← Punto rosa y negro · de
Punto rosa y negro — capítulo 2
Lo siguiente que Sirius supo, era que Nymphadora Tonks, había bajado las escaleras. Le preguntó por Snape, un par de veces y él, le indicó que se había marchado desde hacía un buen rato. Ella le miró con cierto pesar y luego de ello, volvió a subir las escaleras. ¿Por qué ella preguntaba por Snape y éste, salía de la casa sin decirle ni una sola palabra? Pues, había gato encerrado en todo eso. Como era, un curioso y burlista, se entrometería y lo averiguaría. Ese era su don. Sacar información.
Ese día, a mitad de su baño, Severus se llamó imbécil por largo rato. Había terminado con la cabeza apoyada en la fría baldosa, pensando en lo que seguramente había sido una noche de "pasión", entre ambos. Ni siquiera el agua, podía calmar la ansiedad que sentía. Si esa mujer, se enamoraba de él, todo iba a terminar de una forma muy triste.
El agua fría, ayudó a caer en cuenta, de que estuvo ebrio. Seguramente, en la fiesta que Granger estaba mencionando. Lentamente, se cubrió con una toalla y se miró en el espejo. Estaba mareado, confundido. Sin duda, hacer el amor daba placer, pero ella no era la persona con la cuál, obtener ese placer. Con nadie, realmente. Fue su error, un tonto error que no debió cometer.
Nymphadora en cambio, no lo veía de esa forma. Severus había sido tan delicado con ella, tan atento en ese momento. Claro, no dudaba que todo hubiese sido en virtud, del alcohol consumido. Pero había sido, en lo personal, muy especial para ella. Extraño, quizá pudo encontrarse una pareja mejor, pero aún lo podía sentir y sobre su mesa, estaba aún el vaso a medio beber, que ella le quitó de las manos.
La casa estaba aún, descansando de la fiesta. Dumbledore hizo una visita oportuna, para traer las buenas nuevas. Severus, tenía que regresar y dar sus reportes. Sus impresiones. Tenía que verse con ella de nuevo.
Al regresar a aquella casa, sus demonios regresaron también. Por más que lo intentó, al vestirse, no pudo recordar nada. Su cabello húmedo, en su rostro, en partes desiguales, le cubría los ojos negros y fríos. Lo acomodó como usualmente solía llevarlo y se preparó para una cita con el infierno rosado, llamado "Nymphadora Tonks".
Con un suspiro, se encontró dentro de aquella enorme casa. Al mirar con detalle, la mujer no estaba allí. Inspiró, pensando que todo iba a estar bien. Se detuvo en el salón y se sentó a esperar por Albus y los demás. No había nada que temer, si la mujer no estaba allí. Estaba sano y salvo.
Pasaron unos largos minutos, interminables. Se preguntó si estaban jugándole una broma o algo por el estilo. Pensaba irse, pero sus problemas apenas iban a comenzar. Antes de levantarse, alguien bajaba las escaleras. Con un suspiro suave, aquella persona se acercó a él, sin medir distancias.
-
Severus...- suspiró y sostuvo su mano. Snape se sobresaltó y miró hacia la mujer. Ella le miraba con una sonrisa y sostenía su mano, entre la suya- ¡Te has ido tan pronto!
-
Tenía cosas que resolver- dijo Severus, un poco tenso. La mujer asintió y de improvisto, le abrazó. Severus Snape, se quedó petrificado. Tonks le miró con una sonrisa y continuó con el imperioso abrazo. Severus, se sentía atrapado- Nymp...
-
Solo quería decirte, que fue magnífico. Sé que es un poco extraño, pero nunca había hecho el amor, de una forma tan delicada.
Se preguntó, si sus oídos podían seguir escuchando, semejante cosa. Negó lentamente con la cabeza y pensaba hablar, pero ella continuó hablándole al oído.
- Me sentí, amada...