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Historia 45353 — capítulo 15

Luis contempló a los nubarrones de tormenta,que poco a poco comenzaron a cubrir el cielo diáfano del campo,y en instantes,una cortina de copiosa lluvia,se desplomó sobre su cuerpo,empapándolo en cuestión de segundos.

Martina,su mujer,estaba en la cocina,y al sonido de la puerta trasera de la casa,escuchó también una maldición,a causa del aguacero,y un día de trabajo perdido en la cosecha.

Pero ella estaba radiante.Había planificado ese momento por demasiado tiempo.

Estaba usando tan solo un delantal sobre su cuerpo generoso y blanco.Olía a vainilla y miel.

Luis se escurrió el excedente de gotas,cuando,al pasar y sin esperar novedad alguna la contempló.

En ese segundo de lucidez,ambos se miraron, y sonrieron con complicidad.

Siguió una escena en la cual sus dos cuerpos se robaron la ovasión de un silencio,entrecortado apenas por el copioso chaparrón que golpeteaba el tejado.

Hicieron el amor,amando,y no como tan solo un trámite repetido y obligatorio.

Martina se durmió rendida sobre la cama inmensa de sábanas blancas y perfumadas de pino,mientras Luis,junto al ventanal,mientras contemplaba al agua allanar la pradera,pensó en esa mujer,que dormía sin sobresaltos.

Pensó en su rutina,en su indiferencia,aunque sin mala intención,en cuantas veces ella se habría sentido sola aún en su compañía.

Lloró al igual que el cielo aquella tarde,mientras retribuía a su mujer,el valor que tanto trabajo,le había quitado.

Entonces,a partir de esa jornada gris,de campo y  tormenta,con cada lluvia que interrumpe caprichosa el andar de la vida real,los viejos amantes se permiten recordar aquella osadía.

Cada vez que llueve,Martina aguarda en la cocina,que llegue su viajero,ataviada tan solo con un delantal,y un perfume de vainilla y miel.