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Vendetta — capítulo 7

Severus regresó a la habitación, violentamente. Lupin estaba en el suelo y se encontraba, ligeramente mareado. Sirius le ayudó a levantarse, mientras Snape miraba a su alrededor, en busca de Hermione. No, ella no estaba allí.

  • ¿Dónde está Hermione? ¿Dónde?- preguntó, como si Lupin pudiese responderle. Lupin negó con la cabeza y Severus, se mantuvo en silencio. Necesitaba encontrar a Hermione. Con mucho cuidado, meditó la solución. No debía precipitarse.

  • Tranquilo, la encontraremos- dijo Sirius- de inmediato, pediré que empiecen la búsqueda.

  • ¡No!- exclamó Snape con autoridad- Esto, tengo que resolverlo yo.

Severus salió del apartamento y se mantuvo en la puerta de aquel edificio. ¿Cómo se suponía que encontraría a ese imbécil? ¡Ni pistas le había dejado! Suspirando, decidió pensar una vez más. Quizá, rastrear la llamada. Sí, eso era lo que debía vislumbrar.

Regresó al apartamento, casi sin aliento y le pidió a Sirius que llamara, para que rastrearan el mensaje. Sirius se puso a ello de inmediato, mientaras Remus intentaba poner su cabeza en orden. Con mucho pesar, Remus intentaba pensar en algo que pudiera ayudar a Snape. Sirius en poco tiempo, tuvo una dudosa dirección. Severus, solo la anotó.

Mientras se preparaba y tomaba sus armas. Recibió una curiosa llamada de un número sin identificar, según su contestadora. Entraba desde muy lejos.

  • Veo que acató mis órdenes a medias- dijo la voz- dígame...¿Es que quiere ver a la joven morir o simplemente va a oírme? ¿Tal vez si matamos a su hija?

  • ¡No!- pidió él- déjenla ir.

  • Liberen a su prisionero y nosotros a los nuestros.

  • ¿Cómo puedo creerles?

  • Es una promesa- dijo la misteriosa voz y enseguida, la llamada se cortó.

  • Hay que liberarlo- anunció Snape, pero Sirius no estaba de acuerdo. Era el único boleto para atrapar a "el fantasma".

  • No podemos liberarlo. Perderemos toda pista y luego, veremos más muertes. Más estafas.

  • Ella está en peligro- dijo, abatido- ella y su hija, están peligrando.

  • ¡Reacciona!- le gritó Sirius- ¿Cómo sabremos que la dejará ir?

  • Lo prometió.

  • ¿Y le crees?

Severus se mantuvo allí, sosteniéndose de aquel sofá que tenían en ese apartamento. No podía soportarlo, la duda lo carcomía. ¿Lo liberaba o simplemente lo dejaba preso y esperaba la muerte de Hermione y de su hija? Sirius observó la indecisión de su compañero y se dedicó a pensar por sí mismo.

  • Entonces hagamos un truco. Diremos que vamos a encontrarnos con ellos y le entregaremos el prisionero. Si se ponen cómicos, actuamos.

  • Pero, Hermione.

  • Ella estará bien. Lo puedo asegurar. Bien, en marcha.

Sirius fue a la comisaría, por el prisionero. Los policías estaban sorprendidos al escuchar semejante noticia. Sin embargo, Snape tenía mucho más que perder, que el propio estado. Eso pensaba él. Amarraron al reo y lo sentaron en el mismo auto. Por alguna razón, el hombre sonreía con sorna, mientras los policías intentaban hacer contacto. Rastrearon el teléfono y enseguida marcaron. Muy fácil, estaba siendo eso para Snape. Allí había algo más, de por medio.

  • Entonces, quieren intercambiar. Perfecto.

  • Entregarán a Hermione- dijo Snape, mientras conducía.

  • Por supuesto. A ella y a su pequeña. Ellas están juntas ahora.

Severus no dijo nada más y escuchó la dirección. Como en toda película, un muelle. Qué cliché era eso. Se detuvieron cerca del hangar que requerían y Sirius, mantuvo al prisionero, dentro del auto. Lentamente, Severus comenzaba a caminar, cuando Remus le puso una mano en su hombro.

  • Por favor, ten mucho cuidado.

Snape asintió y cuando se disponía a replicar, las puertas se abrían. Dentro del hangar había un auto negro, que encendió sus luces. Sirius encendió el auto alquilado por el alcalde y lentamente, lo introdujo en el hangar. Muy pronto, un hombre estaba frente a ellos. Severus, le miró sin disimular su enojo.

  • Cálmese, no gana nada con enfadarse.

  • ¿Qué le ha hecho a Hermione y a su hija?

  • Ellas están bien, ya le dije. ¿Traen a nuestro hombre?

  • No, hasta que pueda verla- demandó Snape y el hombre asintió con mucha calma. Aplaudió suavemente y las luces se encendieron. Hermione estaba sentada en una silla, atada. Estando allí, había un hombre frente a ella, que trataba de besarla- ¡Déjenla!

  • Denos a nuestro hombre- anunció y Severus, hizo un gesto con la cabeza, señalando el auto. Antes de que pasara, Sirius les detuvo.

  • Queremos que las liberen y los intercambiaremos.

  • De acuerdo. Muchachos, traíganlas- anunció el hombre y Severus, pudo ver al esposo de Hermione. Encajaba con la descripción. Al desatarla, Hermione le miró con rabia.

  • ¿Por qué haces esto, Draco? ¿¡Por qué!?

  • No lo entenderías- dijo, apuntándole con una pistola- ahora, camina...¡Camina!

Severus por fin, pudo ver a la pequeña hija de Hermione. Estaba dormida y tenía un chupete en su boca. Hermione la tomó entre sus brazos y la pararon, junto al hombre. Severus inspiró, mientras ella le observaba con preocupación.

  • Bien, ahora el hombre. ¡Ya!

Sirius tuvo que ceder. Los hombres estaban armados y allí había una mujer y una infante. Con rabia, empujó al hombre en dirección de su compañero. Aquel, sonreía como nunca. Draco, empujó a Hermione, a los brazos de Snape. Hermione sus piró y se aferró a Snape, mientras Sirius y Remus, preparaban sus armas en secreto, por si acaso.

  • Muy bien, nos encantó hacer negocios con ustedes. Y ahora, Draco...

El joven rubio, alzó el arma y apuntó a Hermione. Ella soltó un gemido y se aferró a Snape. Sirius y Remus, les miraron con preocupación. ¿No estaba hecho el trato ya? Severus, le contempló con sorpresa.

  • Han visto demasiado. Lamentamos tener que matarlos.

  • ¡Era un trato!

  • Nunca crean en los tratos de un ladrón y asesino. Por que no les servirá de nada.

Severus les contempló con rabia, mientras Sirius y Remus sacaban sus armas. A su alrededor, tenían muchos hombres armados. Draco, contempló a su esposa. Ella, le miraba con lágrimas en los ojos.

  • Draco, tú hija....¡Es tú hija!

  • Hay cosas más importantes. Como el dinero que acabas de darme.

  • ¿Le diste dinero?- se extrañó Snape.

  • Usamos sus cuentas. Sus datos.

  • ¡Canallas!- se quejó Remus y aquel hombre sonrió con mucha felicidad. Sirius le apuntó a Draco, pero sintió sobre su nuca, un arma.

  • Es por la patria. Nos ven como pobres, como inmigrantes y pretenden tratarnos mal y hacernos comer de su mierda. Pues no, nosotros sabemos defendernos. Draco...

  • ¡Señor Snape!- chilló Hermione, mientras Draco disparaba. Aquel hombre, como pudo, se colocaba delante de la mujer y de la pequeña. Se usaba a sí mismo, como escudo humano. Recibía aquel impacto, mientras Hermione le veía caer. Aquellos hombres, comenzarían una persecusión. Hermione, resbaló con Snape y su hija.

  • ¡Señor Snape!- chilló ella, sosteniendo su cuerpo, sus manos ensangrentadas. Sirius salía corriendo tras los hombres, a perseguirlos en el auto- ¡Señor Snape...no muera por favor!

  • Necesitamos llevarlo a un hospital...

  • ¡Pero el señor Sirius, se llevó el auto!

  • Sí, ese imbécil- se quejó Remus- resiste Severus- mencionó aquel hombre, rasgándose un poco de su camisa para amarrarla alrededor de su pecho.- Vamos a salir de aquí y todo estará bien.

  • ¡No quiero que muera!- sollozaba Hermione y su bebé, estaba muy inquieta. Nerviosa con los ruidos y disparos.

  • No morirá, lo prometo- sacaba una radio de comunicaciones- ¡necesito una unidad en el hangar del muelle catorce! ¡Es de emergencia!

La última respuesta que Severus escuchaba, era "copiado", luego perdía la conciencia. Hermione se mantenía allí, sosteniendo su cuerpo herido, mientras Remus sostenía a la pequeña bebé. Tenían que llegar pronto.

  • No muera...Por favor.

En poco tiempo, un auto entraba en aquel lugar. Dos hombres se bajaron y lo sostuvieron con mucho cuidado, para introducirlo al auto. Hermione quería ir con él, pero Remus insistía que lo mejor era que fuese con él al apartamento. Aún, tenía que localizar a Sirius.

  • Los voy a capturar, malditos infelices- decía, mientras disparaban a su auto- ¡Las balas no me asustan, yo trago municiones diariamente!

  • ¡Nos alcanza!-gritó el capo- ¡Piérdanlo en esa avenida!

  • No no...esto no se queda así. Secuestra a una mujer y a una bebé, no es algo de lo que se deban exonerar.

Severus estaba en el hospital, mientras Hermione insistía en ir a verle. Remus llamaba a las unidades y pedía un reporte, pero Sirius no respondía ninguna de sus comunicaciones.

  • ¡Maldición! Siempre quieres hacerlo difícil- miró a Hermione que acunaba a su pequeña bebé, con gruesas lágrimas en sus ojos- la dejaré en el hospital. Allí estará segura. Prométame, que no saldrá de allí.

  • ¡Lo prometo!

Remus hizo lo que ella deseaba y la acompañó hasta el hospital. Con un suspiro de frustración, Hermione corría hacia la habitación donde tenían a Snape. No quería perderlo. Por alguna extraña razón, estaba conectada a él y podía morir de morirse él. Un doctor la detuvo, antes de que ella pudiera entrar.

  • Lo siento, están en operación.

  • ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Sobrevivirá? ¡Dígamelo, por favor!

  • Ha perdido mucha sangre y es probable que, quizá, no alcance a sobrevivir la intervención.

  • ¡Oh no!- chilló ella, llevándose una mano a la boca. El doctor, la miró con mucho cuidado.

  • Intentaremos hacer todo lo posible para salvarlo- le dijo- debería asearse sus manos y la ropa, ir a casa.

  • ¡No! ¡No me moveré de aquí!

Hermione, permaneció sentada en una pequeña silla, a las afueras de la sala de emergencia. pasaban las horas, pero nadie informaba nada. Ella, solo lloraba y recordaba todo lo que había sucedido. Draco la había utilizado para sacar su dinero y financiar una estapa, un asesinato. Iban directo, a matar al presidente de Inglaterra. El primer ministro, para hacer exactos.

Estuvo tres horas, en esa silla y comenzaba a dormirse, cuando su hija clamaba por comida. Con un suspiro, le pidió a una de las enfermeras en recepción, que le ayudaran. Permaneció sentada, mucho tiempo más. ¿Y si moría? Ella moriría con él.

Luego de cuatro horas y media, un doctor salía de la sala. Traía sus manos ensangrentadas y la miró con mucho detalle. Ella apenas alzó la cabeza. No quería oír el veredicto final. Tenía mucho miedo.

  • Se salvó- le dijeron- casi no lo logramos, pero soportó la operación. Ahora está descansando y encontraremos donantes de sangre.

  • ¡Oh dios mío! ¿Puedo donar?

  • ¿Qué tipo de sangre es usted?

  • O positivo- le dijo ella.

  • ¿Ha tenido hepatitis?

  • No, no he tenido hepatitis.

  • Entonces, puede donar un poco. Pero no demasiado. Es una mujer.

Hermione asintió y acompañó al hombre. Con mucho cuidado, ella levantaba la manga de su blusa y le ofrecía uno de sus brazos a una enfermera. Esperaba, que encontraran donantes, para ayudarle.

Los maleantes, se dirigían a la casa gubernamental. Sirius miró el desfile de la reina y maldijo internamente.

  • ¡Mal día para salir!- dijo, en un atasque de carretas de caballos- ¡Vamos, muévanse!- decía, haciendo sonar la bocina- ¡Muévanse!

  • ¡Necesitamos encontrar a Sirius!- decía Remus, en otro auto. Uno, color café.

Hermione, entró en la habitación semi oscura, en la cul, Severus estaba descansando. Caminó con torpeza y sosteniendo a su pequeña bebé. Mientras la bebé jugaba con su cabello, ella lloraba ligeramente. Sostenía la mno de aquel hombre y le contemplaba. Se inclinó para dejar un beso en sus labios.

  • No quiero perderlo...- susurró con suavidad, acariciando su mano con sus dedos- Quiero que viva, que no me deje.