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Historia 45353 — capítulo 6
Inés subió a la camioneta junto con dos camarógrafos,algo de dinero y equipaje,y la expectativa de un trabajo que significaría para ella algo más que un sueldo.
Se trataba de una película documental que reflejaría la vida de las comunidades más pobres y postergadas de su país.
El grupo de trabajo filmaría dicha realidad durante un lapso de diez días,realizando entrevistas,y enmarcando cada nota con un paisaje profundo y hasta crudo en cuanto al golpe indiscutible del dolor ajeno.
Antonio,el jefe e ideólogo del proyecto,y cuyo prestigio se jugaba en aquella arriesgada puesta,ya se había instalado en aquella tierra inhóspita, y tan lejana de la civilización.
Se trataba de una eminencia del periodismo y la redacción.Un hombre prolijo,exigente y dueño de un talento insuperable en cuanto a su área de desempeño.
Inés lo sabía.Amaba no solo trabajar a su lado.Amaba a la persona,más allá de sus honores y condecoraciones.
Lo amaba a él.
Hacía mucho.
Eran un dúo compatible y perfecto trabajando.Él consideraba una maravilla armar los marcos editoriales con ella.Pensaban con la misma mente,y cada creación que tenían, parecía extraída de los pensamientos del otro en una repetida y mágica coincidencia.
Antonio también la amaba.Era imposible no hacerlo.Era demasiada admiración y un idéntico apasionamiento por la vida.
Estaba decidido a decirle.A revelarle que aquello superaba la razón.Que existía un hechizo poderoso entre ellos y que tanta espera para estar juntos tenía que terminar.
A la mitad del camino,la camioneta se detuvo en un viejo restaurante de la ruta.
El equipo almorzó una precaria comida casera,mientras estiraban un poco las piernas o se dedicaban a dormirse una siesta corta en el vehículo.
Inés no podía comer ni dormir.Pensaba en Antonio,y en su rostro sonriéndole como solo a ella le sonreía.
De repente,mientras miraba por la ventana de aquel solitario lugar,un niño moreno y bello,salido de la nada,le obsequió una flor silvestre,interrumpiendo su delirio.
-Gracias-le dijo encontrando en sus ojos una rara chispa,para luego perderlo de vista en el paisaje desolado del camino.
Colocó la flor en su cabello,y esperó que sus compañeros se decidieran a reanudar la travesía.
Así lo hicieron,hasta agregar algunos kilómetros.
Los últimos antes de la parada final.
-¿Cuánto falta?-Preguntó Inés algo mareada,por no haber comido.
-Poco-dijo el conductor.¿Te sientes mal,quieres que me detenga para que puedas tomar un poco de aire?.
-Si-dijo Inés casi desmayada.Me sentaré un rato bajo aquel monte de árboles,hasta reponerme.Será cosa de quince minutos,nada más.Ustedes quédense en la camioneta.Les aseguro que no les daré más problemas por hoy.
Entonces,bajó así del vehículo, y se dirigió bajo el amparo verde y generoso de aquella vegetación.
Cerró sus ojos,e inspiró profundamente.
Alguien a quien no esperaba, otro personaje solitario y casi fantasmal,puso en sus manos otra flor,más fresca que la de antes.
Un adolescente delgado,moreno,y de una belleza solo existente en los libros de romance que toda su vida había leído.
Con otro enigma en sus ojos vivaces y la idéntica chispa que le era extrañamente familiar.
Quiso incorporarse y preguntarle de donde había venido,pero al mirar a los lados,solo vio la ruta,el campo,y sus amigos que la miraban desde la camioneta.
Se levantó agregando la pequeña flor a su cabello,junto a la otra,y decidió emprender callada y pensativa el tramo final de la aventura.
Anochecía.
El pequeño pueblo donde se hallaba Antonio ya hospedado,comenzaba a iluminarse con las primeras luces,haciéndolo parecer como extraído de un cuento.
Inés no podía apreciar aquella imagen pintoresca.Solo el encuentro con Antonio la motivaba.
El corazón,acelerado en sus latidos,le indicó que la camioneta se había detenido junto al único y modesto hospedaje del lugar.
Allí sus energías parecieron encenderse con una electricidad repentina y poderosa.
Tomó su equipaje y caminó como autómata hasta la recepción donde solo atinó a preguntar por el señor Robles,para luego encarar la pequeña escalera hasta su cuarto.
Golpeó con insistencia,hasta que la puerta se abrió,dejándole ver ese rostro que tanto ansiaba.
Una pequeña flor silvestre,más fresca todavía,se interpuso en el camino de sus ojos.
Antonio,sin decir palabra,la colocó en su cabello junto a las otras dos.
Inés creyó entender aquella magia infinita.
-Toda mi vida te he amado.-le dijo con su hermosa voz de caballero de novelas.Toda mi vida-repitió.
Fueron las últimas palabras, antes de que un beso,se hiciera el único protagonista de la escena.