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Historia 43618 — capítulo 3

Está claro que ser un Hombre Lobo y vivir en un mundo acechado por Vampiras sádicas pelirrojas está muy lejos del cielo, pero en noches como esta tengo que disentir.

Bella duerme descansando sobre mi pecho desnudo, sus heridas ya casi recuperadas y yo, que estoy más cansado que en toda mi vida, no puedo dormir, no puedo hacer otra cosa que mirarla. Supongo que es lo que tiene tener 16 años y estar enamorada por primera vez.

Pero también se que ella ha dormido allí con otro chico- sí sé nos puede llamar así- y las pesadillas a veces aún la inundan. Es algo que no puedo soportar, y no es cuestión de celos, no quiero que nada enturbie su paz.

-Está bien, Bella, estoy aquí.

-Victoria, ella… ella te atacaba… yo…él…

Sus ojos se retuercen un poco hasta que se acostumbran a la oscuridad. Se incorpora y se coloca el pelo hacia atrás de esa manera tan encantadora que tiene de hacerlo. Recuerda donde está y me mira. Sonríe algo avergonzada.

-¿Crees que Charlie me habrá oído?

-Puedo oírlo roncar desde aquí.

-Se me olvidaba-dice recostándose de nuevo sobre mi pecho- Tu orejas lobunas- Me tira de un lóbulo con una mano. Ha olvidado su pesadilla, parece feliz. El gesto me vuelve loco, pero no digo nada.

-¿De verdad puedes olvidar lo que soy?

-Eres Jacob.-dice encogiéndose de hombros- Aunque he de decir que desde que duermes aquí paso mucho calor por las noches…-su inocente comentario hace que haya un tenso silencio entre los dos. ¿Acaso prefería el frío del chupasangre?

-No quería decir…

-Lo sé, Bella. No digas nada…

Se vuelve y me besa, y entonces si que me vuelve loco. Primero me muerde el labio suavemente, para luego besarme sin control, con toda la pasión del mundo. ¿A que juegas, niña?

-Bella…

-¿Qué pasa, no te gusta?

Juegas con fuego.

-Bella, tú sabes que te quiero, ¿Verdad?

-Pues claro, Jake…

-Bueno, pues no solo te quiero, Bella- Si me va a besar así, demonios, y mirar de esa manera, en la cama, en mitad de la noche, he de decirle estas cosas- También te deseo-Su cara se pone tan roja que desprende más calor que yo- Hace un momento tu lo has dicho, si, soy un Hombre Lobo, pero también soy Jacob, un chico de 16 años. Y sabes lo que eso puede implicar… Y creo que aunque tu seas mayor…Puede que no… estés preparada…

"Conmigo"-pensé para mí mismo.

Volvió a tumbarse sobre mi pecho y se quedó mirando al techo unos minutos.

-Dios santo, niña, ¿En que piensas?

Me miró levantando una ceja. Vale. No quería leerle los pensamientos.

-Pienso que…tienes razón… En lo primero.

-¿Cómo?

-A ver… No es que no haya pensado en eso…-dijo tan roja que tuve que sonreír- Porque tu sabes, a veces no es cuestión ni siquiera de pensar en ello sino de… Bueno que yo también te deseo, Jake…Pero, ya lo sabes ¿No? -Asentí- Y no es que no esté preparada o no quiera que sea contigo… Solo que no aquí, temiendo que entré Charlie por la puerta, o Victoria por la ventana, no ahora. Merecemos algo mejor.

Bueno, no podía negar que la chica tenía sus argumentos. La besé en la frente.

-Cuando dices algo mejor, no te refieres a algo así como nuestra noche de bodas, ¿Verdad?-dijo, bromeando-Por que, ya sabes, no pensaba casarme hasta cumplir los 30. Y para entonces tú ya serás tan mayor que…

-Oh, calla ya, perro pulgoso-dijo riéndose, y se acomodó en mi pecho, y supe que esa noche ya no volvería a tener ninguna pesadilla.

Que me trague la tierra.

Ser una Hombre Lobo tiene sus cosas buenas, pero cuando tienes novia y pasas las noches con ella, (y eso que aún no había pasado de los besos) compartir tus pensamientos con toda una manada no es algo agradable. No es que ellos comenten nada ni se burlen, también cargan con sus propios sentimientos y muchos de ellos mas vergonzosos que los míos. Pero no es algo agradable.

Pero apenas he notado la presencia de mi manada cuando lo huelo.

Vampiro.

Está cerca de la reserva, en el límite. Corro hacia allí. Sam grita en mi cabeza que los espere, pero yo soy más rápido, y esta vez pienso acabar con esa asquerosa pelirroja. No pienso dejar que siga persiguiendo a Bella, no pienso dejar que su vida siga corriendo peligro.

Sin embargo, en el límite de la Reserva no me espera su imagen grácil pero peligrosa, sino a la de la última persona del mundo que querría encontrar allí. Siento ganas de saltar encima de él, pero sé que no puedo, así que freno derrapando. La tierra cae sobre su cara, pero parece no molestarle.

-Jacob-dice Edward Cullen, mirándome con cara de pocos amigos- Tenemos que hablar.