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Las reglas del destino — capítulo 1

No sé si vivir una mentira fue lo que hice, pero dentro de ella pude darme cuenta de que lo que hacía era lo mejor que me había pasado. Estar en un juego que sólo yo comprendía, fue un juego en el que el destino me enseñó la otra cara de la moneda, y en el que salí perdedor yo. Un duelo del que fue difícil salir vivo; un reto, que de comprenderlo sería como tener las armas a mi favor. Pero de todo ello, lo peor es saber que pierdes con tus propias armas.

¿Han oído hablar que de toda acción se obtiene una reacción? Pues yo no. Descubrí eso hasta que el tiempo me lo hizo saber por medio de condenas. El tiempo… el destino. El destino es la cosa más extraña de la que un día pensé en hablar, como también la menos esperada y deseada; no sabría cómo definirlo, si como un buen amigo o el peor de los enemigos. La vida había sido para mí un títere al que controlaba a mi antojo, hasta que ella apareció y me dio una gran lección. Sandy Tinley, la persona a la que le debo mis días y la vida propia. Sandy, la chica de mis sueños, la niña de mis ojos, la joven más perfecta que un día conocí; fue la persona a la que más amé y seguiré amando por el resto de mis años, días y cada segundo de mi existencia.

Mi historia, su historia y nuestro destino... quizás no comprendan lo que digo, tal vez es tonto creer que todo está escrito en el libro de la vida, también lo creía, pero con un abrir y cerrar de ojos comprendí que hay un poder superior al que no podemos desafiar, llamémoslo Dios, Vida, Destino...

¿Mi nombre? Eso en realidad no interesa, lo que importa aquí es cómo una pequeña mentira logró destruir algo tan hermoso. No seré sólo yo quien les narre esta increíble y triste historia de amor, un libro me ayudara: el diario de mi Sandra. Les contaré cómo aquel cuento de hadas se convirtió en la peor pesadilla de los dos; cómo se perdieron los colores en nuestras vidas dejando todo tan frío y gris... Parecerá que nuestra historia es uno de aquellos cuentos de amor en lo que todo es color de rosa, pero no fue así, ya que hubo más de dos obstáculos entre los dos: Mi madre, yo y el destino...