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Historia 46243 — capítulo 2

Cerré los ojos con fuerza y sacudí la cabeza para caer en picada desde la luna a la tierra, de nuevo. El chico se había puesto de pie e inevitablemente lo observe por algunos veinte segundos antes de que se percatara de que yo aun seguía sentada en el piso. De algunos metro ochenta y algo, tenia la piel blanca pero a su vez algo bronceada, su figura era perfecta... una esplendorosa combinación de músculos y figura delgada. Las piernas tenían lineas donde se fijaba que el musculo permanecía, traía una blanca e impecable franela de algodón algo holgada pero eso no era impedimento para detallar aun su marcada espalda con músculos que solo invitaban a un tacto escurridizo, su perfil se caracterizaba por una delgada nariz con tabique desviado... todo el resto de su rostro (ojos, cejas, boca, incluso los pómulos y la frente plana) hacían una combinación única, como si todos los demás elementos se adaptaran para que la perfección también se alojara en su cara. Su frente me recordó a un modelo de revistas, de las mas costosas, incluso si él fuera un modelo brillaría reluciente como una estrella entre todos los demás chicos. Sacudía la tierra de sus manos y luego se limpió unas gotas de sudor que permanecían en su frente, su cabello era de corte bajo y color avellana tan sutil que mirarlo no te hacia olvidar de su magnifica físico en general, entonces me di cuenta de como sus brazos fuertes poseían lineas que asemejaban los caminos de un mapa, las venas que parecían salirse de su piel brotaban sin importarle... sus ojos, se centraron en los míos con tanta fuerza y agresividad que en el momento tuve que parpadear cinco veces seguidas para salir de trance pero fue inviable, me sumergí sin control en ese mar de color chocolate que hasta me hacía sentir en las papilas gustativas de la lengua el mismo sabor de el cacao y el azúcar mezclados. Fue muy tarde cuando capte que se estaba dando cuenta de que lo miraba por mucho tiempo y puso mala cara. -¿De verdad no te fijas por donde vas? -me escudriñó la mirada, resoplo espesamente fuerte y frunció el ceño Abrí los ojos como platos, ¿era solo yo o aun me trataba de culpar sobre lo ocurrido? -Oye... estoy bien... gracias, no te preocupes -si, el chico me había causado gran impacto pero eso no era razón de quedarme con los brazos cruzados mientras se quejaba como niño. Alzo una ceja y luego miro el resto del parque entrecerrando los ojos, tal vez por el radiante sol que había ya a esa hora. Respiró profundo y comenzó a caminar. -¡Hey! espera -le grite con mucha urgencia, el no se iba sin al menos ayudarme a ponerme de pie Se dió vuelta y me miro -¿Que quieres? Me quede boquiabierta y en menos de dos micro segundos volví a mi misma -¿Puedes al menos ayudarme o algo? -Bien -retrocedió y se coloco a un costado, de nuevo abatiendome con su mirada, con la misma, escudriño mi cuerpo en un promedio de cinco segundos en silencio y volvió a hablar- tienes un par de piernas en perfecto estado, tienes otro par de brazos igualmente en buen estado... no veo por que no puedas levantarte tu sola -dio media vuelta y retorno al camino -Idiota presuntuoso -susurre y me levante del piso sacudiéndome la tierra del short y de las manos, solté un respiro amargo que tenía dentro de los pulmones y decidí hacer justicia por mis propias manos, ¡ah! con la cara en alto también, no iba a dejar esto así. Caminé unos cuantos pasos rápidos hacia él y me puse al tiempo de su trote -¿Qué rayos te pasa? ¿Qué te hice o qué? -Hola preciosa, nada ¿por qué la pregunta? -¡¿QUÉ?! ¿qué fue eso, acaso tratas así a cualquier persona con que te tropiezas en la calle? -Aveces ni les dirijo la palabra... ¿tu mamá no te enseñó que no debes hablar con extraños? -Si, digo... ¿tu mamá no te enseñó que debes ser amable con las personas?- balbucee en el intento de dar mi ataque de defensa y con dificultad pero éxito lo logre. -Tal vez, pero tal vez olvido enseñarme eso -se encogió de hombros y comenzó a trotar con tanta ligereza que inconscientemente considere detenerme para apreciarlo con mayor facilidad. Entre tanto alboroto no me había percatado siquiera de lo hermoso que era el parque, las hojas de diversas tonalidades de olivo se despeinaban con el paso del viento mientras, el sol brillaba no caluroso pero si muy brillante y los pequeños jugaban algunos entre ellos y otros con sus mascotas; los jóvenes y personas mas grandes trotaban y se ejercitaban, o solo estaban sentados en los bancos; al otro lado habían pequeñas familias en presuntos días de campo comiendo sobre típicos manteles de cuadros rojos y blancos. Esto me hizo recordar a mis padres y descarte el contra-ataque que había planeado en contra el chico. ¿Ahora que estaba haciendo allí? ¿Discutiendo con un chico solo porque era orgulloso y netamente temperamental? pues si, era lo que en realidad estaba haciendo allí pero eso no era algo productivo, siquiera tenia sentido... lo mas sensato era marcharme a mi casa, o a otro lugar donde disfrutaría de verdad. Me detuve, mire el piso y me sentí tonta pero aun así seguí mi camino llamado: de vuelta a casa; digo, antes de cualquier cosa tendría que darme una ducha y cambiarme de atuendo. Mientras pensaba que iba a hacer, una voz ronca e impredeciblemente tentadora me hizo darme vuelta pero no me sorprendí, sin duda podía esperar todo de ese chico malcriado.  Suspiré rendida, ya casi podía ver bandear mi bandera blanca -¿Qué deseas? ¿Qué hice ahora? -Nada -aun tenia el ceño fruncido, se acerco a mi y me beso en los labios colocando una de sus manos detrás de mi cuello. Aquel beso fue como volar por los nueve planetas y regresar con anhelo a la tierra; fue como tocar el cielo, pasar con gran y absoluta armonía entre las suaves nubes, sentir la mano de un ángel acariciándome el cabello y regresar con una gran sonrisa y una sensación de satisfacción. Sus labios eran como malvaviscos después de calentarlos ante el fuego a media noche de una fogata llena de chispas de colores, no sabría reconocer la temperatura que tenían pero me hizo recordar a lo tibio que estaba el chocolate caliente en la mañana de un día de navidad, su respiración agitada de realizar aquel esfuerzo físico que había realizado hace unos minutos me hacia compadecerme de él, como aquel que ve a un perrito abandonado en la calle y se anima a darle un poco de comida, ese aroma que tenía era... era como una nueva esencia que desprendía el bosque seco, era algo floral pero seco como un tronco en la playa... era muy cálido, era totalmente único como algo que te asombra y deslumbra la primera vez que notas que existe. Casi muero en el intento de recuperarme de tantas sensaciones y detallar cada una. Luego de que el beso finalizó se aparto a un paso de mí y me sonrió. -¿Quieres salir conmigo esta noche?