← ¡Mi papi y yo! · de
¡Mi papi y yo! — capítulo 17
Hermione despertaba a su padre, de un cómodo descanso... Llorando. La miró en silencio, mientras lloraba estruendosamente. Se aferró a las sábanas y lo miró, suplicante. Severus la miró a su vez, con un gesto de curiosidad.
-
¿Qué le pasa?
-
¡Jum!- dijo, señalando el armario con miedo. Snape negó con la cabeza y apartó las sábanas de su cuerpo. Caminó hacia el armario y suspiró.
-
Ya le dije que no hay nada extraño adentro. ya le dije que solo hay suéteres y otras tonterías- dijo Snape, mirando el armario- debería limpiar esto.
Regresó a la cama y notó que estaba húmeda de nuevo. Bueno, ya había descubierto el problema con su vejiga. Miedo a algo que no entendía por qué. Inspiró y la sacó de la cama. Agradecía tener una varita. En poco tiempo, su cuerpo y la cama, estaban secos.
- Le pediría una explicación, pero no tiene ni edad para eso- suspiró y la miró- No hay nada que temer. No hay monstruos en el armario, ni fantasmas.
Hermione parpadeó y muy pronto, miró a su alrededor con mucho miedo. Severus escuchó el ligero silbido del viento. Sonrió con suavidad y caminó hacia la ventana y la cerró con un ligero movimiento de manos. Ella se chupaba el dedo, mientras lo miraba.
-
No hay nada que temer. Además, yo estoy aquí. No creo que algún fantasma o monstruo se acerque a enfrentarme.
-
Papá...
-
Duérmase Granger.
Severus inspiró, dispuesto a dormir. Hermione se quedó sentada y lo miró, con nerviosismo. Con un suspiro, Snape se sentó en la cama y tomó a Hermione por la cintura. La recostó muy cerca de él. Su cabeza, la apoyó sobre su pecho. La miró chuparse un dedo y mover los pies.
-
No se chupe los dedos. Se le arruinarán los dientes y es poco higiénico. ¿Por qué no duerme un rato? Es mejor de esa forma. Mañana estará cansada.
-
Papá... eo eo...
-
¿Eo?
-
Papá...
-
Ya le dije. No está sola. Y ni se le ocurra orinarse.
Hermione se acomodó, aferrándose más aún a su cuerpo. Cerró los ojos y al poco tiempo, ya se había dormido. Severus inspiró y se ocupó de cubrirse a sí mismo y a ella, con sábanas. Con una sonrisa maliciosa, cerró los ojos.
Esperaba que las pesadillas no se repitieran.