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Lazos de sangre — capítulo 22

Imposible no pensar en todo lo que había sentido por Harry Potter. Imposible no concentrarse en los anillos y qué sentía, gracias a ellos. Sentía muchas cosas, ¿Cuánto podía sentir un adolescente, lleno de hormonas? Se preguntó si cuando llegara a mirar a una chica, sentiría lo que él. Eso sería sin duda, deprimente.

Pero no era eso lo que le preocupaba. Era realmente, lo otro que sentía. Sentía, al mirar a sus verdes ojos, una marejada de sentimientos. Sensaciones, que no sabía explicar. Solamente la recordaba a ella, al mirarlo.

Y eso no le hacía sentir placer, no le hacía sentir felicidad. Solo miedo, solo tristeza y dolor. Solo la sensación de que quizá él, tenía razón y era todo un cobarde.

Claro, como si fuera a darle la razón a Harry Potter.

Mientras meditaba, una mujer se acercó a su "oficina". Llevaba entre sus manos, un grueso pergamino y con una sonrisa suave, miró a Snape. Severus inspiró en silencio y la contempló también.

  • Señor. Solo falta que firme la orden de disposición, de la señora Malfoy.

  • Póngala allí- demandó él, sin decir nada más. Miró el pergamino, con un gesto reflexivo. Narcisa, era la única que se apegaba al plan. Tan fácil de manejar a veces. Pero no contaba con un factor limitante.

Lucius Malfoy. De una u otra forma, debía mantenerlo a raya. Era de vital importancia, que Narcisa hiciera muchas cosas, bajo su mandato y si Lucius intervenía, podía afectar sus decisiones.

Estaba comenzando a creer en los problemas y como afectaban su vida, de una manera u otra, hasta destruir su deprimente existencia.

Pero eso se lo había buscado. No podía quejarse del asunto. Con una sonrisa de ironía, firmó ese dichoso documento y lo dejó sobre la mesa.

Tenía mejores cosas que hacer, que perder el tiempo, tras un escritorio y una gran cantidad de leyes inútiles.

Harry no dejaba de pensar, que Severus había perdido la razón o tal vez lo hacía por una muy grande. Quizá para infiltrar a Voldemort en el castillo, mientras Albus Dumbledore confiaba en él.

Merecía la muerte.

Severus regresó al poco tiempo y la orden, ya había llenado la casa de cartas. Literalmente. Harry inspiró, al oír un pequeño "crack" en el salón. Severus era el único que podía aparecerse, tranquilamente.

  • ¿Narcisa Malfoy?- dijo Remus, en cuanto él entró en la cocina- ¿Es que te volviste loco?

  • Órdenes, son órdenes.

  • ¿Quién te dio esa estúpida orden? ¿Quién tú sabes?

El hombre no contestó y Remus, inspiró mirando el periódico. Por supuesto, solo faltaba la proclamación de la mujer y el mundo, se iba de cabeza. Harry estaba a pocos metros, mirando la discusión.

Claro que eran órdenes. Y de las peores.

Con un gemido de sorpresa, Hermione leyó el artículo en la madriguera. Eso tenía que ser una mentira. Trató de respirar con calma. Debía haber una explicación para semejante reacción, para semejante dilema.

Pero conociendo a Snape, como lo conocía, no se la daría. Seguramente obraba bajo las reglas de su señor, como dijo Harry.

Eso era, lo más seguro.

Severus se sentó en la cama y miró la nueva torre de cartas, que se había condensado en su habitación. Tomó una de ellas al azar y leyó el remitente. Sirius Black. Parecía furioso con lo que acababa de hacer. Sonrió y la lanzó a un lado, dejándose caer en la cama. Se cruzó de brazos y simplemente cerró los ojos.

Solía recordar, momentos de su infancia, cuando conoció a Lily. Su hermano Dorian, solía creer que él, estaba enamorado de ella y no dejaba de fastidiarlo. Estaba en realidad, enamorado de ella, pero no podía decírselo.

Dorian solía ser una molestia, cuando en verdad lo deseaba. Solía pedirle, que jugara a las espadas con él. Siempre tomaba una varilla larga y conseguía ganarle, cuando se batía en duelo. Su madre era muy estricta. Siempre había preferido a su pequeño Dorian, antes que a él.

Pero no le importaba. No demasiado. Con la sombra de un padre abusivo, tener gemelos no era beneficioso.

Solo que...Dorian era un chico normal. No tenía magia, ningún poder que pudiera decir de él, que era un mago. Pero, en cambio, Snape sí tenía ese don. Y su madre, sufría las consecuencias.

Y en realidad, podía recordar la mayoría de sus encuentros con Lily. Jugar en el parque. Charlar en un pequeño bosque. Todo eso lo recordaba y perfectamente, puesto que era su razón de vida.

Comenzó a recordar su sonrisa. A recordar la sensación de placer, que le brindaba, el mirarla. El simplemente saber que estaba cerca de él. Esos sin duda, fueron sus mejores momentos en su vida.

Suspiró, cuando recordó su cuerpo. Ella era hermosa. Ella era una mujer esplendorosa. Como ninguna que hubiera conocido. Le atraía con solo posar su vista sobre ella. Su brillante cabello. Sus hermosos y perfilados ojos, color esmeralda.

Y tras esos ojos, veía la sombra de Harry. ¿Por qué pensaba en él, en ese preciso momento? ¿Por qué simplemente miraba a Potter, a través de los ojos de su madre? ¿Ni siquiera podía concentrarse en ella?

Se levantó de la cama y se llevó una mano a la frente. Negó varias veces y adjudicó el asunto a la cantidad de tiempo, que pasaban juntos.

Ya comenzaba a enloquecerlo.

  • Entonces, es eso. Una trampa- escuchó, de Harry, a su lado. Inspirando, ladeó la cabeza hacia la puerta. El muchacho estaba parado allí, desafiante- para que Malfoy pueda hacer de las suyas, sin peligro alguno.

  • No sé de qué me habla, Potter.

  • Por supuesto que sabe- criticó Harry, dejándose caer en la cama, para encararlo- No es tan idiota, como creíamos.

Severus se tomó su tiempo. Respirar. No decir nada más, que pudiera afectar su mente. Ya tenía suficiente con el hecho, de que tener que cumplir ambos planes, al pie de la letra. Harry permaneció en la cama, inquietándolo con sus puntos de vista. Con sus opiniones.

Alguien tenía que ceder.

  • Entonces. ¿Quién gobierna a quién? ¿Usted o Voldemort?

Snape se levantó de la cama y con una sonrisa torcida, miró a Harry. Si él supiera la realidad, dejaría de actuar como un niño. Solo que, él no se lo iba a explicar. Realmente, no quería perder el tiempo en ello.

  • Potter, Potter. Pobre alma desesperada por querer ser el héroe y no tener una oportunidad.

  • ¡Ni siquiera puede tener su propia vida! ¡Solo sigue órdenes como un pobre idiota! No podría...- dijo, levantándose. Sin embargo, con una mano, Severus empujó a Harry a la cama. Al empujarlo por el pecho, Harry cayó de espaldas en la cama, como antes había estado.

  • No le permito, Potter- dijo, inclinado sobre él- que continúe insultándome. No me haga perder la paciencia o...

  • ¿Qué va a hacerme?- dijo el muchacho- ¿Acaso va a torturarme hasta morir?- indicó- ¿O acaso traerá a los dementores, para que me encierren junto al director? ¿Qué va a hacerme, señor ministro? O debo decir... ¿Señor lacayo del verdadero ministro?

Severus lo miró con rabia. Cada vez más, a través de sus ojos, miraba a Lily y a su odio hacia él. Con una inspiración y bajo un impulso que desconocía, mantuvo sus manos, firmemente sobre las de Harry. No le permitiría salir de allí, hasta que escuchara lo que tuviera que decir.

  • Creo, que usted tiene una idea errada de las cosas y se las pondré en claro. Uno: Yo mando en este lugar y decidiré qué hacer o que no. Dos: No toleraré sus quejas infantiles y sin sentido, que si al caso vamos, Potter, no me afectan en lo más mínimo. Tres: Siga quejándose y juro que va a arrepentirse de ello. ¿Me ha entendido bien o necesita que deletreé lo que he dicho?

Harry lo miró con rabia, pero no podía soltarse. Severus no se apartaba y el peso del hombre, era suficiente como para mantenerlo allí. Severus insistía, con la mirada insondable. Harry se vio atrapado.

  • ¿¡Le ha quedado claro!- le dijo. Su rostro cetrino se crispó, mientras él estaba enfadado.

  • Como quiera- terminó diciendo. El hombre sonrió, triunfante. Pero Harry aún no había terminado.

  • Es un cobarde. Mi padre siempre lo dijo.

Su rostro acortó toda la distancia posible y Harry pudo sentir, su aliento, sobre su rostro. Severus parecía que estallaría en cualquier momento.

  • Nunca, vuelvas a llamarme de esa forma. Nunca.

  • ¡Mató a mi madre y mató a mi padre!- le espetó Harry- ¡Es un cobarde!

Y lo recordó. Lily estaba allí. Llamándolo de igual manera. Estaba allí, llorando por lo que había hecho. Pidiéndole que se fuera, que no quería volver a verlo jamás. Que con aquello que había dicho, ya había tenido suficiente.

Sentimientos de ira. Eso sentía en su interior, pero su exterior no estaba en la misma sintonía. No sintió nada. El aliento que sentía frente a él, ya no estaba, había otra sensación. Algo que bullía en su estómago, retorcijones. No estaba seguro de lo que experimentaba.

Y abrió los ojos. Estaba frente a Harry, pero ya no conversaban. Simplemente estaba inclinado sobre él y había terminado en un beso. No supo el motivo que lo impulsó a ello y dedujo que lo mejor era no saberlo.

Se apartó de él y simplemente se limpió los labios, con la manga de su túnica.

No, no eran como su madre hubiese sido. No tenían ese sabor, que los labios de su madre, hubiesen tenido. Eso aclaraba sus pesares de una buena vez. Por ser su hijo, no lo hacía especial. Harry lo miraba, desafiante.

  • Váyase- fue lo que dijo- Cobarde.

Y Severus Snape, se fue sin decir nada. Harry se quedó allí, temblando de rabia. Recordando lo que había escuchado de sus labios. Había mencionado a su madre. No quería saber por qué, pero simplemente lo había hecho. Y eso...

Eso no se lo iba a perdonar nunca. Ni siquiera, aunque Dumbledore, mencionara que él había sido inocente. No tenía por qué, perdonárselo.