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Historia 43943 — capítulo 19

Abajo, Lily preparaba la cena y escuchaba la discusión entre sus hijos. Oyó el último grito de Ayleen y un portazo en el dormitorio de Harry. Terminó de hacer la comida y los llamó a la mesa. Los dos chicos aún seguían enojados uno con el otro.Después de cenar, Leen pidió permiso para ir a lo de Lucy.

La chica llegó a lo de su amiga y tocó timbre. Laura abrió enseguida.

-Hola, Leen ¿Cómo estás?

-Bien ¿Y tú?

-Muy bien, pasa, Lu está abajo ayudándome a ordenar el sótano. Hay un montón de cosas viejas que quiero acomodar.

Leen bajó a encontrarse con su amiga. La rubia estaba ordenando unas carpetas y papeles.

-¿Qué son esos?

-Recuerdos escolares de mis padres - dijo con tono cansado - Mi mamá quiere que acomode los de ella en unapila y los de papá en otra. Un trabajo aburrido. Mi madre tiene millones de cartas y mi padre fotos. Quería ver si papá tenía algo divertido, pero no hay nada de nada. Ni un espejo doble, ni un mapa merodeador, ni una capa invisible. No sé para qué demonios guardó esto, parecen resúmenes de un libro. Parece de transforma… ¡No! ¡Qué bueno! - exclamó emocionada.

-¿Qué?

-Son indicaciones para ser animago. Ayleen, mira esto. - Lucy le tendió una carpeta que contenía varios pergaminos viejos. Cuatro caligrafías diferentes se distinguían con claridad. Explicaban todo el proceso de transformación en animago, las precauciones que se debían tomar, un verdadero tesoro merodeador.

-¿Tu crees que leyendo esto nosotras podríamos convertirnos en animagas? - los ojos de Leen brillaban de emoción al imaginarlo.

-Estoy segura. Debemos estudiar esto concienzudamente, y practicar un poco. Pero lo lograremos. - Se escucharon unos pasos, y Lucy se apresuró a esconder la carpeta.

Laura bajó a seguir acomodando el sótano. Su hija y su amiga fueron al dormitorio de Lucy, quien rápidamente metió los pergaminos en el baúl.

Esa noche, Ayleen se quedó a dormir en lo de los Black. Ella y su amiga pasaron la noche leyendo los apuntes de los merodeadores.

-La transformación de un humano en un animal supone altos riesgos para quienes lo intentan - comenzó a leer Lucy - por eso mismo, el Ministerio de la Magia controla a quienes lo intentan. El primer paso, es el más simple, pensar claramente en qué animal desea convertirse el mago o bruja.

-Una cierva - dijo Leen

-Mmm, yo no lo sé. - comenzó a pensar Lu - Me gustaría que fuera un animal que vuele, y que sea blanco.

-¿Una paloma? - sugirió su amiga - Yo cambio de idea, creo que prefiero buscar algo más orig¡nal, un animal mediano, ni muy pequeño, ni muy grande. Y que sea hábil.

-¿Un gato?

-Me gusta. Lucy ¿Qué cazan los gatos?

-Ratas - dijo la rubia riendo, entendiendo lo que su amiga quería decir.

Al día siguiente, Sirius, Laura, Lucy, Remus y Tonks fueron a almorzar a lo de Lily y sus hijos. A Harry ya se le había pasado el enojo con su hermana. Lucy propuso incluirlo en el plan de ser animagos, pero Leen descartó la idea enseguida. Harry era tan protector que no la dejaría arriesgarse a transformarse. Sólo ellas dos intentarían transformarse.

El almuerzo transcurrió muy tranquilo, después de comer, Harry se levantó y fue a su cuarto a escribirle una carta a Ginny, con quién había empezado a salir el día del baile. Las dos chicas fueron a la habitación de Leen a seguir leyendo los pergaminos. Ayleen había vuelto a cambiar de idea, ahora quería transformarse en leona.

-Leen, decide de una vez, si no, no podemos continuar. - protestó Lucy.

-Una leona, de tamaño mediano, color canela. Como Nala, la novia de Simba en El Rey León. - dijo Leen.

-Yo seré un águila, pero de color blanco.

-¿Existen las águilas blancas? - preguntó Ayleen sorprendida.

-Creo que no, pero acá dice que eso no importa, puedes pensar por un lado el color, y por otro el animal.

-Genial. Vamos al paso dos. - dijo Leen tomando los pergaminos - Oh, no podemos hacerlo aquí, y además debemos practicar mucho.

-¿Qué es?

-Transformar un objeto en el animal escogido. - dijo la chica con pesar.

-Tienes razón. Además, hay una nota al costado, ¿qué dice?

-Se debe tener cuidado de que el animal no se escape, a James se le escapó el libro de encantamientos convertido en ciervo y lo persiguió con la escoba por medio bosque. - apenas terminó de leer, Leen estalló en una carcajada. - ¿Imaginas eso?

-¿Y si no lo encontraba? ¿Cómo explicar que había perdido el libro? - preguntó Lu riendo.

En ese momento, Harry golpeó la puerta. Invitó a las chicas a jugar al quidditch. Los tres pasaron un buen rato jugando, hasta que oscureció.

Ya faltaba poco para la vuelta al colegio, pero lo que más preocupaba a Harry era no haber descubierto el secreto que escondía el huevo dorado que le había ganado al colacuerno. El chico había pasado una buena cantidad de horas pensando en cómo desentrañar el enigma, pero no lo lograba. Todavía no les había dicho ni a su madre, ni a su hermana ni a sus amigos que no sabía cómo enfrentarse a la segunda prueba.

Ayleen estaba más relajada con el tema, entre su historia amorosa con Jaques, las horas pasadas con Lu tratando de ser animagas, las clases, y el alivio ante la espectacular actuación de Harry en la primera prueba, su cabeza no estaba constantemente pensando en el Torneo.

La que sí insistió con el tema apenas los Potters pisaron Hogwarts, fue Hermione. Pero sus insistencias tampoco ponían a su amigo sobre la pista de la segunda prueba.

Recién unos días antes de la prueba, por consejo de Cedric, Harry fue al baño de prefectos y descubrió el mensaje. El problema, era cómo llevarlo a cabo.

-Escuchen - les dijo en voz baja a Hermione, Ron, Ginny, Neville, Lucy y Ayleen - La segunda prueba consiste en buscar algo en el lago durante una hora ¿A alguno de ustedes se le ocurre cómo respirar bajo el agua?

Leen y Lucy se miraron un segundo.

-Harry ¿Eres capaz de convertir algo en cualquier animal acuático capaz de buscarlo? - preguntó Ayleen. Harry miró a su hermana extrañado, sin entender qué pretendía.

-No, convertir algo inanimado en un animal es muy difícil - objetó Hermione - Imposible aprenderlo antes de quinto.

-¿Qué pretendes que haga? - le preguntó el chico a su hermana.

-Que conviertas cualquier cosa en un animal que busque eso por ti en el lago. - respondió sonriendo.

-Suponiendo que llegue a convertirlo ¿Cómo hago que el animal me obedezca? - preguntó el chico.

-Le pides a Moody que te enseñe el Imperius. - opinó.

-No, nena. - negó Harry - No me convence tu idea.

-¿Y si usas branquialgas? - propuso Neville. Los ojos de Hermione brillaron de entusiasmo al oír esas palabras.

-¡Sí! ¡Neville es una idea fantástica! - aprobó.

Neville y Hermione le explicaron a Harry qué eran las branquialgas y cómo debía usarlas. El chico aceptó la idea. Ayleen y Lucy querían robarlas ellas mismas del despacho de Snape, pero Harry no las dejó. Si alguien salía castigado por eso, sería él.