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Historia 45353 — capítulo 8
Marina era una pobre mujer atormentada.
Su desequilibrio mental,alguna que otra tendencia hacia lo oscuro,y un carácter obsesivo,la convertían en un ser perfectamente identificable y tristemente célebre.
Sus parejas huían sin remedio,ante el primer brote,o la primera amenaza de hacerse daño a sí misma.
Su familiares,se debatían entre el corazón y la razón.
No se trataba de una demente,pero tampoco tenía problemas solucionables sin ayuda profesional.
Ayuda que rechazaba sin remedio,con su vida abocada a tareas poco ortodoxas.
De pequeña,le habían regalado un libro,que había iniciado su drama posterior.
Una novela ambientada en la época del 1900,con un marco histórico real,pero tan ficticia como cualquier cuento clásico infantil.
Se había creído literalmente el relato,transformándolo en una obsesión,desde su niñez.
Soñaba con adentrarse en aquella novela,y se había enamorado hasta sus huesos del protagonista masculino.
André Dummont.Su amigo invisible,su novio de la infancia,la imagen de sus ilustraciones,el tema recurrente de sus charlas.
Las personas que la conocían,podían en cierta manera comprenderla;pero nunca hubiesen sabido realmente hasta qué peligrosos niveles había navegado su delirio.
Había hecho cuanto curso de brujería y esoterismo se había cruzado con sus ojos en un anuncio.
Había recorrido decenas de lugares dedicados al espiritismo y al arte de lo oscuro,con tal de corporizar a su André.
Un día,halló en un libro,de esos escritos por algún estafador inescrupuloso,un conjuro que después de tanta búsqueda,le dio la certeza que necesitaba.Y se lo creyó.
Debía hallar a un hombre que se pareciera a su galán.Y mediante palabras precisas pronunciadas por ella,él volvería a la vida y la amaría por siempre,con la condición de que fuese la primera en mirarlo a los ojos.
Así pasaban entonces sus días.No era casualidad que se dedicara a la fotografía,buscando un prototipo que se igualara con su personaje.
Tenía un pequeño negocio cerca de la playa,donde sacaba fotos a los turistas,ataviados con ropajes de épocas pasadas,y les realizaba el arte correspondiente,mientras se ganaba la vida,y esperaba por André.
-No me voy a disfrazar.Y menos con un traje-dijo Silvio muy convencido.No me pondré un traje ni cuando nos casemos-advirtió.
-Dame el gusto alguna vez de ver lo lindo que te quedaría un ropaje de época.Quiero también que te recojas el cabello para la foto-le rogó Carla,su novia, muy tierna y convincente.Es solo una vez,para mí...
Silvio sonrió cambiando su anterior ceño fruncido.
-Está bien...entremos.
La pareja ingresó aquella mañana,al local de arte fotográfico de Marina.
Sin saber que al salir,nada sería igual.
-Queremos una foto del 1900-dijo Carla hurgando entre los trajes que descansaban en los percheros.
Marina apenas la oyó,encandilada por la figura de Silvio.Su estatura,su cabello largo,su forma de colocar los labios para hablar o sonreír...
Era igual a su galán.Exactamente idéntico a la obra de sus sueños.
Casi se murió de amor,cuando lo vio con aquel traje antiguo.
Ni siquiera le importó Carla,ni si la foto saldría bien o no.
Mientras se aproximaba a la cámara,sus labios por lo bajo,pronunciaban el conjuro,una y otra vez,como una delirante letanía.
De repente,Silvio se desplomó contra el suelo,impactando fuertemente con su cabeza.
Marina corrió hacia él.Pero como era de esperarse,Carla no la dejó acercar a su novio,que yacía medio inconciente.
-Silvio,Silvio...-lo llamó preocupada por aquel golpe,mientras Marina trataba de sobrepasarla.
Carla ante aquella compulsión de la fotógrafa,atinó a empujarla con furia y la sacó de encima de su novio,que comenzaba a parpadear para abrir sus ojos.
-¡No lo mires maldita,es mío,no lo mires!-gritó mientras en un loco ataque,viendo los ojos ya completamente abiertos del hombre,se daba de golpes cotra la pared,en un brote sicótico.
Carla miró a su novio,por unos instantes antes de tomar la calle y pedir ayuda.
-¿Estás bien Silvio?.¿Te golpeaste muy fuerte?-le dijo mientras lo ayudaba a incorporarse y salir de allí mientras Marina gritaba y se agredía como una fiera.
Fue bastante ridícula la situación de dos disfrazados pidiendo ayuda a la policía que no tardó en controlar a la pobre mujer enajenada y entregarla a sus padres.
Silvio no pudo hablar,atontado quizás por el impacto.Un golpe negro sobre su frente,impresionaba al verlo.
Carla declaró ante las autoridades,y luego junto con su novio,se quitaron los atuendos,y volvieron al hotel en el que se hospedaban.
-Deberíamos ir al hospital.No te veo bien Silvio-dijo Carla preocupada por su extraño silencio,y una palidez creciente en su rostro.
-Puede ser.-respondió él contemplándola muy detenidamente,como si no la conociera.
Luego se acercó, y sin aviso la besó profundamente en la boca,de una manera en que jamás lo había hecho.
-Gracias-le dijo.
-¿Gracias por qué,por ayudarte?-le preguntó ella aún impactada por su beso.Pensé que esa loca te atacaría.-agregó,apoyándose en su pecho.
-Siento como si me hubiese venido fastidiando hace años...-dijo Silvio en un tono raro.Pero por suerte te tengo a tí mi señora,mi dama salvadora.
-¿Qué dices?Creo que se te ha pegado el personaje del disfraz-rió Carla buscando que le diera otro beso como el anterior.
-Olvidemos todo.Seamos dos desconocidos que hoy se encuentran-dijo un Silvio muy particular buscando su cuerpo de una manera increíblemente desconocida.
Le hizo el amor durante toda la noche,como si fuese un héroe de novelas.