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Lazos de sangre — capítulo 21

Narcisa parpadeaba, sorprendida. Severus no volvió a hablar y Bellatrix, sin embargo, soltó una carcajada fuerte. Narcisa Malfoy, como directora de Hogwarts. Eso tenía que verlo. Con una sonrisa escueta, Lord Voldemort, se dirigió a la mujer. Narcisa tembló por un instante.

  • ¿Estarías dispuesta, Narcisa?

  • Mi señor. Sabe que por usted, haría cualquier cosa. Daría mi vida...Pero, ¿Qué podría hacer yo, en Hogwarts? ¿Mi señor?

Voldemort, hizo una larga pausa, para pensar. Severus simplemente parpadeó un par de veces, mientras su vista se mantenía fija en el pedazo de papel. Intuía que él, rechazaría la propuesta de Dumbledore, sobre colocar a Minerva en el puesto. El único perfil que coincidía con su pedido, era Narcisa.

  • Puedes hacerlo, Narcisa. ¿O debo tildarte de cobarde?- confesó Voldemort y la mujer se sorprendió ante el calificativo- Entiendo entonces. Una familia de cobardes.

  • No somos cobardes- avogó Lucius, con una voz arrastrada y suave. Voldemort le prestó atención y posteriormente, se echó a reír en su rostro.

  • ¿Y esto que demuestran, qué cosa es?

  • ¿Podríamos pensarlo, mi señor?- preguntó Narcisa con un suspiro y Tom Ryddle. Voldemort, pensó también.

  • No tengo tiempo para jugar- dijo, sus ojos rojos, brillaron por un pequeño segundo. Narcisa asintió.

  • Prometo ser breve. Mi señor.

Narcisa se levantó de la mesa, bajo los pétreos rostros de sus compañeros adeptos. Mientras caminaba hacia uno de los pasillos, Voldemort ladeó la cabeza hacia Snape, que no estaba lejos de él. Le susurró una instrucción final.

  • Persuádele de cumplir.

Severus asintió lacónicamente y se levantó en silencio. Caminó tras ella y cerró la puerta de la sala de reuniones. Ella estaba a pocos metros, mirando por una ventana. Había un enorme acantilado, desde donde estaban. La noche era fría y nublada. Poco se podía distinguir, gracias a la neblina. Snape se detuvo a pocos centímetros de ella y sin embargo, la mujer no se molestó en mirarlo siquiera.

  • No voy a hacerlo- dijo con voz seca y Snape, sonrió.

  • Eso significa, desobeder e insubordinarse.

  • Simplemente no voy a hacerlo- suspiró- ¿Qué es lo que intentas? ¿Meterme en uno de tus tontos planes, confabulativos, contra nuestro señor?

  • ¿Mis...? ¿Planes?

  • Bellatrix siempre lo dice. Dice que tú no eres fiel a nuestro señor. Que solo juegas con Dumbledore. Que obras, para que caiga.

  • ¿Lo eres tú?- preguntó el hombre y la mujer, despegó los labios para hablar, pero no lo hizo- ¿Llevas una marca bajo tu manga? ¿Sobre tu piel?

Narcisa compuso un rostro de estar ofendida, pero no dijo nada. Severus sostuvo su brazo izquierdo y con un fuerte movimiento, apartó la manga de su túnica. La mujer inspiró, evitando mirar el punto, que trataba de debatir, el hombre.

  • Dímelo y podré dejarte ir. Te creeré. Dime que eres más adepta que yo.

  • ¡La marca no te hace...!- le espetó, soltándose. Severus se permitió reír.

  • La marca es solo eso, una marca. Lo demás se lleva en la cabeza, se lleva en las acciones. Y tú, Narcisa, me temo que estás dándome, señales equivocadas.

  • ¡Simplemente no puedo ser la directora de Hogwarts! ¿Qué demonios crees que pensarán todos, cuando ocurra eso?

  • Que te interesa la escuela y que yo confío, en tu gestión.

  • Pero eso es ridículo. La gente no se creerá eso. No cuando ha salido una fotografía de Lucius en primera plana, entrando en el departamento de misterios, con otros mortífagos.

Severus meditó. A eso, debía darle la razón. Con una inspiración suave, se detuvo junto a la ventana y miró lo que estaba en el paisaje. Ciertamente, la gente no creería algo como eso. Debía pensar un buen motivo.

Pero de eso, se encargaría luego. Tenía que convencer a la mujer, de que tomara el puesto en el que debía estar. Por el bien de ambos planes. Una locura, que no entendía cómo funcionaba. Una bomba de tiempo.

  • Escucha, Narcisa- dijo, con el tono más calmado que pudo adoptar- Draco. Necesita protección. Necesita de ti. La razón...

  • ¡No me vengas con eso, Snape! Usar a mi hijo como motivación, no te va a servir.

  • Estoy hablando enserio, Narcisa- dijo, sin parpadear- Una vez que yo esté lejos de Hogwarts, ya no podré protegerlo. No sé si los aurores...

  • ¿Bromeas, verdad? ¿Aurores? Ya casi no quedan y...

  • Te equivocas. Conosco a Dumbledore, mucho mejor que tú. Draco corre peligro y...

Narcisa negó con la cabeza y Snape, se mantuvo firme en su posición. Con un suspiro suave, la mujer alzó la mirada y sus brillantes ojos azules, miraron a los oscuros pozos oculares, de Snape. Debía estar soñando, eso debía ser una locura. Ella como directora de Hogwarts.

Ni en sus sueños, podría ocurrir algo como eso.

  • El señor tenebroso, simplemente ha dado una orden y tú, debes cumplirla. Por más peligrosa que suene. ¿Qué crees que hago yo?- dijo y la mujer suspiró con dificultad.

  • Tengo miedo. Hay algo mal en todo esto. Lo sé, lo puedo ver. Severus, no perdonaría si Bella tiene razón y nos estás engañando.

  • ¿Por qué habría de engañar a uno de los magos, más poderosos que existen?

  • Eso lo sabrás tú, que te casaste con Harry Potter.

La mujer se apartó de él, Severus no se dio la vuelta, pese a que ella había comenzado su camino de regreso hacia la reunión. Antes de que continuara, Severus la alcanzó y la detuvo, sosteniéndole uno de sus brazos.

  • De ser por mí, Potter ya habría muerto. Pero mi señor, no me lo permitiría.

  • Tu oficio tampoco- dijo ella con pesar y Snape, no estaba seguro de entender, a qué se había referido. Con una sonrisa a medias, Voldemort miraba a Narcisa. Ella no miró a nadie y se sentó junto a su marido.

  • ¿Y bien?

  • acepto. Haré lo que me pide, mi señor.

  • ¡Excelente! Entonces, está todo arreglado.

Harry intentaba dormir, pero los rayos y la lluvia, eran demasiado fuertes como para que pudiera concentrarse. Lo llamaba una especie de profesía, para el desastre. Se sentó en la cama y como sospechó, Snape no estaba allí. Seguramente reuniéndose con su señor. Asquerosa rata, fue su pensamiento.

Al bajar las escaleras, con gran sorpresa, notó que Snape ya estaba allí. Estaba parado frente al fuego y tenía una curiosa apariencia. Parecía que estaba satisfecho con algo, pero preocupado al mismo tiempo. Harry dudó de acercarse y con una inspiración lenta, permaneció en la escalera. Severus hizo una especie de sonido, con su lengua, un chasquido y luego, comenzó a darse la vuelta. Sus ojos, hicieron contacto, con los ojos de Harry.

  • ¿Qué haces fuera de la cama, Potter?

  • Le haría la misma pregunta, pero ya me sé la respuesta- dijo Harry y Snape, se encogió de hombros.

  • ¿Pensaba escaparse, como siempre?

  • ¿A dónde?- dijo Harry con un tono de voz, seco- ¿A dónde iría? ¿Con ganas de apresarme, sin razón? ¿Señor ministro?

Odiaba ese tono de burla en su voz. Inspiró y se dijo que lo mejor era sentar cabeza y olvidarse de las necedades, que Potter solía acometer. Ya tendría el momento indicado para ajustar cuentas.

Por ahora, debía informar al director. Una vez que hubiese mencionado que estaba sin varita e incomunicado, quizá algún precipitado mortífago, querría probar suerte y matarlo.

Pero se lo esperaba. Así solía resultar todo.

  • Si me lo permite, Potter, tengo trabajo que hacer.

  • ¿Qué? ¿Su señor, le dio órdenes que cumplir? No sé quién es el ministro, entre ustedes dos.

  • No se arriesgue. Recuerde que a la señorita Weasley, le rompería el corazón- dijo, sonriendo de forma maliciosa. Harry suspiró, sintiendo como se le hervía la sangre. Severus subió las escaleras, triunfante.

Por supuesto, de no ser por que Albus confiaba en él, ya habría hecho algo en su contra. Aunque fuese muy joven.

Siempre se podría encontrar la forma.

Al amanecer. A un día de escuela, Severus no estaba en el cuartel improvisado. El día no había mejorado y las cartas ministeriales no dejaban de ir y venir. Reporteros también aparecían frente a la puerta. Cámaras y flashes.

Pero Severus Snape, no estaba.

A comienzos del medio día, Harry se lo encontró en su vía hacia la cocina. Apenas se miraron, Severus volvió a salir. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué estaba ocurriendo? Lo cierto era que cada vez que aparecía o se iba, aparecían también, más y más cartas ministeriales. Mientras almorzaba junto a Hermione, que ya estaba por volver a casa, un ejemplar del profeta, cayó sobre la mesa.

Harry fue el primero en abrirlo, mientras Hermione miraba sobre su hombro. Ambos leyeron el titular y se sorprendieron. Harry gimió un "¡No!", audible.

"Narcisa Malfoy, nombrada directora de la escuela de magia y hechicería: Hogwarts" "El ministro de turno, Severus Snape, no nos ha dado declaraciones sobre el sorprendente y rápìdo, nombramiento".

  • ¡Tiene que estar loco! ¡Tiene que estar bromeando!

  • ¡Eso no tiene sentido!- dijo Hermione- ¿Narcisa? ¿La madre de Draco?

  • Eso solo significa una cosa. Draco Malfoy, tendrá todo el poder que siempre soñó tener. Se alzará en contra de todos, podrá hacer lo que quiera en contra de los que quiera.

Hermione dudó de querer pensar sobre eso. Mientras miraban el titular, varias cartas llegaron a la mesa. Ron, los aurores varios que estaban en sus puestos o que estaban ocultos. Ninguno apoyaba semejante moción.

Si Severus, no tenía una explicación, estaría en problemas.

Nunca le había gustado, el trabajo de escritorio, pero como ministro de magia tenía que estar presente en el ministerio. Con una especie de inspiración, en su silla, por un movito que desconocía, pensaba en Harry Potter.

¿Por qué se sentía lleno de irá, pero por otra parte, con un sentido de protección tan fuerte que se asombraba de sí mismo?

Bendita Lily. Bendita su culpa en su muerte y en lo que siguió. De no haber sido de esa forma, ni siquiera hubiese estado comprometido con él.

Pero por una curiosa razón, entendía que parte de ese sentimiento de ira, no era suyo. Potter debía estarse sintiendo así, el anillo lo decía. Se sentía muy diferente, de lo que normalmente expresaban sus sentimientos. Lo único que sí compartían ambos en ese momento.

La decepción.

Pero no escapaba de sus pensamientos. Simplemente se preguntaba, por qué había tomado el curso de los acontecimientos pasados. ¿Qué habría sido de su vida, si nunca hubiese terminado en el lugar dónde estaba?

Por no saber amar. Quizá, Potter teniendo razón. Muy cerrado a los sentimientos, hirió aquello que más deseaba, que más necesitaba.

Pero no había tiempo, para pensar en eso. Tenía que continuar. En ambos planes. O quizá y solo quiza, ambos muros iban a achicarse y a aplastarlo.