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Historia 44784 — capítulo 1

Suspiró. Era hora de morir. La maldita serpiente esa le acababa de clavar los colmillos. Sinceramente, esperaba morir de otra manera, pero ahí estaba, tendido en el suelo sujetandose la herida con dos dedos. No iba a servir para nada, la sangre fluía por su cuello empapando la túnica negra. Ni siquiera servía de nada todo su sacrificio: No podría decirle a Harry Potter lo que le era fundamental para vencer al señor oscuro. Dumbledore le había confiado un secreto: El chico tenía que morir... Era una verdadera pena, pero así tenía que ser.

Los segundos pasaban y lo que mas deseaba era acabar de una vez con el sufrimiento. Ya no importaba que todo el mundo pensara que era un traidor, pero lo que no podía soportar, era que su asesino no pagara las consecuencias. Harry Potter tenía que saber como derrotar a su asesino.

Se quitó los dedos de la herida y se rindió por fín. Pronto se desangraría y el veneno lo mataría del todo. Cerró los ojos. Sintió que alguien se acercaba. Al volver a abrirlos vio los brillantes ojos verdes de Lily Evans, pero al fijarse mejor, se dió cuenta de que se trataba de Potter. ¡Potter! Pensó al reaccionar ¡Esa era su oportunidad! Aferró con fuerza la túnica del chico y lo atrajo hacia sí. No era capaz de hablar mucho en ese momento, así que se concentró para que todos sus recuerdos salieran de sus ojos, boca, nariz e incluso de su herida.

-Cog...cogelo- Le susurró en el oído al niño

Hermione Granger estaba justo detrás de Potter. Ella hizo aparecer un frasco y se lo dió a Potter. Pudo ver como Harry cogía los recuerdos y los iba metiendo en el frasco. Se sentía aliviado, ahora podría morir en paz. Ahora el chico sabría la verdad sobre él. Sabría que no era un cobarde, como todos pensaban.

Miró al chico, pero se dio cuenta de que Potter no lo miraba a él. Necesitaba mirar esos ojos por última vez. La última vez antes de embarcarse hacia lo desconocido ¿Qué pasaría despues de morir?

-Mirame... -Volvió a susurrar, y atrajo aun más al chico hacia él.

Los ojos verdes encontraron a los negros. Snape los miró profundamente, en ellos estaba todo. Todo por lo que había luchado estaba ahí. Nunca se cansaría de mirarlos, pero algo cálido y oscuro inundó los suyos, dejandolos ciegos. Ya no estaba ahí. Todo se había desvanecido. Cada vez oía menos los ruidos del exterior. Era como estar yendo hacia dentro, como entrando en algo que estaba aun mas adentro de algo. Sintió como los pies flotaban y su cuerpo empezaba a descender poco a poco en el aire. Ni siquiera sabía si eso era o no aire. El respiraba, pero sentía que no le hacía falta respirar, no era necesario.

Sus pies tocaron una especie de suelo, pero él era incapaz de abrir sus ojos. El dolor había ido desapareciendo, y desapareció del todo justo en el momento en que sus pies rozaron ese suelo cálido.

Por fín sus ojos se abrieron. Había luz, sí, pero una luz tranquila y que alumbraba poco. Nada de esas luces cegadoras que te deslumbraban y te hacían poner nervioso.

Se trataba de una estación. La estación le resultaba muy familiar, de hecho, había estado en ella en incontables ocasiones. Lo extraño era que no era la misma, sabía que por mucho que se pareciesen, lo era la misma estación: La estación de King kros

Suspiró y miró en todas direcciones ¿Es que pensaban dejarle ahí el resto de la eternidad? Se sentó en el suelo y empezó a mirarse las manos y la ropa: Todo estaba igual que antes de morir, todo excepto...

¿Donde estaba su varita? Empezó a buscarla en sus volsillos, en su túnica, en sus pantalones... ¡Nada! Esto era demasiado extraño.

Levantó la vista y se dio cuenta de que había alguien mas con él. Era un señor anciano, y al parecer llevaba ya un buen rato observándolo y no se había dignado en articular palabra.

El hombre tenía un pelo blanco muy largo, barba muy larga y blanca y unas gafas enormes y redondas. Se parecía bastante a Dumbledore, pero ese señor debía de tener mas años que él.

Snape se levantó de un salto. No sabía muy bien como empezar, pero ese hombre le inspiraba confianza, así que no dudo en hablar.

-Perdone... Acabo de llegar y no se que demonios debo hacer ¿Podría usted...?.

-Escuche- Interrumpió el anciano- Yo hago las preguntas aquí ¿Entendido?

Snape no respondió

-Bien- Dijo el hombre con una sonrisa a pesar del silencio de Snape.

El hombre desenrrolló un pergamino que debía de medir unos once metros y comenzó a leerlo.

-Mmmh, ya veo... ¿Usted es Severus Snape?

-Si, soy yo, pero...

-Estupendo- Volvió a interrumpir desganado ¿Es usted mago. no?

-Si, claro ¿Es que acaso usted no lo es?

-No, pero tampoco soy muggle- Respondió el señor

-Entonces quién..

-Mi nombre es Nicolas Parker- Dijo orgulloso- Soy uno de los muchos guías que ayudan a los difuntos recien llegados.

-De acuerdo ¿y donde me va a llevar a mi?-Preguntó Snape impaciente. La idea de ir al infierno ya se le había pasado varias veces por la cabeza.

El hombre contemplo el pergamino una vez mas

-Veamos... Aquí pone que su infancia fue dura... Sí, recuerdo llevar a su padre al mundo  Intersubterraneo.

-¿Qué es eso? - Preguntó extrañado

-El mundo Intersubterraneo es  un lugar que es mucho mas profundo de lo que estamos ahora mismo. Allí van las personas que fueron malas en vida y que tienen cosas de las que arrepentirse- Explicó Nicolas

-Como un infierno...

-No, para nada-Dijo el hombre inmediatamente y algo enfadado- No existe el infierno. En el mundo subterraneo se purifica el alma de las personas, para luego volver a enviarlas con los demás difuntos. El principio para purificar el alma de alguién y para que se arrepienta de lo que ha hecho es que haya amado alguna vez. El proceso es el mismo para todos los difuntos que fueron malos, pero ha habido algunos que nos han dado serios problemas ¿Sabe? Muchos han tardado siglos en arrepentirse encerrados en el mundo Intersubterráneo, pero todos lo han conseguido finalmente. El ser humano es alguien que nace bueno, pero en la vida existe la maldad, el dolor, el sufrimiento... Eso hace que las personas cambien y pasen a hacer cosas de las que luego nosotros nos encargamos de que se arrepientan.

-Entiendo...- Dijo Snape -Entonces el señor oscuro no podrá rehabilitarse, porque no sabe amar...

-Tú lo has dicho- Dijo el hombre, y la sonrisa se le borró de los labios- Lo cierto es que Tom Ryddle pasará cientos de siglos aquí, en la estación ésta, hasta que nazca un sentimiento bueno en él. Una vez que ocurra eso, será enviado al mundo Intersubterráneo para que su alma sea purificada. Sin un buen sentimiento no se puede rehabilitar ningún alma. No estamos seguros de que el señor Ryddle consiga algún día crear algo bueno en él. A mi personalmente me da miedo solo pensarlo.

-¿Y se quedará aquí, en esta estación hasta que nazca algo bueno en él?-Insistió Snape

-Sí, convertido en una criatura indefensa- Respondió Parker con una sonrisita

-Bueno... vale ¿Eso quiere decir que Harry Potter le dorrotará?

-Estoy mas que seguro de ello- Respondió el hombre ensanchando la sonrisa

-Bien... En cierto modo, lo sabía. El chico no iba a morir al final... ¿Que hará conmigo? ¿Me llevará al mundo ese?

El hombre volvió a consultar el pergamino

-Creo que no será necesario. Usted ya se ha arrepentido y ha aprendido de sus errores. Ha hecho cosas muy nobles y ha sacrificado su vida por amor. Es cierto que tu corazón es cerrado y algo frío, pero sabes amar, y tienes cosas buenas. Te mereces ir con la gente ya rehabilitada.

-Si usted lo dice... -Dijo Snape, pero aun no podía creer lo que oía.

-Yo no me equivoco con las personas- Inquirió Parker- Bueno, deme la mano, ya es hora de llevarlo a su hogar.

Snape dudó un momento, pero después agarró firmemente su mano y empezaron a dar vueltas, como cuando se desaparecía, pero sin esa sensación de molestia.