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Historia 43067 — capítulo 23
―¡¿Tyler?! ¡Tyler!― Christie se dio cuenta que la última vez que había mencionado a su novio no era de forma mental, sino a viva voz. Poco importaba, toda la gente estaba entre aturdida y emocionada al ver que aquella pesadilla había terminado. De forma pausada iban saliendo de la sala de los menesteres, su prisión durante meses, con una sonrisa en la cara. La chica volvió a intentar contactar con Tyler, pero fue en vano. Su novio había cortado el hechizo Colloquor y no había forma de restablecerlo.
―¿Estás bien hermana?― Oyó decir la chica a su lado. Bill estaba radiante al comprobar que todo había acabado. La castaña le contó de inmediato lo que pasaba, a lo que su hermano puso una cara incrédula, para acabar hablando de forma mucho más seria que de normal.
―Tranquila, ¿vale? En Hogwarts estaremos a salvo, estoy seguro. Y en cuanto a ese idiota de tu novio, si tiene alguna cualidad es que es difícil de matar. Te lo digo por experiencia― Bill rió ante su propia broma, pero a su hermana no le sirvió más que para preocuparse.
―¿Estamos aquí a salvo? Hace apenas unas horas estábamos secuestrados y atacando a nuestros amigos gracias a los mismos que quieres acabar con nosotros― dijo Christie muy acertadamente. Bill intentó hacer ver que controlaba la situación, pero no fue suficiente. Christie siguió hablando:
―Y aunque tengas razón, a mí, a Derek y a Virgil solamente nos queda poco mas de un mes para graduarnos, ¿que pasará entonces?
―Entonces como esos malnacidos intenten ponerte la mano encima, acabaré con ellos― respondió Bill, y esta vez muy seriamente.
―Deberiamos avisar a Virgil y Derek― sugirió Christie.
―Mejor dejalos en paz. Están ocupados ahora y nosotros deberíamos descansar― Bill señaló donde los chicos estaban. La pareja se besaba apasionadamente en uno de los lados de la sala, a lo lejos Lancelus miraba desconsolado la escena sabiendo que nada podía hacer. Mientras, y aprovechando que todo el mundo estaba ocupado saliendo del lugar o hablando con los suyos, un par de elfos domésticos tapaba con una sábana el cuerpo sin vida de Craig Marduck.
―¡Inútiles!, ¿Como a podido escapar?
―Lo siento, mi rey. Ese Fox contaba con más ayuda de la que parecía. Asmodeus y Xánatos le auxiliaron en la huida. Ni Lilith ni yo pudimos hacer nada, además, hemos tenido la baja de Baldr― recitó Basilisk. Loki suspiró cerrando los ojos e inmediatamente después insulto por lo bajo a sus subordinados.
―Comprendo su malestar, mi rey. También a llegado a mis oídos que Marduck ha fallado― Loki rió al oír tal cosa.
―Tranquilo Basilisk, Craig no ha fallado. Es verdad que ha muerto, pero el proyecto Sangre Nueva sigue tan vigente como antes. Además, tal prueba a servido para demostrar que es posible controlar a los sujetos sin fallo ninguno. Cierto que hemos perdido a un Titans, pero era prescindible. En cuanto al revuelo montado, con mis contactos políticos será muy fácil acallar el asunto para que no se arme mucho jaleo. Se dirá que era simplemente un loco perturbado y resentido con el colegio que le expulsó― Se hizo un silencio incómodo, pero Basilisk volvió a preguntar.
―¿Cuales son ahora sus órdenes?
―Para empezar, es prioritario atrapar a ese Tyler Fox, sabe demasiado. Envía a Liliht y Gargant a por él. Por otra parte, es necesario reclutar a nuevos adeptos para mi causa debido a las dos bajas inesperadas de hoy.
―¿Se refiere a Temis y Perseus?
―No, todavía no están preparados, y nosotros necesitamos a gente efectiva en éstos momentos. Vamos a ir a por asesinos en Azkaban, así que prepara una fuga de algunos prisioneros.
―¿Cuales, mi señor?
―Jonh Maesus, Antonin Dolohov y Áspid Hatred. Esos tres, junto al nuevo recluta que yo personalmente he entrenado estos meses, deberían ser suficientes hasta que Sangre Nueva salga adelante.
Derek respiraba entrecortado. La presión asfixiante se le quitó de encima en segundos. Por fin podía decir que habían sido unas semanas apacibles. Desde que derrotaron a Marduck Derek podía afirmar que todo era "casi" normal. Todo le iba perfecto, se había graduado en Hogwarts por fin, había vuelto con Virgil y los entrenamientos con el equipo de quiddich que le había fichado estaban ya muy cerca. Pese a todo eso, no podía dejar de sentirse intranquilo. Tyler llevaba desaparecido desde la misma noche de la batalla contra los poseídos y el mensaje que le había dejado a Christie no era nada esperanzador. Todos estaban en peligro, y más ahora que no tenían las paredes del castillo para refugiarse. Eran magos adultos y tenían que protegerse solos.
No obstante, el chico intentó concentrarse en las cosas positivas. Había acabado su educación mágica y tenía un trabajo bien remunerado esperándole, el cual era además la mayor de sus aficiones. Ahora se encontraba frente a la puerta de su casa, en donde se acababa de aparecer. Derek entró con una sonrisa de oreja a oreja.
―¡Mama, ya he llegado!― pero nadie contestó. La casa estaba patas arriba, con todo desordenado. Allí había pasado algo. El castaño dejó su maleta en el suelo debido a la impresión y empezó a moverse por toda la casa.
―¡Mama!― solamente se oía silencio. Por fin entró en el comedor y se encontró el resultado de lo que parecía una batalla campal. Dos cuerpos estaba inconscientes en el suelo. Derek reconoció de inmediato al primero, era el de su propia madre. El chico se acercó corriendo a ver su estado, pero antes de poder percatarse de nada, el otro cuerpo empezó a susurrar algo. El castaño se dio cuenta que era Tyler, su amigo.
―¡Tyler! ¿Que ha pasado? ¿Estás bien? Por favor, dime.....― pero no acabó la frase, sino que se calló debido a que su amigo parecía hacer un verdadero esfuerzo por mantenerse consciente. Derek acercó su oreja para escuchar lo que estaba diciendo:
―Derek.... corre.... van a volver a por vosotros.... esos malditos Titans....
―¡Ménec, te van a matar! ¡Te lo llevo diciendo meses!― gritó una chica alta de ojos hundidos a su novio. Éste rió.
―Ahora tus poderes se equivocan, Umbra. El profesor Basilisk sería incapaz de hacer daño a nadie fiel a su causa. ¡Mirame! Voy a ir a pasar la prueba para convertirme en un Titans, junto a Iapetus y Céo. Seremos los sirvientes del nuevo rey, que derrocará a ese charlatán de Krons.
―Por favor... no vayas― suplicó una Neodits adolescente― Sabes que lo que veo es cierto. Sino nunca habría rechazado la oferta de convertirme yo en una de ellos, ni habría convencido a Freyja de lo mismo.
―Se que todo ésto lo dices porque estás preocupada por mí, Umbra. Pero no tienes porqué. Y estoy seguro que ninguno de los Titans nos harían daño nunca― dijo Ménec. Era un chico rubio y alto, con las mejillas llenas de pecas, las cuales le daban un aspecto mucho más juvenil que el que debería tener a sus diecisiete años. Cuando acabó de hablar, el chico salió por la puerta de la habitación de Umbra Neodits para dirigirse a la sala Ixión.
―Ménec, ¡No!― La morena aporreó la puerta e intentó abrirla por todos los medios, pero fue inútil. Su novio la había cerrado mágicamente por fuera, sabiendo que sino lo hacía Neodits no dejaría de insistirle para que no se convirtiera en Titans. La chica empezó a llorar desconsolada sabiendo lo que pasaría en unos instantes: Loki aparecería con su palabrería presentándose como el líder, les haría matar a unos muggles, a lo que Ménec se negaría, entonces Loki ordenaría a Iapetus y Céo que mataran a Ménec por ser indigno de pertenecer a su organización.
En ese momento, Neodits se juró a sí misma que acabaría con esa organización, le costara lo que le costara y de la forma que fuere.