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Historia 45353 — capítulo 7

Lidya vivía sola en su departamento del centro. 

Hacía tiempo que esa soledad se había convertido en algo placentero en su vida.

No le pesaba en absoluto ese silencio,interrumpido a veces por su música preferida o el televisor.

Amaba esa convivencia con su propia persona,y se fastidiaba bastante cuando sus amigos,a quienes perdonaba porque en verdad amaba de corazón,le invadían su costosa propiedad,en fiestas interminables de comida,bebida y un deseo creciente y atrevido de instalarse en sus dominios.

Aquel sábado fue diferente.

Luciano,el amigo soltero,el rompecorazones,ese típico galán de epopeya de comic,y que nunca jamás Lidya hubiese llevado a su cama,él,le había dicho las palabras que nunca hubiesen sonado bien en sus oídos:"esta noche fiesta".

Lidya no pudo negarse,como era costumbre.

Luciano vendría con una amiga nueva de turno,y el resto le haría la corte.

Eliana y Daniel,Roque y Haydeé,y Hugo y Gabriela,todos en pareja.

Todos menos Lidya.

Esa mañana,se levantó un tanto amargada pensando en la noche.

Se dirigió al baño por una ducha,y cuando regresó al cuarto,un vestido de gasa color celeste suave,descansaba sobre el acolchado.

Lidya se aterró,y mirando hacia todos lados tomó su celular lista para marcar el novecientos once,mientras revisaba entero su departamento,sin hallar a nadie.

Luego,más tranquila pensó en que se trataría de Luciano,o alguno de sus amigos bromistas.

Pero entonces recordó que ninguno tenía copia de las llaves.

Pensó en el portero del edificio,que tenía juegos de todos los departamentos.Pero no visualizó a ese pobre hombre aventurándose a depositar un vestido sobre su cama.

-Ya lo averiguaré -pensó mientras se probaba aquella maravilla.

Se miró al espejo,y ya ataviada con aquel diseño,notó algo raro en su mirada.

Sus ojos castaños,se habían vuelto una rara mezcla de gris verdoso.

Parpadeó ante aquella mala jugada de la luz,y se dirigió hacia la claridad del balcón.

Aquellos no eran sus ojos.Estaba segura.

De inmediato se quitó el vestido y entró en un jean y una camisa de los más comunes,y con esa sencillez,sus ojos castaños volvieron también.

-El color de esta tela me alteró la visión -pensó más tranquila.

Y olvidando el incidente se dedicó a organizar la reunión hasta llegada la noche.

Las nueve en punto la encontraron preciosa con aquel vestido celeste que le transfiguraba  los ojos,y un suave maquillaje.

Apenas abrió la puerta,las tres parejas de sus amigos se hicieron presentes halagándola por su vestimenta,sin notar nada nuevo en su mirada castaña,y sin saber nada de aquel "regalo".

-Habrá sido cosa de Luciano.-dijeron todos como certeza.

De Luciano que aún no aparecía para celebrar.

Al cabo de una hora de esperarlo,el timbre sonó.

Lidya fue hacia la puerta,y allí encontró a su rubio amigo galán,acompañado por una doncella tan descartable como las anteriores que había conocido,y un nuevo amigo que se presentó de inmediato.

El nuevo la inquietó bastante.Mil veces le había recomendado a Luciano que no le invadiera la casa con desconocidos,pero este nuevo personaje,según él era un conocido suyo de la secundaria.

Siendo así,Lidya se relajó lo saludó, y se dispuso a iniciar la noche.

-Gracias Luciano por este vestido.¿Pero no hubiese sido mejor que me lo dieras en mano propia en lugar de negociar tu broma con el portero?

Luciano no entendió.

-¿Qué se supone que hice?-preguntó curioso.

Y luego ante la explicación de Lidya,negó,juró y volvió a negar su responsabilidad en el hecho.

-Si claro-dijo Lidya sin creerle una sola palabra,convencida de su broma.

El desconocido,que había oído todo el planteo,viendo que Lidya se había ido al balcón por un poco de aire fresco,un tanto molesta por causa de tal invasión de propiedad,la siguió hasta allí.

-Que bellos ojos tan hermosos mezcla de verde y gris-le dijo haciendo que una sensación de frío le erizara la piel.

-Mis ojos son castaños-repuso ella muy impresionada.

-No me dirás a mí de que color es tu mirada,si llevo siglos enamorado de esa bendita mezcla de tonos.

-Me asustas-le respondió Lidya separándose de esa proximidad que la aterraba como si fuese una criatura.

-Me alegra que te haya gustado mi obsequio.-dijo el extraño abiertamente.El amor atraviesa las puertas sin utilizar llaves.-continuó.

En ese momento,la escena se desvaneció y Lidya se encontró en su cama aquel sábado de la fiesta.

Desesperada corrió al espejo.Sus ojos eran sus ojos y no había nada sobre la cama.

Se quedó pensando en ese sueño.

Por primera vez le pesó su soledad.

Nadie sabría de aquello.

Seguro sus amigos se reirían.

Especialmente Luciano.