Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 45353 · de

Historia 45353 — capítulo 13

Esta historia fue un one-shot,y como gustó mucho,decidí incluirla en esta serie de cuentos.

El verano desplazaba a la primavera con un calor bochornoso.

Era época de exámenes en la universidad,y todos los alumnos que cursaban el último año de la carrera de letras,se encontraban deseosos de concluir aquella etapa de sus vidas,que finalizaría junto con diciembre.

Todos menos Ventura.María de los Cielos Ventura.

"Infierno",como la llamaban los pobres sobrevivientes a seis largos años de su soberbia,su irritabilidad,su tendencia a la victimización,y su carácter hostil.

No existía ser humano alguno dentro de las cuatro paredes del salón,a quien le resultara agradable.

Ella tampoco hacía demasiado para evitarlo.

Solamente le importaba su profesor.

Idolatraba a ese hombre.

Hubiera perdido por él,hasta su mismísima dignidad.

Lo contemplaba envuelta en un éxtasis cuando ingresaba a la cátedra.

Permanecía sentada cerca suyo.A tan solo tres pasos del escritorio.

Lo halagaba todo el tiempo,aún cuando se oyera complaciente a oídos de los demás.

Él en el fondo lo sabía.Se regodeaba en su esencia masculina con los efectos de aquella autoestima carcomida por el deseo no resuelto.

A veces elogiaba calurosamente su talento indiscutible;sus calificaciones perfectas.

Sabía que al hacerlo,se volvía cómplice de su delirio,pero continuaba con el juego que le brindaba poder.

Ella un día fue más allá.Fue el principio de su fin.

Notó que su profesor había dejado olvidada su agenda personal al retirarse.

Por supuesto,no dudó y salió en su búsqueda,teniendo en sus manos otra razón para sumar puntos con él.

La curiosidad la condujo a abrirla,y al hacerlo,un pequeño pergamino artesanal,una cinta roja,y dos flores secas de lavanda,cayeron a sus pies.

Levantó todo rápidamente,y se encerró en un salón vacío.

Desesperada leyó:

Hermosa mujer mía,

hija de la luna y el deseo,

mis manos de roca ,

se posan en tu pelo de seda.

Ese cabello tuyo,

castaño tornasol,

de mil destellos que me tientan,

que me incitan a morirme...

encadenado a tu cuerpo.

Al terminar,tuvo que tomar asiento.

-Es para mi...-pensó,sabiendo que una vez más le había bajado la presión arterial,como tantas veces,dejándola al borde del desmayo.

Ante esos síntomas conocidos,introdujo en su boca un caramelo de miel que siempre llevaba para esos casos,y respiró profundamente.

Ya repuesta,al cabo de unos minutos,se dirigió a la sala de docentes,donde para su fortuna,él todavía se encontraba.

Le devolvió su agenda mirándolo acorde con lo que había leído.

Estaba convencida de ser la dueña de esas palabras.Que constituían su recompensa.La paga por tanto caudal de idolatría.

Tenía la certeza de que el olvido no habia sido casual.Que él había querido enterarla.Hacerla partícipe de su pasión.

Solo un pequeño detalle la movía a la inquietud.El color del cabello,castaño tornasol;cuando el suyo,en cambio, era negro azabache.

Pero después de todo,decidió restar importancia a ese detalle menor.El,como autor del poema,tenía derecho a imaginarla como quisiera.

Esa noche,no pudo dormir;perdida por las palabras que la enloquecían y resonaban en su cabeza como un eco de fuego.

Al día siguiente lo vería.Lo obligaría a quitarse la máscara.A que le confesara la autoría deliberada de su plan perverso diseñado para obligarla a morir por él.

Se sentó como siempre,muy cerca del escritorio.

Tenía ya planificada cada una de sus acciones.

Tomaría la clase,y luego iría tras sus pasos para enfrentarlo.

Pero toda su torre de divagues,se precipitó y se hizo esquirlas.

Su hombre se apersonó con una sonrisa de satisfacción,y los ojos encendidos.

-Les presento a la profesora Helena Del Bueno,desde hoy mi asistente,hasta el fin de la cursada.-dijo mirándola con la complicidad de dos seres que habían compartido la cama.

Se trataba de una mujer sensual,madura,muy formalmente vestida y dueña de un precioso cabello castaño tornasolado.

María de los Cielos se sintió descompuesta,mareada,al borde de perder el conocimiento.

Sintió náuseas al ver al sector masculino del salón,regocijado ante aquella belleza femenina.

-Infierno,ya tienes competencia...-dijo alguien por ahí,para terminar de hundirla.

En venganza por su soberbia de tantos años.

Aturdida,se levantó como sonámbula de su asiento,y abandonó el salón.

A nadie le preocupó.

-Ha de ser su cuento de la presión,otra vez.-otra voz,dijo con ironía.

-Estará bien.Comencemos con la clase.-dijo el profesor con una inocultable indiferencia.

Contempló muy satisfecho los resultados exitosos de su plan.