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Historia 44136 — capítulo 1

—Me duele la cabeza, maldita sea.

—¿Por qué no dejas de hacerte la fuerte y tomas algo para ese dolor? —habló duramente Gab, su amigo.

—Porque no puedo tomar pastillas, haber que día lo entiendes, genio.

—No hay necesidad de gritarse —intervino Lily, con el mismo tono pacifista de siempre— Deja de Giana en paz, Gab y tu Giana, si no vas a hacer nada al respecto, no te quejes.

—Gracias, amigos míos —repuso, adelantándose y dejando a su grupo atrás.

—Creo que le vino —señaló Carrie, quien inconscientemente había estado analizando el humor de Georgiana— Hay que dejarla tranquila.

—Tengo que admitir que me encanta la forma en que siempre usan la misma excusa para todos sus problemas —apuntó Gabriel.

—No es una excusa —terció la pelirroja, en defensa de su género— Es un tema serio del que nunca vas a entender nada.

—A Dios gracias.

—Cállate, Gabriel —rió Carrie— Te encantaría tener una "excusa" así para ti.

—Uy si —respondió sarcásticamente— No saben lo interesante que encuentro sus ovulaciones y esos dolores de los que tanto hablan, los cuales a veces dudo de su existencia.

—Llamando a las mujeres mentirosas —continuó el juego— Mucho cuidado, Gabriel Carrell.

—Giana no esta —suspiró la pelirroja.

El trío entró por las grandes puertas del Gran Comedor, dirigiendo las miradas hacia la punta de la mesa de Gryffindor, esperando encontrar a su ofendida a amiga; pero las consecuencias de la pequeña discusión habían sido obvias.

—Se les extravío alguien en el camino, me parece —apuntó Sirius Black, con una falsa cara de preocupación.

—Sí, se nos cayó de la mochila —repuso Gabriel, del mismo modo.

—Muy gracioso, Carrell, pero sigue con esa práctica.

—Es temprano, Black —intervino Lily— No empieces.

—No, querida Evans —habló James Potter— Nadie empezará nada, pero vamos a continuarlo.

Carrie comenzó a reír de la nada y todos habían pensando que por el pésimo comentario del Capitán.

—¿A que va todo eso? —quiso saber Lily, viéndola con una expresión extraña.

—Ahí viene Andrea Kent.

Para cuando Sirius quiso reaccionar y escapar, la chica ya se había encontrado un sitio entre Potter y él. El sitio había sido hecho a la fuerza, pero para ella era perfectamente válido.

—Buen día, mi amor —saludó ella con pasión, sujetando a su "novio" de la cara y besando su mejilla con esmero.

—Que tal, Andy.

—Andrea —todos advirtieron que esa había sido la primera palabra de Remus Lupin en todo lo que iba de la mañana— Creo que recuerdas de lo que hablamos.

—Oh, por supuesto —repuso, separándose con lentitud, siempre con los ojos clavados en el perfil de Black, quien a su vez se hallaba rígido, mirando un punto en la nada enfrente suyo.

—Ahora pregúntale —impulsó el rubio, con el tono de un profesor bien instruido.

—¿Necesitas privacidad?

Todos clavaron los ojos en Andrea Kent, menos Sirius Black, y nadie sabía si reír o esperar la "respuesta" a la pregunta. Sirius giró su cabeza lentamente, procurando no ver  a los ojos de Andy, y esperó que su amigo le diera una pista de qué hacer. El licántropo asintió discretamente.

—Sí —respondió entonces, sintiendo una tonelada menos en su espalda.

—De acuerdo —respondió la rubia, con ese tono de ansiedad crónica que la caracterizaba— Si necesitas algo puedes llamarme.

—Gracias.

Andy Kent se puso de pie, sin despegar sus manos de los hombros del chico y hasta que sus brazos no estuvieron completamente estirados, no lo soltó. Cuando la chica llegó hasta su mesa en Ravenclaw, Sirius Black respiró por primera vez.

Y mientras Carrie había aprovechado a explotar en carcajadas.

—Ya sabemos que forma tiene el boggart de Sirius Black —comentó, pensando que tendría un día muy especial.

—¿Que fue lo que hablaste con ella, Lunático? —quiso saber, intentando ignorar el comentario que había hecho reír a todos.

—La forma en que te lo preguntó hace bastante gráfica mi explicación.

—Te agradezco.

—Cómo me voy a burlar de ti, Black —sonrió maliciosamente Carrie, sin poder ocultar el regocijo que aquella situación le provocaba.

—Ya te voy a hacer pagar, Blair.

—Eres tan divertido, Sirius.

Padfoot le dirigió una mirada de advertencia a Remus, esperando que lo detuviera para no matarla o para que dijera algo que calmara las aguas turbulentas.

—Chicos, ya —sentenció— Tengamos un desayuno en paz.

—Quiero saber qué fue de Giana —Lily miraba su té sin mirar. Tenia una especial preocupación por su amiga. Mas allá de que ella siempre tenia problemas (a veces muy serios), siempre tenia asuntos pendientes que solucionar, esa vez la pelirroja se sentía distinta; era como una corazonada— Ya vengo.

—¿Necesitas que te acompañe? —pregunto Remus, tan cordial como sólo él podía ser.

—Puede ser que necesite tu apoyo moral —sonrió la chica.

Remus y Lily salieron del Gran Comedor; James no despegó la vista de aquellas dos espaldas hasta que no las vio mas. Anhelaba estar en los zapatos de su amigo, deseaba poder tener esas conversaciones espontáneas como su amigo, comentarle su día, como cosa de siempre, verla sonreír y no pensar en besarla nada más, simplemente admirar su belleza. Pero sus personalidades eran antónimos, sus destinos opuestos.

—Si quieres puedo darte una mano con Lily —comentó Gab con seriedad, pero cuando James le devolvió la mirada, el estaba riendo burlón.

—¿Cuándo vas a entender, principiante, que no necesito ayuda con las mujeres?

—¿Cuándo vas a entender tú, experto, que a Lily no le interesan tus métodos de conquista? Ella no ve esas cosas, deberías saberlo ya.

—El día que bese a Evans y no sea en contra de su voluntad, vas a tener que acostarte con Andrea Kent.

—¿Estás apostando conmigo, Potter? —una mueca de triunfo se dibujo en los labios de Gabriel— Jamás he perdido una apuesta, ni siquiera contra ustedes.

—Ya sé —repuso, restándole importancia— Pero no me importa. Voy a conquistar a esa chica y te lo puedo garantizar.

—Si estas tan seguro de que lo vas a conseguir, te voy a dar un plazo de tiempo.

James lo pensó por un minuto. Eso cambiaba las cosas completamente. Sabía que era capaz de llegar al corazón de Lily Evans, pero el tiempo era un factor completamente subjetivo. Podía tomarle una semana, incluso tres años.

—Habla ya.

—Tienes cinco meses.

—¿Cinco meses? —repitió, casi gritando y con sorpresa.

—No te adelantes, Potter —prosiguió, antes de que el Merodeador continuara hablando— Conozco a Lily mejor que nadie y estoy completamente seguro de que el tiempo no te va a sobrar.

—Bien —enunció— Esta bien. Acepto tu lapso de tiempo, ¿pero qué harás si pierdo? No es que vaya a perder pero...

—Ya te vas a enterar a su debido tiempo.

—Acepto tu misterio también —estaba tranquilo. Cinco meses, sin presiones. Lo lograría. Era como quitarle un dulce a un niño.

—Qué patéticos, apostando a mi amiga —manifestó Carrie, ofendida.

—Que quede establecido quien empezó todo esto —expresó James, sonriente.


—¿Giana? —Lily golpeó la puerta del baño— ¿Giana, estás bien?

No recibió respuesta.

—Giana, por favor háblame.

—Vomité —dijo una voz débil del otro lado de la puerta.

Una sensación horrible le golpeaba el corazón; era una leve sospecha...

—Mierda, Lily, estoy embarazada.

La mano que Remus tenia apoyada sobre el marco de la puerta, se le resbaló y se dio en la cabeza con la pared.

—¡Por Dios, Remus! —exclamó la pelirroja, como si aquello hubiese sido una interrupción— Abreme la puerta, Giana.

—Me dolió...

La puerta se abrió. Georgiana Glover estaba de pie, pálida y con una prueba de embarazo en la mano.

—¿Y qué hace Lupin aquí? —espetó, lanzando la prueba de embarazo contra el rubio, quien rápidamente la atrapó en el aire.

—Vino a ayudar.

—No necesito la ayuda de nadie, muchas gracias Lupin —atacó, ácidamente— Puedes ir con tus amiguitos y contarles todo.

—Giana, no diré nada si no quieres.

—Glover para ti, idiota.

La chica se abrió camino entre Lily y Remus y con violencia cruzó la habitación y se sentó en la última cama, dándoles la espalda.

—De verdad quiero ayudar, Lily —susurró el rubio.

—Lo se, Remus, perdónala. Esto es delicado.

—Lo entiendo, pero si quiere que me vaya, me voy.

—De acuerdo —suspiró Evans— Dame un minuto con ella.