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¡Mi papi y yo! — capítulo 21
Su padre estaba en la cama, dormía. Ella se había bajado de la suya y lo miraba con mucha atención, mientras Sirius seguía dormido en la alfombra de su habitación. Se preguntó si se despertaría pronto. Tenía mucha hambre. Pues parecía que no iba a levantarse. Caminó hasta la cocina y miró lo que había a su alrededor. Algunas cosas no las alcanzaba. Con un suspiro, tomó un taburete y se montó allí. Peligrosamente se movía, mientras ella miraba dentro de las alacenas. Tenía que haber algo que pudiera comer. Severus escuchó un estruendo en la cocina. Parecían ollas y sartenes. Caminó cuidadosamente. Bien podía tratarse de algún enemigo. No. Era Hermione con una enorme cacerola en la cabeza y en el suelo. Se arrodilló junto a ella y se la quitó de encima. Tenía algo parecido a salsa, sobre su cabello y su cuerpo. Había hecho un desastre en la cocina. ¡Iba a tener que limpiarlo todo! Sí, con una varita. Pero pudo haberse lastimado y pudo haber sido fatal para ella. Pudo haber terminado muerta, de golpearse con algo. Suspiró, mientras ella lo miraba con un gesto de miedo. Seguro iba a gritarle por lo que había hecho. Recordaba que él hacía eso. Sonrió, pero él no estaba para oír nada. Ni para sonreí. Nunca estaba para sonreír.
- ¿Te parece gracioso? ¿¡Te parece gracioso cómo dejaste este lugar!?
- Tengo hambre.
- ¡Pudo habérmelo dicho! ¡Pudo haberme dicho que tenía hambre y yo mismo habría cocinado algo! Ante el estruendo, Sirius había bajado las escaleras con un salto y se detuvo junto a ellos. Al ver a Hermione en el suelo y a Snape tan cerca, intuyó que él le había hecho daño y soltó un gruñido. Lo miraba desafiante, mientras Snape solo negaba con la cabeza y una sonrisa maliciosa, danzando entre sus brazos.
- Tu querida Hermione, trataba de hacer una especialidad. Trabajar como chef y mira cómo ha terminado. ¡Se supone que tienes que vigilarla! Sirius hizo un gesto con las patas, como si le echara la culpa de su descuido. Hermione trató de ponerse en pie, pero le fue imposible. Le dolía mucho la pierna. Severus inspiró y miró con mucho detalle. Al tocarla, ella soltó un quejido agudo.
- Está rota. Te fracturaste la pierna. Seguro cuando caíste. Bien, ahora tenía que ocuparse de la pequeña Hermione. Estaba herida y no podría caminar por un buen tiempo. Bueno, eso no estaba tan mal. Parecía ser muy agradable el detalle de tenerla en cama, sin dar brincos ni vueltas por toda la casa. Sirius caminó hacia ella y tiró de su camisa. Intentaba ponerla de pie. Severus pasó uno de sus brazos alrededor de su cuello y ella cojeaba, para llegar al sofá del salón. Una vez allí, Sirius subió a su lado, mientras ella sollozaba de dolor. Había comenzado a dolerle.
- Bájate de ese sofá, Black. No es para perros. Sirius dio un par de vueltas en él, enterrando sus pesuñas en la raída tela y se echó sin hacerle caso. Hermione lo miró con muchas lágrimas, surcándole las mejillas y terminando sobre su cabeza.
- Solo necesito inmovilizarla y estará resuelto. No tienes que llorar.
- Me duele, papá... me duele.
- Yo no soy tu....- ¿Para qué decirlo, si no marcaba la diferencia?- quédate quieta, eso no te va a doler. Fue imposible.