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Historia 45483 — capítulo 2

La cena había estado deliciosa, como siempre, pero los cuatro amigos apenas habían probado bocado. Hablaban en susurros muy rápidos, y no dejaban de lanzar miradas a la mesa de Slytherin, a un individuo en particular.

-¿No os parece extraño?- preguntó Hermione en voz baja-. Nunca había pasado algo así... Un nuevo alumno que entre directamente a séptimo... ¿Qué habrá pasado?

-No lo sé, Herms- contestó Ron-, pero creo que no vamos a ser muy amigos, ¿verdad, Harry?

Harry se volvió hacia sus amigos después de haberlo estado observando y asintió.

-Sin duda. Además, se hará muy amiguito de Malfoy. Para mí, eso es suficiente.

-Yo estoy con Hermione- añadió Ginny-. Es muy raro todo esto. Primero desaparece Snape porque pide una "excedencia", después llega el chico este... Ha tenido que pasar algo de lo que nosotros no nos hayamos enterado.

Volvieron a mirar a Severus, que en ese momento comía en silencio. Lo que no sabían es que él sí se sabía observado por ellos, y no dejaba de regodearse por el misterio que, seguramente, entrañaría para los jóvenes estudiantes. Draco Malfoy se dirigió a él en ese momento.

-¿Y de dónde vienes?

-Del sur- contestó distraídamente Severus, centrando su atención en el grupo de Gryffindor.

-¿En serio?- preguntó Draco-. Cualquiera lo diría...- añadió con chanza. 

Severus lo fulminó con la mirada, de modo que Draco estuvo a punto de atragantarse con los profiteroles. 

-Lo decía por la palidez de tu piel- aclaró el chico, tosiendo.

-Y yo por el sur de Inglaterra, Malfoy- respondió, aburrido.

Draco pareció darse cuenta de que no iba a tener una conversación muy agradable con su nuevo compañero, así que se volvió hacia Goyle y Pansy Pakinson. Severus pudo centrar entonces toda su atención en los cuatro amigos. No es que Draco le cayera mal, de profesor a alumno, pero siendo él también un alumno, no lo veía como la mejor amistad posible. Prefería estar solo, como lo había estado a sus diecisiete años reales. Por el rabillo del ojo, vio que Harry se reía. Todavía recordaba con qué osadía (digna de un Gryffindor) le había apuntado con su varita en el Callejón Diagon. Apretó los dientes. <<Tú no vas a ser como tu estúpido padre, Potter. Ya arreglaremos nuestras cuentas pendientes>>.

Los alumnos salieron del Gran Comedor tras la finalización de la cena, y se dirigieron a sus respectivas salas comunes. Severus se rezagó a propósito. Tenía cuatro cosas que decirle a Dumbledore sobre su "maravillosa" presentación. Sin embargo, vio que sería mejor dejarlo para otro momento, pues Harry y sus amigos todavía no habían salido de la sala. Es más, Severus estaba seguro de que se estaban rezagando con el fin de averiguar más sobre él. <<No te creas tan afortunado, Potter>>. De repente, aceleró el paso y salió del Gran Comedor en dirección a su sala común. Los Gryffindors ahogaron un suspiro de decepción.

-Será mejor que nosotros también nos vayamos a dormir- comentó Harry.

Todos asintieron en silencio y se pusieron en camino al retrato de la Señora Gorda.

Severus permanecía tumbado en su cama, con la mirada perdida en el dosel. Pese a su oposición, Dumbledore le había ordenado que compartiera cuarto con sus compañeros de curso, que en ese momento dormían a pierna suelta: Goyle, Malfoy y Zabini, a cada cuál más despreciable. Severus no entendía cómo Zabini había sobrevivido en la guerra contra Voldemort, pues era uno de sus más enfervorecidos seguidores. Pero la guerra había acabado y ahí seguían, prácticamente todos... De repente, la imagen de una joven de ojos melados se le formó en la mente. Aún recordaba cómo su mirada lo había taladrado, buscando algo que confirmara sus sospechas. Me recuerdas a... había dicho. ¿Sabría que era él? Desde luego, sabía que no debía subestimar a Granger. De todos sus amigos, era la que más posibilidades tenía de descubrirlo. Se sintió enrojecer al recordar que habían estado cogidos de la mano durante un buen rato. <<¿En qué demonios estoy pensando? Es Granger, la insufrible sabelotodo de Gryffindor>>, se recriminó a sí mismo. Apretó el puño de la mano con la que la había ayudado a levantarse y cerró los ojos, pidiéndole al sueño que llegara pronto.

Hermione tampoco podía dormir. Daba vueltas y vueltas en su cama, pensando en los acontecimientos recientes. ¿Quién era ese chico que había conocido en el Callejón Diagon y que ahora se había convertido en su nuevo compañero? Su rostro le resultaba familiar, se parecía al de... Pero no, eso era imposible. Y luego también estaban sus ojos... Habría jurado que eran iguales que los de cierto profesor cascarrabias que ese curso no estaba en el castillo. ¿Y si fuera... un hijo suyo? Un hijo no reconocido, un bastardo. Era descabellado, sí, pero era el único modo de explicar tanto parecido. Se puso de lado en la cama. De todos modos, tendría bastantes oportunidades para averiguarlo... Al fin y al cabo, eran compañeros de curso, y tendrían varias clases para estar juntos. Sí, empezaría por ahí.

El curso empezó oficialmente a la mañana siguiente. Después de desayunar, los cuatro amigos se encontraron a la profesora McGonagall en medio del pasillo del primer piso, quien, nada más verlos, les entregó sus horarios. Ginny se despidió de ellos para irse a su clase. Los chicos volvieron los ojos al papel que tenían en las manos.

-¡Pociones!- exclamó Ron, dolido- ¿Cómo es posible que la primera asignatura que tengamos este curso sea Pociones? ¡Y encima con Slytherin! Mátame, Harry.

-Bueno, no te quejes, Ron- contestó éste-. Al menos, es el profesor Slughorn quien nos da clase, no Snape.

-Vamos, que todavía tenemos que coger los libros e ir a las mazmorras- dijo Hermione, dando por finalizada la conversación.

Llegaron a la puerta del aula diez minutos más tarde. Los de Slytherin ya estaban allí. Fueron recibidos por unos silbidos, provenientes de Draco Malfoy quien, a pesar de haber perdido parte de su bravuconería después de todo lo acontecido con Voldemort, no perdía ocasión de molestar a Harry.

-¿Qué pasa, Potter? Casi no llegas a clase. ¿Los aires de grandeza te han hecho olvidar dónde están las mazmorras?

-Lo que me habían hecho olvidar era tu cara de culo, Malfoy.

Se oyeron algunas risas en el lado de los de Gryffindor. Un ligero rubor tiñó de rojo las mejillas del pálido muchacho. Apretó los dientes.

-Tiene que ser duro, ¿no? 

-¿El qué?- preguntó Harry con gesto aburrido.

-Que aunque hayas vencido al Señor Tenebroso, eso no te haya devuelto a tu estúpida madre sangre sucia.

Harry sacó la varita y apuntó a Malfoy. Empezaron a salir chispas de la punta, pero chico no pronunció ningún hechizo. Hermione se puso delante de él, apoyando sus manos en su pecho para detenerlo. Pudo apreciar que el nuevo alumno, Stapleton, que había permanecido apoyado en la pared, le echaba una mirada cargada de desdén a Malfoy, cosa que la sorprendió considerablemente.

-Déjalo, Harry, ya sabemos lo imbécil que es. 

-Nadie te ha dicho que te metas, Granger- dijo Draco, dando un paso hacia ella.

-Me da igual, Malfoy. ¿Y sabes qué? Puede que la madre de Harry no haya vuelto a la vida... Pero ya que hablamos de volver... ¿Ha vuelto tu padre a casa? ¡Ah, no! Se me olvidaba que se está pudriendo en una celda en Azkaban. 

-Te voy a...

Ron dio un paso al frente en defensa de su amiga, pero antes de que ninguno pudiera hacer nada, una pálida mano se cerró alrededor de la muñeca de Malfoy, haciendo que dejase se apuntar a Hermione. Todos se volvieron hacia el osado nuevo alumno, que miraba a los ojos a Draco.

-¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame!

-Haz el favor de no ser tan idiota, Malfoy.

-¿Qué...?

-Guarda tu varita, si no quieres perder puntos de Slytherin.

El chico pareció comprender algo e hizo lo que Severus le decía. A los diez segundos apareció el profesor Slughorn, cargando una serie de libros. Observó la escena con curiosidad: Harry con la varita enarbolada, Hermione sujetándolo del pecho y Ron delante de ellos, con actitud protectora pero con cara de sorpresa. Al verlo, los alumnos cambiaron de posición. Malfoy parecía conversar con el nuevo chico. Stapleton se llamaba, recordó Horace. 

-¿Qué está pasando aquí, chicos?

-Nada, profesor- se apresuró a responder Hermione.

-¿Mmm? Bien, está bien, entrad en el aula, vamos. Hoy tengo una sorpresa para vosotros, queridos. Adelante.

Les cedió el paso a todos y cuando el último alumno hubo entrado en clase, entró él también y cerró la puerta. Los alumnos permanecían de pie al fondo, esperando instrucciones. Con Snape, a ninguno se le hubiera ocurrido levantarse antes de que el profesor les diera permiso, pero a Slughorn le gustaba poder mirarlos frente a frente.

-Bien, alumnos... Como recordarán, el año pasado hubo una clase diferente a las demás. En ella, yo le ofrecía a quien mejor hiciese la "Poción de los muertos en vida" un poco de Félix Felicis. Bien, pues para animarlos en este curso de los ÉXTASIS, vamos a repetir el procedimiento. Sin embargo, habrá que aumentar la dificultad. Por tanto, la poción que van a preparar hoy es la "Poción de la verdad", también conocida como Veritaserum. Atención, es una poción muy complicada de elaborar, así que estén atentos a las instrucciones escritas en la pizarra y a lo que hacen. El que mejor resultado obtenga, se llevará de premio la Félix Felicis. 

Hizo una breve pausa, durante la cual no se escuchó ni un solo murmullo.

-Encontrarán los ingredientes en el armario- añadió, y con un suave movimiento de varita, las instrucciones aparecieron en la pizarra-. Pueden empezar. ¡Ah, señorita Granger!

El oír su nombre hizo que Hermione, que ya había comenzado a ir hacia su mesa, se diese la vuelta.

-¿Sí, profesor?

-Haga el favor de sentarse con el señor Stapleton y de ayudarlo en todo lo que necesite.

Hermione iba a replicar, pero vio la cara de pasmo-apártate-que-estoy-a-punto-de-morder-a-alguien que se le había quedado al chico y decidió callarse. Además, sería una buena excusa para empezar a indagar un poco en su vida y, qué demonios, para demostrarle que era superior a él en Pociones, por mucho que Snape fuera su "hipotético" padre. 

Los dos fueron a sentarse y sacaron sus calderos. Hermione leyó con atención lo que Slughorn había escrito en la pizarra.

POCIÓN DE LA VERDAD (o veritaserum)

INGREDIENTES:

Un pelo de cola de Unicornio Adulto Macho, pluma de Fénix, medio litro de agua del Río Nilo (Egipto) y un trozo de dedo de un Gryndilow. 

PREPARACIÓN:

Preparar, antes de nada, un caldero de tamaño a elegir, agua helada (¡¡Cuidado, no encender fuego bajo el caldero aún!!). Primero, una vez conseguida la pluma de fénix echar al agua y remover muy rápido hasta que el líquido adquiera un tono naranja brillante. En segundo lugar, cortar a tamaño milimétrico el trozo de dedo del Grydilow y seguidamente echar al agua. Echar la cola del Unicornio Adulto Macho y después de 5 minutos, y todo el agua del Río Nilo. Por último, encender el fuego del Caldero rápidamente y remover la poción lentamente y con cuidado hasta que adquiera un tono azul claro. 

Cuando terminó, había empezado a preparar mentalmente la poción. Le echó una mirada a Severus, que observaba el culo de su caldero con aburrimiento, y dijo:

-Si quieres ir a por los ingredientes, el armario está...

Él no la dejó terminar. Se puso en pie sin decir nada y se dirigió al armario de ingredientes como si supiera de toda la vida dónde estaba. La chica lo observó con sorpresa, y no se movió de su sitio hasta que él volvió.

-¿Cómo...?- preguntó Hermione, mirándolo con asombro.

-Lógica, Granger- respondió él sin dejarle formular por completo la pregunta-. ¿Por qué, si no, iba a haber más de quince personas en el mismo sitio?

Hermione echó una mirada al grupo que se iba dispersando del armario, y se sintió tonta. ¿Por qué no se había dado cuenta? Ahora había quedado como una idiota ante él. Lo miró por el rabillo del ojo antes de ir ella también a por los ingredientes. 

Severus empezó a preparar la poción. La había hecho tantas veces antes que podía prepararla con los ojos cerrados. Rió entre dientes cuando Hermione se levantó azorada a buscar también sus ingredientes. <<¿Con quién te crees que estás hablando, Granger, con uno de tus compañeros?>>. Hermione volvió a la mesa, cargada con varios frascos, que depositó con cuidado al lado de su caldero. Observó disimuladamente a Severus, que se había sentado de espaldas a la pizarra. <<¿Cómo demonios piensa seguir el proceso de la poción?>>, pensó la chica, sorprendida.

La hora de clase transcurrió rápidamente para Snape, no así para sus ahora compañeros, que tenían serios problemas con su poción. Él estaba ya en la última fase y removía con mimo el líquido que había dentro de su caldero. Echó una mirada breve a Hermione y la vio en serias dificultades. El pelo se le había encrespado y el líquido dentro de su caldero era de un tono amarillento. Severus rió entre dientes. <<No está mal para ser la primera vez, Granger, pero se aleja mucho del resultado deseado. Diez puntos menos para Gryffindor>>, pensó para sí, regocijándose. No pudo resistirse a comentar:

-Se supone que la poción tenía que quedar naranja después de removerla, Granger.

Hermione lo fulminó con la mirada, secándose el sudor de la frente con un brazo. Resoplando, contestó:

-Sí, sé leer.

-Cualquiera lo diría- murmuró Severus.

-¿Te crees muy listo? ¿De qué color te ha quedado a ti, Stapleton?

Severus no hizo ningún movimiento que denotara que la había escuchado. En cambio, siguió removiendo cuidadosamente la poción durante un par de minutos más. Cuando la creyó perfecta, apagó el fuego. Metió una muestra de su poción en un frasquito y llevó el resto al fregadero, donde además aclaró su caldero. Al volver, guardó sus libros en la mochila. Granger había resoplado unas veinte veces desde que habían hablado. Le divertía mucho esa situación de superioridad frente a ella, después de la debilidad que había mostrado fuera de clase. Se le subieron los colores al recordar cómo había reaccionado cuando Draco levantó su varita contra ella. <<No lo hice por ella>>, se dijo a sí mismo. <<Lo hice porque Draco había hablado mal de Lily. Sí, eso es>>. El profesor Slughorn se acercó a su mesa.

-¡Vaya, es perfecta! Es uno de los mejores Veritaserum que he visto nunca, Stapleton. ¿Le ha ayudado usted, Granger?

-Me parece, profesor- comentó Severus con una sonrisa sarcástica-, que queda claro que no. La señorita Granger se ha excedido con el agua del Nilo y ha cortado en trozos demasiado grandes el dedo de gryndilow.

-Mmm... Tiene razón, señor Stapleton. Esté más atenta la próxima vez, Granger- comentó Slughorn, después de observar el contenido de su caldero.

Hermione enrojeció de cólera. ¿Cómo se atrevía a...? ¿Quién se creía que era para...? 

-Bien, pues creo que está claro para quién es la Félix Felicis. Muchas felicidades, señor Stapleton- dijo el profesor, tendiéndole el frasquito que contenía la ansiada poción.

Severus lo miró un momento y respondió:

-No la quiero.

En la clase se escuchó un murmullo de sorpresa general. Algunos alumnos intercambiaron comentarios. Otros tan solo lo miraron con la boca abierta. O sea, encima de nuevo, era gilipollas.

-¿Cómo dice?- preguntó Slughorn.

-Que no quiero la Félix Felicis. Désela a cualquiera que necesite suerte. A mí no me sirve.

Y sin darle tiempo a Horace a responder, cogió sus cosas y salió del aula. Al segundo siguiente, sonó el timbre que anunciaba el cambio de clase.

-Bien... Esto no me había pasado nunca. Mmm, metan una muestra de su poción en un frasco y recojan sus calderos. La clase ha terminado. Granger- comentó, dirigiéndose a Hermione-. Su poción es la segunda mejor... Para usted el Félix Felicis.

Y quizá por miedo a que ella también la rechazara, puso el botecito en la mano de Hermione y se alejó de ella rápidamente. La chica no tuvo tiempo de decir nada. Suspiró y se guardó la preciada poción en un bolsillo de la túnica. Sus amigos se acercaron a ella.

-Enhorabuena, Herms- dijo Ron con una sonrisa.

-Sí, felicidades- corroboró Harry.

-Gracias, chicos. Aunque... siento que esto no debería ser para mí. Él... Bueno, lo hizo mejor que yo. Es más, lo hizo perfecto.

-No entiendo por qué la rechazaría- comentó Ron cuando salieron del aula-. Ojalá yo hubiera tenido alguna oportunidad de conseguirla. Aunque, bueno... Ya la bebí cuando ganamos ese partido de quidditch el año pasado.

Harry rompió a toser ruidosamente, lo que provocó una sonrisa de Hermione.

-Sí, sí... Fuiste afortunado, Ronald- dijo la chica para darle tiempo a Harry a que se recuperase.

-Gracias por cederme un poco de tu poción, Harry.

-No hay de qué, amigo... No hay de qué.

Enfilaron el pasillo en dirección a la sala común. Después de Pociones, tenían una hora libre. Nada más entrar, Ron se dejó caer pesadamente sobre uno de los viejos sillones.

-Pociones siempre me deja agotado, ¿a vosotros no?

-La verdad es que sí- respondió Harry.

Hermione no dijo nada. No dejaba de darle vueltas a la idea que se había formado en su mente la noche anterior. Se aclaró la garganta y se dirigió a sus amigos.

-Chicos, he estado pensando en algo... Puede que sea una tontería, pero... No puedo quitármelo de la cabeza, y lo que ha pasado hoy en clase, me confirma algunas sospechas.

Harry y Ron se volvieron hacia ella extrañados. Se imaginaban con qué tendría que ver, pero ni por asomo llegaban a sospechar lo que la chica pensaba.

-Está relacionado con el chico nuevo, Stapleton... Mmm, bueno, no sé por dónde empezar.

-Pues por el principio, Hermione. Ya sabes que Harry y yo somos algo lentos...

-Habla por ti, capullo- dijo Harry entre risas, dándole una suave colleja.

-Vale, vale, estaos quietos... A ver- cogió aire-, creo que Stapleton... es hijo de Snape.

-¿¡QUÉ!?- exclamaron Harry y Ron a la vez, dando un salto.

-¡Chist!- dijo Hermione, mirando a uno y otro lado-. ¿Podríais hacer el favor de no gritar?

-Lo siento, Hermione- contestó Ron, conteniendo la risa-, pero es que tu teoría... ¿No crees que es un poco disparatada?

-Cierto- apoyó Harry-. ¿Cómo va a ser el chico ese hijo de Snape? ¿Cómo demonios va a tener Snape un hijo? Por favor, piénsalo, es del todo imposible.

-No, no lo es. De hecho, es altamente probable. Pensadlo bien: Snape, unos cuarenta años, soltero... No es descabellado pensar que, por razones fisiológicas, haya estado con distintas mujeres a lo largo de su vida.

-Hermione, como mujer que eres, ¿tú te liarías con Snape?

La chica se ruborizó.

-Por favor, Ron, que tengo ojos en la cara. Pero puede que otras mujeres... Como las mortífagas, por ejemplo, lo encontrasen... atractivo.

Ron puso una mueca de asco mientras Harry negaba con la cabeza.

-¿En qué te basas para afirmar que puede ser hijo suyo?- dijo su amigo moreno.

-Pues hay varias cosas, a ver... Primero está su parecido físico. Es casi una copia de Snape, no me digáis que no.

Ante esto, ninguno de los dos chicos dijo nada. Su amiga tenía toda la razón. De hecho, si Stefan Stapleton hubiera llevado una túnica completamente negra, habrían jurado que era una clon joven de su profesor de Pociones.

-También tenemos lo de que sea un genio en Pociones... Y podéis decir lo que queráis sobre Snape, pero él también lo es. Escuchad... yo estaba sentada a su lado y os juro que no miró las instrucciones ni una sola vez. Es más, se puso de espaldas a la pizarra. Y la poción le salió perfecta, como si fuese una expansión de sus manos. 

La mirada de Ron y Harry fue de lo más elocuente. En eso también tenía razón. Empezaba a no parecerles tan descabellada la idea del posible hijo de Snape.

-Por último, hay algo que... Bueno, quizá sea una tontería, pero no ha dejado de llamarme la atención.

Hizo una pausa para aumentar la tensión dramática.

-¿Qué, Hermione? ¡Dínoslo de una vez!- exclamó Ron, nervioso.

-¿No os habéis fijado en su nombre? 

-¿Qué pasa con eso?- preguntó Harry.

-S-te-fan S-ta-ple-ton- silabeó la chica, intentando hacer que sus amigos comprendieran.

-No te entendemos, Herms- contestó Ron, vencido por las circunstancias-. Estamos en Gryffindor, no en Ravenclaw. Los acertijos no son nuestro fuerte.

La chica puso los ojos en blanco y dijo:

-Fijaos en las iniciales: S-S. Olvidémonos del nombre, ¿de acuerdo? ¿Y si ese apellido, Stapleton, sólo fuera un invento para encubrir el verdadero, Ssssnape?

Era una idea tremendamente absurda, pero tenía su lógica si eras bastante enrevesado.

-¿Y has llegado a estas conclusiones en veinticuatro horas?- preguntó Ron, atónito.

Hermione suspiró, cargándose de paciencia.

-Sí, Ronald. A diferencia de ti, yo uso la cabeza para algo más que para parar una quaffle.

Las orejas de Ron adquirieron un intenso color escarlata.

-¿Y crees que habrá alguna posibilidad de averiguarlo?- preguntó Harry para cambiar de tema.

-Puede ser- respondió la chica, dejando de mirar a su amigo pelirrojo-. Después de haber hecho una poción mutijugos para entrar en la sala común de Slytherin y enterarnos de si Draco era su heredero, creo que podemos hacer cualquier cosa. Pensaré en algo y os lo contaré. De momento, me voy...

-A la biblioteca- dijeron Harry y Ron a coro.

-Pues sí- contestó Hermione, ofendida-. No sé qué tenéis contra la biblioteca del colegio, pero os puedo asegurar que es una muy buena fuente de información.

-No es contra la biblioteca del colegio, Hermione. Es contra las bibliotecas y los libros en general- contestó Ron.

La chica lo miró con el ceño fruncido y salió de la sala común con gesto orgulloso.

-¿Tú la entiendes, Harry? ¿Qué le pasa hoy conmigo?

-No lo sé, Ron. De todos modos, siempre estáis igual. Yo ya no me extraño de nada. Anda- dijo, echándole un brazo a Ron sobre los hombros-, vámonos a hablar con McGonagall sobre el equipo de quidditch de este año.

Hermione llegó a la biblioteca sin resuello, pero no se paró a recuperarse. Su mente funcionaba a toda velocidad. Sus amigos habían dado el visto bueno a su teoría, y ese era el impulso que necesitaba. Se sumergió entre las estanterías de libros. Lo primero que quería averiguar era si el apellido Stapleton estaba relacionado con Snape de algún modo, por remoto que fuera. Ese apellido tenían que haberlo elegido por algo. Cogió unos cuantos tomos, a cada cual más enorme, y fue a sentarse. Al pasar por uno de los pasillos, estuvieron a punto de caérsele todos. El chico acerca del cual estaba investigando se encontraba sentado en una mesa individual al lado de la ventana. Los rayos del sol de septiembre se reflejaban en su pelo y en el símbolo de Slytherin de su túnica. Leía con suma atención un ejemplar cuyo grosor nada tenía que envidiar al de los de Hermione, con la cabeza apoyada en la mano derecha. Su expresión era de concentración absoluta, como si hubiera entrado en trance. Hermione rezó porque no la hubiera visto y se apresuró a sentarse en el pasillo siguiente, de modo que la ausencia de unos libros en las estanterías le proporcionaban una vista de lo más aceptable. Necesitaba tenerlo vigilado por si se diese el caso de tener que inventarse una excusa rápidamente. Abrió uno de los libros y empezó a buscar, pero se detuvo a los cinco minutos para volver a mirarlo. La verdad es que su imagen la embargaba. Desde que se había enamorado de Ron, no se había fijado en ningún otro chico, pero él... No sabía por qué, pero Stapleton la había atraído desde un primer momento. Se sonrojó al pensar que lo encontraba casi guapo... Puede que no fuera Míster Universo, pero sus ojos eran intensos y su pronunciada nariz le daba un aire muy interesante. Además, era alto y caminaba con elegancia, como lo haría un noble inglés del siglo XIX. <<¡Déjate de tonterías, Hermione! Tienes cosas más importantes en las que pensar>>, se recriminó a sí misma, obligándose a dirigir los ojos al libro.

Severus, por su lado, se divertía de lo lindo. Había ido a la biblioteca debido a que tenía una hora libre antes de sus clases. Tenía especial interés en releer un manual sobre pociones, que había descubierto en su segundo año en Hogwarts. Poco rato después, la había visto. Había que ser ciego- y sordo- para no percatarse de su presencia. Había corrido hacia las estanterías del fondo y Severus la había perdido de vista. Estaba seguro de que no lo había visto en su desesperada carrera por encontrar Dios sabe qué libro. A los pocos minutos había reaparecido, y se le había quedado mirando sin ningún tipo de disimulo. <<Tonta, Granger>>, rió para sí. Después la había visto irse un pasillo más allá y sentarse de tal modo que quedaba perfectamente a la vista. <<Desde luego, astucia Gryffindor...>>. Él no se había movido ni un ápice, pero tampoco le hacía falta. Hermione resultaba bastante obvia, aun sin verla directamente. El chico había apreciado que ella lo miraba, y no era un tipo de mirada al que estuviera acostumbrado. Expresaba curiosidad y quizá incluso... interés. Y él tampoco podía negar que Hermione lo intrigara. Nunca se había fijado demasiado en ella, a pesar de saber que era una alumna brillante (e insufrible, en su opinión), pero ahora podía verla desde una perspectiva distinta y... Para qué engañarse, le recordaba mucho a Lily. En su cuerpo hormonalmente inestable (como él se empeñaba en llamarlo) se produjo un escalofrío. Ahora que volvía a ser joven, sus recuerdos de ella se habían intensificado. Sacudió la cabeza a  los lados. Tanta reflexión lo estaba atontando. <<Al final acabaré pareciéndome a Longbottom>>, pensó con desgana. Miró su reloj y vio que quedaban diez minutos para que comenzase la siguiente clase. Creyó conveniente salir de allí, ya que el estar tan cerca de Hermione estaba despertando recuerdos dolorosos para él. Cerró el libro y se puso en pie.

Hermione vio que se levantaba. <<¿Ya se va?>>, se dijo a sí misma. <<¿Y a mí que me importa que se vaya?>>, se dijo, molesta, un segundo después. Tras una infructuosa búsqueda, había terminado por asumir que Stapleton no estaba para nada relacionado con Severus Snape. Entonces, ¿qué significaba? ¿Por qué Stapleton y no otro? ¿Por qué Stapleton y no... Snape? Se encontraba debatiéndose entre estos pensamientos cuando una voz dijo a su lado:

-Adiós, Granger.

A Hermione le tembló todo el cuerpo, y estuvo a punto de saltar de la silla por el sobresalto. El alto moreno estaba de pie a su lado, observándola de un modo indescifrable. Ella, a su vez, intentó mirarlo con toda la indiferencia de la que fue capaz.

-Adiós, Stapleton.

El chico no dijo nada. La observó durante un par de segundos más y salió del lugar. Sin entender a qué clase de impulso se debía, Hermione fue tras él. No obedeció a una reflexión racional. Simplemente se puso en pie y corrió tras sus pasos. Lo alcanzó a unos metros de la puerta, en dirección a Astronomía. Con un tirón de la túnica consiguió que se detuviera. El chico se dio la vuelta con los ojos hechos lumbre. Había creído que cualquier niñato lo había agarrado con afán de divertirse un rato. Su sorpresa fue mayúscula al chocarse sus ojos con unos de color miel.

-Granger- dijo, intentando modular el tono de su voz.

-Necesitaba hablar contigo, Stapleton.

Hizo especial énfasis en su apellido, lo que le dio qué sospechar a Severus, quien la miró interrogante. Por toda respuesta, la chica sacó de su túnica el frasquito de Félix Felicis. Severus lo miró con una ceja levantada.

-¿Qué?

-Te olvidaste esto en clase de Pociones. Es tuyo, cógelo.

-Ya le dije a Slughorn que no lo quería.

-Sí, y él me lo dio a mí sin consultarme. Pero mi poción no estaba bien, así que no lo merezco. Tómala.

-Los Gryffindors siempre tan honestos... Te la han dado. No es una poción que se pueda conseguir fácilmente, así que guárdala y vete.

-Si no se puede conseguir tan fácilmente, ¿por qué la has rechazado?

Severus puso los ojos en blanco. Estaba empezando a exasperarse. Casi se había olvidado de la tenacidad de su mejor alumna. Deseó tener su cuerpo de hombre maduro para no tener que escucharla con ese tono impertinente con el que se dirigía a él.

-¿Por qué?

-No tengo por qué hablarte de mis motivos, Granger. Simplemente, no te importa.

-Pues yo creo que sí me importa. Más que nada, porque a mí me han dado algo que no me corresponde, y me gustaría saber por qué.

-No pienso decirte nada. Y aquí doy por finalizada esta conversación

Dicho esto, Severus se dio la vuelta, dispuesto a irse. Sin embargo, Hermione lo agarró del brazo y se puso delante de él, impidiéndole continuar.

-Granger, no... vuelvas... a... tocarme...- dijo con lentitud en el mismo tono que solía emplear para acobardar a Neville Longbottom, zafándose del agarre de la chica.

-Siento que te desagrade tanto, pero a mí nadie me deja con la palabra en la boca.

Severus la fulminó con la mirada, apretando los dientes. De improviso, cogió el frasquito que tenía Hermione en la mano.

-Muy bien. Conversación finalizada- dijo, mirándola a los ojos.

Un segundo después se deslizó por su lado derecho y se marchó escaleras arriba. Hermione se quedó donde estaba, como paralizada. Esa mirada...

  •   *   *

Bueno, chic@s, aquí os dejo un nuevo capítulo de "Reflejos". No os podréis quejar, que, resacosa y todo por la fiesta de Nochevieja, aquí me tenéis, al pie del cañón (risas).

Un saludo a todos los que seguís esta historia y os espero en el siguiente capítulo. Por favor, comentad! Feliz Año Nuevo a Tod@s! ^^