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Vendetta — capítulo 8

Hermione permaneció sentada, mientras observaba a los donantes de sangre. Necesitaba mucha sangre para salvarlo. Sabía, que permanecería allí dentro por largo rato. Mientras pensaba, se preguntaba como estaba todo el asunto de la persecusión. Remus, también se preguntaba lo mismo.

  • ¡Maldito desfile!- sacó la cabeza por el auto. Sirius estaba enfadado- ¡Van a matar al primer ministro y tal vez a la reina también si no quitan sus malditos traseros!- les dijo y se bajó del auto- Si quieres que algo se haga bien, hazlo por ti mismo.

Sirius corría para alcanzar a los capos que también habían tenido que bajarse debido al tráfico. Remus divisó el auto y también se bajó. parecían unos tontos, corriendo por la plaza presidencial.

  • ¡Señor, no puede entrar así, está prohibido!

Sirius sacaba su placa mientras corría y gritaba algo como "Emergencia presidencial". Remus, tuvo que hacer lo mismo y eso, alertó a los policías. Sirius saltó un muro y cayó maltrecho. Se levantó y trató de continuar corriendo.

  • Condenados capos. ¿Con qué entrenan que son tan ágiles?- meditó, sacando el arma- ¡Deténganse ya!

Luego de un arduo rato de espera, Hermione recibió noticias satisfactorias. Severus se recuperaba con mucha seguridad y esperarían a que despertara, para que pudiera hablar con ella. Muchas veces le preguntaron si era su esposa, pero ella solo negaba. ¿Qué era ella de él? Una simple amiga, un simple caso de caridad.

  • Maldita sea- suspiró Sirius, tratando de respirar, por los jardines de aquella casona- ¡Dejen de correr!

  • Adelante- dijo el capo- busquen al primer ministro. Cázenlo.

  • ¡Sirius!- chilló Remus a lo lejos- ¡Deja de correr!

  • Si no dejo de correr, estos malditos, acabarán con el ministro.

  • Lo sé, pero al menos necesitamos una estrategia. Un plan.

  • Ya te estás juntando mucho con Severus- se quejó el hombre, cargando su arma y deteniéndose junto a una puerta- A la cuenta de tres, empujo. Uno, dos y...¡tres!- dijo, pateando la puerta. Era la entrada principal.

En unos pocos minutos, Severus despertaba de aquella tortuosa operación y transfusión de sangre. Ladeó la cabeza para mriar y se encontró con Hermione. Ella estaba allí, mirándole con una sonrisa suave. Quiso hablar, pero el respirador no se lo permitía.

  • Descansa, estarás bien en un tiempo- le indicó ella con una sorisa suave. Severus alzó su mano y la posó sobre la pequeña cabeza de la bebé, que le miraba con atención- Ella es mi pequeñita. ¿La viste?

Remus y Sirius, se cubrían las espaldas, mientras las cosas empeoraban cada vez más. La reina había recibido los rumores y la comunidad estaba aterrorizada. Con mucho temor, habían llamado a la policía y habían rodeado la casa presidencial. Sirius les miró por una ventana.

  • Genial, lo que necesitaba. Más publicidad.

  • Concéntrate.

Escucharon golpes de pared y de puertas en el piso superior y entendieron, que tal vez les llevaban ventaja. Sirius comenzó a subir las escaleras a prisa, junto a Remus. Lentamente, caminaron hacia las diferentes puertas e iban pateando una por una.

  • Malditas casonas y sus enormes puertas.

  • Dudo que estén muy lejos.

  • ¡Hey!- gritó alguien a lo lejos, sosteniendo a una mujer y amenazándola con un arma- ¿Buscaban algo?

  • ¡Déjala ir!

  • No hasta que recibamos lo que nos merecemos. ¿Escaleras arriba?

  • ¡Eres un maldito infeliz!- dijo Sirius guardando el arma. Remus hizo lo mismo y Draco, les miró con una enorme sonrisa.

Sirius y Remus siguieron a los capos, hacia la habitación presidencial. Mantenían amarrado al primer ministro y a sus hijos. Ellos lloraban, mientras les apuntaban con armas. Su esposa, se deshacía en temor, mientras los capos sonreían con mucha felicidad.

  • Ahora, queremos nuestros derechos. El dinero que deben darnos, para mantener a nuestras familias felices.

  • No hay necesidad de esto. Podemos llegar a una negociación- indicó Remus, pero el hombre no estaba dispuesto a ceder.

  • Lo siento. Intentamos negociar, pero nadie escuchó. Y ahora, haremos lo que debimos hacer desde un principio.

  • ¡Salgan, están rodeados!- gritaron desde abajo y Sirius, negó con la cabeza.

  • Será mejor que le digan a sus amiguitos, que se alejen o terminarán todos muertos.

  • Yo lo haré- dijo Sirius y se asomó por una enorme ventana- ¿podrían callarse, antes de que maten a alguien?

  • Están rodeados...

  • ¿Y qué carajo importa? ¡Estamos ocupados!

Severus estaba en la camilla, cuando escuchaba por las noticias, que la casa presidencial estaba sitiada. Quiso levantarse, pero Hermione no se lo permitió. Al instante en que hizo un movimiento brusco, sintió una fuerte punzada en su hombro, en su pecho.

  • No puedes ir. Estás herido. Necesitas descansar.

  • Ellos..Me necesitan...- inspiró y ella, negó con la cabeza.

  • Ellos estarán bien. Ellos van a lograrlo, yo lo sé. Es tu equipo.

  • Hermione...Por favor...

  • No te moverás de este lugar. No quiero perderte y no voy a perderte por una misión tan riesgosa. Lo siento, pero ya no me gusta la acción.

Sirius miró a los rehenes y trató de pensar en un plan que no significara; manchar las paredes de sangre. Con mucho cuidado, caminó hacia el capo y meditando, tuvo una idea que quizá serviría para acabar esa locura.

  • De acuerdo. Libera al primer ministro y haz que firme un aval, que le permita a los inmigrantes de tu país, recibir fondos y el trato que merecen.

  • ¿De mí país? Todos los países merecen igualdad. Nosotros, no tratamos a los suyos de mala manera.

  • Cierto, cierto. Entonces, que firme una amnistía.

Liberaron al ministro, que los miró de mala gana. Con un suspiro, ladeó la cabeza hacia los capos y luego, hacia Sirius y Remus.

  • Pero, irán presos.

  • No no- dijo el líder, moviendo el arma hacia su esposa- es eso o la muerte de su esposa, frente a sus hijos. Usted decide.

Sirius negó con la cabeza y le indicó a Remus que permaneciera con la familia. El capo mayor y Sirius, caminaban junto al alcalde hacia su oficina. Lentamente, el primer ministro abrió la puerta y caminó hacia su escritorio. Se detuvo frente a él y apoyó sus manos sobre el mismo. Sirius estaba listo.

  • Bien, hagámoslo.

  • Bueno, pero antes- dijo el primer ministro y apretaba un botón bajo su escritorio. Sirius alzó la cabeza al oír una alarma- Inglaterra no negocia con asaltantes y asesinos.

  • ¡No sea imbécil!- dijo Sirius, tapándose la nariz y la boca por el gas tóxico que comenzaba a emanar la tubería de aire.

  • ¡Esto es traición!- dijo el capo mayor- ¡Mátenlos a todos!- gritó y Remus los miró.

  • Un momento, no tienen por qué apresurarse.

  • Ya oyeron- dijo Draco- es hora de matarlos a todos.

Sirius trataba de abrir la puerta, pero le era imposible hasta respirar. El primer ministro se cubrió la boca con un pañuelo y pateó un vidrio de emergencia. A un lado, había otra oficina.

  • No se va a escapar- dijo Sirius con un suspiro y comenzó a correr tras él. lo alcanzó al poco tiempo y cruzaron a la habitación contigua, rodando. Sirius le miró de mala gana y sacó su pistola- Solo querían derechos. Solo querían igualdad.

  • Nosotros, no negociamos derecho e igualdades. Solo para los nuestros.

  • Es un maldito infeliz.

  • Ahora, seguro está muerto.

  • Su familia debe estar muerta también- dijo y el ministro se puso nervioso- ¿Ese es el precio por defender a una cúpula?

Remus intentaba que no muriese nadie, pero la policía había sido más rápida. En poco tiempo, habían matado a dos capos que trataban de arrastrar a la familia para matarla. Solo quedaban Draco y él.

  • Bien, acá se acaba todo. Quién diría que un simple esposo, estaría metido en esto.

  • Ellos me obligaron. Yo solo quería que respetaran mis derechos.

  • Ahora, lo harán, pero en la cárcel.

  • Ni lo sueñe- Dijo disparándole, pero Remus era más hábil y le disparaba en el hombro izquierdo. Draco le miró con sorpresa.

  • Tenías que aprender, primero- dijo, guardando el arma y corriendo en dirección a la habitación donde estaba Sirius.

Hermione y Snape, oían las noticias. Los reos habían sido detenidos en acción y Parecía que el primer ministro, tenía mucho que explicar, gracias a las declaraciones de Sirius y las cámaras de seguridad. Severus, ladeaba la cabeza hacia Hermione, que le miraba con un suspiro. habían identificado y asesinado a su esposo. Sollozó en silencio. Severus, alzó su mano y con mucha suavidad, acarició su rostro.

  • Lo siento tanto...- le dijo y ella, se limpió las lágrimas.

  • No importa ya. Lo importante, es que te recuperes.

En poco tiempo, la seguridad nacional había sido redoblada. El ministro, se vio forzado a declarar un aval para los inmigrantes de nacionalidades, fuera de la comunidad europea. Severus, estaba en casa, mientras Hermione cuidaba de él. Sirius y Remus, tenían mucho papeleo como para poder darle una visita.

  • Creo, que las cosas terminaron como deben- inspiró ella, llevándole un poco de comida- Pero, estuvieron muy complicadas.

  • Sí- le comentó Snape, quien estuviera vendado e imposibilitado de toda acción, más que moverse a medias.

  • Siempre sentí, que todo iba a terminar mal, pero usted todo lo acomodó. Y lo mejor de todo o tal vez lo peor, es que nunca tuvo miedo.

  • Exacto, esa es la clave- le indicó con una sonrisa y Hermione le sonrió levemente- ¿Cómo estás? ¿Te sientes bien?

  • Estoy perfecta- indicó, colocando las cosas sobre la mesilla de noche- no puedo estar mejor...

  • Me alegro que esté todo bien con usted, señora Malfoy.

  • Hermione, por favor- indicó ella, recostándose levemente sobre su cuerpo- Solo Hermione.

  • ¡Ah, Hermione!- dijo, cuando ella tocaba sin quererlo, una de sus heridas.

  • Lo siento- sonrió, apartándose. De todas formas, Severus la sostuvo contra sí y la contempló.

  • No importa. Está bien así- suspiró y la besó con mucha suavidad, pero con deseo inferido. Hermione suspiró, al sentir dos fuertes manos sobre su cadera. Estando allí, Severus recordó a su pequeña hija.

  • Tu hija...

  • Descuida...Está en casa de una amiga de la familia. No quería que viviera todo esto. Necesitaba paz- dijo, acariciando el vendaje frente a ella- Y tú, también la necesitas.

  • Tengo toda la paz que quiero, frente a mí- le sonrió él.

Cuidadosamente, Severus deshacía los botones que estaban en la espalda de aquella hermosa mujer. La besó delicadamente, mientras jugaba con los mechones de su cabello, con su piel. Hermione sonreía y le miraba con mucha calidéz. Se sentía atraída de una forma, que no podía describir. Su aliento en su cuello, sus besos sobre su piel. Sus labios sobre su pecho, de una forma tan fantástica. hacer el amor, nunca había sido tan maravilloso para ella. Y para Severus, las heridas no representaban mayor dilema.

  • Severus...- suspiró ella, sosteniendo su cabeza, en su pecho. Aquel hombre alzó la vista y la contempló- Gracias.

  • ¿Por?

  • Salvaste mi vida...

  • Pues, tú acabas de salvar la mía- indicó con un suspiro y regresó desde su cuello, desde los huesos en su hombro, hasta sus labios.

  • ¿No deberíamos llamar a Snape?- preguntó Sirius y Remus, meditó. Le había dejado con Hermione, mejor era no interrumpirle.

  • Está bien cuidado- le indicó Remus con una sonrisa y Sirius entendió el mensaje. Rió con suavidad, al oírlo.

Hermione se mantuvo en la cama, mientras acariciaba el blanquesino pecho que tenía, frente a ella. Severus sostuvo sus piernas y las prenzó alrededor de su cadera. En poco tiempo, incapáces de mantenerse más tiempo el uno sin el otro, Severus la penetró con delicadeza. Hermione soltó un gemido suave y le contempló, inclinado sobre ella.

  • Severus...- suspiró ella, en un gemido. No iba a decirle nada, solo necesitaba decir su nombre. Los orgasmos, eran muy placenteros para ambos.

  • Hermione...- dijo él, en un gemido ronco- Hermione...

Las caricias y besos no se detuvieron. Cada quién gemía en los labios del otro y en poco tiempo, la desesperación terminaba. La desesperación por acabar, terminaba en un maravilloso clímax. Hermione arqueó su espalda, apoyando su cabeza en el hombro de Snape, simplemente daba los últimos movimientos contra su cuerpo. Se dejó caer, girando sobre sí mismo, para abrazarla.

  • ¿Estás bien?...- le preguntaba ella y Severus, asentí con mucha calma.

  • Estoy bien- le indicó, mirándola, acariciando su cabello- perfectamente bien- suspiro y volvió a besarla.

Severus despertó al poco tiempo y con dificultad, se sentó en la cama. Ella estaba allí, dormida. La contempló y con un suspiro, ubicó su ropa y comenzó a vestirse. Mientras lo hacía, el movimiento perturbó el sueño de Hermione. Ladeó la cabeza para mirar y le observó. Con la camisa entre abierta y con los pantalones puestos. Iba a dejarla.

  • Severus, ¿Qué haces?

  • Esto...esto no debió pasar. No soy tu esposo. Soy un policía. Quién te protegió. ¿Luego terminaré acostándome con todas mis clientas?

  • No me dejes- susurró ella, sentándose en la cama- No me importa lo que seas.

  • No estaría bien todo esto- indicó, pero Hermione sostuvo su rostro con sus manos y le obligó a mirarle.

  • No me importa si eres un policía, si no eres mi esposo- dijo, abrazándole por la espalda- quiero quedarme a tu lado.

  • ¿Entiendes, que no podré reemplazar a tu esposo?

  • No lo necesito. No sé cómo, pero me acostumbré a ti, a tenerte a mi lado. Me siento segura contigo y no solo, por que lleves un arma en tu bolsillo.

  • Hermione...- le dijo y ella se separó para mirarle.

  • Es la verdad. Quiero estar contigo....

Severus no dijo nada y se dejó besar por aquella mujer. Sirius y Remus, eran la noticia de aquel tiempo. Junto a Snape, el intrépido agente. Él odiaba que lo calificaran de esa forma y Hermione, solo reía. Estando dormidos en aquella casa, una nueva que Hermione había adquirido, una pequeña bebé corría hacia ellos. Severus la vislumbró y sonrió.

  • No despertaremos a mamá...¿Verdad?- dijo, levantándose lentamente. Sus heridas aún no sanaban- ¿Qué dices si vamos a desayunar un poco?- le dijo, levantándola del suelo. La pequeña se chupaba un dedo y le miraba, acostando su cabeza en su pecho- Bueno, luego vuelves a dormir.

Sirius y Remus, sabían que tenían que volver. Caminaban por un parque, encontrándose con Snape en una banqueta. Ese había sido el punto de reunión.

  • Vaya vaya, mírate. ¡Qué cambio!

  • Sirius, déjalo en paz.

  • ¿Una buena noche de sexo?- le preguntó y Snape solo sonrió suavemente. Remus y Sirius se detuvieron a un lado y contemplaron, lo que Snape miraba.

  • Lo siento, pero no puedo irme- dijo- en realidad...

  • Lo sabemos- musitó Remus con una sonrisa- la amas y ella te ama a ti.

  • Podrías invitarla a nuetsro país. Ahora que los inmigrantes ya son vistos con naturalidad. Creo que a mi novia le haría bien tener una amiga.

  • No lo sé, no sabría si ella quisiera irse- dijo él, alzando la mirada- y si no es así, no la dejaré.

  • Lo entenderíamos...

Severus le había hecho la propuesta a Hermione. Ella meditó y de pronto entristeció. Bueno, no habían sido los mejores años de su vida, pero había vivido tantas cosas en ese lugar. Snape entendería si ella no quería irse. La observó llorar levemente y allí permaneció, sin separarla de él.

  • ¿Irme? Si eso quieres.

  • No, espero que tú decidas. Sin embargo yo...- susurró, pero Hermione había colocado un dedo en sus labios.

  • Nos iremos entonces. ¿Qué hay aquí, que debemos buscar?

  • Hermione...- dijo, quitando el dedo de su boca- tu familia, tu hija que creció aquí. Yo no podría quitarte eso.

  • Voy a estar mejor. Llévame contigo.

  • ¿Eso quieres?

  • Sí, quiero ir contigo...

Remus y Sirius hacían sus maletas y las colocaban en un auto. La policía les ayudaban. Estando en eso, Sirius divisó junto a su novia, a Snape y a Hermione. Esbozó una sonrisa y negaba con la cabeza mientras fumaba.

  • Vaya, creo que tienes poder de convencimiento.

  • Todo fue idea mía- dijo Hermione, sosteniendo un brazo de Snape- Bueno, ¿Nos vamos?- dijo, mirando a su pequeña hija que Snape sostenía.

  • Nos vamos...