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Punto rosa y negro — capítulo 3
La miraba, mientras ella estaba feliz, entre sus brazos. ¿En qué lío, estaba metido? No iba a poder soltarse de sus brazos. Comenzaba a tenerle miedo. ¡Mujeres! Por todo se encariñaban. Aunque bueno, era eso o tener relaciones con hombres y él no era de ese tipo. Suspiró, cuando Nymphadora sostenía su mano, casi la aplasta, junto a la suya.
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Severus...¡No sabes cuán feliz me haces!
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Nymph...
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Shh... No tienes por qué decirlo- dijo, colocando su dedo sobre sus labios. Severus desvió la vista, preguntándose, qué iba a hacer al respecto- No le diré a nadie lo que ha ocurrido. Aunque tengo un pedido que hacerte.
Pues el pedido le daba temor, el pedido le ponía nerviosa. Ella inspiró, cuando sus labios, se abrieron tímidamente, sobre los de él. Un beso prolongado por ella y apasionado, gracias a ella. Severus se puso nervioso, muy pronto. La situación se habría ido de control, de no haber oído, pasos en la escalera. Sirius bajaba.
En poco tiempo, ella estaba de pie. Sonrojada. Severus estaba pálido y no le despegaba la vista al suelo. Sirius los miró de forma sospechosa. ¿Qué hacía Tonks, junto a Snape, sin insultarse o tratarse mal? Estaba por preguntárselo, pero ella se adelantó.
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Gracias por el informe, creo que ya me voy, snape- dijo, con una voz suave- que tengas un buen día.
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¿Informe?
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Sí. Las zonas de patrullaje, que él hace. Ya tú sabes de todo eso y no necesitas preguntar. Adiós Sirius.
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Eh...Adiós.
Había algo más que patrullaje. Por la expresión de ambos y...Sí, estando todo el día en esa casa, comenzaba a ponerse paranoico. Snape carraspeó y se levantó del sofá en donde estaba y caminó a su alrededor, para marcharse. Ni siquiera lo había insultado.
- ¿Qué le pasa? Es un idiota.
Y sí. Era un idiota. Nymphadora lo había metido en un enorme embrollo. Bueno, él mismo, gracias a su problema con las copas. ¿Qué iba a decirle a todo el mundo, cuando ella contara su relación, deliberadamente? Puesto, que la hacía feliz. Bien, tenían que hacer el amor. No podían conversar, no. Tenían que acostarse juntos.
- Imbécil- se dijo a sí mismo, mientras se perdía por otro salón- realmente eres un desgraciado imbécil. A ver si dejas de beber, antes de que embara...
¡Embarazar a alguien!...