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Alioth — capítulo 1
Álioth
Pudiera hábilmente mencionar los sucesos que rodearon esta historia desde mi perspectiva, desde mi manera de ver esos bellos y extraños ojos amarillos como el día de noche y grises cual la luna en el día, desde mi manera de observar la belleza en su cabello de colores tan opuestos pero que juntos formaban una bella combinación, de mi forma de sentir el calor de su fría y pálida piel, de la forma en la que sus palabras me envolvían, pero, no puedo hacerlo, estoy obligada a ser objetiva en todo lo que se refiere a él, ese ser que me deslumbró con solo mirar su linda tez angelical, que me empalagaba con solo un roce de esas frías y a la vez tan cálidas manos, que me engañaba tan fácilmente con el sonido de su dulce y áspera voz, que me ayudó a salir de un oscuro abismo para inmiscuirme en otro, ese ser perfecto solo en apariencia.
Aun no habíamos nacido, mi padre apenas era un niño de 6 años, mi madre una bebe y sus padres, aquellos seres que darían vida al ser más perfecto del mundo, aun no nacían y mejor sería que no lo hicieran porque su nacimiento predecía cosas oscuras, muy oscuras.
El sol siempre salía, o por lo lo menos lo hacía para nuestra pintoresca región a orillas de un lago escocés. Todos sus habitantes eran felices en lo que cabía, en lo que podían. Generalmente no eran ni adinerados ni necesitados, tenían lo que lo que deseaban y más, aunque existían familias que tenían mucho más de lo que necesitaban, tanto así que podían abastecer los lujos de toda la región por cincuenta años si así lo anhelaban. Entre esas familias se encontraban los memorables**Evans, los generosos Williams y los déspotas Lawrence.
Mi padre, Andrew, era hijo único del difunto Richard Evans y el dueño**absoluto de todo lo que éste en vida llegó a poseer. Tenía dos hermanos, su madre, después de enviudar se casó nuevamente con un jovencillo de clase media muy arrogante, vil y egoísta, ese al que en un futuro me vería obligada a llamar abuelo, ese que tanto daño haría a mi padre en un futuro y también ese que era el padre del ser que más daño me ha hecho en la vida, ese al que siempre aborreceré, veré con asco y completa repulsión.
Mi madre, desde su nacimiento fue la dulzura personificada, realmente el ser más caritativo y noble que pudiera existir, cuya nobleza sobreviviría años después y sería capaz de salvar a muchos a cambio de su propia vida. Ella, Amelia Moudy, con belleza sumamente impresionante y dulzura angelical sería en muchos años la mujer más perfecta de la región en carácter y cuya belleza solo sería opacada por la Preciosa diosa Claire Lawrence madre del ser que más he amado en toda mi existencia.
Pero ésta historia no gira en torno a mí, es sobre él, sobre el por qué de su existir, sobre es por qué de nacer si desde antes de hacerlo ya estaba maldito y bendito al mismo tiempo, si su sola existencia era prohibida y llegaría a ser deseada, si estaría marcado de por vida por un error que jamás cometió.
Entre las familias de sus padres existía un odio infundado, odio que yo misma me obligaría a poseer en un terrible y temible futuro. Si, los Lawrence y los Williams se odiaban a más no poder, podría jurar que se aborrecían más que los Montesco y Capuleto, se odiaban tanto que sus familias fueron expuestas a una oscura maldición y ésta la pagarían sus hijos, se verían obligados a estar alejados de su hogar, se su cuna, se verían obligados a estar separados por siempre, de por vida porque un solo roce de sus miradas llegaría a ser devastador.