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El pocionista — capítulo 11

Isis estaba desayunando tranquilamente, cuando una enorme lechuza negra, se posicionó cerca de ella. La lechuza parecía haber tenido un largo viaje, así que se dejó caer en la mesa. Ululó con mucha impaciencia e Isis, miró el sobre que estaba en su pata.

"Querida Isis:

Hace mucho tiempo que tenía deseos de enviarte eesta carta, pero no me atrevía a intentarlo. Solo quiero decirte, que he decidido regresar de Venecia y quiero verte. Espero poder encontrarte pronto, no sabes cuántos deseos tengo de saber de ti. Hacía tanto tiempo, que no tenía una noticia tuya.

Mis cordiales y sinceros saludos.

Nathaniel"

Al leer aquella carta, Isis se atragantó con el desayuno y tuvo que escupir un trozo de pan, que llegó hasta el plato de un jovencito de primero, que no estaba muy lejos. No podía ser cierto. Quizá era Miter, burlándose de ella. La lechuza se levantó de la mesa, cuando estaba boca arriba y movió sus alas. No pudo evitar reírse de eso.

  • Qué lechuza tan floja- le dijo, acariciando su abdómen. La lechuza movió las alas con más fuerza, pero no pudo levantarse. Isis con mucho cuidado le ayudó a estabilizarse. La lechuza le dio un picotazo amistoso y con un aleteo débil, comenzó a alzar el vuelo.

Mientras le veía, observó la carta que estaba sobre la mesa. Sin lugar a dudas, era toda una sorpresa que Nathaniel escribiera. Nathaniel, el viejo amigo de su padre. ¿Para qué podría querer regresarse? Quizá su padre lo había ordenado. Odiaba que su padre fuera tan controlador.

Sostuvo la carta y quería guardarla en lo más profundo de su guarda ropa. No le gustaba mucho, ver a Nathaniel. Lo creía un poco creído y exagerado en sus gestos. Además, comenzaba a creer que le gustaba y por ende, había decidido alejarse de él. ¿Cómo se habría enterado de todo? Bueno, quizá la prensa que reseñó que algo se incendiaba, que tenía su nombre y firma. ¡Bien! ¡Ahora debía soportarlo a él también! No bastaba con el señor Snape y su...

  • ¡El señor Snape!- chilló ella, cuando recordó que debía reportarse. Ese día, analizaría la muestra que ella había preparado con anterioridad. Ya seguramente, había madurado. Se limpió la túnica y con un suspiro, se preparó para abrir la puerta y encararlo.

Llamó a su puerta, pero él no se encontraba allí dentro. Con mucho cuidado, la empujó y entró para esperarlo allí, de una buena vez. Cuidadosamente, se sentó en la silla que los visitantes siempre ocupaban y se dedicó a esperar.

Pasaban los minutos y parecía, que el hombre no aparecería. Se levantó de la silla y supuso, que lo mejor era esperarlo en su recámara. Ya él le avisaría que la necesitaba. Asintiendo con decisión, comenzó a caminar hacia la salida.

Mientras caminaba, observó en el reflejo de una de las vidrieras de un armario, una misteriosa puerta que no había visto. Lentamente, caminó hacia ella y se preguntó qué estaba oculto allí. Luego, se llamó entrometida y decidió alejarse. Solo dio cuatro pasos, lejos de aquella puerta. Desde niña, siempre había sido curiosa.

  • ¿Qué puede pasar si miro un poquito?

Con pasos temerosos, Isis colocó su mano sobre el pomo de la puerta. Era tan brillante, que llamaba su atención de una forma tal, que moriría si no la abría. Lentamente, giró el pomo y comenzó a abrir la puerta.

Se paralizó ante lo que observó.

Severus Snape, estaba en la cama. Estaba dormido y realmente, estaba dormido con muy poca ropa. Las sábanas enrolladas, le permitieron mirar su torso descubierto. Estaba lleno de cicatrices y de quemaduras. Intuyó, que se trataba de las pociones que había estado realizando. Mientras estaba en ello, el hombre se dio la vuelta y le pareció a ella, ver algo...Ver...

¡Dormía desnudo!

Isis se sonrojó abiertamente y decidió trancar la puerta, lo más lento que pudo. Se apegó a ella y trató de respirar. ¡Estaba durmiendo...! ¡Mejor era no despertarlo! Caminó con una marcha militar hacia la salida y no dio vuelta atrás, hasta que estuvo varios pisos lejos.

Luego de aquel embarazoso suceso, pasó la mayor parte del tiempo, en la biblioteca. Leía libros de pociones, cuando se encontró con Hermione. Ella estaba buscando un lugar, así que se sentó a su lado.

  • Hola- le dijo Hermione, abriendo un pesado libro, que sonó de una forma bastante ruidosa. Isis sonrió y le devolvió el saludo.

  • Hola. Tú eras Hermione, ¿Cierto?

  • Sí, soy yo. ¿Cómo van las investigaciones?- preguntó Hermione, utilizando su dedo, para buscar algo en el índice- Trabaja con el profesor Snape ¿Cierto'?

  • Sí, estoy trabajando en algo con él.

  • Entiendo- Hermione alzó la cabeza y miró lo que leía Isis. Esbozó una sonrisa y con un gesto autosuficiente, continuó hablando.

  • He leído todos y cada uno de esos libros. Son muy fáciles- le dijo e Isis hizo un gesto suave. Una sonrisa.

  • Eres muy lista ¿cierto?

  • Bueno, digamos que tengo amor por la lectura- comunicó ella- pero bueno, un poco de conocimiento, nunca hace mal.

Isis asintió con suavidad. Realmente, ella no estaba muy agraciada con la idea de leer montones de libros. Mientras estaba en eso, Severus cruzó el umbral de aquel lugar y se encaminó hacia ellas, en cuanto vio a Isis. Por una razón que ella bien conocía, no pudo evitar recordar lo que había visto.

  • Supongo que piensa, que puedo buscarla toda la vida- se quejó e Isis, ladeó la cabeza hacia Hermione, que comenzaba a levantarse de la mesa.

  • Bueno, fui a buscarlo. Pero, usted no estaba en su despacho cuando...

  • ¿No estaba?- dijo él, con una voz cargada de veneno- ¿Realmente fue a buscarme...? Por que yo siempre.

  • No estaba allí. ¡Estaba dormido cuando yo...!- dijo y luego se tapó la boca con rápidez. Severus la contempló y parpadeó sorprendido.

  • ¿Acaso...?- trató de decir, pero Isis negó con la cabeza rápidamente. Estaba pálido y ella, había comenzado a sonrojarse.

La discusión hubiese seguido, de no haber sido por Hermione. Había dejado caer uno de sus pesados libros, sobre la mano de Isis, justo cuando los recogía. Severus esbozó una sonrisa suave y la contempló con malicia.

  • Espero que esa haya sido su mano, con la que abrió la puerta de mis aposentos privados. La curiosidad, aplastó su mano.

Isis quiso responder, pero su mano le ardía más. Con mucho enojo, se levantó de la mesa, luego de escuchar las disculpas de Hermione. Comenzó a caminar junto a Snape, sin decir una sola palabra. ¡No era su culpa, de que él estuviese durmiendo cuando ella, fue a verlo! Suspiró y entró una vez más en el despacho. Severus cerró la puerta y se dio la vuelta hacia ella, con un movimiento militar. Ella esperaba por lo que tuviera que decir.

  • Analicé su muestra- le dijo y ella, asintió en silencio- y debo decirle, que es deprimente. Que es un asco y que necesita más que eso, para impresionarme.

  • ¿¡Por qué me dice todo eso!?- graznó ella- ¡Hice lo mejor que pude! Al menos, algo bueno debe tener.

  • Para usted, pero para mí es una basura y por eso, la he desechado. Tiene mucho que aprender, antes de que pueda decirse "pocionista".

Isis quiso hablar, pero las palabras no emergían de su boca. Mientras estaba sentada, Severus se levantó para buscar un grueso libro, en una biblioteca. Regresó al poco tiempo y lo colocó frente a ella. Estaba lleno de polvo y era enorme.

  • Leerá todo esto y lo memorizará.

  • ¡Pero son una gran cantidad de recetas!- se quejó ella, cuando observó el contenido del libro. Severus hizo un gesto de desdén.

  • Yo me las sé todas y cada una.

  • ¡Lleva años en eso!

  • Pues con algo se comienza- le indicó e Isis se levantó con rápidez. Tomó el libro y comenzó a caminar. Mientras lo hacía, no se había percatado de que la carta que había recibido, se había salido de su túnica. Estaba debajo del escritorio de Snape.