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Historia 43067 — capítulo 21
Al oir a Derek, Craig desvió su atención al chico. El titans no perdió un segundo y mandó a los cinco que le acompañaban que atacaran al castaño, eran marionetas a su antojo.
Éstas no perdieron tiempo y con su paso lúgubre, pero decidido, fueron directos a por Derek.
El chico ni siquiera se había planteado como saldría airoso de aquella situación, simplemente actuaba por instinto. Los poseídos carecían en gran medida de reflejos, pues sin consciencia no tenía voluntad propia, así que esquivó con relativa facilidad a dos de ellos y desarmó a un tercero, guardándose la varita obtenida al instante, junto a la de Christie, en el bolsillo trasero del pantalón. No obstante, los dos restantes consiguieron lanzar hechizos,que Derek esquivó por pura suerte. El castaño estaba sin ideas, pero no pensaba tirar la toalla tan fácilmente. Ahora no.
Los cinco poseídos seguían lanzando hechizos mientras Derek esquivaba. Su única oportunidad era encontrar el momento apropiado para desarmarlos. Pese a ello, era casi imposible esquivar a cinco personas diferentes, en cuestión de tiempo acabarían acertándole.
―Expelliarmus―Derek sintió como la varita se le escurría de mas manos para caer en las de Craig, que le miraba triunfalmente. El chico se lamentó por dentro, había estado centrándose tanto en los peones, que se había olvidado completamente de hacer jaque al rey. Al instante, los cinco alumnos contra los que Derek había estado luchando alzaron sus varitas, al estilo de un pelotón de fusilamiento, para acabar con el chico.
―¿No es magnifico? Todos los que habéis venido a atacarme vais a morir a la vez― Señaló Marduck con una sonrisa de satisfacción contenida. Derek enseguida se dio cuenta de lo que Craig decía. Al girar su cabeza vio como el resto estaba en la misma situación que él. Al parecer Craig había dado a los que controlaba la orden de desarmarlos. Ahora, Virgil Lancelus, Pólux y el resto estaban alienados con las manos en alto, y enfrente suya los poseídos, que los apuntaban mortalmente. Ese era el fin, todos estaban desarmados.
―¿Vuestras ultimas voluntades?― rió Craig Marduck mientras se acercaba marcialmente a sus enemigos, cual general de un ejercito.
―Yo tengo una― dijo firmemente Virgil. Todos se sorprendieron al ver que seguía el juego a Craig. Una mezcla de angustia y sorpresa se instaló en la cara de todos. Marduck la miraba divertido.
―Tu dirás― rió el Titans. Virgil le miraba muy seriamente, con odio contenido por no poder hacer nada.
―Quiero besar por última vez al chico al que amo― Al oír tales palabras, Marduck comenzó a reír casi sin control.
―Adelante. Espero que tus últimos minutos sean todo lo románticos que quieras.― Todos miraron a Virgil, que sin un atisbo de miedo se movió del sitio, pero para la sorpresa de los allí presentes no se movió hacia donde Lancelus estaba, sino que pasó la fila de poseídos, que seguían apuntando con firmeza, para acercarse a Derek, que no salía de su asombro. Antes de que el chico pudiera reaccionar, Virgil la besó en la boca mientras pasaba sus manos por la cadera del chico. Mientras tanto, cuatro de los cinco poseídos que conservaban su varita seguían apuntando a Derek y a Virgil, inmóviles.
―Tenemos que acabar con Craig, él es quien los controla. Y debemos hacerlo sin que tenga tiempo de reaccionar para dar la orden a Christie y los demás poseídos para fusilarnos― Dijo Virgil, apartando un poco sus labios de los de Derek.
―¿Pero como?― preguntó Derek entre susurros. Virgil, en vez de contestar, pasó su mano por el bolsillo del pantalón de Derek y agarró la varita de Christie. Derek se sorprendió al acordarse que conservaba dos varitas. La de Christie y la del chico al que había desarmado hace unos momentos.
Antes de volver a hablar, Virgil se separó completamente de Derek, y con la varita de Christie en la mano se dirigió a donde Craig estaba. Pese a todo, el titans reaccionó con rapidez y tiró a Virgil al suelo con un hechizo entre los gritos ahogados de los que miraban la escena desde el paredón de fusilamiento.
―Expelliarmus― Derek alzó la otra varita que tenía y consiguió desarmar a Craig, que miró con sorpresa a Derek y a Virgil, seguramente preguntándose como tenían varitas.
―Muy bien, si queréis morir de ésta forma.....― Craig volvió a quedarse pensativo, como dando una orden a los poseídos. No obstante, un rayo esmeralda impactó de lleno a Craig, que abrió los ojos de tal forma que parecían salirse de sus órbitas. Marduck cayó al suelo como un peso muerto, oyéndose un estruendo tremendo amplificado por el eco de la estancia. Craig no volvió a moverse, el Avada Kedavra había acabado con él. Derek movió la cabeza hacia donde el hechizo parecía haber salido, y allí estaba Virgil, todavía con la varita de Christie en alto mientras miraba a quien acababa de matar con ojos decididos, pero temblosos a la vez, mientras su mandíbula parecía moverse con rapidez debido a unos nervios que aparentaba no tener.
Christie movió la mano y se emocionó por dentro. Por primera vez en meses se movía por voluntad propia. Al instante intentó comprobar si los parpados le funcionaban y se alegró al ver que sí. Había visto como su cuerpo no le obedecía en una larga temporada, sino que estaba al servicio de Marduck. Ahora, en medio de aquella batalla a muerte, y gracias a que Craig había dejado de vivir, tenia control sobre sí misma otra vez. Las piernas le temblaban. Estaba muy cansada y un amargor profundo recorrió todo su cuerpo al recordar como había atacado sin poder impedirlo a alumnos de Hogwarts, incluso era posible que hubiera matado a alguno.
―¿Christie....?― La chica oyó una voz muy familiar cerca suya. Era su hermano Bill, que tampoco parecía creerse que todos aquellos meses sin control de si mismos hubiera acabado. La chica no se atrevía a hablar, hacía mucho que no utilizaba su propia voz.
―Hermana, por fin estamos bien― Bill la abrazó debido a la emoción. Unas lagrimas de esperanza cayeron por el rostro de la chica mientras movía sus brazos para abrazar a su propio hermano.
―Todo se ha acabado por fin― sentenció Bill. A su lado, las caras de asombro de los demás demostraban su incredulidad acerca de que ese infierno había llegado a su fin.
―Pónganse cómodos, por favor― sugirió Basilisk. Tyler acababa de pasar a la ya familiar sala Ixión junto a Baldr y Lilith. Tyler estaba tranquilo, al igual que los dos que le acompañaban. Los tres chicos obedecieron la orden de Basilisk y se sentaron en unos cómodos sillones que Tyler no recordaba que estaban el día de su prueba. Quedaban muy antinaturales en ese sitio, en ese enorme anfiteatro y rodeado de monumentales estatuas de reyes.
Tyler miró a todos los lados nada más sentarse, en el sillón de mas a la izquierda de todos.
―Están a punto de dar el paso mas importantes de su vida― se oyó decir, pero la voz no era la grave y profunda de Basilisk, sino una voz mucho mas rasposa, como si estuviera afónico, que venía de detrás de una de las estatuas. Tyler miró para allá inmediatamente, era la estatua que el día de su prueba a túnica roja estaba tapada, ahora representaba a un mago de nariz aguileña y de no mucha estatura que portaba en su sien una corona. Debería tener sobre unos cuarenta años y estaba plasmado con una enorme grandiosidad, en los pies ponía el nombre del rey: Sviar Loki.
―Dentro de apenas unos minutos pasarán a formar parte de mi ejército― Tyler ubicó completamente esa voz rasposa y grave. Detrás de la estatua del rey surgió una baja figura de pelo gris, era el propio Sviar Loki, pero con una porte mucho menos grandiosa que la que su estatua reflejaba. Loki se acercó a Basilisk, que lo miraba como si supiera desde el principio que su rey había estado allí todo el tiempo, y a Baldr, Lilith y Tyler.
―Loki es el rey....― repitió Lilith, incrédula. Ella también parecía haberse enterado en ese momento de la identidad del rey.
―¿Lo conoceis?― preguntó Tyler, inquieto.
―¡Idiota, claro que lo conocemos!― dijo Balrd despectivamente― Sviar Loki es ni mas ni menos que el primer ministro sueco.
―Veo que ya me conocen― dijo Loki, que ya estaba situado al lado de Basilisk, y enfrente de los tres chicos― y debido a que yo los conozco a ustedes, pues los he elegido personalmente para que sirvan a mi causa, veo innecesarias mas presentaciones.
―¿Ya somos titans?― preguntó Balrd, Basilisk y Loki rieron.
―Lamento decepcionarlo, pero antes deberán pasar un pequeño trámite, como ya les dije antes.― respondió rotundamente Basilisk.
―Ah.... cierto Basilisk, el trámite. Pero antes deberán escuchar la historia― Dijo con voz rastrera Sviar Loki. Basilisk asintió ante la orden de su rey, para después dirigirse a los tres chicos:
―Presten atención, señores. Están a punto de asistir a la mejor clase de Historia de la magia que se pueda repartir.― Loki se adelantó mientras miraba con benévola aprobación a su subordinado Basilisk. Lilith, Tyler y Balrd estaban atónitos.
―Hace muchos años, cuando la magia de las grandes escuelas estaban todavía frescas, es cuando nace la historia que voy a contarles― Loki se movía pausadamente de un lado a otro, moviendo los brazos enfasivamente. Se notaba que era un político, pues sabía dar la fuerza necesaria a sus palabras.― La apertura de grandes escuelas, como Durmstrang o Hogwarts, supuso la ruptura definitiva del mundo mágico con el de los sangre roñosa. Ahora los nobles hijos de magos podían florecer lejos de las atrocidades que enseñaban a esos muggles. Entonces el mundo mágico buscaba unirse más que nunca, y es entonces cuando nuestra historia comienza, pues un mago criado en Hogwarts, de inigualable talento y nobleza, se levantó sobre el resto de la comunidad mágica internacional para poder dirigirla y alzarse e imponerse sobre la muggle. Ese fue el momento de nacimiento de nuestra organización, de los Titans, y de su primer rey, Caelus. El mismo que portó esta misma corona hace unos mil años― dijo Loki señalandosela.― La labor que Caelus nos dejó encomendada todavía está por cumplirse. Ahora yo, como su sucesor, tengo la tarea de sobreponer al mundo mágico sobre el de los muggles. ¡Y lo hago orgulloso! Por un lado, tengo el privilegio de ser el primer ministro sueco, mientras que por otro lado soy el legítimo heredero de Caelus y de su causa, la cual recogí noblemente de Krons, el anterior rey. ¡Ahora, yo os propongo uniros a mi noble causa!, ¡Acabemos con la tiranía de los muggles, que nos obligan a escondernos! ¡Ellos deben temernos, no al revés! ¡Yo os tiendo la mano, aceptarla y vuestros nombres se cubrirán de gloria al lado del mio!
―¿Que debemos hacer?― preguntó entusiasmada Lilith. En su cara, el brillo de emoción la delataba.
―Querida, solamente un pequeño trámite― Loki zarandeó su varita y tres personas amordazadas aparecieron de la nada, enfrente de Tyler, Lilith y Balrd.
―Aquí os presento a dos muggles, de los que no nos importa el nombre, y a nuestro querido director Asmodeus, que muy insensatamente me propuso que desmantelara nuestra organización sino quería verme delatado. Lo siento, Asmodeus, pero creo que voy a hacer que dimitas. Ya me encargaré como primer ministro de que tu asesinato sea encubierto. ¿Quien empieza de los tres?― sonrió el rey Loki. Lilith, entusiasmada, se levantó del asiento y con su varita en alto apunto a uno de los muggles.
―¡Avada Kedavra!― su voz sonaba temblorosa de emoción. Loki y Basilisk asintieron levemente. Después, los ojos de Loki se posaron en Balrd, que pilló la indirecta, y sin siquiera levantarse del sitio, apuntó con su varita al otro muggle y le lanzó la maldición de manera no verbal.
―Muy bien― continuó Loki― Señor Fox, creo que es suyo el honor de acabar con nuestro exdirector― Tyler miró a los ojos a Asmodeus mientras tragaba un nudo de saliva.