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Historia 43943 — capítulo 23
En el momento en que Harry y Ayleen llegaron a la plataforma, su madre ya estaba esperándolos. A su lado estaban Sirius y Laura, que habían ido a buscar a Lucy.
Las vacaciones de verano acababan de comenzar, sin embargo, en la casa no se respiraba un ambiente de tranquilidad y felicidad por ese motivo. Lily estaba todo el tiempo alterada, preocupada de que le fuera a pasar algo a sus hijos. Los chicos, estaban cansados de no poder ir a ningún lado solos. Fuera lo que fuera que tuvieran que hacer, la pelirroja exigía que estuvieran los tres juntos.
-
Mamá, son tres casas, voy a lo de Lucy ¡No tienes que esperar a que Harry se despierte para que vayan los dos a llevarme! - exclamó Ayleen enojada
-
No vas a ir sola, y tampoco voy a dejar a Harry solo aquí. - insistió Lily.
-
Hasta a un bebé lo pueden dejar durmiendo tres minutos y no pasa nada ¡Estás loca, mamá! ¡Déjame ir a lo de Lu! - protestaba la chica.
-
Tendrás que esperar, o mándale una lechuza para que venga.
-
La llamaré por la red flu - dijo Leen.
-
Ayleen Potter ¿Qué problema tienes en los oídos? Dije que le mandes a Luxy o Hedwig, no que uses la red flu.
-
Has enloquecido. - protestó su hija y sacó un papel en el que escribió.
Lu,
Mi madre ha enloquecido hasta el punto de no dejarme ir a tu casa porque Harry está durmiendo y no puede acompañarnos ni quedarse solo ¿Vienes tú aquí?
Leen.
Un rato más tarde, sonó el timbre. Ayleenfue a atender, pero su madre la detuvo.
-Déjame atender a mí. - dijo, y luego de mirar quién era, les abrió la puerta a Lucy y sus padres.
-Tampoco me dejaron venir sola - le dijo la rubia a su amiga.
-Después la loca soy yo - murmuró Lily.
Las chicas fueron al dormitorio de Ayleen y se pusieron a leer los pasos para ser animagas. Sus padres conversaban en la cocina. Un rato más tarde, las dos amigas bajaron para jugar al quidditch en el patio.
-Me parece un buen cuartel para la Orden. Aunque necesitará arreglos. - decía Sirius.
-¿Esa orden es la Orden del Fénix? - preguntó Leen ante el asombro de su madre y Sirius.
-¿Cómo sabes tú de la existencia de la Orden? - los ojos verdes de Lily estaban clavados en los avellana de su hija.
-En realidad, no tengo idea qué es. Pero lo oí el verano pasado, cuando me secuestraron después del mundial.
-La Orden del Fénix es un grupo que intenta que Voldemort no lleve a cabo sus planes.
-¡Guau! ¡Quiero entrar! - pidió Lucy entusiasmada.
-No, Lu, es para gente grande.
-Colagusano dijo que él entró a los diecisiete ¡Por qué no podemos entrar a los trece! - protestó Leen.
-Porque son mucho más chicas, son menores de edad, es muy peligroso. - objetó Lily.
-A que si Harry te lo pide le dices que sí. - desafió la chica.
-Ni loca. No entrarán a la Orden ustedes. Son muy chicos y los quiero mucho como para dejar que les pase algo. - insistió la pelirroja.
-¡Ni que fuera necesario entrar a la Orden esa para que los mortífagos te secuestren o Voldemort te meta en el Torneo de los Tres Magos! - ironizó Ayleen.
-Basta, no van a entrar. Vayan afuera a jugar quidditch.
Las chicas pasaron un buen rato jugando en el patio. Harry se levantó cerca del mediodía y se unió a ellas.
Al anochecer, Lily les comentó a sus hijos que el domingo irían a un almuerzo familiar. A Harry no era la idea que más le agradaba, pero no tenían inconveniente en ir. Ayleen, por el contrario, quería quedarse en su casa.
-
Mamá, te juro que no me va a pasar nada si me quedo, invitaré a Lu.
-
No, Leen, vendrás. Además, no es solo porque no quiero que te quedes sola, sino que también creo que deberías conocer a tu familia, aunque sea un almuerzo solamente. - insistió Lily.
-
No soy una niña pequeña para que me lleves de aquí para allá ¡No quiero ir!
-
Vas a ir, Ayleen.
-
¡Oh! ¿Por qué? - gritó la chica.
-
Porque yo lo digo ¡Vendrás, Leen!
-
No quiero - insistió ella.
-
No te pregunté si querías o no. Vas a ir a lo de mi primo, conocerás a Jules y a su familia, y volveremos a la tarde, y si quieres, pasamos por lo de Sirius y conversas con Lucy.
-
No, yo me voy a quedar acá.
-
Ayleen - exclamó Lily cansada - No me hagas obligarte a ir ¿Puede ser?
-
No, Má, no quiero. - gritó Ayleen - ¡Me tienes cansada! ¡Todo el maldito tiempo estás detrás nuestro para ver qué hacemos! ¡No hay un loco persiguiéndonos con un hacha por la espalda todo el tiempo! ¡Déjanos vivir en paz!
-
No, - respondió Lily tranquila - no hay ningún loco con un hacha. Solamente un mago asesino con una varita y varios seguidores.
-
¿Acaso ves que esté por aquí? - preguntó la chica enojada.
-
No, pero no pienso esperar a que eso ocurra para intentar protegerlos. El año pasado te secuestraron, mataron a Bertha Jorkins y a Barthy Crouch padre, metieron el nombre de tu hermano en el Cáliz ¿Qué más quieres para entender que no son tiempos de andar solita paseando?
-
¡NO ME IMPORTA LO QUE DIGAS! - Gritó enojada Leen - YO ME VOY A QUEDAR ACÁ.
-
VAS A IR A DONDE YO TE DIGA ¡Y NO ME GRITAS A MI, AYLEEN!
-
¡TE GRITO SI QUIERO! - exclamó Leen sosteniendo su varita.
-
Baja esa varita inmediatamente, y te vas a tu cuarto - dijo Lily. También ella sujetaba su varita.
-
¡Basta! ¡Petrificus Totalus!
*- ¡Protergo! ¡Expelliarmus!*Ayleen, estás castigada. Vas inmediatamente a tu dormitorio y te quedas allí hasta la hora de cenar. No estarás con Lucy en toda la semana, y el domingo vas a ir a lo de Jules son decir una sola palabra Y la próxima vez que se te ocurra lanzarme una maldición, piénsalo muy bien porque estarás castigada hasta que cumplas doscientos años ¿Has entendido, jovencita?
Ayleen no necesitaba que se lo digan para saber que había pasado la raya. Sin decir nada se levantó y fue a su dormitorio. La notificación oficial por utilizar magia fuera del colegio tardó dos segundos en llegar. La chica tomó el pergamino y lo destrozó tirando millones de papelitos pequeños por la alfombra de su cuarto.
-
Duelista - Harry acababa de entrar al dormitorio de su hermana - dice mamá que no la uses, pero que la tengas contigo. - el chico le dio su varita.
-
Gracias - respondió su hermana de mal modo - Ahora sal de mi cuarto y la próxima vez toca la puerta.
Harry salió y cerró la puerta del cuarto de su hermana.
Lily aún seguía enojada mientras preparaba la cena. Harry le preguntó si necesitaba que la ayudara.
- No, tesoro, está bien. - contestó la mujer sonriendo.
Durante la comida nadie dijo nada. Acababan de terminar de cenar cuando llamaron a la puerta. Lily les abrió a Alice, Frank y Neville.