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El pocionista — capítulo 10
Isis estaba pesando en su habitación, cuando escuchó un incesante golpeteo en su puerta. Lentamente, caminó hacia la misma para abrirla. Al hacerlo, Merith entraba con mucha felicidad y se abalanzaba sobre ella para abrazarla. Isis ladeó la cabeza y observó el equipaje que flotaba a un lado de ella. ¿Acaso, se estaba mudando con ella? Lentamente movió las manos, para intentar separar a la emocionada joven, de su cuerpo. Merith sonrió con mucho cariño y le abrió paso a los paquetes que estaban afuera.
-
¡Isis!- dijo. No habían pasado más de dos días, desde que se había ido.- ¡Te extrañé mucho!
-
¿Merith? ¿Qué esás haciendo aquí?
Merith miró a su alrededor y se sorprendió con lo que veía. Lentamente, caminó dentro de aquel lugar y movió cada una de las cosas. Bien, no era la mejor habitación que había visto en su vida, pero si eso ayudaba a Isis, no estaría en desacuerdo. Con una sonrisa, se giró para mirar a su amiga.
- Vine a verte y a traerte unos regalos que confeccionó Miter. ¿A que no son especiales? Hacía tanto, que Miter no confeccionaba algún diseño nuevo. De los suyos, claro está.
Isis sonrió y observó como las maletas se abrían de forma militar, una por una. Con un suspiro suave, Merith comenzó a sacar los trajes de sus empaques y los colocó sobre la mesa. Eran siete de ellos.
-
Uno para cada día de la semana- dijo y juntó sus manos, con felicidad- desde que Miter empezó, dice que no ha podido parar. Siento, que está recordando a su antigua novia. Ella adoraba usar lo que él confeccionaba. Pero, creo que el no verla le está afectando.
-
¿Por qué no ha regresado?- preguntó Isis con curosidad. Merith suspiró, con un poco de tristeza al recordarlo.
-
Ella tuvo que irse. Nunca le dio razones expresas, pero se fue y lo dejó con la esperanza de volver a verla. Hasta el sol de hoy, espera por su carta que nunca llega.
Isis le miró con un suspiro y pensaba hablar, pero Severus Snape estaba entrando en ese preciso momento. Al abrir la puerta, se sorprendió de ver a ambas jovencitas. Se preguntó si Hogwarts era una especie de asociación de caridad, que recibía a cada loco que pasaba por sus puertas. Isis inspiró al verlo.
-
Señor Snape, supongo que ya conoce a Merith- dijo y ella hizo un gesto educado con su túnica negra. Snape, hizo un gesto de desdén y la ignoró.
-
Solo quería decirle, que la esperan en la cena- indicó y con un movimiento lento, comenzó a caminar hacia la salida. Antes de poder continuar, Merith le detuvo.
-
Señor Snape, ¿qué tal va todo?- dijo, imprudentemente e Isis, hizo un gesto negativo con la cabeza. Seguramente, le saldría con una mala contesta.
-
Pues bien. Oh...Si se refiere al desempeño de su amiga la vendedora, pues no es el óptimo. Pero, ¿qué se puede hacer?- comunicó y Merith le miró de mala gana. Con un suspiro, Severus regresaba a sus acciones e Isis no quiso decirle a Merith, que se lo había advertido.
-
¡Pero, qué hombre!- se quejó e Isis sonrió levemente- No me extrañaría, que ninguna mujer que se precie, se le acercara. ¡Es tan repelente!
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Bueno, hay muchas cosas en esta vida- meditó Isis- capáz y habrá una mujer para él.
-
No puedo imaginármelo- confesó ella, caminando hacia la puerta- que tengas suerte en la cena. Consejo: Para impactar, usa el verde con dorado, que confeccionó Miter.
Isis rió y la observó salir. Pasó poco tiempo, organizando la ropa nueva que había traído su amiga de la infancia. Cuando terminó, miró los vestidos. ¿Usaba ese que Merith le había aconsejado? Pues se lo probó y notó ciertas cosas.
- Dios, esto aumenta mi busto como ninguno- dijo, mirándose en el espejo- ¿No será muy exagerado? ¡Miter está loco!
Salió con cierta vergüenza hacia el comedor y miró a los estudiantes reunidos. Con una sonrisa nerviosa, saludaba a todo aquel que veía. A lo lejos, estaban Harry Potter y Hermione Granger. Estaban charlando, mientras Ron charlaba a su vez, con Ginny Weasley. A ellos, eran los únicos que conocía de ese lugar. Continuó caminando y esquivando a los fantasmas de la escuela. El Barón Sanguinario, había pasado muy cerca de ella y le produjo escalosfríos. Al llegar frente a la mesa, muchos profesores se sorprendieron. Inclusive Snape. Dumbledore se levantó amablemente y caminó hacia ella.
-
Bienvenida, Isis. Estás muy hermosa.
-
Pues, gracias...- indicó ella, con las mejillas sonrojadas. Minerva con su varita, hacía aparecer una tercera silla, entre Snape y el mismísimo director.
-
¡Oh no! ¡Somos trece!- estalló Trelawney, levantándose. Minerva le miró de reojo e Isis, tembló ligeramente.
-
¿Enserio, me sentaré entre usted y el profesor Snape?- preguntó, cuando su labio inferior temblaba- Pensé que estaría en una mesa...Por allá.
Dumbledore sonrió y sosteniendo su mano, la guió hasta la silla que Minerva había hecho aparecer. Con una sonrisa suave, ella se sentó entre ellos. Severus no esperó demasiado, para incomodarla.
-
No pudo ponerse algo más atrevido- dijo, ante su túnica que poseía un corte abierto a un lado y mostraba un poco de su pierna.
-
¿Por qué simplemente, no lo puede aceptar y dejar de quejarse?
-
¿Aceptar?- preguntó él- No sea insolente.
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No sea amargado...
-
No sea infantil...
-
No sea fastidioso- le dijo ella y los tonos de voz, comenzaban a aumentar, conforme discutían. Dumbledore empezaría su discurso, sin embargo ellos dos hablaban ya, muy fuerte como para si quiera que los alumnos le prestasen atención. Dumbledore carraspeó e Isis, bajó la vista, avergonzada.
-
Bienvenidos sean todos, al banquete. Espero que disfruten de este nuevo año, que está comenzando. Recuerden las normas y eviten las sanciones. Entonces, a comer y luego a sus respectivas casas. Supongo que mi antiguo discurso, ya aburre. ¿No es así?
Los alumnos no contestaron y simplemente, se dignaron a comer. Isis hizo lo mismo y con mucha felicidad. Era todo un honor, estar junto al director. Severus, comía con mucha tanquilidad, cuando Isis se movió para alcanzar la copa que estaba frente a ella. Mientras lo intentaba, sin quererlo, le había golpeado con la mano y la misma, se volteó sobre la mesa. Había mojado al tenebroso profesor de pociones. Ella se llevó las manos a la boca, avergonzada. Snape se levantó.
-
¡Lo siento tanto!- suspiró tomando un pañuelo- Lo limpiaré...
-
No es necesario- dijo el hombre, irritado. Sacó su varita y en poco tiempo, había secado su ropa. Ella lé miró, apenada.
La cena transcurrió con normalidad e Isis y Snape, no volvieron a hablarse en todo ese tiempo. Al levantarse, Severus Snape ni siquiera la miró. Bueno, eso no le importaba mucho. Ella bajó hacia las mazmorras, luego de que él se fuera y se introdujo en su habitación. No había pasado ni cinco minutos, cuando salía corriendo y gritando. Severus salió de su despacho y la observó Estaba en una corta pijama y enseguida sostuvo su mano, llena de miedo.
-
¡Hay una horrorosa araña en esa habitación!- chilló y Snape la miró con sorpresa. Isis no se despegaba de él. Severus intentaba que soltara su brazo, pero ella no cedía en lo más mínimo. Sostenía su mano con fuerza y la apretaba.
-
¿Le teme a las arañas?- Dijo, intentando soltarse de ella. Isis asintió con fuerza.
-
¡Sí! ¡Haga algo!- chilló y Snape ladeó la cabeza, para negar con hastío. Caminó hacia la habitación y observó la pequeña araña, sobre la almohada. Miró a Isis, que temblaba de miedo.
-
¿A esto le teme?- le dijo y la contempló.
-
Sí sí...¡Sáquela de aquí!
Severus sacó su varita y en poco tiempo, la tenía encerrada en un frasco. La contempló, mientras ella regulaba la respiración, en su cuerpo. ¿¡Cómo era posible, que le tuviese miedo a una arañita!? Deprimente.
- Así me siento yo, cuando veo personas torpes- le espetó, con veneno en la voz. Ella le miró de mala gana y trancó la puerta de su habitación.