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Historia 45353 — capítulo 5
BIENVENIDOS A BRAZO OCRE.
Decía un enorme cartel en la rotonda de entrada al pequeño pueblo de mar,alejado del ruido del mundo moderno.
Karen se encontraba muy felíz en dicho ingreso,al abandonar por fin la ruta luego de cuatro horas de haber conducido.
Alejandro la esperaba,y esa sola certeza la mantenía expectante.
Estaba muy maquillada para él,bañada en uno de sus múltiples perfumes carísimos,y engalanada con un costoso vestido de diseñador.
Tomó el camino de los álamos,a la vera del cual podía divisar más o menos a quinientos metros,las luces de las estancias,situadas en el área más costosa del pueblo.
Solamente dos kilómetros,la separaban de los brazos de su amor.Ese recuerdo logró distraerla de la corta travesía que le restaba,haciéndola divagar.Imaginó la cena exquisita,las velas,la música clásica,y todo ese mar profundo de atenciones a las cuales Alejandro la había acostumbrado.
Estacionó a un costado del camino,para avisarle por celular que se encontraba próxima.
Buscó el pequeño aparato dentro de su bolso,y al cabo de una revisación más detallada,tuvo la mala noticia de que lo había perdido.Quizás en su última parada,cuando había recargado combustible y se había tomado un café,para poder relajarse y estirar un poco sus piernas.
No quiso que el mal humor arruinara las bellas ansias que Alejandro le despertaba.
Se dispuso a arrancar el auto nuevamente,y no pudo lograrlo.
Insistió varias veces,pero la máquina parecía muerta.
Descendió entonces del vehículo,y abrió el capot.
El viento de la playa en aquella noche hostil,agitaba los álamos creando un sonido desagradable y fantasmal,bajo un cielo nuboso y con augurios de tormenta.
Quiso tomarse su infortunio con calma,y supo que solo le restaba esperar que alguien pasara por allí para prestarle su ayuda.
Como a pedir de sus ruegos,caminando por la orilla contraria a la cual se encontraba,divisó a una mujer.
Se trataba de una joven delgada y pequeña,de piel morena y cabello renegrido,atado atrás en una larga cola azabache,vestida con una solera de lino de color arena.
Karen fue hacia ella en busca de ayuda.
-¿Tendrías un teléfono celular para prestarme?-le rogó.
La mujer no contestó de inmediato el pedido,y se dirigió hacia el motor descubierto del auto.
-Es la batería-le aseguró-se ha desconectado un cable.Dame alguna pinza y te arreglaré el problema.
Karen le trajo la herramienta desde la guantera,y en unos segundos,el vehículo respondió una vez más.
Bendiciones y agradecimientos salían de su boca.
-¿Adónde vas con tanto lujo?.Si no me cruzo por aquí hubieras terminado llena de arena,o empapada por la lluvia que se viene-dijo la mujer,con un tono que no era del todo cordial.
-Vengo a visitar a mi novio.Me voy a casar muy pronto y me instalaré aquí-respondió animada por la sola idea.
-Debes amarlo mucho para enterrarte voluntariamente en un pueblucho como este.-dijo la mujer,menos cordial aún.
Karen respondió convencida aquellas palabras algo carentes de tacto.
-Estaré donde él me lo pida.
-Te entiendo-prosiguió la extraña.Yo una vez amé de la misma forma que tú.Solo que el hombre en cuestión me cambió por otra.Si bien antes de engañarme,fue sincero conmigo y me dijo que ya todo había terminado,ese hecho no hizo a la situación,menos dolorosa.
-¿Y qué hiciste?-preguntó Karen con curiosidad,olvidada de su anterior prisa.
-Morirme de pena.Como todas las mujeres.Por eso realizo estas caminatas.Para relajarme,tratar de entender mi situación, y no pensar.Yo vivía por esta zona.Siempre es bueno volver al lugar donde hemos sido felices.
-No debes sufrir más.le aconsejó Karen.Trata con otros.
-Si conocieras a ese hombre ,no hablarías así.Es único.Como todos los seres que amamos.
Ante tamaña confesión,Karen volvió a su realidad y decidió retomar el viaje.
Quiso pagar con dinero a aquella salvadora,y ante su rotunda negativa,sacó de su bolso la pequeña botella del más caro de sus perfumes,y se la obsequió a manera de compensación.
Luego se despidió sin siquiera preguntarle el nombre,pensando que alguna vez se encontrarían en un pueblo tan pequeño.
Alejandro estaba esperándola con los honores de siempre.
Karen no quiso relatarle el incidente con el vehículo para no preocuparlo,y solo se dedicó a ser agasajada en todas las formas posibles esa noche.
Durmieron hasta el mediodía siguiente,y luego se levantaron para ir a almorzar tal como habían acordado,a la zona del muelle,previa caminata por las pintorescas calles que bordeaban la costa.
Iban besándose,cuando al doblar una esquina,una mujer mayor,con el rostro desencajado,enfrentó a Alejandro,y aferrada como fiera a su camisa,intentó golpearlo con una furia inesperada.
-¡Maldito asesino! ¡Mi hija se suicidó por culpa tuya! ¡Asesino!-continuó como poseída,mientras extraía de su bolso la foto de una joven morena, de cabello renegrido,poniéndola frente a sus ojos.
Un perfume demasiado conocido para Karen se adueñó del lugar haciendo que tambaleara en su equilibrio.
Alejandro tomó a la mujer con fuerza por las muñecas,y se deshizo de ella mientras veía a su novia desvanecerse con el rostro pálido y la mirada perdida.
Karen despertó en el hospital local.
-¿Quién era esa mujer Alejandro?-dijo a su novio situado junto a su cama,tomándole muy fuerte la mano.
-La loca del pueblo.-Respondió él restando importancia al incidente-Tuvimos la mala suerte de que nos atacara a nosotros.Es muy famosa en este lugar.Olvídala.
Karen no preguntó más nada.
Un escalofrío rasgó como un rayo de hielo su columna vertebral.
Aún recordaba la imagen de la foto.
Tuvo la certeza de que Alejandro le había mentido.