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Historia 45353 — capítulo 14
Carolina y Jorge trabajaban juntos hacía ya tres años.
Era una relación laboral un tanto difícil entre jefe y secretaria.
Sobre todo para ella,que además de asistirlo,lo amaba sin esperar absolutamente nada a cambio.
En sus manos delicadas y femeninas estaba el orden de sus prioridades,el manejo de la agenda empresarial,el envío de atenciones a colegas en alguna devolución de gentilezas,y el encargo de algún que otro ramo de flores para distintas amantes de ocasión.
Nadie conocía la personalidad de Jorge,más que Carolina.
Sabía de su rigurosidad,de su profesionalismo y sobre todo de su tremenda exigencia para con ella,cuando en infinidad de ocasiones había olvidado que se trataba de un ser humano,y la había reprendido como si se tratara de una adolescente.
Tenían casi la misma edad,pero la pobre Carolina había envejecido años,no en el aspecto físico sino en el estado mental,ante la demanda constante de un jefe que quizás intuyendo su oculta devoción hacia él,había hecho por ello abuso de su bondad.
Carolina sufría en silencio ante cada frase arrogante,ante cada falta de tacto o agradecimiento.
Ella misma era la perfección andante,adaptada a trabajar como una autómata.
Todo lo que hacía siempre,debía estar mejor.Nunca era suficiente para Jorge.
Mauro lo sabía.Muchas veces,al llegar a ver a su amigo el empresario,había descubierto al pasar,los ojos de Carolina dibujados de un llanto incipiente.
Odiaba que Jorge la tratara así,pero nunca le había preguntado la causa,y desde su rol de observador pasivo,había surgido en él un sentimiento por aquella asistente ,que definitivamente no era lástima.
Lo que había comenzado como una tierna compasión,se había vuelto inquietud y deseo creciente por tratar con ella fuera de aquel ámbito tan desfavorable.
Un día se atrevió a quebrar la barrera distante de Carolina.
-¿Qué tal hoy?-le dijo para comprobar si había existido destrato aquella vez.
-Siempre igual.Solo que hay días en los cuales que se soporta menos que en otros.Pero no me compadezcas,ya se que la culpa es toda mía por no irme.-le dijo sorprendiéndolo.
-Una persona con tu capacidad no tiene la necesidad de estar soportando los caprichos de alguien que se cree perfecto.Y mira que quiero a mi amigo.Pero a veces me asusta.
-Tienes razón.Pero explícale a este cuerpo adaptado a padecer.-se resignó Carolina,levantando la vista desde la computadora.
-Será que te construiste una vida satélite.-rió Mauro.Giras en torno a Jorge como si fuese el centro de tu universo.Algo bonito harás en tu vida cuando sales de aquí.
-Recuerdo que solía ir al cine,antes,cuando era libre.-recordó Carolina con nostalgia.
-Te invito.-respondió Mauro veloz.Permíteme compartir una salida contigo y conocerte más allá del ser gris y dependiente en el que te has convertido.
Carolina sonrió ante aquella rara ternura.
-Haré caso a Jorge después de todo.Haré algo mejor.Solamente que esta vez será para mi propio beneficio.
Pasaron muchas salidas al cine,varias películas,decenas de charlas,y poco a poco Carolina dejó de sufrir ante los embates de su jefe egocéntrico.
-Estás rara.-le decía todos los días para intimidarla,o la regañaba con descortesía para provocar en ella alguna reacción.
No lo lograba.
-Quiero que me disculpes por haber sido tan desconsiderado durante demasiado tiempo.Es que siento que has cambiado y que en cualquier momento me dejarás.Y en verdad no podría encontrar a nadie mejor que tú.
Ella callaba,con un bendito placer de venganza femenina.
-Ya te dejé...pensaba mientras el recuerdo de los besos de Mauro la invadía por completo.