Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← ¡Mi papi y yo! · de

¡Mi papi y yo! — capítulo 22

Estaba sentada en el suelo del salón, mientras Sirius estaba echado a un lado, mirándola colorear. Severus estaba en la cocina. Tenía cosas que atender y pensar en Sirius como un perro, todo el santo día, le hacía sentir muy feliz. Mientras coloreaba, Hermione tuvo un antojo. Quería comer helado. Sobretodo porque en su cuaderno de dibujo, habían helados dibujados. — ¡Papá! Quiero comer helado. Quiero helado... ¿Helado? ¿Esa cosa muggle que solía saber dulce y frío? Pensó mientras Hermione alzaba su dibujo y le enseñaba lo que estaba dibujando. — ¿Cómo sabes que se llama helado, Hermione? — Aquí dice. Helados. Ricos helados. Severus se dio una palmada en la frente. No más libros de colorear, interactivos. Meditó y ladeó la cabeza hacia la vetana. Como si en algún lugar pudiesen vender helados. Sobretodo en aquel viejo barrio en que el que vivían. Eso no iba a ser posible de alguna forma coherente. Sonrió suavemente y negó con la cabeza. — Pero acá no hay vendedores de helados... — ¡Quiero helado! Sirius soltó un gruñido y caminó hasta la puerta. Con una especie de aullido, arañó la puerta y Snape no dejó de sonreír. — ¿Quieres ir a hacer tus necesidades? El animago volvió a gruñir y continuó brincando hasta abrir la puerta con su pata. Hermione miró hacia afuera. — ¿La llevarás a comprar helados? Sirius asintió con la cabeza, mientras tomaba con su mandíbula, una de las largas mangas del suéter de Hermione. Con una sonrisa, Hermione caminaba a su lado. — ¿Te volviste loco? Esto no es seguro. Sirius movió la cola y le enseñó sus largos y finos dientes. Snape negó con la cabeza, cruzándose de brazos y sosteniendo su varita entre ellos. — Cualquiera con una varita o cualquier arma, puede matarte. No creo que tu enorme cráneo lleno de pelos, sea muy inteligente. — Yo quiero helado, ¡yo quiero helado! Severus tuvo que asentir a lo que Sirius proponía. Sostenía la larga manga de su suéter y la arrastraba por un largo parque, mientras ella trataba de distraerse con cualquier cosa. Pero él no se lo permitiría. — Perrito...¡mira! Ardillas.... corre, corre... Sirius se sentó en frente de ella, quedándose quieto y jadeando suavemente. Aquella pequeña Hermione, miró las ardillas grises, saltando entre los árboles. Hermosos animales. Corrió hasta uno de ellos y miró a una pequeña, que se había rezagado. Intentaba subirse al árbol, pero era muy grande para ella. Sirius halaba su pantalón, para que bajara de allí. — ¡Suéltame, suéltame! Pero resbaló torpemente, sobre su perro. Sirius soltó un quejido y ella se puso de pie, inmediatamente. Con una sonrisa, se limpió la ropa y se inclinó para mirar a su mascota. Estaba echada en el suelo, con las patas abiertas y exhausto. — ¡Mira, Sirius! Helado. Corrió hasta un vendedor muggle, con un enorme carro de colores. Se introdujo una mano en sus bolsillos y sustrajo un par de monedas que Snape se había visto obligado a darle. Con una sonrisa, brincaba para mirar los sabores de helado que el hombre ofrecía. — Eres una niña muy lista. Una niñita como tú, no debe andar por allí. Sola. — No vine sola. Vine con mi perrito. Aquel hombre observó al enorme can, que estaba parado a pocos centímetros de ella y lo miraba fijamente. — ¿Y qué helado va a querer él? — ¿Los perros comen helado? — Te diré qué sabores les gustan. ¿Le gusta el chocolate y la crema? Hermione asintió y aquel hombre, le entregó un poco de helado. Ella lo colocó en el suelo y Sirius lo miró con curiosidad. Olfateándolo. — ¿Cuánto...señor? — Tómalo. Es gratis. Que lo disfruten. Ella sonrió y asintió, mientras tomaba el helado de Sirius y caminaba, hacia una banqueta en el parque. Se lo colocó nuevamente en el suelo y ambos disfrutaban aquella delicia helada.