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Historia 43943 — capítulo 20
-Mañana es la segunda prueba, tengo miedo, Lu. - decía Leen mirando sin leer el libro de transformaciones que la chica tenía en sus manos. - Definitivamente - agregó mientras cerraba el libro - estoy demasiado nerviosa ahora como para encima plantearme cómo transformar una roca, o lo que encuentre en el bosque en una leona.
-Dejémoslo por hoy - accedió su amiga sentándose en su cama - ¿Cómo van las cosas con el francés?
-¿Y esa pregunta a qué viene? - preguntó Leen sorprendida.
-A que quiero que pienses en algo que no sea esa maldita prueba.
-Gracias. La cosa va bien con Jaques, pero no sé… Es un chico medio aburrido. Se pasa el tiempo hablando de sus planes de estudio después del colegio. Creo que quiere pasarse la vida estudiando. Me está cansando un poco.
-Señorita Potter - McGonagall apareció en la puerta - ¿Podría venir conmigo un momento?
-Claro - respondió Leen ¿Es que alguien la había acusado de algo que hubiera hecho? ¿Podía alguien enterarse de que ella había escondido la varita de Theodore Nott en un pasadizo secreto luego de haber visto que se le caía en el pasillo? Sería raro, se había asegurado con el Mapa del Merodeador de que no hubiera nadie por allí.
-La Señorita Ayleen Potter. - indicó McGonagall cuando llegaron a su despacho. La chica miró a su alrededor, estaba Cornelius Fudge. Ella estaba segura de no haber hecho nada tan grave como para merecer intervención del Ministro de la Magia. Luego notó que allí también estaba Hermione ¡Nadie en su sano juicio castigaría a Hermione Granger! No estaba allí por un castigo ¿Entonces para qué? - Bien, los hemos convocado a ustedes cuatro porque cada uno de ustedes es la persona que más quiere alguno de los campeones. La prueba consiste en que ellos los buscarán bajo el agua del lago, para lo cuál tienen una hora. La señorita Gabrielle Delacour, es la prenda de su hermana Fleur. La señorita Hermione Granger es la prenda de Víktor Krum. Ayleen Potter es la prenda de su hermano Harry y Cho Chang la prenda de Cedric Diggory.
-¿Y cómo haremos para estar una hora bajo el agua? - preguntó Leen.
-Encantadas, estarán dormidas, y tendrán un encantamiento que les permitirá respirar. - informó Dumbledore - Si no tienen otra pregunta, les ruego que se sienten en estos sillones así las dormimos.
Ayleen obedeció al director. Cuando abrió los ojos, estaba en el borde del lago, envuelta en una toalla.
-¡Guau! ¡Qué rápido!- exclamó y miró a su alrededor, todos estaban mirando lo que ocurría.
-¿Rápido? - preguntó Harry riendo - ¡Y eso que fui el último en salir!
Pero a la niña no le importaba que su hermano hubiera salido último, ni la puntuación que le hubieran dado los jueces, ni si había creído o no la canción de las sirenas. Lo importante era que estaba perfectamente bien junto a ella. Ya sólo faltaba una última prueba y terminaría ese maldito torneo.
Sin embargo, además de la última prueba del Torneo, también estaban cerca los exámenes. Ayleen y Lucy estaban abarrotadas de cosas para estudiar. Lo único bueno, era que habían practicado tanto de transformaciones para intentar hacer el segundo paso para ser animagas, que los temas de ese examen les parecían bastante simples. El máximo logro de transformaciones de Lucy, había sido una silla con plumas blancas de águila. El de Ayleen, un tronco con patas de leona.
Lily respiró aliviada cuando recibió la noticia de que su hijo ya había pasado la segunda prueba. Si bien pensar en la que faltaba le ponía los pelos de punta, no podía evitar pensar que sería la última, y se acabaría ese torneo que la tenía en vilo desde que comenzó el año escolar. Acababa de terminar de limpiar el comedor cuando sonó el teléfono. La pelirroja se quedó un segundo mirando el aparato antes de atender ¿Quién sería? Sólo cuatro personas tenían ese número,Petunia, Laura, Ron y Hermione. Los amigos de Harry estaban en el colegio, así que era imposible que fueran ellos. Laura vivía a tres casas, por lo que nunca llamaba. Y Petunia… Lily estaba convencida de que prefería tirarse desde la terraza de un edificio antes que llamarla a ella. El teléfono volvió a sonar. Lo más probable era que fuera algún promotor de algo.
-Hola - atendió
-¿Lily Potter? - la voz le sonaba conocida.
-Soy yo, ¿Quién habla? - preguntó la pelirroja.
-Jules Evans, tu primo. - dijo la voz del hombre.
-¡Jules! ¡Qué sorpresa! - exclamó Lily muy alegre. Su primo se había ido a vivir a Australia poco antes de que ella terminara el colegio, cuando recién comenzaba a salir con James. De chicos habían tenido una muy buena relación, se veían casi todos los días, hasta que Lily comenzó Hogwarts, momento en el que sólo se veían los veranos, durante las vacaciones familiares. Si bien siempre habían sido muy amigos, después de la mudanza de Jules a Australia por motivos laborales, casi no se habían hablado por teléfono. Lily creía tener el número de su primo agendado en algún lado, pero jamás lo usó. Jules, había perdido el número de Lily cuando la mujer dejó el Valle de Godric, pero recién ese día descubrió que el teléfono era otro. - ¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida?
-Todo muy bien. Vuelvo a Inglaterra.
-¿De veras? ¡Qué alegría! Debemos vernos y contarnos nuestras vidas ¿Qué has hecho en estos años? ¿Te has casado? ¿Tuviste hijos?
-Me casé con una belleza australiana y tuve cuatro niños. Mark es el más grande, tiene 9. Virginia tiene 7, Melanie 4 y Ben 1 ¿Y tú? Tuney me contó lo de tu marido, me dijo que tenías un hijo de la edad de Dudley, y una niña menor.
-Sí, Harry tiene 14, Ayleen 12. - contó - ¿Y cuándo vienes? ¿En dónde te vas a instalar?
-Adivina. - dijo riendo - Calculo que en un mes estaremos totalmente mudados. Me instalaré en Surrey, al igual que ustedes dos.
-Será un placer tenerte de vecino, primito.
-Tenemos que organizar una juntada toda la familia. Quiero que vengas a casa con tus hijos, y también Petunia con su marido y su niño ¿Qué opinas?
-Yo no tengo inconveniente ¿Le has dicho a mi hermanita tu idea?
-Costó convencerla, pero lo logré. Entonces, en un mes nos juntamos los tres Potters, tres Dursleys y los seis Evans.
-Harry y Ayleen están en el colegio hasta fines de junio.
-¿Van al mismo internado que fuiste tú? - preguntó Jules.
-Sí - respondió Lily sonriendo.
-Entonces nos juntamos el primer domingo de julio, a almorzar.
Lily terminó de hablar con su primo y se dirigió a San Mungo, se le estaba haciendo tarde.