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Punto rosa y negro — capítulo 1

Severus se removía en la cama, mientras otro cuerpo estaba a su lado y meditaba con mucha confusión. Ladeó la cabeza para mirar y notó que no estaba solo en aquel lugar. Bueno, estaba enmarañada su ropa con otra y olía terriblemente a alcohol. ¿Por qué demonios estaba tirado en una cama, con ese olor? ladeó la cabeza una vez más, con dolor en ella y no pudo creer lo que estaba viendo.

¡Nymphadora Tonks estaba en su cama! Miró a su alrededor y entendió las cosas. Su sujetador estaba en el dosel de la cama. Su ropa interior inferior, estaba en el suelo, junto a la suya y su camisa, la debía de estar...¡La estaba usando ella! No podía ser cierto. Seguramente, estuvo tan ebrio que le vio el gusto a Nymphadora. Sintió miedo y se removió en la cama. Sin embargo, sus pies estaban entrelazados y ella, sostenía su mano con mucha fuerza. Intentó pensar, pero la jaqueca estaba por acabarlo.

  • Diablos...- murmuró y la luz del sol dio con la mujer a su lado. Ella soltó un quejido y enseguida se curveó más hacia él.

  • Cierra esa cortina- le pidieron y él intentó, no pensar en las circunstancias. Seguramente, se habían besado y tocado hasta el cansancio. ¿Por qué habían terminado así? Ni lo podía recordar. Ella continuó durmiendo.

Estaba durmiendo con Tonks...Eso tenía que ser un error, toda una locura en un cómodo empaque. Suspiró y trató de levantarse, pero la jaqueca y los brazos de la mujer, se lo prohibían en sobremanera. Tonks se quejó ruidosamente y se dio la vuelta. Ella quería continuar durmiendo.

Apenas pudo, se vistió lo más rápido que le fue posible. La mujer se acomodó en la cama a su antojo y tuvo que obligarse a ver, su cuerpo desnudo. Se llamó imbécil un par de veces y se preguntó, ¿Qué demonios estaba haciendo, para terminar a su lado en la cama? Trató de pensarlo mucho, pero nada emergió de sus pensamientos.

  • Maldita seas. Y tenías que beber.

Suspiró y caminó hacia la puerta. Mientras colocaba la mano sobre el pomo de la puerta, Tonks soltó otro quejido y lo buscó entre las sábanas.

  • Severus...¿Dónde estás?

  • Diablos- susurró y salió lo más pronto que pudo, conciente de que olía a alcohol y a sexo. O lo que fuese que oliese. Debía darse un buen baño y pronto, antes de que el resto de la orden se enterara.

Sabía que no podía desaparecerse, en el cuartel. Así que, tenía que salir para poder intentarlo. Bajó lentamente las escaleras y escuchó murmullos. La "yo lo sé todo y soy un poder por eso" Granger, charlaba con Sirius Black. Ladeó la cabeza, para soltar un gruñido de frustración e intentó, pasar desapercibido.

  • Entonces, la fiesta de fin de curso, estuvo genial. Tonks ni se ha levantado aún- dijo Hermione, con una sonrisa.

  • A lo mejor, no estará sola- se le escapó a Sirius y Hermione, le miró con curiosidad.

  • ¿Qué? ¿con quién está?

  • Ignora eso que he dicho- dijo el hombre, avergonzado. Severus intentó cruzar el umbral, pero no pudo esconderse- Quejicus. Sí que has dormido a la buena, ¿no? Seguramente ni duermes, bajo los pies de...

  • ¡Sirius!- chistó Hermione y el hombre, guardó silencio.

  • Lo que quieras, Black- dijo el hombre, abriendo la puerta. Por primera vez, dejando a Sirius, sin insultos. Eso le sorprendió.