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Alioth — capítulo 2
Todo comienza en una noche de paz, una noche de paz decembrina, todo era amor se irradiaba el calor en cada esquina de**Inverness, nombre de nuestra bella capital, la nieve caía con elegancia y a pesar de esto la luna llena adornaba esta noche, noche que hasta Afrodita podría envidiar de lo preciosa que era, y ni ella imaginaría que Ares metería sus manos entre tanta paz.
Todo era perfecto, en cada casa se oía el eco de los villancicos, se podían olfatear los manjares que las mismas señoras de las casas preparaban, las luces navideñas adornaban la noche al igual que la luna y una peculiar estrella de la osa mayor brillaba más que nunca siendo cómplice de lo que sucedería. Las risas de cientos de niños inundaban cálidamente el lugar, los gritos de madres exasperadas hacían bella armonía con sus risas y su felicidad.
A la distancia se podía ver un bello cuadro de amor, un pequeñín de cabello castaño claro, ojos azules, casi grises como un mar tormentoso y sonrisa angelical enseñaba a dos tiernos bebes pelirrojos de ojos iguales a los de él a dibujar. Andrew, mi padre, jugaba con sus hermanos menores en la entrada de su gran mansión, los gemelos reían tiernamente, tan tiernamente que nadie se imaginaría que uno de ellos llegaría a ser un personaje vil y déspota. Dicen que los gemelos idénticos llegan incluso a tener personalidades realmente parecidas y que uno puede incluso llegar a saber que está pensando el otro y completar sus frases, pero Ethan e Ivo jamás serían de esos gemelos. Desde muy pequeños habían demostrado ser muy diferentes, claro, cuando bebes mis dos tíos eran muy tiernos ¿Y quién no lo es a esa edad? Creo que si hubiese tenido la oportunidad de conocer al abyecto de Ivo de bebe no me aguantaría las ganas de tenerlo entre mis brazos y llenarlo de mimos ¿Quién podría tratar mal a un bebe indefenso? ¿Quién podría tratar mal a un niño inocente? Claramente se que si existen personas capaces de hacerlo y en esa misma mansión, el lugar en donde nací y crecí hasta la edad de diecisiete años estaba una de esas personas y que dentro de unos años dejaría su legado al rastrero de Ivo, éste era el padre de los gemelos, Gaspard Hellsing.
Y en ese momento comenzó parte del sufrimiento en el que me vería envuelta, esa noche marcaría mi destino y también marcaría el de él, el de Álioth, la guerra en el firmamento ya se había desatado y las cartas habían sido echadas hace mucho, maldito e intemperante destino capaz de arruinar tan bella noche, maldita la suerte por permitirlo y maldito él por ensañarse contra ellos.
Y todo ocurrió en Nochebuena ¿Nochebuena? Más nunca lo sería para ninguno de los que se vieron envueltos en los desagradables, extrañas y oscuros sucesos de ese crepúsculo infortunio.
-Andrew- Gritaba Gaspard desde dentro de la casa y el inocente niño con chocolate en los dientes corrió presuroso al lugar de donde se oía aquella ronca voz. Al llegar a la alcoba de su padrastro la puerta se cerró sin previo aviso y el pequeño se asustó mucho pues todo quedó en oscuridad.
-Pequeño ven aquí… - Decía bruscamente mi atroz "abuelo" y el tímidamente se le acercaba, le tenía miedo pues desde muy pequeño, desde que murió el dulce Richard y Natalie se casó con él acostumbraba a castigarlo sin razón aparente, claro sin que ella lo notara. Mi padre aun así le tenía cariño, como hay que ver que cuando somos pequeños perdonamos con los ojos cerrados esos malos tratos y somos capaces de ofrecer las más sinceras sonrisas libres de rencor. Al estar bien cerca de él lo tomó bruscamente por ambos brazos y le dijo sonriendo maliciosamente:-Hoy al terminar la cena vamos a dar un paseo de esos que tanto deseas, hoy te voy a permitir montar a Anabelle la potranquita negra, tu madre me lo ha pedido por ser Nochebuena y porque ya mañana es navidad y te tiene una sorpresa así que prepárate.
El niño esbozó una de esas sonrisas a las cuales los padres amorosos y nosotras las mujeres no podríamos negarles nada, con lo cual Hellsing sintió gran satisfacción interna porque su muy bien planeada venganza hacia el difunto Richard Evans estaba dando frutos y estaba a punto de llegar a donde quería, ya había logrado acabar con él y ahora haría sufrir mucho más a mi padre, mucho más de lo que en toda su vida sufriría.
-Gracias, papá- Dijo Andrew muy alegre y sin más le dio uno de sus más sinceros abrazos para luego bajar corriendo por las escaleras hasta el comedor para besar a su madre y darle uno de esos abrazos que a nosotras las madres nos llenan de vida y nos ayudan a olvidar los grandes problemas, pues con el dulzor de sus gestos nos regalan un pedacito de cielo.
Llegó cansado al piso de abajo y le dio muchos besitos a su madre, pobre, si hubiese sabido lo que implicaba su salida en vez de reír estaría atemorizado y al borde de las lágrimas. Tan pequeño y empezando a ver que en la vida se sufre. No entiendo como llegó a ser tan buen padre y tan buen esposo, no entiendo como podría ser inmensamente feliz la mayor parte del tiempo y hace poco entendí sus rabietas en Nochebuena y Navidad.
A pequeña distancia de los Evans o mejor dicho los Hellsing se encontraba la mansión Lawrence, una familia que vivía solo de apariencias, el abuelo era un alcohólico dentro del hogar, un ser ruin y sádico en gran manera aunque lo escondía muy bien en las fiestas sociales y ante la comunidad en general, siempre lo vieron como un dulce ancianito, diferente era la dulzura que su nieta en gestación tendría. El viejo se pavoneaba con grandes aires de superioridad en su mansión, pues esa tarde había dejado en ridículo al joven Aldebarán Williams ante toda la comunidad diciéndole que no tenía pantalones ni para educar a su pequeño y dulce Alcor, pues, el pequeño había dado berrinches en la calle al antojarse de un trineo idéntico al que ya en secreto le habían comprado como uno de sus cientos regalos de navidad ¿Quién diría que sería la última vez que se vería esa arrogancia en él? ¿Quién se atrevería a decirle a ese viejo que hoy moriría víctima de una gran tragedia causada por la mera curiosidad de su yerna? ¿Quién lo imaginaba? ¿Quién se esperaba un suceso así en Nochebuena? Pues... Nadie.
En la mansión Lawrence todos tenían el cabello negro azabache, no existía heredero con el cabello siquiera un poco más claro, no existían castaños oscuros en esa familia, el cabello de éstos era más oscuro que una noche sin luna y sin estrellas, era más negro que el carbón aunque yo no me atrevería a decir esto delante de ellos, para ellos sería una infamia que los comparara con algo tan simple como el carbón y simplemente prefiero morir degollada a caer en sus lenguas. Eso sí, no existía heredero con un color de ojos similar a otro, si uno tenía los ojos azules el siguiente nacía con ojos castaños, si una tenía ojos verdes quizás el siguiente para variar los tendría escarlata, era algo realmente impresionante ¿Qué tipo de genes tendrían estos engreídos? Nunca lo sabré.
A diferencia de los Lawrence los Williams todos eran rubios, tan rubios como los rayos del sol, Alcor el amigo de infancia de mi padre, era idéntico a Aldebarán y la familia esperaba que el heredero en camino fuera igual a ellos, estaban tan contentos por tener un nuevo miembro en la familia, para ellos esta navidad era sinceramente especial, llena de felicidad y una paz inmensa, el joven Williams ni recordaba el incidente en la mañana con el viejo Lawrence, disfrutaba de tener a su familia reunida.
Por desgracia la señora Williams amaba pasear a orillas del lago y esta noche no sería la excepción, como hay que ver que cuando algo tiene que pasar pasa, quizás si hubiese nevado un poco más se podría evitar, si Alcor hubiese dormido tarde como de costumbre, si hubiera tardado en comer un minuto más, si Aldebarán hubiese tardado más en ese beso al despedirse antes de ir a velar los sueños de su hijo, si su mareo nocturno por el embarazo nunca hubiese llegado, si su chofer fuera desobediente y tardara en recogerla, si alguna de estas cosas hubieran pasado él no estaría muerto, ellos no estarían muertos y todos seríamos más felices, bueno, ni tanto.
Rita, la caprichosa, estaba molesta porque su esposo no le había regalado esa joya que tanto anhelaba, quizás si le hubiese dicho cual era el pobre no habría fallado al comprar los diferentes tipos de alhajas que adquirió esa noche, no hubiese gastado esa pequeña fortuna en vano, la había colmado de rubíes, zafiros, diamantes, esmeraldas y la muy malagradecida se había ido haciendo berrinches al único lugar que no la podía encontrar, el lago. Ella siempre le había hecho creer que lo odiaba solo porque Eileen Williams también lo adoraba y no quería tener ninguna cosa en común con esa "escoria" como la llamaba.
Gaspard gritaba a Andrew para que se apurara y el pequeño bajaba los escalones con una agilidad impresionante saltando uno de por medio, pobrecito mi papá, corría hacia su desgracia, y lo hacía como cordero que es llevado al matadero, como gato negro en rituales de sectas satánicas, voluntariamente.
Lo llevó al establo, preparó la potranca, preparó su caballo y sin más lo ayudó a montarse en Anabelle, la fiel Anabelle, esa potranquita que en un futuro nos ayudaría mucho. Antes de partir le explico como llevar la yegua, le explico vagamente la partida, la parada, el paso , el trote y galope de una manera que entendiera poco para que cayera y si mi padre no gozara de tanta inteligencia y talento para la equitación Hellsing lo hubiese logrado.
Cabalgaron hasta el solitario y oscuro lago, al llegar ahí todo se tornó negro para Andrew, Hellsing, Gaspard Hellsing creyéndose solo en el lugar con el niño lo tiró del caballo, tapó su boca con una pañoleta que guardaba en el bolsillo, sacó una navaja y le dio instrucciones a mi padre que nunca olvidaría, lo amenazó y a el no le quedó de otra que ceder, llorar y sufrir de por vida.
Le hizo bajar sus pantalones, hizo que la moviera de arriba abajo repetidas veces hasta que estuvo dura como roca, con el cuchillo en su garganta lo hizo meterla en su boca mientras le decía: - Es solo una chupeta, hazlo o si no te mueres ¿O quieres que muera tu madre? ¿Quieres que muera Natalie? A Andrew las lágrimas le rodaban por sus bellos ojos que de un azul grisáceo pasaron a ser toda una tormenta, era mucho más de lo que su inocencia podía soportar, los gemidos de excitación del viejo ese no tardaron en llegar, agarraba la cabeza de mi padre y casi ni lo dejaba respirar, pero no conforme con eso le arrancó sus propios pantalones, Andrew temblaba, si, temblaba de miedo y de ira, no podía creer todo lo que le estaba pasando, lo odiaba, lo odiaba demasiado, casi tanto como yo lo odio a él. Que ser tan vil es ese Gaspard ¿Por qué habría sido dotado con tan bello don si solo lo utilizaría para mal?
Con lo siguiente que pasó mi padre quedó sorprendido, unas cuerdas negras salieron de las manos de Hellsing y como si tuvieran vida propia ataron al bello niño de cabello castaño a un árbol, casi asfixiándolo. Momentos después se oyeron chispas desde el lago pero mi "abuelo" no les puso la atención necesaria y siguió dándose placer a costa del sufrimiento de un niño que lloraba y sus gritos eran ahogados por una pañoleta bien amarrada a su boca, mi papá sintió mucho dolor mientras el sudor del malogrado caía en su blanquecina espalda. Mientras lo embestía le decía cosas para dañar su ultrajada inocencia, cosas que se que nunca olvidará, cosas que nadie olvidaría.
Esas chispas del lago alertaron a ambas mujeres de que no estaban solas, la curiosa de Rita quiso indagar quien había causado esto, quien invadía su lago, mientras Eileen preocupada de que la espiaran maleantes empezó a buscar por un camino equivocado a su chofer para que la llevase a casa.
A su izquierda vio a Rita impactada e inesperadamente salieron lágrimas de sus ojos al ver la peor escena que había visto en su vida, sintió el dolor del único amigo de su hijo, sintió gran ira y decepción hacia el hombre que se posesionaba tan vilmente de él, sintió gran asco y repulsión y su limpio corazón conoció lo que era el odio, pues Gaspard Hellsing se ganó ese sentimiento recién nacido en ella. Gritó, gritó fuerte, muy fuerte como nunca había gritado en su vida, le ordenó que parara.
Rita estaba absorta en lo que veía hasta oír los gritos de esa "escoria" que interrumpió su escena y quiso intervenir también para ganar un poco de crédito "salvando" al hijo de su "amiga" Natalie y el memorable Richard Evans. Se acercó a la escena y fue lo peor que pudo haber hecho en su vida.
Los gritos de la mujer ni inmutaron a Hellsing que siguió hasta acabar lo empezado a gran velocidad haciendo sufrir mucho más a mi padre. Al terminar las enfrentó a ambas y de sus manos volvieron a salir esas cuerdas negras amarrando a las embarazadas a los árboles continuos al de Andrew. Cuando Eileen gritó su chofer corrió a buscarla y la encontró, pobrecito, hasta aquí había llegado él, hasta hoy vivirían ellos tres, el chofer y esos que pagarían sin siquiera saber si habían hecho algo malo. Cuando Gaspar lo vio hizo salir de su mano izquierda una daga que lo atravesó por el pecho justo en ese lugar donde estaba su corazón alarmando más aun a las mujeres amarradas.
-Vaya, vaya con que espiándome ¿Nunca les enseñaron a no ser curiosas? ¿Saben qué? La curiosidad mató al gato, pero no son ustedes las que van a morir hoy. ¡Oh! si están preñadas-Decía de forma maliciosa, vio la cara de terror que pusieron las mujeres, temiendo ambas por la vida de sus hijos en gestación y sonrío con satisfacción. -No es lo que piensan- Aseveró. - No van a morir ellos tampoco, lo que les tengo preparado es algo mucho mejor, estos críos que están ahí dentro están claramente predestinados a estar juntos, se ve en las estrellas.- Pronunció apuntando hacia el cielo. - Como yo se que ustedes se odian les voy a hacer un favor, para que vean que no soy tan malo, voy a obligarlos a estar separados, voy a hacer que su existencia separados sea perfecta, pero hay de ellos si intentan estar juntos, hay de si se ven alguna vez porque con solo verse se enamorarán, un solo roce de sus miradas será devastador, un solo roce nos hundirá a todos en la más terrible desgracia.-Decía con una voz fantasmal.
- Saben, si se atreven a decir algo de lo que vieron esta noche morirán en menos de lo que puedo decir "Ya", sentirán lo que sintió el chofer, pues si, con su sacrificio una maldición se posó sobre los cuatro- Dijo apuntando a Andrew. - Pues si este escuincle le dice algo a Natalie tanto él como ella morirán.- Seguía con su monologo mientras las mujeres atadas hasta los labios lloraban.
-Ah, se me olvidaba.- Gritó maliciosamente y de sus manos salieron dos sombras como negros dragones en direcciones opuestas a gran velocidad. Para tomar el pago por el "favor" que les iba a hacer. Luego de un minuto llegaron las sombras, se unieron como en apareo para luego dividirse, quemar el exterior del vientre de las mujeres y entrar por ellas hasta los fetos que quedarían marcados por el resto de sus vidas las sintieran y saltaran en sus vientres. Al saltar las criaturas en sus vientres, la criatura del lago también saltó dejando ver su monstruosidad y Gaspard desamarró a las mujeres, desapareciendo del lugar, con Andrew desmayado en sus manos.
Y ésta negra noche aún no terminaba…