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Historia 43943 — capítulo 24
Lily y sus hijos tocaron el timbre en la casa de los Evans. Jules abrió y abrazó a su prima. Era un hombre alto, de cabello castaño claro y ojos verdes como los de Lily. Su sonrisa también recordaba a la de la pelirroja. Saludó a sus sobrinos y le presentó a su familia.
Laureen, su esposa, era pequeña de estatura, su cabello rubio era muy lacio, y lo llevaba suelto hasta la altura de los hombros. Sus ojos eran color chocolate, al igual que los de Ben, el bebé que llevaba en brazos. El pequeño tenía una fina mata de cabello castaño como la arena. De la falda de su madre iba sostenida Melanie, una niña de cuatro años que era la copia en versión femenina y pequeña de su padre. Virginia, su hermana de siete, tenía los ojos castaños, y su cabello era rubio rojizo. Saludó a sus primos sonriendo. El mayor, Mark, era un niño de cabello castaño y ojos marrones.
Petunia, Vernon y Dudley ya estaban en la casa y saludaron a los tres Potters sin mayor entusiasmo. La comida estaba casi lista, pero aún faltaban algunos minutos.
-
Mami, ¿les puedo mostrar mi pieza a mis primos? - preguntó Virginia.
-
Claro, amor.
La niña indicó que la siguieran, y les mostró toda la casa. Ayleen terminó muy entusiasmada con sus primitas, reviviendo su infancia jugando a las muñecas con ellas.
- Tú serás la mamá, este muñeco es tu bebé más chiquito, y Melanie tu hija más grande - indicó Virginia.
Sin darse cuenta, los hijos de Lily se entusiasmaron jugando con sus primos, a excepción de Dudley, que estaba sentado entre sus padres, ya estaba por anochecer cuando la pelirroja les dijo que volvieran a casa. Jules prometió ir a visitarlos.
La semana siguiente también fue agitada. El Profeta había comenzado su campaña para desacreditar a Dumbledore y a Harry, argumentando que estaban chiflados. Lily llevó a sus hijos al número doce de Grimauld Place, debían limpiarlo para que se convirtiera en el Cuartel General de la Orden del Fénix. Los chicos ayudaron, junto con los Weasleys y Hermione. La señora Weasley estaba muy alterada luego de su pelea con Percy. Los mellizos estaban preparando nuevos productos con dos ayudantes de lujo, Lucy y Ayleen.
-Si inventan orejas extensibles, también se pueden hacer ojos extensibles - propuso Lucy.
-¿Y de qué manera? - preguntó Fred.
-Mmm, tal vez siguiendo la misma lógica que las orejas, pero haciendo que la punta del ojo envíe un encantamiento de visión ampliada al objeto que toque. - sugirió Leen.
-¿Sabes hacerlo? - preguntó George.
-No, y de todas maneras, no podría. Ya recibí este año una notificación oficial por usar magia en casa. - informó la chica.
Las chicas aportaban ideas de inventos a los gemelos. A los chicos les parecían propuestas muy interesantes y las analizaban con interés. Los chicos fabricaron los "Ojos extensibles" y les prometieron al dúo un cuarenta porciento de las ganancias.
La tarde más calurosa del verano estaba llegando a su fin. Lily y sus hijos estaban en su casa, disfrutando del encantamiento refrigerante que la pelirroja había puesto en toda la casa.
-Mamá, tienes que firmarme la autorización para ir a Hogsmeade. -anunció Ayleen. Lily tomó el pergamino que su hija le daba y se quedó mirándolo fijamente sin responder - Ahí tienes pluma y tinta. - le señaló la chica. - ¿Qué ocurre?
-No estoy segura si firmar esto, Leen. - contestó.
-¿Por qué? ¡Me he portado bien!
-Lo sé, pero me da miedo. En Hogsmeade no estarás tan protegida como en el colegio, y de verdad me asusta que te pase algo.
-¡¿Y Harry sí puede?!
-No sé. O tendrán permiso los dos, o ninguno. Pero lo pensaré.
-¿Se puede saber qué he hecho para que me revoques mi permiso de salidas? - preguntó Harry sorprendido, estaba terminando una redacción de pociones cuando escuchó la conversación entre su madre y su hermana.
-Nada, pero no quiero que estén en peligro. - Lily observaba la sonrisa que se había dibujado en el rostro de su hija - ¿Qué te pasa? -le preguntó.
-Yo creo que estaremos más seguros si vamos con nuestros compañeros, vigilados por los profesores, que si lo hacemos bajo una capa invisible con un Mapa del Merodeador. Deberías firmarme el permiso, por nuestra seguridad. - dijo la niña.
Lily sabía que su hija tenía razón, si no firmaba, los chicos irían de todas maneras a Hogsmeade. Tomó la pluma que tenía a su lado y firmó. Leen le dirigió una mirada de triunfo a su hermano, y tomó el permiso y lo guardó en su baúl.
Las vacaciones de la pelirroja ya habían terminado, cuando tenía que ir a trabajar, Harry y Ayleen iban a lo de Sirius. Las tres cuadras que distaban entre la casa de los Potter y la de los Black, era el único recorrido que los chicos podían hacer solos. Hacía dos semanas que Ayleen había convencido a su madre de que no era necesario que los llevara. Los dos hermanos iban a lo de Canuto, cuando se encontraron con su primo Dudley.
-Ya sé lo que son ustedes - les dijo - Mi madre me lo ha contado todo.
-¿Ah, sí? - preguntó Harry - ¿Y qué somos?
-Unos anormales que hacen… - el chico miró hacia todos lados, sin atreverse a pronunciar una palabra más, iban caminando y se habían desviado del camino, iban por el pasaje Glicinia. - Hacen cosas raras.
-Sí - dijo Leen sonriendo - ¿Quieres que te mostremos algunas?
-¡No! - era evidente que la sola idea aterraba a Dudley.
-¿Y qué más te contó tu mami? - preguntó Harry, en ese momento, el cielo se oscureció y los tres chicos comenzaron a sentir que los invadía el frío.
-¿Tú estás haciendo algo? - preguntó Leen a su hermano con curiosidad.
-No, nada.
-¡Detengansé! ¿Qué hacen?
-No hacemos nada, Dudley. Cállate un momento. - indicó Harry.
-¡No veo nada! ¡Me ha quedado ciego!
-¡Harry! ¿Son dementores? - preguntó Leen.
-Eso creo, mantente detrás de mí y sostén tu varita. - le respondió su hermano.
-¡No harás nada con eso! - le dijo su primo y le arrebató la varita de la mano. - ¡Le diré a mi papá! ¡Te voy a pegar! - gritaba Dudley.
-Cállate, Dudley.
¡Zas! Leen sintió cómo Dudley le pegaba a Harry y se asustó, lo que menos necesitaban en ese momento era que los dos chicos se pelearan, necesitaba su varita, pero también necesitaba a Harry porque ella no sabía conjurar un Patronus.
-¿Qué es eso? - preguntó una voz de niña, que no era la de Leen - ¿Dudley? ¿Harry? ¿Ayleen?
-¿Virginia? - preguntó Leen.
-Sí - respondió la niña - Estamos frente a casa pero no veo la puerta.
-Dame la mano, y quédate detrás de mí.
-¡Dónde está mi varita! - gritaba Harry desesperado - *¡Lumos! ¡Expecto Patronum! -*El hechizo salió muy débil. Harry volvió a intentarlo varias veces hasta que lo logro y todo volvió a la normalidad.
-¿Están todos bien? - preguntó Harry mientras se levantaba del suelo y buscaba a su hermana y sus primos. Se asustó al no oír respuesta. A unos metros de él yacía Ayleen en el suelo, inconsciente. A su lado estaba llorando Virginia. - ¡Leen! ¡Ayleen! ¡Despierta!