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¡Mi papi y yo! — capítulo 18

Había salido con ella, para divertirla. Realmente comenzaba a sentir que su propia casa, exasperaba. Al día siguiente Hermione tendría cinco años recién cumplidos. La miró en el parque, mientras ella comía helado. Estaba llena de helado, pero disfrutaba de ese sabor frío. Severus no le encontraba la gracia, pero desde que lo había pedido, no pudo negárselo.

  • Sí, sé que le gusta el helado. No, no quiero- dijo y ella continuó ofreciéndole- me duele la garganta, cómaselo usted. Hermione no había terminado de comerse el helado, cuando había mirado el brillante algodón de azúcar. Negó con la cabeza y suspirando, le compró el tan preciado algodón que para ella era como mirar una nube.
  • Perfecto, se empegostará los dedos- le dijo y Hermione no le hizo caso, jugando con el algodón entre sus dedos. La dejó sola por unos minutos, mientras ella comía aquel dulce y terminaba de llenarse los dedos con él.  Sonriente. Al poco rato, escuchó un llanto estridente y miró a Hermione. Estaba en el suelo y no tenía nada en las manos. Ladeó la cabeza hacia un lado y notó a un niño. Le había pegado o la había empujado. La levantó del suelo, ante su insistencia. Con un chillido, la bebé Hermione señaló su pierna lastimada y Severus, miró al pequeño que no era mucho mayor que ella.
  • Disculpa, pero eso le pertenece a ella- le recriminó y el niño, no le escuchó. Mientras él le hablaba, la madre se acercó.
  • ¿Hay algún problema?
  • Este niño, la ha empujado y le ha robado el dulce que se come ahora- dijo Snape, sin paciencia alguna para debatir. La mujer lo miró con sorpresa.
  • Miente. Mi hijo, jamás haría eso.
  • Lo vi, la oí llorar.
  • ¡Su hija pudo caerse y habérselo comido!
  • Granger. ¿Tengo razón? ¿Quién le pegó? Hermione apoyó su cabeza sobre el hombro de Snape y sus cuatro dedos, señalaron al niño, antes de darse la vuelta y seguir llorando.
  • Creo que ya habló claramente y a no ser que obtenga una disculpa...
  • Discúlpate, Jaeth- dijo la mujer, de mala gana- Discúlpate con la niñita. Hermione lo miró de mala gana, mientras el niño de siete años, se disculpaba con ella. Con un suspiro, Severus dio por terminado el asunto. Y sin embargo, ella seguía llorando.
  • Sí, la pierna le duele. Ya se la curaré. Y... Algodón. Hermione demandó otro poco de algodón. Tenía sus manos llenas de moquillo y de algodón de azúcar. Acarició su rostro con eso y sonrió.
  • ¡Papá! ¡ulce ulceee!
  • Sí, es dulce y mi rostro ahora está pegajoso.
  • ¡Ulce papá... Oma oma!
  • No quiero, no tolero el dulce.