseídos. Todos ellos estaban bien. Craig estuvo a punto de sonreír satisfactoriamente de no ser porque después de que los alumnos a los que controlaba entraron en la sala otras figuras entre las que pudo distinguir algunos profesores y a viejos conocidos, como Derek o Virgil.
― ¡Maldita Neodits!,¡Por eso no quería que mirara el mapa! ¡Esa mala bruja me la ha jugado! ¡Ahora habéis llegado aquí! ― En ese momento nadie se movió, pues no esperaban encontrarse tal escena al entrar en la sala. Virgil ahogó un grito mientras que Derek miraba a todos lados.
―¿Tu?― Dijo extrañada la directora McGonagall― Craig Marduck. Antiguo alumno de Hogwarts, expulsado por ser uno de los responsables de los incidentes de hace dos años. No creí que volvería a verte nunca más, y menos asesinando a una de nuestras profesoras― La directora no pudo retener un amargor en la voz al ver el cadáver de Neodits al lado de la basta figura del Titans. Marduck rió con sarcasmo. Ahora volvía a aparentar ser un tipo duro. Ahora el nerviosismo por culpa de Neodits había desaparecido junto a la vida de ella.
―Directora, ¿serviría de algo decir que yo no he sido, sino que se ha suicidado? Supongo que no. De todas formas tampoco hace falta. ¡El proyecto Sangre Nueva empezará en breve!― Una expresión de psicópata se alojó en la cara de Craig, que en esos momentos adoptaba unas fracciones casi antinaturales.
―¿De que está hablando?― susurró para sí Lancelus. Derek movió la cabeza buscando quienes estaban con él en esos momentos. Virgil miraba decidida hacia donde los poseídos estaban, parecía buscar con la mirada a Christie. A su lado, y cogiéndole la mano estaba Lancelus, bastante nervioso. Derek nunca hubiera imaginado que ese chico llegara tan lejos, tenia que admitir que tenía mucho mas valor del que aparentaba. Cerca suya estaba también Pólux, que parecía contenerse para no saltar sobre Craig con la varita en la mano. En ese momento, Derek se acordó del cadáver de Galaad y un nudo se le hizo en la garganta.
El silencio era sepulcral, lo que acentuaba la extraña presencia de las decenas de poseídos, que en ese momento formaban filas, como un ejército de estatuas inmóviles, que pese a todo, se volverían mortales a la orden de Craig. Él era el hombre detrás de la cortina.
―Bueno, ya se que podemos estar así horas y horas hablando, pero creo que es una perdida de tiempo alargar vuestras muertes. Lo siento, chicos.― Antes de que se dieran cuenta, Craig susurró unas palabras que hicieron a los poseídos moverse a paso firme hacía donde se encontraban Derek y los demás. El chico se asustó, pero los profesores parecía que se esperaban algo así, ya que cerraron filas en torno a los alumnos. No obstante, los contrarios eran muy superiores en número, y enseguida se convirtió en una batalla campal.
―¡Christie!― gritó Virgil, que echó a correr al ver a su amiga entre la multitud. Derek intentó seguirla, pero una figura corpulenta le salió al paso. Era Bill, que empezó a lanzar extraños hechizos que Derek no había oído hablar nunca. El chico esquivaba a duras penas uno tras otro.
―¡ Flipendo!― gritó. El hechizo dio de lleno en Bill, que ni siquiera se inmutó. Derek se esperaba que así fuera.
El chico miró por unos instantes como iba la pelea. Pólux ayudaba a Longbottom a reducir, en vano, a un grupo de poseídos. Lancelus corría hacia donde Virgil estaba mientras que la pelirroja gritaba desesperada a Christie para que volviera en sí, pero su amiga no volvía de su estado.
―¡Bill, reacciona!, ¡Tienes que luchar! ¡Se que puedes oírme!― Sus gritos fueron, al igual que los de Virgil, en vano. Derek tuvo que volver a esquivar un rayo de color verde que pasó a centímetros suyos. No obstante, no le dio tiempo a reaccionar a tiempo para el segundo hechizo. Un rayo anaranjado le impactó de lleno en el pecho y le hizo saltar por los aires y caer sin consciencia unos metros más atrás. En el último instante, Derek adivinó a oír los gritos de Virgil al verle a el caer violentamente al suelo.
―Derek......Derek.......despierta Derek― El chico oyó una voz muy familiar, pero que hacía tiempo que no oía. Extrañamente, pese al hechizo que había recibido, se encontraba en un estado perfecto. De repente, el chico se percató que la voz seguía hablándole, pero él no veía nada. Se dio cuenta, casi tontamente, que tenía los ojos cerrados. Los abrió abruptamente y se encontró con un espacio oscuro. La voz seguía hablándole y llamándole, al chico le sonaba muchísimo, pero no conseguía reconocerla. Derek no pudo ver de inmediato de quien se trataba, pues los ojos tardaron unos largos segundos en acostumbrarse a esa cálida oscuridad. Parecía estar en ninguna parte, por así decirlo. Sólo habitaba en ese lugar oscuridad profunda que impedía ver mas allá de un metro de distancia.
―Derek, estoy aquí― El chico se giró, y ahora sí, consiguió distinguir enseguida a una figura conocida que el chico hubiera jurado que hace un segundo no estaba. Ahora, a su lado, estaba una figura alta con la piel pálida como una vela, el pelo largo y lacio que le llegaba hasta la cintura, de color negro, al igual que sus ojos. Enfrente suya estaba Vincent Valentine.
―Hola Derek― Sonrió Vincent de una forma tan amable y cálida que nunca se le había visto en vida. El castaño enseguida comprendió porqué no reconocía la voz. Su tono vocal no era tan abrupto como Derek recordaba. Al igual que toda su expresión, estaba cambiada. No conservaba ese aire frío y distante de siempre, sino una proximidad que no era nada característica en él.
―¿Pero como......? Deberías estar muerto― Derek se asustó, pero no retrocedió ante Vincent. No podía ser, su amigo murió hace casi un año ante sus propios ojos.
―Es cierto― contestó su difunto amigo― Vincent murió. ― Al oír estas palabras, Derek se temió lo peor.
―¿Entonces...... yo también he muerto?― Derek miró a los ojos a su amigo. Eran reconfortantes y cálidos que hacían a Derek llenarse de seguridad.
―No, Derek, no estás muerto― sonrió amigablemente Vincent. Derek se extrañó todavía mas.
―¿Eres un fantasma?― tembló Derek, pero Vincent negó con la cabeza sin perder su sonrisa.
―Derek, aunque me veas como Vincent, yo no soy él. Yo soy tú, es decir, soy tu propia conciencia.― El castaño se quedó petrificado ante esta revelación. Vincent siguió hablando:
―Sólo he tomado la forma que en tu subconsciente más añoras, pero puedo ser como desee, o mejor dicho, desees― acto seguido Vincent se transformó en otra figura mucho mas baja de estatura y de pelo rojizo.
―¿Ves?― La forma que tenga no es más que una ilusión― Dijo Virgil, que seguidamente se transformó en Tyler, y luego en la madre de Derek, Freyja. Acto seguido, volvió a ser Vincent.
―¿Y que sitio es éste?― Derek giró sobre sí mismo unas cuantas veces, pero allí, aparte de Vincent y él mismo, solo había las más absoluta oscuridad.
―No estamos en ningún sitio en particular, Derek. Ésto es tu mente. Tu, en realidad, sigues en el suelo de la sala de los menesteres, inconsciente. Ahora mismo Pólux está gritando al lado tuyo, creyendo que has muerto.― Derek puso los ojos como platos mientras su conciencia, con la forma de un amable Vincent, le volvía a hablar.
―Has caído inconsciente tu sólo. Has llegado a éste lugar al caer en el hechizo de Bill.
―¿Y como salgo de aquí?
―¿Como quieres que lo sepa?― dijo Vincent. Sólo soy tu conciencia. No se nada que no sepas. Yo soy tú.― Derek suspiró de impotencia, luego se hizo un silencio incómodo que se rompió cuando Vincent habló de nuevo:
―Supongo que ya has decidido, ¿verdad? Cuando vuelvas a estar consciente, sabrás que es lo que tienes que hacer.― Derek miró al suelo, y seguidamente a los ojos de su amigo, buscando su calidez.
―No me digas lo que tengo que hacer tu también. Ya estoy harto.― Vincent no varió su expresión, sino que pareció reírse cándidamente.
―Te lo estás diciendo tu mismo, Derek. Recuerda que no soy más que tu conciencia. Pero sabes que cuando vuelvas, deberás asumir el papel que llevas tiempo evitando. ¿Estás preparado? Ya no debes seguir lamentándote por no estar con Virgil, porque Vincent muriera o no ser el héroe que todos esperan.― El castaño cerró los ojos y respiró pausadamente unas pocas veces. Después los volvió a abrir. Vincent seguía allí.
―Sí. Sé perfectamente lo que debo hacer― El difunto sonrió y fue absorbido por la oscuridad. Derek se asustó, pero a los pocos segundos una luz que parecía venir desde arriba iluminó al chico de lleno. La luz le cegó, así que intentó protegerse de ella con las manos y cerrando los ojos con fuerza. Cuando volvió a abrirlos, Derek estaba otra vez en medio de la batalla.
―¡Derek, estás vivo!― gritó Pólux, a su lado. Su amigo sangraba debido a una herida en la ceja, pero por lo demás parecía intacto. Ahora el chico si que estaba dolorido. Notaba un ardor donde el hechizo le había impactado, pero no hizo siquiera un gesto de dolor, sino que miró a Pólux, que le ofrecía la mano para levantarse. Derek se apoyó en su amigo, pero rechazó mas ayuda.
―Tengo que acabar con ésto ahora― dijo decidido. Pólux se extrañó ante la frase con un aire tan decidido de su amigo, pero no le dio tiempo a reaccionar, porque se marchó directo a donde Virgil se encontraba. La chica gritaba, llorando, a Christie, mientras suplicaba a lágrima viva que parara. En algún momento en el que Derek había estado inconsciente la chica había perdido su varita y ahora se limitaba a esquivar los maleficios de su amiga poseída. La pelirroja no parecía haberse dado cuenta que Derek había vuelto en sí.
―Expelliarmus― dijo Derek, mirando fijamente a Christie. Puede que a los poseídos no les afecte la magia, pero su varita es otro tema muy diferente. Sea como fuere, la varita de Chistie salió volando a la mano de Derek. Virgil giró la cabeza hacía donde la varita de su amiga había ido y se encontró al chico. Éste se le acercó, y sin decirle nada, la besó un instante. Virgil no dijo nada, sino que cuando se separaron miró al chico con unos ojos indecisos.
―Ahora vuelvo, ¿ok?― dijo el chico. Acto seguido empezó a buscar con la mirada a la persona que quería, hasta que la encontró. Allí estaba, en la otra punta de la sala, acompañado de unos cinco poseídos.
―¡Craig, esto se ha acabado para ti!― Gritó Derek mientras echaba a correr hacia en Titans.